lunes, 12 de octubre de 2026

ASAMBLEA CASI TODOS LOS DÍAS

                                      El territorio de las ensoñaciones, de Juan Carlos Mestre,                                       acuarela y técnica mixta sobre papel

La vida a veces:

aguantar bajo el agua 

sin respirar


Entras al mar

y vuelves a sentirte

pez en el agua


(Desordenada selección propia de dos haikus del poema "yodo en los labios" de Juan Pablo Zapater)

* * *

Hay mañanas no muchas que sales a la calle y tropiezas con alguien que te alegra el día me pasó esta mañana por ejemplo resulta que estaba desayunando en un bar de Cervera y una señora que estaba a mi derecha en la barra se acerca y me dice "pero qué meticuloso es usted señor" yo me vuelvo para mirarla de frente y  le pregunto que a qué viene eso y ella me dice que es porque me ha visto recoger las migas que se me han caído del desayuno pero señora eso me lo dice usted  porque no me conoce y por eso no sabe lo desordenado y caótico que soy le hace gracia  y me sonríe yo pago el desayuno y me despido agradecido por alegrarme el día adiós señora adiós adiós.

Incluso hay muchas tardes que me sale al paso alguna sorpresa de las que te espabilan y enderezan el cuerpo éste que tiende a encorvarse en cuanto te descuidas y hay tardes en las que aparece alguien que también se empeña en alegrarme el día como esa amable señora de esta mañana por ejemplo y no es raro que me salga un corzo en el camino o un zorro medio rubio que yo creo que me conocen de otras muchas tardes lo digo porque tengo la impresión de que me esperan cuando después de comer paseo por los alrededores de casa bien por el camino de Barcenilla que va paralelo al río de mi vida que es el Pisuerga o bien cuando atravieso la Praderona y me subo a los altos de la Peña del Humano y me llego luego hasta el Pico de la Bubilla pasando por el chozo de Mudá que tiene cerrada la puerta para que no entren las vacas y lo caguen todo.

O por ejemplo esta misma tarde de este  soleado octubre cuando fui a tirar una bolsa al contenedor amarillo el de los plásticos y envases  y al volver me dio por mirar qué libros había en la marquesina del autobús donde algunas personas anónimas supongo que vecinas del pueblo como yo mismo dejamos de vez en cuando algunos libros y hoy había muy pocos apenas diez o doce menos que nunca y entonces recogí uno de poesía cosa rara que llamó mi atención era de pasta dura y casi nuevo del poeta Juan Carlos Mestre digo que me llamó la atención porque me intriga que alguien deposite allí un libro de poesía que supuestamente lo haces porque lo has leído varias veces y ya te sobra y también lo cogí porque hacía tiempo que no leía nada de este poeta del Bierzo y resulta que se titula "Las estrellas para quien las trabaja" y que  es una antología editada por "El diario de León" que abro nada más llegar a casa tras jugarme el pellejo cruzando la carretera por un paso de cebra que solo respetan las bicicletas no-eléctricas abro el libro que está como nuevo como sin leer y leo ésto lo primero:

Asamblea 

queridos compañeros carpinteros y ebanistas
les traigo el saludo solidario de los metafísicos
también para nosotros la situación se ha hecho insostenible
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas
a partir de este momento la lírica no existe
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno
no lo tomen a mal
pero aún quisiéramos pedirles una cosa
mis viejos camaradas amigos de los árboles
acuérdense de nosotros cuando canten la internacional


Los argonautas del fin del mundo y La gran soledad del silencio, 
acuarelas sobre papel, de Juan Carlos Mestre





              Juan Carlos Mestre y Antonio Gamoneda, poetas universales                         del Bierzo y de León respectivamente

Me van sonando algunos versos a medida que avanzo en la lectura como si fueran de esos de los que tengo llena la cabeza esos que como los de Mestre acostumbran a no respetar los espacios vacíos ni las comas ni a la mismísima RAE porque son orales y más bien son versos de hablar a solas con uno mismo y puede que sea por eso que a mí se me olvida apuntarlos en la libretilla de las notas y borradores y seguramente que por eso no llego a escribirlos y la verdad es que ni falta que hace porque si la poesía no interesa a nadie para qué escribir poemas para Nadie y pasar por la fatiga de pasarlos a limpio incluso aunque ese trabajo me diera algún derecho de propiedad sobre las estrellas. 

