lunes, 2 de noviembre de 2026

UN AVANCE DEL MANUAL DE SUPERVIVENCIA (COMITÉ INVISIBLE)

 



“Rechazar ser triturados. Rechazar ser víctimas del sistema. Cobrar vida, volverse autónomo, explosivo. Tenemos confianza: de todos modos, no existe ninguna solución electoral para este callejón sin salida de la civilización”. 

(De una  reciente entrevista (Frustration Magazine del 20-Oct-2026) publicada por El Salto: "Unirse a los estudiantes de secundaria y cobrar vida"). 

* * *

El estallido de las revueltas estudiantiles en Francia ha coincidido con la publicación del último libro del Comité Invisible, próximo a publicar en castellano por la editorial Pepitas de Calabaza. Como avance, he traducido un extracto de la edición francesa, publicado por la editorial "La Fabrique" (primera edición: 16-10-2026), en cuya contraportada aparece este texto de presentación:

"Sobrevivir a una civilización empeñada en suicidarse no es poca cosa. Una civilización es algo enorme y está en todas partes: a nuestro alrededor y en lo más profundo de nosotros. La tarea sería desalentadora si hubiera otra sensata y si aquí no se tratara de curarnos. Curarnos de la esperanza de que un cambio de régimen o de personal pueda hacer por nosotros la revolución que nosotros no hacemos; cortar los vínculos que nos encadenan a aquello que, a todas luces, se derrumba; abandonar el nihilismo, la risa cínica y la falsedad de rigor; comprender cómo diablos llegamos hasta aquí; sacar a la luz las estrategias de quienes conducen rebaños al matadero y, sobre todo, delinear los contornos de la salida de emergencia. 

De todo eso trata este Manual. También de sacar a quienes están aislados de su error acerca de la soledad. Si por todas partes sólo vemos pavonearse a los imbéciles y los impostores, es porque todos los seres valiosos tienen en común su aversión a ponerse en primer plano. Si parece que sólo la perversión tiene derecho a gobernar, es porque el gusto por el poder afecta ante todo a quienes llevan un abismo en el corazón. Trabajamos en la más inmoral de las insurrecciones: la insurrección de los tímidos".


Indice: 

Rara vez una derrota fue más profunda — 9 No retroceder ante las banalidades — 23 Abrir los propios ojos, caminar con los propios pies — 37 Buscar la curación, no el consuelo — 55 No adaptarse nunca — 77 No añadir nada a las tristezas inevitables — 95 Crear espacios ajenos a la publicidad — 111 Mantenerse en pie en lugar de fundirse en un cuerpo común — 133 No admitir ninguna solución — 153 No ceder en la propia certeza — 181 No sacar provecho de nada, negarse a seguir el juego — 201 Huir de la política, pero buscar armas en la huida — 223 Arrancarse de la dependencia — 247 Recurrir al rodeo de las técnicas — 285 Descristianizar la revolución — 337 

No ceder en la propia certeza 1. Nadie asume riesgos por nada. 2. La alternativa a ser gobernado no es gobernarse a uno mismo, sino estar firmemente en el mundo. 3.Todos vivimos como si fuéramos déspotas. Eso nos convierte en mendigos. 4. Es bueno ser fanático, en algunos aspectos.


1. Nadie asume riesgos por nada

Es no reducir el ritmo. Es no sufrir ante lo insoportable. Es, en suma,adaptarse a lo inhumano. Pero esta salud no es la vida: es una anestesia». Hace unos años, este texto habría sido calificado de "zadista" —antes de que la ZAD de Notre-Dame-des-Landes se normalizara—, cuando todos los que huían en Francia, respondiendo a la llamada del exterior, se daban cita allí en secreto. Cabe señalar que el chico vivía en Saint-Herblain, a pocos kilómetros de distancia. La desesperación del acto será despachada con una sola palabra —y con ella, el contenido explosivo del texto—: «fascista». De hecho, es precisamente ésto lo que llevará a Le Figaro a publicarlo, con el fin de darle la vuelta a la acusación. 

El chico es internado. Circulen, aquí no hay nada que escuchar. En el concurso al nihilista más perfecto, resulta difícil decir quién ha ganado: si el asesino mismo o esa sociedad de mónadas, tan obtusas que ya no ven ni oyen nada, salvo la caótica puesta en escena de lo que acontece. La excusa, aquí, es que dicho manifiesto podría haber sido redactado con la ayuda de una IA —algo sospechoso, en efecto: ¡no hay ni una falta de ortografía, imagínense! Será, de aquí en adelante, la excusa universal para la indiferencia universal. 

El suceso es la bola de cristal en la que las sociedades de la información se miran y reprimen su propia verdad. Junto con unos compañeros, ponéis en marcha una ocupación, abrís un squat, tomáis un espacio colectivo. La intención es «liberar un espacio», ofrecer un campo de expresión a «otras relaciones», además de lanzar un desafío al orden imperante. Huelga decir que el marco no es precisamente empresarial. Existe, por supuesto, el asombro de los primeros instantes, el soplo fresco de los encuentros, la sensación conmovedora de un nacimiento —o, al menos, de algo nuevo—. Llegan las primeras asambleas, las primeras palabras que intentan definir esta novedad. No solo las palabras maduradas de antemano —escritas, pensadas, reflexionadas—, sino las palabras dichas, aquellas que no pueden pronunciarse sin quedar expuestas a la contradicción; palabras que implican un compromiso, que comprometen los cuerpos. 

Más allá del lenguaje logístico, se trata de palabras que expresan un propósito, una intención. Todos escuchan con gran intensidad. Son estas palabras las que, a lo largo de la historia posterior, se invocarán una y otra vez como fundacionales. Lo que llama la atención es el silencio prudente de la mayoría, ya desde el primer día. Cuando se invita a quienes guardan silencio a matizar la intención —a dotar de una textura más rica, basada en la experiencia vivida, a eso que intenta nacer allí—, las miradas se desvían. El recurso a la broma llega para aliviar la incomodidad.Y, dado que ni siquiera ha sido necesario luchar contra los inefables trotskistas —que siempre pretenden encorsetarlo todo para evitar que ocurra nada, o al menos nada que no se ajuste a sus mezquinos cálculos militantes—, el grupo ha podido limitarse a un «rechazo de este mundo», sin llegar a precisar, de entre todos los rechazos posibles frente a este mundo —que son muchos—, cuáles son exactamente los que se asumen. Este «nacimiento» —como confirmará todo lo que vino después— no fue más que un aborto. Y la vida del lugar no fue, a fin de cuentas, sino un aborto prolongado. 

