Aclaración:
en el título me refiero a los creyentes religiosos de todos los credos, también a los creyentes progresistas, de derechas y de izquierdas, y como no, a los tecnófilos, mayormente transhumanistas, que para mí son una especie de compendio o precipitado químico de religiosidad y progresismo. El adjetivo flipante es un anglicismo, cuyo significado entre los hablantes de la lengua castellana ya poco tiene que ver con su raíz inglesa original (to flip primero y luego flip out, concretado como "volverse loco" y traducido como jerga juvenil, en referencia a un estado de alucinación por efecto de las drogas); el caso es que, al final, el verbo flipar se ha quedado entre nosotros como sinónimo de alucinar, en cualquiera de sus grados, de modo que tiene un uso tan ancho y polivalente que vale para cualquier grado de asombro, entre la tontuna y la mística.
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Acabo de enterarme:
las plantas con flores no existieron hasta el Cretácico Medio, hace solo unos 100 millones de años; por eso que las criaturas del Jurásico, como el diplodocus, que habitaron la Tierra hace entre 145 y 201 millones de años, no llegaron a conocer las flores, ni siquiera la hierba. Esto nunca lo hubiera sabido, ni imaginado, si no fuera porque hace unos días acabé de leer "Otros mundos.Viaje por los ecosistemas extintos de la tierra", un libro editado por primera vez en 2022, en Inglaterra, cuya autor es Thomas Halliday, científico e investigador que combina el conocimiento paleontológico tradicional y la moderna biología, dedicado al estudio de los patrones ecológicos y evolutivos de nuestro planeta,
Así, pues, parece ser que por Aguilar de Campoo y sus entornos (ocupados a día de hoy por un castillo en ruinas, un gran pantano y un polígono industrial donde a diario se fabrican toneladas de galletas), no había flores ni hierba cuando por allí corrían los dinosaurios a orillas de ríos que todavía no desembocaban en el Pisuerga, rìos a su vez ocupados en devastar los relieves de las Loras y Brañosera. Por eso mismo, que tampoco en la película Jurassic Park debieran de haber figurado esos grandes bichos, clonados por antojo de un yanqui multimillonario, cómo no, correteando por idílicas y exuberantes selvas; no, de haberlo sabido a tiempo el director de esa película, un tal Steven Spielberg.
La verdad es que flipo con estas lecturas y con todas las que hablan de los orígenes de la Tierra y de la Vida, que por cierto, ahora sé que guardan entre sí solo una distancia temporal de apenas setecientos millones de años.
Tanto si me detengo en observar la inmensidad de los cielos nocturnos o en admirar el revoloteo sincrónico de las nubes de vencejos, o de los bancos de peces, ante la grandiosidad, complejidad y minuciosidad de todo este Mundo, lo mires por donde lo mires, macro o micro, en todas sus dimensiones, pienso que no es de extrañar que haya tanta gente enganchada a mágicas y religiosas creencias acerca del origen de la vida y del cosmos.
Pasadas las prisas por disponer de una explicación suficiente, acabo por imaginar el ser y evolución de la Materia viva, como un compuesto de trama y urdimbre (o sea, lo que viene a ser un tapiz), tal como explica magistralmente la bióloga argentina Sandra Myrna Díaz, cuando afirma que "en el tapiz de la Vida hay barroquismo (mucha complejidad y biodiversidad) en la trama, pero no en la urdimbre", que no puede ser más simple, en referencia, sin duda, a la hipótesis científica de un océano primitivo, a modo de "caldo primigenio" o sopa química-prebiótica en la que se formaron poco a poco los primeros ladrillos de la construcción celular y de la vida en todas sus formas.
De ser así, aquél útero común nos hermana a todos los seres vivos...pero ¡qué difícil de imaginar es que a partir de tan poca cosa haya podido derivar la inmensa diversidad y belleza de la vida!...replicada de continuo en miles de individuos y especies de los diferentes reinos, que se extinguen y suceden tomando el relevo a cada cambio brusco del clima, y a cada catástrofe que sacude al planeta, sea en forma de grandes tsunamis o de fuegos procedentes de las estrellas, incluso de otras galaxias, cuando no del interior mismo de la Tierra. No me extraña que ésto le parezca tan imposible a la mayor parte de nuestra especie, a este animal humano-medio que somos, el mismo que ha pasado más de cien mil años mirando con temor a los cielos nocturnos, soñando paraísos fértiles, repletos cuarteles de caza e ilimitadas praderas de pasto para las manadas y rebaños...un animal muy singular -el único consciente de su propia debilidad y de su próxima muerte-, por eso forzado, de por vida, a ganarse la compasión y favor de los dioses, entrando así en ese estado de alucinación religiosa o flipe terapéutico.