Pienso que eso mismo debe pasarle creo yo a cada una de esas personas que me encuentro a veces caminando a solas  y a paso tranquilo con la mirada puesta me parece a mí en un punto vacío intermedio entre las gastadas baldosas del paseo y una inmensa nube de recuerdos movedizos dicen todos los críticos entendidos que Juan Carlos Mestre escribe siempre sobre el Bierzo aunque no quiera porque esa es su tierra y universo por mucho que viva en Madrid y me entero más tarde de que su último libro tiene nada menos que mil quinientas páginas y ese mismo título de "Asamblea" que supongo lo ha escrito también sin comas ni puntos ni descansos como no sean algunos puntos  aparte  muy de vez en cuando para tomar algo de aire y también me entero de que tal libro se abre con un prólogo de don Antonio Gamoneda también leonés de origen asturiano como yo que presumo de eso mismo.  

"Recados de hoy y de mañana para Mestre Juan Carlos, hijo mío y maestro, quién me lo diera" así se titula el prólogo al parecer donde el poeta Gamoneda expresa su admiración y la profunda amistad que los une siempre con la tierra  leonesa común de por medio y me entero también de que estas obras completas de Mestre incluyen un adelanto de otro poemario nuevo "El ciprés descapotable" y una traducción al castellano de "200 gramos de patacas tristes" que por lo que averiguo enseguida en la wikipedia "patacas" son monedas de origen portugués utilizadas en algunas colonias ahora ya solo en Macao lo cierto es que yo tengo cierta devoción por la poesía de don Antonio y tengo anotados unos versos sueltos de una antología  para que no se me olviden que son del poema "Ojos" y perdone usted que los ponga aquí aparte y sin comas en honor a su hijo y maestro Mestre:

"yo puse los ojos sobre el mundo: mares siglos de sombra se elevaron de ahí de mirar la vida desde lo oscuro viene este amor invencible".

De otro libro ya viejo "Sublevación inmóvil" escrito por don Antonio Gamoneda a poco de que yo naciera tengo anotado:

Solicito una sublevación de paz una tormenta inmóvil. Quiero pido que la belleza sea fuerza y pan alimento y residencia del dolor.Un mismo canto pide la justicia y la belleza.Sea la luz un acto humano. Se puede morir por esta libertad.

Conozco gente del Bierzo que es muy especial tanto como Mestre por ejemplo se me ocurre antes que nadie Sofía mi pariente lejana medio prima originaria del Páramo Leonés entre La Bañeza y Benavente que trabajaba por horas en una funeraria y nos contó un día que  allí estaba empleada muy bien y  tan a gusto encargada de adecentar a los muertos y maquillarlos un poco solo para que estuvieran presentables decía ella en los velatorios y también que trabajaba muy a gusto con esa clientela tan educada y tan calladita  y decía que eso se debía a que a ella los muertos cuando le llegaban estaban "ya caducados" y recordando a esta prima lejana me acuerdo también de una noticia de aquellas tierras bercianas que también apunté en mi libretilla este verano con referencia a la noche de San Juan suspendida allí  este año por culpa de la pavorosa temporada de incendios del pasado verano todo lo cual  lo leí en el Bierzo Digital según apunté este 26 del pasado junio:

El Bierzo ha despertado este 24 de junio sumido en una profunda crisis existencial tras comprobar que la noche de San Juan transcurrió sin hogueras debido a las restricciones por riesgo extremo de incendios. Según los primeros datos, miles de bercianos permanecieron durante horas mirando descampados vacíos, preguntándose cuándo empezaba la fiesta y si alguien había olvidado traer el fuego.

“Yo llegué con una silla, una nevera y tres bolsas de leña”, explica un vecino. “Cuando me dijeron que este año la hoguera era imaginaria me sentí estafado”. 

La situación ha generado escenas de desconcierto por toda la comarca. Numerosos ciudadanos fueron vistos lanzando al aire sus deseos de San Juan para que se destruyeran por insolación. Otros optaron por quemar simbólicamente sus problemas abriendo la aplicación del banco y contemplando el saldo durante varios minutos. 