Solo el milagro de la adversidad circundante —la policía, los vecinos, la represión, los grupos rivales, aquellos contra quienes se lucha— le permitió perdurar. El comienzo fallido acompañará a todo el intento, hasta su ausencia de final trágico. Lo que no sabe nacer, tampoco puede morir. Sobrevive en estado de zombi, encontrando siempre suficiente carne fresca de la que alimentarse. Toda la «vida» que el lugar sea capaz de manifestar no será más que la de las pequeñas disputas entre facciones cambiantes, la crónica de los odios y las reconciliaciones, el enredo. No ceder en la propia certeza de los enredos amorosos. ¡Cuántas asambleas presas del pánico, donde no se dice nada bajo la creciente cosificación del lenguaje! Las pocas ideas —entendiendo por tales aquello que desplaza irreversiblemente nuestras percepciones— que habían motivado la ocupación del lugar, se han convertido en una amenaza para la perpetuación de su nada, de su falso confort. Resulta urgente enterrarlas lo más profundamente posible y camuflar el agujero. Son ocurrencias superadas. 

Los logísticos —cuya voluntad de poder coincide con la carencia de ideas y se confunde tan bien con la lúgubre reproducción de lo cotidiano — son tajantes: ya se ha pensado bastante; ahora sabemos qué es el bien y qué es el mal, y ese principio de funcionamiento basta y sobra. Los lugares muertos recaen naturalmente en manos de los logísticos, que actúan como sus diáconos. La brecha entre la historia vivida y la historia relatada no hará, pues, más que agrandarse. El imperio del mutismo se extenderá a la par que la inflación de las autoengaños. 

En ciertos momentos de una asamblea, cualquiera que posea un oído atento percibiría el zumbido de la nube de fantasmas que cada cual trae consigo: los de sus terrores infantiles, sus ambiciones inconfesables, sus nudos genealógicos, las humillaciones infligidas o sufridas, los cadáveres de uno mismo que hubo que sortear. Supongamos que hay treinta personas en una sala y diez fantasmas por cabeza: eso suma un estrépito de trescientos demonios. No es de extrañar que ya nadie oiga nada, ni que nada se diga realmente entre todos estos figurantes de sus propios espectros. En última instancia, no faltará quien recurra a todo tipo de «técnicas espirituales» para profundizar en esta banal negación, dotándola de un nuevo «encanto». Los inconscientes seguirán gobernándolo todo. Si el aborto se prolonga más allá de lo razonable, se convocará a «socioanalistas» para intentar «sanar al colectivo»; es decir, para contarse historias sobre las historias que ya se habían contado, pues los fantasmas se alimentan de ficciones y se deleitan con los delirios colectivos. Al llegar a su punto de ruptura, el hiato entre la representación de uno mismo y la realidad de lo «colectivo» —a pesar de recurrir a la amnesia en dosis masivas— se convertirá en la llaga por la que, finalmente, todo se escapará, dejando tan solo un globo arrugado en un charco de cerveza tras una noche de fiesta. Nos dispersaremos con vergüenza. Los más tenaces irán a repetir el mismo fracaso en otra parte. Et sic in infinitum. Habremos abierto, pues, un espacio a la nada, al viento. Ningún acto de parresía habrá logrado cambiar nada. Ninguna iniciativa, ningún proyecto, ninguna empresa temeraria habrá logrado sacar a esta sustancia colectiva gelatinosa del atolladero en el que, desde el principio, se había hundido. La impotencia habrá sido total, de principio a fin. Quienes hayan esperado que algo, algún día, surgiera de ahí, no habrán encontrado nunca de dónde asirse. 

Habrán asistido al desarrollo implacable de una tragedia en la que el coro de los mediocres celebra, con su mutismo, la desaparición de los héroes. Querían ofrecer un espacio al comunismo; no habrán hecho más que ofrecer un terreno de caza a los pervertidos. No habrá ocurrido nada. Ni siquiera el principio de un comienzo. Pero, para el recuerdo, quedan violaciones y acusaciones de violación. Eso es lo que sucede cuando se libera un espacio para los hijos del nihilismo. Hace más de siglo y medio que se formuló el diagnóstico del nihilismo europeo. Es más actual que nunca. Entretanto, la sucia bestia ha tenido tiempo de sobra para instalarse, para penetrar hasta la médula de los seres. Fue una patología de la voluntad; se ha convertido en una patología de la presencia. Antes era incapacidad para querer; ahora es ineptitud para ver. Ya no se lograba creer; ahora ni siquiera se logra estar ahí. «Nada vale» era su credo; ahora dice: «No hay nada», para no confesar que no ve nada de lo que, sin embargo, salta a la vista. Quizá es que no quiere ver nada. ¿Quién puede reprocharle que lo pisotee todo? ¿De qué nos preocupamos? 

Así, pasando de guerras mundiales a pequeñas atrocidades cotidianas —con el telón de fondo del jogging matutino—, nos hemos deslizado imperceptiblemente desde la ausencia de un fin hasta el fin de todas las cosas. Por lo demás, esto funciona a las mil maravillas, pues «funcionar» es el principio mismo de un tiempo sin principios. Ahora que es plural, deconstruido, open, conformista, contemporáneo y que no está seguro de nada, el nihilista surfea sobre las corrientes de aire; se muestra tan chill tras sus gafas de sol. ¡Y vaya cantidad de hormigón que hace falta para sostener una época en torno a una corriente de aire! 

Nuestro enfoque no es psicológico, sino estratégico. Intentamos comprender cómo el enemigo ha logrado —socavando incluso nuestra capacidad de organización— arruinar las condiciones de posibilidad de toda acción. El ejército francés postula oficialmente que lo que está en juego en los conflictos globales es, hoy en día, el mantenimiento de la «esfera segura» (safe sphere) de las poblaciones: que nada amenace con perturbar la burbuja epistemológica en la que cada ciudadano se encuentra encerrado, gracias al entramado tecnológico que, a partir de ahora, gobierna su acceso al mundo. 

En noviembre de 2021, Jen Easterly —directora de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras del Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security) de EE. UU., y responsable de la lucha contra la «desinformación, la información errónea y la información malintencionada»— declaró sin rodeos durante una conferencia: «Podemos afirmar que nos dedicamos al ámbito de las infraestructuras críticas; y la infraestructura más crítica es nuestra infraestructura cognitiva». La Unión Europea no hace más que seguir estas heroicas huellas: precisamente, las de la guerra cognitiva. Es una suerte que nuestro cerebro esté en tan buenas manos. El único daño colateral es la pérdida de toda perspectiva. «La forma más eficaz de "perspecticidio" —es decir, la manipulación y deconstrucción de nuestras percepciones— consiste, ante todo, en someter a una mutación el concepto del "Yo". En este contexto, el manipulador intenta "robarle" el concepto del "Yo" a su objetivo para sustituirlo por el suyo propio. 

Esta operación comienza, por lo general, con un intento de sofocar los relatos del adversario, antes de pasar a dominar el entorno informativo del objetivo».(Christopher Wylie, Mindfuck). Para algunos, el nihilismo es una condición existencial; para otros, una oportunidad ofensiva. A pesar de todo, surge una ligera sensación de vértigo al leer el documento The Art of Deception («El arte del engaño»), una serie de diapositivas procedentes del equivalente británico de la NSA y reveladas en 2014; su título, por cierto, está tomado de un famoso hacker estadounidense, y su portada luce la frase: «No intento impresionarte, pero soy Batman». 

