lunes, 22 de junio de 2026

PRIORIDAD RACIONAL, CON R, NO NACIONAL

 


Tengo muy claro que la dualidad bien/mal forma parte de la realidad sin cuestionar su existencia, tal como expresa este haiku:


Mientras el mal se hace presente,

en medio de la quietud de la noche

una nuez cae al lago y hace ¡pok!


* * *

No me aguanto las ganas de decir lo que pienso acerca  de esa prioridad nacional de la que tanto se habla en estos tiempos y  que, por lo que parece, de aquí en adelante convertirá al asunto migratorio en línea de frontera (ya la última)  entre izquierdas y derechas. Así queda, pues, el reparto ideológico/electoral de prioridades aparentes en el espectáculo mediático de la política: la nacionalidad como prioridad de las derechas y la clase social como prioridad de las izquierdas.

En general, se sabe que los grandes desplazamientos de poblaciones son connaturales a la historia de nuestra especie, como de otras muchas que durante cientos de miles de años han sido y siguen siendo nómadas, siempre por una de estas dos razones básicas (y a veces por las dos al mismo tiempo): para buscar alimento o para evitar a sus depredadores. 

Pues bien, sostengo que la actual problematización del fenómeno migratorio es  artificial y que está provocada por dos previas y muy arcaicas ideas, que marcaron el inicio y final del periodo Neolítico, me refiero a las ideas  de la "propiedad territorial" (originada por el proceso de sedentarización al inicio del Neolítico)  y la posterior idea del "Estado" como institución corporativa de las clases dominantes, de propietarios y gobernantes, responsables de institucionalizar el derecho de propiedad para su protección por el Estado (recuerdo al respecto que todo derecho es, en esencia, una concesión de privilegio dentro de una cadena jerárquica de poder). A mi entender, ambas ideas, la Propiedad territorial y el Estado jerárquico, han resultado ser muy malas ideas, quizá las peores desde que tenemos constancia y memoria histórica.

El núcleo del llamado "problema migratorio" no es la condición de migrantes, sino la  de  "nacionales"; tal problema tiene su origen en esa falsa idea de "comunidad nacional" (mejor estatal), a la que por costumbre denominamos "la nación", que  genera una división social, otra más, por razón de un supuesto derecho de "nacionalidad", o sea, por el hecho de ser  individuos "nacionales", nacidos en el territorio de un Estado, identificando éste con una idea de "comunidad" que es radicalmente falsa a la vez que perversa, en la que "lo común" o causa de comunidad, no es otra cosa que el propio aparato de la dominación, o sea, el Estado. 

La idea de un "natural" derecho de propiedad o de apropiación privada (en modo exclusivo y excluyente), sobre un trozo del planeta  Tierra, no tuvo nunca más "legitimidad" que el imperio de la fuerza como ley superior en el reino "natural". Es hasta comprensible que los primeros humanos sedentarios, dedicados a la agricultura y el pastoreo, desde el comienzo del Neolítico entendieran como "natural"  un derecho de propiedad o apropiación en un mundo que les parecía infinito y cuyos habitantes humanos no llegaban a 5 millones de habitantes...no podían imaginar que en tan solo tres mil años llegarían a ser 50 millones...y  10.000 millones (ahora) en un plazo de solo doce mil años...pero no es lógico ni racional para los humanos actuales, que sí tenemos conocimiento y conciencia de la historia.  

Ese inicial y natural "derecho de propiedad territorial", desde el principio  se fue haciendo extensivo al conocimiento humano (religioso primero y luego científico), y  llegó a incluir a las vidas humanas, productivas y reproductivas, de hombres y mujeres pertenecientes a la  humanidad subordinada y desposeída. Como  derecho patriarcal y hereditario, desde el principio la propiedad operó como fuente de poder y jerarquía, haciendo que la división social del trabajo fuera  una simple división entre dos clases: una de propietarios y gobernantes y otra de gobernados y desposeídos. Tal derecho se ha significado a lo largo de la historia humana como el principal obstáculo para la evolución de nuestra especie en sentido plenamente racional, que yo entiendo como inteligencia ecológica y moral,  que muy bien podría ser la simbioética propuesta por el marxista Jorge Riechman, a salvo de la querencia  por la Autoridad y el Estado que es mayoritaria entre los marxistas (contraviniendo  el propio pensamiento de Carlos Marx).  