Hoy es día festivo y hay un desfile militar como es costumbre de todos los años en la fiesta nacional y día de la hispanidad me confirman que no levantan la  Asamblea por el derecho a la vivienda en la Plaza del Sol que es el kilómetro cero de la red de carreteras del Estado Español  saldré esta tarde también de paseo como es mi costumbre de todos los últimos años a ver a quien me encuentro esta vez que pueda alegrarme el día y no puedo por menos que pensar en los quince años que han pasado volando desde aquellas asambleas del 15 M en Aguilar de Campoo.

martes, 6 de octubre de 2026

CASAS Y VIDAS BARATAS, CAPITALISMO LOW COST


"Casas baratas" (1) para obreros, edificadas en Madrid por "La Constructora Benéfica"  (ilustración de 1883)



Arriba, a la derecha: imagen actual de la acampada en la plaza del Sol de Madrid, promovida por el Sindicato de Inquilinas. Arriba, a la izquierda y abajo: anverso y reverso del  mismo "puto sistema" de casas y vidas baratas



Un buitre por ser pequeño no deja de ser un buitre 

Todo el mundo sabe que quien puede comprar una segunda vivienda, aunque sea un proletario jubilado, muy trabajador, muy ahorrativo y muy progresista,  lo hace con la espectativa de poder especular con su reventa o su alquiler, porque la especulación es la naturaleza misma, perfectamente normalizada, del orden social en que vivimos. La naturaleza de todo capitalista, como la del buitre, no depende de su tamaño, sino más bien de su exitosa vocación y profesión de animal parasitario, que le lleva a apropiarse del trabajo y hasta de la vida ajena, y a transformar ese robo o apropiación de lo ajeno en "capital" privado, y éste en fuente de poder social,  económico y político, que desde la revolución propietarista del neolítico (2) viene siendo articulado y ejercido corporativamente por las clases dominantes, de propietarios y gobernantes, en modo "Estado". 

Desde aquel remoto tiempo del Neolítico que diera origen al primer Estado y a la  Historia misma, este aparato estatal sigue siendo a día de hoy, cinco mil años después, el mismo dispositivo legal, burocrático y militar cuya razón de ser no es otra que la defensa de un ilegítimo "derecho" de  propiedad -individual o corporativa- sobre bienes  de producción ajena, sea ésta social (caso del Conocimiento) o natural (caso de la Tierra). 

Siendo la Tierra (bienes naturales/materiales) y el Conocimiento (bienes culturales/inmateriales),  la materia-prima-universal de todo proceso productivo  y reproductivo,  por su propia universalidad son bienes de propiedad común o comunal, respectivamente propios del Común universal de las especies (caso de la Tierra), y del  Común  humano universal (caso del Conocimiento), lo que en ambos casos incluye al respectivo universo de individuos y generaciones, actuales y futuras. 

Por tanto, queda claro que un capitalista pequeño sigue siendo un capitalista y que no se es "más o menos capitalista", como no se es más o menos demócrata...o más o menos buitre.

Puta casa y puta vida, donde "puta" quiere decir precaria

Mantener un estado de precariedad permanente en un segmento fluctuante de la clase trabajadora, es  condición necesaria para el funcionamiento de la economía capitalista, que así dispone de un eficiente mecanismo de control sobre el "mercado" laboral. Esa reserva de trabajadores precarios le sirve al capital para abaratar los salarios y así mantener en modo creciente su tasa de beneficio capitalista.

Pero esta condición no es la única, ni la más importante, para la reproducción del orden estatal/capitalista, que no se explica sin la adhesión ideológica de una mayoría social, sea por activa o por pasiva. Ese es “el problema”, no solo de la vivienda,  también de la vida en general. 

La auténtica "tragedia de los comunes"

Por eso, me ponen de los nervios los anarquistas que reclaman la propiedad de la tierra para el campesino que la trabaja, "a condición de que sea pequeño el tamaño de su propiedad o "capital". Se podrá decir que es un "robo menor", pero esa pequeña propiedad sigue siendo un delito de  robo (sea individual o colectivo) de un trozo de la Tierra Común.  