Ante tales fenómenos, cualquier mente sana alberga una expectativa ilusoria: que el nihilista se deshaga de sí mismo. Que actúe con coherencia, al menos por una vez. Sería un gesto de cortesía por su parte. Pero ocurre exactamente lo contrario: el nihilista perdura, se extiende y propaga consigo su propia enfermedad. Quizás sea, incluso, su motor más íntimo. El nihilista —ya ha quedado claro— es quien vivirá más tiempo. Por un efecto de masa, toda una civilización vive —ahora de manera declarada— con una mentalidad suicida, habiendo establecido, a su vez, las condiciones para su propia y paradójica perpetuación. Para ello, habrá tenido que socavar cualquier punto de certeza, extraviar todo reflejo vital, disuadir cualquier posibilidad de afirmación o, al menos, desactivar preventivamente todos los efectos de una eventual afirmación, por si esta surgiera a pesar de todo. De quien no está seguro de nada, tampoco cabe temer una revuelta consecuente. Nadie corre riesgos por nada.

2. La alternativa a ser gobernado no es gobernarse a uno mismo, sino estar firmemente en el mundo.

Hace ya mucho tiempo que se sabe cómo gobernar un mundo nihilista. La doctrina al respecto está publicada, al menos desde 1922, aunque un cierto provincianismo satisfecho haya provocado que, en Francia, nadie se tomara la molestia —durante más de un siglo— de traducirla. Esta doctrina se titula Public Opinion. Es la biblia fundacional de todas las ciencias de la comunicación en todos los departamentos de ciencias políticas del planeta. Su autor es uno de los conspiradores más notorios del siglo XX: Walter Lippmann. En Francia es vagamente conocido como el autor de "La ciudad libre" (The Free Society) y como el organizador, en 1938 en París, del coloquio en el que se acuñó el término «neoliberalismo». En 1922, a sus treinta y dos años, ya es uno de los artífices de la propaganda de guerra estadounidense durante la Primera Guerra Mundial: es, a la vez, uno de los creadores de los argumentos a favor de la entrada en un conflicto que nadie deseaba —salvo financieros e industriales—, un agente que «interroga» a prisioneros alemanes en el frente francés y, finalmente, la persona que redacta los «14 puntos de Wilson» para sellar la paz posterior. A lo largo de su vida, fue miembro de la Fabian Society —una organización aristocrática y, no obstante, socialista—, asesor «informal» de varios presidentes de los Estados Unidos, hombre de confianza de los servicios secretos británicos y estadounidenses, periodista sumamente respetado en el Departamento de Estado, uno de los artífices de la CIA y, por supuesto, el responsable de difundir el concepto de «Guerra Fría» en 1947. Un personaje polifacético, pues, y coherente. La tesis central de La opinión pública (Public Opinion) es sencilla: la democracia nació en sociedades de pequeña escala, donde cada individuo podía experimentar directamente todo aquello sobre lo que debía deliberarse. Las sociedades industriales modernas ya no cumplen tales condiciones. Su gigantismo, las interdependencias globales y el sistema mediático provocan una brecha entre el mundo vivido y la percepción del mundo. Existe, por un lado, el «mundo exterior» y, por otro, el «mundo en nuestra cabeza». El entendimiento del rebaño humano es, en cualquier caso, limitado; nunca tiene un acceso real al mundo. Solo conoce el «pseudoentorno» de «estereotipos» que le proporciona la sociedad y, hoy en día, los modernos medios de comunicación. Para la masa, el mundo está «fuera del alcance, fuera de la vista y fuera de la mente». Esta noción de «estereotipo», que se ha vuelto tan familiar, fue acuñada por Lippmann. Para él, el individuo medio no define lo que ve; ve lo que ha definido previamente —o lo que se ha definido por él—. Así, el estereotipo precede a todo pensamiento: codifica la percepción en un sentido determinado y elude las funciones cognitivas. Los estereotipos son algo natural —es necesario poder reducir el mundo para soportar su complejidad—, lo cual no impide que se puedan estructurar. Él, que desde el principio se interesó por el psicoanálisis, se muestra exultante: «Gracias a la investigación psicológica y a los modernos medios de comunicación, la práctica de la democracia ha dado un giro. Se está produciendo una revolución, infinitamente más significativa que cualquier desplazamiento del poder económico». 

[En efecto, un cambio de estereotipo] supone un cambio de mentalidad, lo cual, cuando tiene éxito, constituye en realidad un cambio de visión». Para sustentar sus tesis, consideradas «realistas», Lippmann se remite a su propia experiencia como artífice del adoctrinamiento durante la Primera Guerra Mundial. Allí descubrió lo fácil que resulta manipular a las poblaciones, «fabricar su consentimiento». Más tarde, incluso pretendió —transformando la ingeniería de guerra en ingeniería de paz, y al nihilista armado con bayoneta en un nihilista pacifista— evitar que la masacre volviera a repetirse. Ahora existe una solución para las matanzas, y pronto la habrá para todo: expertos benevolentes y sensatos podrían, desde «oficinas de inteligencia» (intelligence bureaus), suministrar a los medios de comunicación hechos certificados, a fin de que los ciudadanos dispongan de un pseudoentorno democrático. O, dicho con mayor franqueza: «Al público hay que ponerlo en su sitio, para que los hombres responsables puedan vivir sin temor a ser pisoteados o corneados por una manada de bestias salvajes». El ciudadano medio es un «ajeno» (outsider) que carece de autoridad para definir ni un solo «hecho». Otros se encargan de proporcionárselos. Su vocación es dejarse gobernar por una élite natural. «El interés general escapa por completo a la opinión pública y solo puede ser gestionado por una clase especializada».

¿Hace falta señalar que el epígrafe del libro proviene de la alegoría de la caverna, en La República de Platón —caverna de la que, por cierto, no se contempla salir—? ¿O que esa «inmensa confusión, floreciente y zumbante», que justifica la oportuna selección de los hechos, coincide con la descripción que William James —uno de los profesores de Lippmann— reservaba para el mundo de los niños? ¿Qué teoría crítica de la «sociedad del espectáculo» no sugerirá, siguiendo esta estela, que todos somos esclavos mistificados dentro de la gran caverna mediática? "Public opinion" se lee —y, desde su aparición, será leída por las mentes serias, empezando por Carl Schmitt— como la teoría crítica preventiva de todas las teorías críticas posteriores; es decir, como una teoría perfectamente cínica. La opinión pública no es una constatación, es un programa. Si se quiere tener una idea de lo que significa su puesta en práctica metódica, basta con remitirse a la gestión de la crisis del COVID. La doctrina democrática del gobierno de las masas nihilistas —tan perfectamente desvinculadas del mundo que no ven nada por sí mismas— quizá nunca haya alcanzado tal grado de perfección. Los agentes encubiertos erigidos en «terceros de confianza» en nombre de la verificación de datos (fact-checking), o el refinamiento de los procedimientos de censura revelados en los Twitter Files, no son más que la espuma de todo ello. Lo que importa, en esta operación mundial de «inoculación» —como habría dicho Lippmann—, en este golpe de Estado epistemológico planetario, es la simultaneidad de los ataques dirigidos contra los cuerpos y las mentes. Nunca quizás una ofensiva adversaria había logrado desmantelar tan profundamente cualquier atisbo de autonomía, tanto desde el punto de vista biológico como epistemológico. 