Como violenta y directa causa para la privación sistemática de la autonomía  y dignidad que es atribuible a todo individuo humano sin excepción, la historia del derecho de propiedad nos lleva a concluir que  las relaciones de esclavitud y servilismo nunca hubieran sido posibles en ausencia de este perverso derecho; ni tampoco la precariedad y sufrimiento que su institución por el Estado Arcaico ha comportado para la mayor parte de individuos y generaciones de nuestra especie, durante los últimos años de nuestra historia: nada menos que doce milenios de Propiedad, siete milenios de Estado y casi tres siglos de Nacionalidades. 

El Estado no tuvo la necesidad de inventar la Nación, como  simulacro de "comunidad", hasta llegar a la época de la revolución industrial, cuando entraron en crisis total las sociedades urbanas y campesinas, propiamente neolíticas, surgiendo de ellas una nueva clase social, industrial, obrera y proletaria.  En esa misma eṕoca, las renovadas clases  burguesas, dominantes y  titulares del nuevo Estado Moderno, se reconvertían también, en modo empresarial, industrial, comercial y financiero,  y consiguieron neutralizar todas las rebeliones sociales debidas a la profunda crisis que experimentó aquella antigua sociedad campesina transmutada en industrial y proletaria.  La burguesía titular del Estado-Nación-Capitalista-Moderno hábilmente supo sustituir la relación de servilismo y esclavitud por un simulacro de "libre contrato", mediante el trabajo asalariado. El desarrollo tecnológico que diera lugar al uso energético/industrial del carbón, la electricidad, el gas y el petróleo,  permitieron la aceleración de un desarrollo económico que en las sociedades más industrializadas favoreció  la aparición de una nueva clase media de trabajadores  asalariados con un notable incremento en su capacidad de consumo, y también de un Estado renovado y fortalecido, con más ingresos provenientes de impuestos, y cada vez más complejo en su estructura organizativa, que mediante la apertura de múltiples ministerios fue consiguiendo un control económico, cultural y social, que ha llegado a ser totalitario en la actualidad, en modo muy superior al de todos los Estados precedentes.

Podemos darle miles de vueltas al asunto migratorio, que siempre encontraremos al Estado metido en ésto, como en todo. A la altura de estos tiempos, el aparato de dominación que llamamos Estado, con sus más de siete milenios de antigüedad ha perfeccionado su hegemonía y omnipresencia en todas las sociedades humanas, de tal modo que  apenas queda algún íntimo y mínimo resquicio  en  nuestras vidas  que no esté, de alguna manera, intervenido por el Estado. 

Considérese también que todos los territorios estatales son in-estables por definición, sujetos a cambios constantes, como demuestra la historia de todos ellos, sea por razones tan  azarosas como el resultado de guerras entre Estados, o por razones tan caprichosas como unos matrimoniales acuerdos de anexión territorial, mediante casamiento, entre familias de reyes... incluso como resultado de acuerdos comerciales, o por simples transacciones de compra/ventaQue me expliquen su nacionalidad, si pueden, la gente de esas generaciones  nacidas en la península de Crimea, que de jóvenes fueron rusos, ucranianos de mayores y que llegados a la vejez han vuelto a ser rusos...que me digan cuál es su verdadera "nación", si  Rusia, Ucrania o Crimea...o si no es la de quienes hablan su misma lengua materna. 

En contra de todos los nacionalismos, tengo muy claro que la nación, en sentido estricto es un concepto con significado cultural y prepolítico, que refiere a nuestra condición personal como individuos pertenecientes a  una misma comunidad de hablantes, todos los que se comunican mediante  el uso de una misma lengua aprendida de sus madres. Cada individuo es nativo o nacional de esa concreta comunidad, cultural y prepolítica, de la que comenzamos a formar parte desde el nacimiento, cualquiera que sea el territorio donde hayamos nacido. De ahí, por ejemplo que en el Estado Español se hable de la existencia de varias naciones y nacionalidades; y que la denominada "nacionalidad española" en realidad no concierna a todos los nacidos en el territorio de ese Estado;  por ejemplo,  no concierne a quienes no sean hablantes nativos de la lengua castellana (mal llamada española). El uso político de los términos "nación" o "nacionalidad" me parece a mí que es un abultado error conceptual, por mucho que la costumbre lo acabe disimulando. El sentido tradicional de nacionalidad como relación de pertenencia a una (presunta) "comunidad nacional"  es una completa falacia, con origen en un razonamiento defectuoso, que emplea el adjetivo nacional en lugar de "estatal", que es lo propio. Así, pues, tengo muy claro que los más de 500 millones de hablantes que nos entendemos mediante la lengua castellana como primera o materna lengua, pertenecemos a una misma nación cultural, que sí es  una comunidad real, y prepolítica. 