Solo cuando los humanos hemos visto nuestro planeta de lejos, a través de los ojos de los astronautas, hemos empezado a tener cierta conciencia común, global y de especie. Ni siquiera pasó cuando cayó la primera gran bomba atómica sobre la ciudad de Hirosima. Este nuevo sentimiento común lo estamos ganando bastante después de haber perdido la conciencia de clase-social-subordinada, desposeída, gobernada y ninguneada al detalle, una a una, cada persona ninguneada, y toda una conciencia de la dignidad humana, perdida al menos en esta parte cristiana y occidental del Mundo/mercado...precisamente ahora, que la IA acaba de declarar la obsolescencia (programada) de la clase trabajadora.
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Qué fácil de explicar y qué difícil de entender lo simple y compleja a la vez que puede ser la realidad, incluida la vida, toda reunida en esa metáfora de la trama y la urdimbre. Qué difícil cuando todavía no hemos digerido los grandes descubrimientos de la Física cuántica, respecto de una realidad compuesta de objetos cuya existencia resulta imposible sin ese inmenso océano Vacío o salsa inmaterial que los contiene y relaciona creando múltiples vínculos entre ellos (incluidos nosotros), vínculos tan inasibles como invisibles, que por la costumbre de los siglos tendemos a imaginarlos, todavía, como criatura de los dioses, un producto alucinante.
En 1945, en plena guerra mundial, un científico ruso de nombre Vernadsky daba esta respuesta a la pregunta por "el ser" de la vida: "los seres vivos son entes que retrasan (todo lo que pueden), el momento en el que llegan a su estado de máxima entropía", que no es sino la muerte. Después, todos los ecologistas y progresistas de derechas y de izquierdas, le echaron la culpa de todos los males -incluyendo la devastación de la biodiversidad y el cambio climático- al "Hombre": un ser colectivo, concretamente abstracto y perfectamente inexistente por tanto, tal como hiciera el grandísimo escritor Miguel Delibes:
"El hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro". Todos los progresismos acabaron pensando más o menos lo mismo, y puede que fuera por eso que la clase sometida fuera perdiendo conciencia de sí, a cada negociación sindical, en cada mínimo incremento salarial y a cada pacto con la patronal.
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Recurro, pues, al verbo flipar para expresar mi propio asombro o pasmo, el que siento frente a esa trilogía de ingenuos y alucinados creyentes (religiosos, políticos y tecnófilos), que entre todos suman la inmensa mayoría de la especie sometida al gobierno de la Propiedad, calculo que no menos de las tres cuartas partes de los 10 mil millones de humanos que ahora mismo habitamos este mundo.
La ingenuidad de las izquierdas y derechas "progresistas" solo es comparable a la de los transhumanistas, cuyo flipe tecnológico es también tecnocrático y su tecnofilia les lleva a creer que no tardando habrá un reparto general de prótesis cerebrales unisex, cargadas con un completo software de la felicidad, con su SIA (superinteligencia artificial) incorporada, junto a un implante de memoria externa y expandida, además de un recambio de cuerpos sanos y esbeltos, enteramente disponibles para quienes lo necesiten...y por supuesto, un asiento seguro para 10.000 millones de terrestres, en las naves de Elon Musk que habrán de llevarnos a Marte para evitar ser torrefactados aquí, en el planeta Tierra, por un sol achicharrante.
Flipo, de verdad, por tanta ingenuidad que no puedo explicar sin mediación de alguna sustancia alucinógena...antes de continuar, describiré el perfil básico que le asigno a cada una de las categorías de creyentes a las que vengo refiriéndome:
1) Creyentes religiosos: personas como el papa León XIV, que esperan la resurrección de la carne y, por tanto, la existencia de otra vida supuestamente mejor, para después de ésta; y que en esa espera mantienen relaciones y conversaciones virtuales con imaginarios seres inmateriales y extraterrestres, y hasta con sus artísticas representaciones gráficas o escultóricas, de profetas, santos, vírgenes y dioses.
2) Creyentes políticos: personas como Gabriel Rufián, que esperan la imposible resurrección de una clase trabajadora, rebelde y revolucionaria ya extinguida. O como Alberto Nuñez Feijoo, que cree que con el capitalismo hemos llegado al fin de la Historia, y que -como Gabriel Rufián- todavía piensa que el capitalismo, no siendo el mejor de los mundos, sí es el único mundo posible...y que en el peor de los casos siempre tendrá un arreglo...oye, que para eso están el Algoritmo y el Estado.
3) Creyentes tecnófilos: personas como Nick Bostrom, que esperan llegar muy pronto a convertirse en seres posthumanos, algo así como una nueva especie de individuos mediomáquinas que dispondrán de capacidades físicas e intelectuales mucho mayores que las que tenemos los simplones humanos actuales. Pienso hasta qué punto ha calado ésta paranoia de la tecnofilia y el transhumanismo en las jóvenes generaciones de nativos digitales, lo pienso cada vez que escucho eso de "¡eres un máquina!".