Disparates tan orwellianos como «el pase sanitario es la libertad» o «se puede debatir sobre todo, excepto sobre las cifras» podían ser inoculados en las mentes sin encontrar más resistencia que la de una aguja al entrar en una vena. Como alardeaba con desparpajo aquel nihilista de 2021: «con todo lo que me he metido por la nariz, bien puedo dejar que me metan esta vacuna en la sangre». Con cada cuerpo oportunamente encerrado en su calabozo conectado, el poder construía, reformaba, derribaba y reconstruía a su antojo todos los pseudoentornos que le venían en gana. A la desaparición de todo instinto de supervivencia le seguía una adhesión aturdida a las sucesivas «verdades» de la propaganda; una suerte de entrega a la intoxicación generalizada. Y es que se había alcanzado lo más profundo de nuestro ser, allí donde se tejen nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás y con el mundo: pues las tres se vieron golpeadas simultáneamente. La maniobra de fuerza consistió, en este caso, en la brusca suspensión de todos nuestros hábitos, nuestras certezas y nuestras relaciones, combinada con el despliegue hipnótico —en un contexto de aislamiento— de un aparato de colonización cognitiva intrusivo y unificado. Hizo falta, al menos, todo esto para quebrar el punto de evidencia vital, el punto de consistencia ética, el punto de apoyo invisible del que nace toda revuelta seria. Privados de acceso al mundo, no nos quedaba más remedio que soportar o adoptar el pseudo entorno que los medios y los expertos construían en tiempo real —y sin gran preocupación por la verosimilitud— para nosotros. Nos volvimos idealmente gobernables, hasta el punto de tener que rellenar certificados para autorizarnos a nosotros mismos a salir a la calle. 

Todo ocurría como si ya no tuviéramos acceso a nuestros propios recursos. Hasta el extremo de que se nos impusieran, como verdades imperiales, todas esas medidas de crisis cuyo destino es, manifiestamente, convertirse en «normales»: el autoencierro en nuestros búnkeres domésticos, la soledad universal, la vida digital, la psicosis difusa, las calles desiertas, nuestra conversión en algo «no esencial», los permisos de acceso para todo, el rastreo generalizado, la censura «honorable», la proscripción de cualquier desacuerdo sustancial y, sobre todo, la guerra de todos contra todos en su versión congelada: la hostilidad de todos hacia todos. A esto es a lo que se adhirieron la izquierda y tantos antiguos camaradas con su «ciudadanismo» pandémico. El propio poder debió de sorprenderse al obtener tanto consentimiento —o «aceptabilidad», como se dice con eufemismo—; las condiciones eran aún más favorables de lo previsto. 

La época era, pues, auténticamente performativa, y la «gente» estaba dispuesta a todo. Fue un éxito, de esos tan completos que rara vez ven los gobernantes. De entre todas las construcciones mitómanas del momento, la «guerra contra el virus» tenía algo de infalible: aunque nadie pudiera imaginar, de manera mínimamente razonable, ni el más mínimo atisbo de realidad en ella —con los médicos de urgencias lanzados al asalto en primera línea, pertrechados de jeringuillas y mascarillas de polímero—, apelaba al viejo militarismo nacional que nunca falla. Las virtudes heroicas calan en los pueblos a los que el Estado humilla desde la más tierna infancia. Además, el nihilista no desea otra cosa que ser movilizado. Por muy evidente que fuera el delirio, lo fundamental residía en el hecho de que tal mistificación fuera posible. Y, sobre todo, en que siga siendo posible en el futuro: «Dentro de cinco o diez años, cuando miremos esta crisis con perspectiva, nos daremos cuenta de que las consecuencias económicas, sociales y psicológicas serán equivalentes a las de una guerra», sentenciaba Emmanuel Macron. Esto presagiaba una actualización doctrinal; y el hecho de que haya habido fracasos recientes —desde el pseudoservicio militar hasta la «ecología de guerra»— no ofrece ninguna garantía frente a futuros intentos de alistamiento más contundentes. Es ahí donde las lecciones del covid marcarán la diferencia. Algunas, a bote pronto: la alternativa a ser gobernado no es gobernarse a uno mismo, sino estar firmemente arraigado en el mundo. Quien flota en su propia burbuja cognitiva reclama la «climatización» gubernamental. Quien «no sabe» se somete a las amables exhortaciones, por muy contrarias a toda lógica que resulten. Quien desconfía de sus propias intuiciones termina repitiendo como un autómata los estereotipos oficiales, creyéndose, además, muy astuto. Quien obedece en la práctica termina justificando las órdenes más irracionales. Quien no confía en las fuerzas propias de su espíritu y de su cuerpo, acaba entregándose a aquello que lo destruye. 

No hay por qué llorar a los camaradas que se han pasado al enemigo. Por muy amargas que sean, tales pruebas actúan como el chorlito egipcio que libera al cocodrilo de la revolución de las sanguijuelas que le invaden las fauces. Hay que darles las gracias por este útil servicio, pues está en la naturaleza de las sanguijuelas volverse indoloro.

viernes, 30 de octubre de 2026

EL ABSURDO HOMBRE-BALA Y SUS PRÓTESIS MENTALES

 

Bonita foto familiar de un típico Hombre-Bala 


El AVE-tren y la IA-artificial son  pareja y metáfora perfecta del absurdo sistema mundo-hipercapitalista que en el caso de la provincia hispana del Imperio de la USA todavía son una copia chapucera de los extranjeros trenes artificiales y las inteligencias de alta velocidad originales sobre todo de las chinoamericanas y japonesas dónde va a parar que sin ir más lejos este mismo año han sido presentados trenes que levitan y corren a más de 600 kilómetros por hora no por el reino de USA sino por los de China y Japòn a poco menos que un avión de los grandes y son trenes que levitan de tal manera que flotan sobre el suelo pero como aviones que van a toda hostia tanto que no sé yo si no acabarán quitando  los raíles que tienen debajo que total para qué los quieren.

Pero el caso es que todos juntos AVE-IA componen el cuadro del absurdo modo de vida que nos impone el absurdo orden capitalista que a su vez absurdamente nos impone trabajar y hacer el turista a su modo hortera e hiperabsurdo y todo para producir absurda mierda convertible en dinero absurdo a su vez intercambiable con otras mierdas-mercancías de todo tipo y categoría no menos absurdas como este modus vivendi que nos impone viajar convulsa y absurdamente a toda hostia como turistas o empleados y funcionarios y también jubilados pero a toda hostia sobre dos raíles de acero paralelos a trescientos kilómetros por hora o volando por los cielos que envuelven al Planeta.