* * *

Esta pasada noche, a través de la radio  escuché una frase de José Saramago que me quitó el sueño, dicha por Pilar del Río (la escritora y traductora que le acompañara  hasta su fallecimiento en 2010). Venía a decir que "donde hay una fábrica de armas, inmediatamente surge una fábrica de conflictos". 

Y eso me ha llevado a seguir indagando acerca de lo que yo considero como principio de prioridad moral, que a mi entender comporta, implícito,  el mismo principio de responsabilidad del que se ocupara en profundidad Hans Jonas y que ahora, en estos  hipertecnológicos tiempos que corren,  metidos de lleno en una crisis sistémica de dimensión global, cargada de grandes peligros y directas amenazas a la biodiversidad, y más concretamente, a la  reproducción de nuestra propia especie,  imperiosamente exige de nosotros una ética cuasi agónica, dedicada a extremar la prevención del mal y su evitación en lo posible. Se sabe que a su muerte, en 2010, José Saramago dejó escritas veinte cuartillas para una próxima novela para la que había pensado el título de "Alabardas". Gracias a esas notas rescatadas por una editorial para la publicación de esta inacabada novela, sabemos de las últimas  preocupaciones de Saramago, además de conocer cómo surgió la idea/origen de ese libro, a partir de la inquietud que le produjo este dato:  nunca ha existido una huelga en un fábrica de armas. Con eso y con la anécdota relatada por André Malraux -acerca de una bomba no explotada, durante la guerra civil española-  Saramago comenzó a escribir la historia de un tal Artur Paz Semedo, obrero en una fábrica de armas, y la de su esposa, una mujer pacifista. Yo no he leído ese libro, pero por las referencias que tengo,  lo que Saramago cuestiona en esas páginas es la ausencia de discernimiento y de conciencia,  que pone en evidencia la banalidad del mal. El personaje central de la novela, que lleva una vida cómoda y rutinaria, completamente ajeno al sufrimiento que el producto de su trabajo en la fábrica de armas causará a miles de kilómetros, experimenta una profunda crisis de conciencia en el momento en que le da por reflexionar el modo en que su trabajo contribuye a una inevitable y endiablada espiral  de guerra y pobreza, donde quienes reciben las balas casi siempre son gente pobre y trabajadora, como él. Leo en una reseña:

"Lo que le desasosegaba, era que un puñado de individuos anónimos, sin caras, sin nombres, o con el nombre que él decide dar a su protagonista póstumo, el de Artur Paz Semedo, fuesen capaces de levantarse cada mañana, tomarse su tostada, con aceite, con foie gras, pronunciado fuagrás, con mermelada, con mantequilla, o incluso con manteca colorá, beberse luego, a sorbitos o de un solo sorbo, según las prisas, el café, este también en consonancia con los gustos propios, con leche, manchado, solo, con o sin azúcar, e irse a trabajar a una fábrica de armas, un lugar en el que, por definición, se fabrican instrumentos que luego se usan, normalmente a cientos o miles de kilómetros, para matar a otros seres humanos, hombres, mujeres, niños, ancianos, algunos de los cuáles habrán desayunado su propia tostada, o su propio café, pero serán, seguramente, los menos, pues siendo la guerra causante de pobreza, o a veces consecuencia de ella, es probable que muchos de esos seres humanos, de esos hombres, de esas mujeres, de esos niños y ancianos, reciban la bala con el estómago vacío, pasando de una muerte a la siguiente".

Al lado de cada Estado, inevitablemente, siempre crecerá una industria o fábrica de guerra contínua. No soy tan ingenuo como para creer que sea posible una total erradicación del mal, ni pronta, ni definitiva, pero sí que está en nuestras manos evitar la institucionalización de algunos males, al menos los más sistémicos, como la Propiedad que origina capitalismo y el Estado que genera división social,  lucha de clases y un orden social jerárquico y totalitario, además de una generalización de la guerra, autodestructiva y total: entre proletarios, entre  capitalistas y entre estados. 


Mi conclusión (provisional) es que, dado que el mal cuenta con tantas ventajas y posibilidades, es un auténtico suicidio darle alas institucionales... ¡pero qué aberración es esa que admite como "natural" el predominio o prioridad del mal sobre el bien!: del instinto animal de propiedad territorial y reproductiva sobre la inteligencia racional, ecológica y ética; la prioridad de la jerarquía sobre la democracia; de la competencia y la lucha  social sobre la cooperación, la solidaridad y la ayuda mutua; la prioridad de la guerra sobre la paz....¿a qué viene hacerle el juego y la cama a la entropía, esas ganas de violencia autodestructiva, ese ansia por acabar con este mundo...a qué viene, pues, tanta prisa suicida?  

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