En general, las opciones de mejoramiento humano que contempla el pensamiento transhumanista, incluyen la ampliación del tiempo de vida, la eliminación de sufrimientos innecesarios, la erradicación de enfermedades, así como el incremento de las capacidades físicas, intelectuales y emocionales...¿pero quién no va a querer estas mejoras?...sin embargo, sucede que en el mismo paquete te acaban metiendo la colonización planetaria y la posibilidad de crear máquinas superinteligentes;junto a desarrollos tecnológicos capaces de alterar la condición humana en profundidad, sin olvidar que este mismo pensamiento transhumanista también se propone el diseño ad-hoc de nuevos modelos de sociedades cibernéticas.
Observo un perfil común a esos tres tipos de creyentes que, como tales, todos ellos son individuos "esperantes", gente en espera de "algo" que todavía no existe, pero que existirá próxima y necesariamente para cumplir su expectativa de una mejor vida, en función de sus particulares creencias, sean religiosas, políticas o tecnológicas. Personalmente, hace bastantes años que dejé de ser esperante i creyente, que ya no espero ninguna forma de salvación o redención, y no es porque me queden un par de telediarios por vivir...no, es porque hace tiempo decidí empezar a pensar por mí mismo, especialmente en las tres materias a las que vengo refiriéndome -religión, política y tecnología-, que a mi entender son la mayor causa de las patologías que nos aquejan en este azaroso siglo. Ni por eso deja dejan de interesarme los avances del Conocimiento científico, especialmente de la historia y las ciencias, naturales y sociales, pero, eso sí, rehuyendo en lo posible toda afiliación precipitada, o puramente emocional, que por propia experiencia he podido comprobar que acaba en doctrinaria y retrógada militancia...sí, porque te reduce y te deja como detenido en un tiempo muerto, lo que es mucho peor en estos malos tiempos, en los que más necesitados estamos de estar bien espabilados, a la par del devenir de los tiempos, sin dejar de echar una ojeada al horizonte y al retrovisor, al tiempo y cada poco.
Intento, pues, autoinmunizarme lo más que pueda, lo que no es fácil en medio de esa pandemia global de sectarismo que envenena la convivencia en este final de Nuestra Era (la de la Propiedad y del Estado). Por eso que sigo la estela humanista y ecosocial, que yo interpreto a mi manera, a partir del pensamiento comunalista de Murray Bookchin (de inspiración anarquista) y del pensamiento poético y simbioético de Jorge Riechman (de inspiración marxista). Si bien, necesito matizar que del anarquismo y sus fobias antiestatales, me sobra su total carencia de orientación estratégica; y del marxismo y sus fobias anticapitalistas me sobra su filia por la dirigencia autoritaria y centralista, me sobra el partido. Que, quieras o no, por experiencia histórica sabemos que sus respectivas biografías, anarquistas y marxistas, acaban en querencia respectiva por la Propiedad y el Estado...que una cosa lleva a la otra, como el roce lleva al cariño.
Y es que, lo que entendemos por Realidad, como urdimbre no puede ser más sencilla, ni más variada y compleja como trama. Y llegado aquí no puedo por menos que recurrir una vez más a la inteligencia poética (IP) del asturiano Pablo Ardisana (1940-2017), mi poeta de cabecera, el de Llanes: "todo lo que no es amor es mercancía".
Nota:
(*) Pablo Ardisana nació en Hontoria (Llanes) en 1940 y ye un poeta de vocación tardía. El so primer llibru: Armonía d’anxélica sirena publícalu en 1986, con cuarenta y seis años, cuando los autores más mozos de la segunda Xeneración del Surdimientu (nacíos na década de los 60) empiecen a dase a conocer. A esti poemariu van siguilu:
Rosamaría (1987), Azul mirar d’amor (1989) y Una luz inesperada (1991). Practicante d’un versu cenciellu y breve, que busca tanto la eufonía de la palabra como la emotividá, Ardisana anda a caminar peles intemporales siendes estétiques del romanticismu y d'un ciertu modernismu. Nos sos poemes recrea’l sentir amorosu sobre’l paisaxe más cercanu y construi una de les voces más personales de les actuales xeneraciones lliteraries asturianes.
PD:
"Creo recordar que Pedro Abelarso y el doctor Marañón vinieron a decir, más o menos, que la amistad es cosa más grande que Dios".
Así comienza un breve texto de Pablo Ardisana, de 1992, cuya lectura recomiendo a mis amigos, porque habla de la amistad (que no deja de ser amor), en unos tiempos en los que se suele decir que
"si quieres un amigo, cómprate un perro":
LAS PALABRAS DE LA TRIBU:Escritura y habla