Planean a una distancia del suelo no inferior a diez mil pies mientras nuestros culos y el avión en el que vamos van cagando mierda y la esparcen sobre el mundo de ahí abajo sobre las nubes y los océanos y sobre los pulmones de la gente que vive ahí  a ras de suelo produciendo y consumiendo a toda prisa mierda a toneladas en fardos y envasadas en frasquitos de mierda para luego distribuirla por todo el mundo inundando los hipermercados de mierda por tierra-mar-aire mediante eficaces cadenas de logística parlamentaria/global/digital/capitalista cadenas a su vez gobernadas mediante marketing de algoritmos sindicales y bancarios asociados con partidos empresariales  propiedad de la IA de turno a cargo de los dueños de la empresa de energías alternativas "Ecomierda Solar y Eólica-International Corporation" también procesadora de los datos que son imprescindibles para la producción y el reparto bruto en los supermercados de cada barrio como en las plataformas de venta on line que son el monopolio  digital y cognitivo/corporativo o sea lo que llaman los expertos Capitalismo del Exceso para el Acceso de las masas al producto comercial más popular y asequible de mierda envasada sea congelada o natural y exclusiva ecológicamente producida o reciclada  y personalizada por supuesto a gusto del cliente consumidor a escala global.

A escala global y a una velocidad que supera la del sonido y se aproxima a la de la luz que ya de por sí es la hostia  muy-muy superior a la de las líneas aéreas comerciales de mierda  cuyos bonitos aviones vuelan a velocidad media que triplica a la de cualquier AVE que vaya a toda hostia vagando por los cielos continentales y oceánicos y es que son muchísimos aviones tantos que no chocan de milagro mientras vuelan sin parar en bandadas como los vencejos y los murciélagos y los fines de semana y vacaciones de verano mucho más en manadas tan grandes y ordenadas que nos recuerdan a las manadas de ñus de la república rural de  Tanzania que vagan a piñon fijo transhumando por las inmensas praderas del Serengueti.

Pero estas manadas de ñus navegan por las praderas fertilizando la tierra no como esos aviones de ahí arriba los de la Corporation de la mierda que cagan mala mierda a todas horas sobre los huertos-jardines-tejados-desiertos-ríos-montañas-lagos y selvas de todo el mundo: una moderna mierda producto de un  sistema propiamente absurdo a fuer de capitalista y cagaprisas de mierda que no puede parar de producir y distribuir otra cosa que no sea mierda  y más mierda por hora más que nadie solo mierda a todas las horas del día sin parar y a toda hostia.

Y todo para ganar un par de horas disolviendo las inteligencias humanas en la mierda de la IA propiedad de la empresa "Listos&Canallas&Tecnology Corporation" y nuestro tiempo de vida en el AVE ferroviario/volador que corre a toda hostia cargando con nuestros kilos de vida estos sanotes cuerpos nuestros que allí depositamos con la misma facilidad que delegamos los restos de nuestras últimas conciencias comunitarias en los chuscos parlamentos nacional/capitalistas de mierda  todo para evitar la fatiga de pensar y la responsabilidad de tomar decisiones por voluntad propia junto a nuestros iguales también clientes como todos del AVE y de la IA qué remedio clientes todos de clases medias trabajadoras incluyendo de rebote a todos los iguales/proletarios esos mismos que se quedan con las ganas de ser también clientes-vip aunque sea del montón y a la rebusca de de chollos lowcost o de mierda usada ay si la envidia fuera tiña y también para imaginar que viajando a toda hostia y sin necesidad de gastar la inteligencia propia proletarios y pequeños burgueses progresistas podremos digo yo  ganarle algo de  tiempo a la muerte.

Más o menos en torno a dos o tres horas calculo yo que ganaremos en el caso del AVE que va de Madrid a Barcelona o a Sevilla que por cierto me pregunto a qué irá tanta gente a esos sitios casi a diario para qué trabajo o si serán funcionarios que van de turismo con otros turistas y jubilados de otros Estados Miembros de la UE para qué irán si no es para ganarle algo de tiempo a la muerte como dije y me refiero a esas dos o tres horas de viaje ahorradas a toda hostia entre Madrid y Sevilla o Barcelona como queriendo alargar los días hasta que tengan 26 o 27 horas todo sea para poder trabajar más y ser más felices y más eficientes y más competitivos en el mercado mundial de la Mierda todo a cambio de una vida que será muy obsoleta como dicen algunos antropólogos y otra rara gente dada a la filosofía deportiva vale pero también muy entretenida y muy aventurera que no hay más que ver lo que disfrutan las clases medias y sus proletarias sucedáneas que se pasan  la vida jugando a deportes extremos y tan absurdos como la ruleta rusa del AVE y de la IA que por cierto hay que ver qué cosa más absurda lo de llamar "rusa" a una ruleta igual que a una ensaladilla. 

jueves, 29 de octubre de 2026

ANTICAPITALISMO VERSUS NEOLÍTICO



Todo empezó en algún lugar del Creciente Fértil, en las verdes llanuras de Mesopotamia, aquel día en que un bruto hacendado neolítico  pusiera en práctica las ideas que comenzó a pensar tras abandonar su vida de cazador nómada y cercar un trozo del planeta Tierra para el cultivo de vegetales y la cría de ganados: "esta tierra, esta mujer y este esclavo, como la vida de todas las bestias que habitan al interior de los límites de esta hacienda, son de mi exclusivo dominio o propiedad...y  por eso (PORQUE SON MÍOS) puedo explotar sus cuerpos, e incluso matarlos, cuando yo quiera.
 



Hace ya muchos años que sostengo la teoría de que vivimos, a escala de especie, atascados en la Era Neolítica, fundamentalmente porque a partir de mi propio conocimiento y experiencia considero que, bien adentradas en este siglo XXI, nuestras sociedades siguen rigiéndose en lo esencial por los mismos principios estructurantes que conformaron la Era Neolítica a lo largo de los últimos diez milenios. Éstos principios son los de Propiedad individual y Jerarquía social, concretados operativamente en las dos principales instituciones neolíticas: el Patriarcado y el Estado -ambas relacionadas a su vez con un mismo instinto animal "propietarista", cuya trazabilidad puede seguirse en todos los periodos históricos  a través de esas dos instituciones, que siguen siendo las mismas  instituciones primitivas sobre las que pivota el  orden social -propietarista y jerárquico-  de nuestra especie,  de inequívoca matriz neolítica (urbana/patriarcal/estatista).  

Además, tengo muy claro que el "éxito" y predominio  histórico de las instituciones neolíticas, mantenido durante tantos milenios, es debido a  su "naturalidad" y "primitivismo", acordes con el básico instinto animal de propiedad territorial y jerarquía sexual/patriarcal. Por eso entiendo que la superación de estos básicos instintos es condición racional y previa para poder superar el tiempo del Neolítico, fatalmente devenido en atolladero evolutivo de nuestra especie...y sumidero existencial de otras muchas especies, por efecto de la nefasta repercusión planetaria de este orden social,  depredador en esencia y tan  insostenible como perfectamente indemocrático.


Si una “Era” es un periodo de tiempo que cuenta a partir de un hecho histórico muy sobresaliente, como el descubrimiento del átomo (Era Atómica), o el nacimiento de Jesús de Nazaret (Era Cristiana), la gran revolución que para la especie humana supuso el radical cambio en la forma de vida, de nómada a urbana, es el hecho que marca el inicio de la Era Neolítica en la que todavía estamos. Esto es así, porque diez milenios más tarde seguimos siendo una especie urbana, más que nunca; y, sobre todo, porque en este siglo XXI, como nunca antes, la vida de nuestra especie está determinada completamente y en su conjunto global, por los principios neolíticos de propiedad y jerarquía, como matriz estructural del orden global: propietarista en modo  capitalista y jerárquico en modo estatal de sociedad patriarcal y clasista. 


El nombre general que le corresponde a la ideología propiamente neolítica  es el de “propietarismo”, mientras que “capitalismo” es el nombre de su versión "moderna", a  partir de la Europa Moderna del siglo XV, con la colonización extractiva de los otros continentes y la virtualización de la moneda mediante la invención bancaria del pagaré y la letra de cambio; todo ello para el desarrollo del comercio oceánico y el tráfico de esclavos a escala global, obvio precedente del actual Mercado capitalista global. Para mí no puede ser más obvio que nuestra Era, como quiera que la nombremos, comenzó al menos ocho milenios antes del nacimiento del hijo del dios de los cristianos.


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A ver...que levanten la mano todos los anticapitalistas que estén a favor de una declaración unilateral de la Tierra y del Conocimiento como materia prima universal y Bienes de Uso Comunal, al margen de toda forma de dominio o propiedad, personal o colectiva, que solo es legítima  en el caso de los bienes materiales producidos -a partir de dicha materia prima universal- mediante la intervención del trabajo humano, así como también es legítima en el caso de aquellos bienes que con este mismo origen son objeto de intercambio, donación o regalo. 

Y levanten la mano también todos aquellos anticapitalistas que estén a favor de una forma de convivir en modo simbioético y ecosocial, a partir de comunidades autoconstituidas como Ajuntamientos o Asambleas de iguales, en regimen político de democracias comunales integrales,  plenamente autónomas y soberanas,  libremente asociadas en solidarias redes confederales, para la convivencia local y global, el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales. 

Me lo veo venir...silencio (los anticapitalistas se lo están pensando)



Pienso que la mayoría de la gente podría levantar la mano sin apreciar contradicción alguna con su propia ideología política, fundamentalmente propietarista y jerárquica en abrumadora mayoría, según creo. Digo ésto, porque pienso que, aunque teóricamente, y de boquilla, se pueda ser anticapitalista al mismo tiempo que (por ejemplo) liberal, marxista, anarquista o fascista, me parece a mí que, de facto, ser anticapitalista es incompatible con la ideología jerárquico/propietarista que profesa la inmensa mayoría de la humanidad, al menos desde la gran revolución neolítica que supuso un radical cambió en nuestra forma de habitar la Tierra: de una manera nómada a otra en modo sedentario/urbano y "político" (de "polis", la ciudad devenida en Estado). 

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En estos días y sin proponérmelo, se me han juntado  las lecturas de dos grandísimos escritores que  de sí mismos dicen ser "anticapitalistas", uno es filósofo y marxista, y el otro es novelista y católico, heterodoxos en ambos casos. Me refiero a Santiago Alba-Rico y a Juan Manuel de Prada. Concretamente, se trata de uno de los últimos artículos de JM de Prada, publicado en el ABC y muy difundido en las redes sociales, con el título de "Sexo y Propiedad"; y se trata del libro "La ciudad intangible: ensayo sobre el fin del Neolítico", publicado por primera vez en 2001, del que es autor Santiago Alba Rico. 

A simple vista, podría parecer que nada tienen que ver entre sí, pero yo he apreciado un gran vínculo intelectual entre ambos autores y sus respectivos escritos, más allá de la coincidencia en su común y pública manifestación de "anticapitalismo", que si llama la atención es por la aparente contradicción entre sus respectivas filias ideológicas, marxismo y catolicismo...si bien, recuérdese que hemos conocido a muchos católicos autodeclarados marxistas, y viceversa. Valgan como ejemplo los seguidores de la Teología de la Liberación como ejemplo de católicismo marxista,  y el caso de Louis Althusser como ejemplo de  marxismo católico. En el discurso de ambos escritores yo aprecio una misma nostalgia del Neolítico, aunque por diferentes razones. 

Ahora, por favor, fijaros en el texto destacado del citado artículo  de JM de Prada,  en el que éste autor dice que "los dos pilares en los que se basaba una vida digna -en referencia al Sexo y a la Propiedad- quedan arruinados, y el hombre, convertido en un consumidor bulímico". Ahí, sin duda se refiere a un tiempo "mejor para la dignidad humana", que necesariamente no puede ser otro que un tiempo pasado, que el escritor no concreta y que para mí es necesariamente "neolítico", por las razones que acabo de explicar.  Tiene, pues, JM de Prada, a propósito del Neolítico,  una idea muy positiva, fundada en su católica creencia  que considera al sexo y a la propiedad como fuentes de una dignidad humana ahora perdida junto a ese "mejor" tiempo pasado (neolítico).  Yo veo en esta consideración del sexo y la propiedad como fundamentos de la dignidad humana,  una "idea/espejo", perfectamente inversa a mi propia idea sobre la consistencia y plena actualidad del Neolítico, aunque sea en fase decadente (y ojala que terminal). Ese tiempo neolítico,  que yo entiendo como un pasado/presente/contínuo,  a este "católico anticapitalista" le parece el mejor de los tiempos, sin tener en cuenta que no podemos compararlo con ningún otro,  porque nunca hubo "otro tiempo", ninguno  sin la impronta y matriz neolítica del "sexo y la propiedad". 

Así que ese anticapitalismo de JM de Prada,  yo lo veo confuso...no sé si será muy católico, lo dudo, pero a mí  ese batiburrillo ideológico me parece propietarista y contradictorio...y nada anticapitalista. Hay que tener en cuenta  que JM de Prada tomó el título de "Sexo y propiedad" de un artículo de Chesterton (1874-1936), filósofo británico y católico, otro grandísimo escritor, que fue conocido como "príncipe de las paradojas". No pienso que haya una línea de causalidad directa  entre los instintos animales de "sexo y propiedad"  y el orden/social/global que conocemos por Capitalismo, más bien pienso que éstos  básicos instintos son las condiciones de posibilidad para el desarrollo posterior del Capitalismo en el modo de sistema/mundo (tal como lo define Immanuel Wallesteirn), un sistema al que hemos desembocado agónicamente en pleno siglo XXI. Hablamos de un orden sistémico y global que ha conseguido normalizar su permanente crisis y patología propietarista,  haciendo que su reproducción sea, paradójicamente: "relativamente estable y siempre cambiante".

Respecto del texto de Santiago Alba Rico, puedo estar de acuerdo solo en parte,  en lo que se refiere a la "ciudad intangible" (con el sentido de intocable), como "final del Neolítico": eso que yo interpreto como "intocable e inamovible sistema político: el de la neolítica Ciudad o Polis/Estado". Frente a  las pretensiones de democratizar el capitalismo, Santiago Alba Rico afirma que la tarea de un proyecto transformador debe aspirar  “a la trabajosa y delicada labor de desmontaje del Imperio romano, donde la primera transformación del mundo que debemos abordar es la de conservarlo”. Eso está muy bien como metáfora, pero me parece insuficiente lo de "desmontar el imperio romano", sería más ajustado a la realidad "desmontar el Sistema Propietarista del Estado Neolítico".

Santiago Alba Rico tiene identificado al Neolítico, no solo como etapa histórica, sino como “pensamiento matriz de la condición humana estructurada en torno al principio de subsistencia”. Según él, como respuesta a dicho principio de necesidad, el homo neolítico adopta una estrategia fundada en la novedosa idea del Poder (superación del estado de subsistencia o necesidad) a partir del novedoso principio de Propiedad como derecho natural de uso exclusivo sobre un trozo de la Tierra, lo que solo podía surgir de esa nueva forma de vida “estable” (de estabular, establo...), agrícola y urbana, algo impensable para un homo nómada que no siente la necesidad de propiedad más allá de los útiles personales y sus armas de caza. Mi pensamiento político, como el suyo, también es anticapitalista, pero ni católico ni marxista; yo soy demócrata/comunalista en inseparable y radical modo  contrario a la división social en clases y, por tanto, contrario a toda forma de constitución política en modo "Estado", que considero indemocrático  por su propia naturaleza jerárquica. Y soy radicalmente contrario a toda forma de propiedad que tenga por objeto  a la Tierra y al Conocimiento, a los que considero como Bienes Comunales Universales. 

Para mí, cada día que pasa me resulta más obvio que siguen siendo plenamente vigentes las dos principales ideas definitorias de la Era Neolítica:  la Propiedad (territorial/sexual) y  la Jerarquía social, económica, cultural y política (lo que es el Estado). Y por mucho que nos deslumbren y despisten las apariencias tecnológicas, ¿a que no es tan difícil ver que, pasados diez mil años, estos principios neolíticos siguen siendo los mismos a día de hoy, igualmente determinantes de nuestra primitiva forma de vida "neolítica"?... Desde que comencé a escribir este blog, hace ya 16 años , (en 2010, año anterior al 15M), vengo sosteniendo que desde la gran revolución del Neolítico todas las sociedades humanas han sido subordinadas por élites dominantes (propietarias y/o gobernantes), mediante la  institución progresiva del Patriarcado (para la transmisión hereditaria de los derechos de propiedad), del Estado (para la defensa legal y militar de la propiedad) y del Sistema Capitalista de Producción y Mercado (para el comercio o intercambio de todo tipo de mercancías y propiedades). Y desde entonces no dejo de preguntarme ¿por qué somos tan poca gente los que nos manifestamos a favor de reconocer y declarar a la Tierra y al Conocimiento como bienes de propiedad comunal universal?... ¿y por qué, sobre los bienes materiales/naturales, y sobre los inmateriales bienes de la cultura, todo el mundo  quiere tener   "liberales" derechos de propiedad, mejor que "comunitarios" derechos de uso?...digo yo, por ejemplo, que si toda persona dispusiera  de una vivienda con derecho de uso asegurado de por vida, ¿para qué querría tener, a mayores, un derecho de propiedad sobre esa vivienda?...¿qué poderoso misterio o fetichismo es ese de la propiedad/mercancía?,  ¿para qué esa propiedad, si no es para especular al por menor en el mercado inmobiliario y hacer de propietario pequeño/capitalista, aunque sea de un pisito? 

Esta primitiva ideología propietarista es la que, a mi entender, sustenta el orden social/estatal que alarga la era del Neolítico hasta nuestros días, gracias a su respaldo social, a mayores de la fuerza propia del poderoso entramado institucional del Estado-nación-capitalista-contemporáneo (patriarcado, trabajo asalariado, producción y mercado  capitalista global...), pero incapaz de evitar su propio colapso, situándonos en un grave riesgo de extinción junto a otras muchas especies. 

La incertidumbre y pregunta crucial de nuestro tiempo  es si seremos capaces de superar el Neolítico a tiempo, ahora, aprovechando que por primera vez en la historia de la humanidad -y aunque sea de modo muy incipiente- hemos comenzado a tener una mínima conciencia ecosocial, de comunidad y de especie.  

lunes, 12 de octubre de 2026

ASAMBLEA CASI TODOS LOS DÍAS

                                      El territorio de las ensoñaciones, de Juan Carlos Mestre,                                       acuarela y técnica mixta sobre papel

La vida a veces:

aguantar bajo el agua 

sin respirar


Entras al mar

y vuelves a sentirte

pez en el agua


(Desordenada selección propia de dos haikus del poema "yodo en los labios" de Juan Pablo Zapater)

* * *

Hay mañanas no muchas que sales a la calle y tropiezas con alguien que te alegra el día me pasó esta mañana por ejemplo resulta que estaba desayunando en un bar de Cervera y una señora que estaba a mi derecha en la barra se acerca y me dice "pero qué meticuloso es usted señor" yo me vuelvo para mirarla de frente y  le pregunto que a qué viene eso y ella me dice que es porque me ha visto recoger las migas que se me han caído del desayuno pero señora eso me lo dice usted  porque no me conoce y por eso no sabe lo desordenado y caótico que soy le hace gracia  y me sonríe yo pago el desayuno y me despido agradecido por alegrarme el día adiós señora adiós adiós.

Incluso hay muchas tardes que me sale al paso alguna sorpresa de las que te espabilan y enderezan el cuerpo éste que tiende a encorvarse en cuanto te descuidas y hay tardes en las que aparece alguien que también se empeña en alegrarme el día como esa amable señora de esta mañana por ejemplo y no es raro que me salga un corzo en el camino o un zorro medio rubio que yo creo que me conocen de otras muchas tardes lo digo porque tengo la impresión de que me esperan cuando después de comer paseo por los alrededores de casa bien por el camino de Barcenilla que va paralelo al río de mi vida que es el Pisuerga o bien cuando atravieso la Praderona y me subo a los altos de la Peña del Humano y me llego luego hasta el Pico de la Bubilla pasando por el chozo de Mudá que tiene cerrada la puerta para que no entren las vacas y lo caguen todo.

O por ejemplo esta misma tarde de este  soleado octubre cuando fui a tirar una bolsa al contenedor amarillo el de los plásticos y envases  y al volver me dio por mirar qué libros había en la marquesina del autobús donde algunas personas anónimas supongo que vecinas del pueblo como yo mismo dejamos de vez en cuando algunos libros y hoy había muy pocos apenas diez o doce menos que nunca y entonces recogí uno de poesía cosa rara que llamó mi atención era de pasta dura y casi nuevo del poeta Juan Carlos Mestre digo que me llamó la atención porque me intriga que alguien deposite allí un libro de poesía que supuestamente lo haces porque lo has leído varias veces y ya te sobra y también lo cogí porque hacía tiempo que no leía nada de este poeta del Bierzo y resulta que se titula "Las estrellas para quien las trabaja" y que  es una antología editada por "El diario de León" que abro nada más llegar a casa tras jugarme el pellejo cruzando la carretera por un paso de cebra que solo respetan las bicicletas no-eléctricas abro el libro que está como nuevo como sin leer y leo ésto lo primero:

Asamblea 

queridos compañeros carpinteros y ebanistas
les traigo el saludo solidario de los metafísicos
también para nosotros la situación se ha hecho insostenible
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas
a partir de este momento la lírica no existe
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno
no lo tomen a mal
pero aún quisiéramos pedirles una cosa
mis viejos camaradas amigos de los árboles
acuérdense de nosotros cuando canten la internacional


Los argonautas del fin del mundo y La gran soledad del silencio, 
acuarelas sobre papel, de Juan Carlos Mestre





              Juan Carlos Mestre y Antonio Gamoneda, poetas universales                         del Bierzo y de León respectivamente

Me van sonando algunos versos a medida que avanzo en la lectura como si fueran de esos de los que tengo llena la cabeza esos que como los de Mestre acostumbran a no respetar los espacios vacíos ni las comas ni a la mismísima RAE porque son orales y más bien son versos de hablar a solas con uno mismo y puede que sea por eso que a mí se me olvida apuntarlos en la libretilla de las notas y borradores y seguramente que por eso no llego a escribirlos y la verdad es que ni falta que hace porque si la poesía no interesa a nadie para qué escribir poemas para Nadie y pasar por la fatiga de pasarlos a limpio incluso aunque ese trabajo me diera algún derecho de propiedad sobre las estrellas. 

Pienso que eso mismo debe pasarle creo yo a cada una de esas personas que me encuentro a veces caminando a solas  y a paso tranquilo con la mirada puesta me parece a mí en un punto vacío intermedio entre las gastadas baldosas del paseo y una inmensa nube de recuerdos movedizos dicen todos los críticos entendidos que Juan Carlos Mestre escribe siempre sobre el Bierzo aunque no quiera porque esa es su tierra y universo por mucho que viva en Madrid y me entero más tarde de que su último libro tiene nada menos que mil quinientas páginas y ese mismo título de "Asamblea" que supongo lo ha escrito también sin comas ni puntos ni descansos como no sean algunos puntos  aparte  muy de vez en cuando para tomar algo de aire y también me entero de que tal libro se abre con un prólogo de don Antonio Gamoneda también leonés de origen asturiano como yo que presumo de eso mismo.  

"Recados de hoy y de mañana para Mestre Juan Carlos, hijo mío y maestro, quién me lo diera" así se titula el prólogo al parecer donde el poeta Gamoneda expresa su admiración y la profunda amistad que los une siempre con la tierra  leonesa común de por medio y me entero también de que estas obras completas de Mestre incluyen un adelanto de otro poemario nuevo "El ciprés descapotable" y una traducción al castellano de "200 gramos de patacas tristes" que por lo que averiguo enseguida en la wikipedia "patacas" son monedas de origen portugués utilizadas en algunas colonias ahora ya solo en Macao lo cierto es que yo tengo cierta devoción por la poesía de don Antonio y tengo anotados unos versos sueltos de una antología  para que no se me olviden que son del poema "Ojos" y perdone usted que los ponga aquí aparte y sin comas en honor a su hijo y maestro Mestre:

"yo puse los ojos sobre el mundo: mares siglos de sombra se elevaron de ahí de mirar la vida desde lo oscuro viene este amor invencible".

De otro libro ya viejo "Sublevación inmóvil" escrito por don Antonio Gamoneda a poco de que yo naciera tengo anotado:

Solicito una sublevación de paz una tormenta inmóvil. Quiero pido que la belleza sea fuerza y pan alimento y residencia del dolor.Un mismo canto pide la justicia y la belleza.Sea la luz un acto humano. Se puede morir por esta libertad.

Conozco gente del Bierzo que es muy especial tanto como Mestre por ejemplo se me ocurre antes que nadie Sofía mi pariente lejana medio prima originaria del Páramo Leonés entre La Bañeza y Benavente que trabajaba por horas en una funeraria y nos contó un día que  allí estaba empleada muy bien y  tan a gusto encargada de adecentar a los muertos y maquillarlos un poco solo para que estuvieran presentables decía ella en los velatorios y también que trabajaba muy a gusto con esa clientela tan educada y tan calladita  y decía que eso se debía a que a ella los muertos cuando le llegaban estaban "ya caducados" y recordando a esta prima lejana me acuerdo también de una noticia de aquellas tierras bercianas que también apunté en mi libretilla este verano con referencia a la noche de San Juan suspendida allí  este año por culpa de la pavorosa temporada de incendios del pasado verano todo lo cual  lo leí en el Bierzo Digital según apunté este 26 del pasado junio:

El Bierzo ha despertado este 24 de junio sumido en una profunda crisis existencial tras comprobar que la noche de San Juan transcurrió sin hogueras debido a las restricciones por riesgo extremo de incendios. Según los primeros datos, miles de bercianos permanecieron durante horas mirando descampados vacíos, preguntándose cuándo empezaba la fiesta y si alguien había olvidado traer el fuego.

“Yo llegué con una silla, una nevera y tres bolsas de leña”, explica un vecino. “Cuando me dijeron que este año la hoguera era imaginaria me sentí estafado”. 

La situación ha generado escenas de desconcierto por toda la comarca. Numerosos ciudadanos fueron vistos lanzando al aire sus deseos de San Juan para que se destruyeran por insolación. Otros optaron por quemar simbólicamente sus problemas abriendo la aplicación del banco y contemplando el saldo durante varios minutos. 

Hoy es día festivo y hay un desfile militar como es costumbre de todos los años en la fiesta nacional y día de la hispanidad me confirman que no levantan la  Asamblea por el derecho a la vivienda en la Plaza del Sol que es el kilómetro cero de la red de carreteras del Estado Español  saldré esta tarde también de paseo como es mi costumbre de todos los últimos años a ver a quien me encuentro esta vez que pueda alegrarme el día y no puedo por menos que pensar en los quince años que han pasado volando desde aquellas asambleas del 15 M en Aguilar de Campoo.