Este pensamiento propietarista es el vínculo ideológico que asocia al conjunto de ideologías estatales que denominamos como  "izquierdas y derechas", o "progresistas y conservadores". Esto sí es la "tragedia de los Comunes", porque todas esas ideologías confunden trágicamente lo que es un legítimo derecho  de propiedad con origen en el trabajo (junto al conocimiento, la técnica y la creatividad  humana),  con un ilegítimo derecho de apropiación  sobre el procomún universal que conforman  la Tierra y el Conocimiento, que son, por tanto,  "principio" y no "medio", en todo proceso productivo y reproductivo.  Ambas materias primas constituyen, pues, un conjunto inseparable de Bienes Raíces inapropiables  en todas sus formas, materiales o inmateriales, que por su propia universalidad deberían ser  respetados y reconocidos por nuestra especie como Bienes Comunales Universales. 

La contradicción irresoluble de las izquierdas, políticas y sindicales, respecto del trabajo asalariado y su relación con  la propiedad de la vivienda 

Los principales sindicatos y partidos de izquierdas acaban de anunciar su apoyo a la huelga general propuesta inicialmente por el Sindicato de Inquilinas, promotor de la revuelta de las "acampadas por el derecho a la vivienda". Dicen los líderes sindicales que esa huelga ha de servir para reclamar mejores salarios, para que la clase trabajadora pueda tener acceso real a la compra o alquiler de una vivienda y así hacer efectivo el derecho a la vivienda que exhibe obscenamente la Constitución española de 1978. 

Esa reclamación, que  parece tan  lógica, a mí me parece que encierra una trampa letal para el conjunto de la clase trabajadora cuando, al mismo tiempo, olvida reclamar la desaparición del trabajo asalariado, de las clases sociales y de la propia clase asalariada. Este "olvido" acostumbrado ya es constituyente de todas las izquierdas integradas, que así, necesariamente, no son menos estatalistas, menos capitalistas, ni menos indemocráticas que las derechas. Es así, porque la relación salarial entre trabajadores y propietarios es una relación de dominio y poder, que no desaparece por tener un "mejor" salario. Y porque esta "mala relación" es responsable de generar la división social y  por eso, es también el principal nutriente del "estado de "guerra general" -entre individuos, entre clases y entre estados- que ahora, en pleno siglo XXI, nos aboca aceleradamente hacia el colapso de nuestra especie. Ese Estado, de lucha de clases institucionalizada y de guerra contínua, es el "Estado" natural y propio de las sociedades propietaristas, todas estatales,  capitalistas e indemocráticas, que a día de hoy son todas. 

Así, lo que esas izquierdas integradas hacen es potenciar la misma ideología propietarista que entiende la vivienda como una mercancía más, como algo que se compra y se alquila en un Mercado capitalista necesariamente especulativo, por su propia naturaleza parasitaria, entre depredadora y carroñera. 

"El problema" de la vivienda simboliza perfectamente el triunfo  global de la ideología propietarista, modernamente interpretada como "liberal" 

Esta ideología  ha logrado inocular en el individuo medio de la sociedad de masas contemporánea una idea de la libertad directamente asociada a la idea de propiedad, que  explica muy bien el contínuo éxito reproductivo del Estado como aparato protector de la propiedad a lo largo de sus cinco milenios de existencia. Y también  explica la potencia publicitaria del orden "liberal" del Estado Moderno,  que más propiamente deberíamos denominar "Propietariado", en el que los ricos son más libres que los pobres, los propietarios de las empresas  son más libres que sus empleados,  los caseros rentistas son más libres que sus inquilinos, los que pueden comprar cultura y conocimiento son más libres que los que no pueden hacerlo,   y los gobernantes son más libres que los gobernados...esto es obvio, como vemos a diario y como sabe todo el mundo. 

La vida parasitaria del casero rentista es el prototipo ideal de vida pequeño/capitalista. Imagina: tener un capital suficiente en forma de casas de alquiler para poder vivir de la renta, a costa del trabajo ajeno de los inquilinos y sin dar palo al agua. Este casero rentista, buitre grande o pequeño,  en activo o jubilado, como todo buitre necesita  un ecosistema propio y adecuado a su finalidad parasitaria. Pues bien, el Estado es ese ecosistema ideal para la reproducción del  orden capitalista en todas sus variantes depredadoras y/o carroñeras.

Como arte o como ciencia, es una puta vergüenza el arte de la arquitectura, tanto de la vivienda como del urbanismo,  en su modo único de diseño capitalista. 

De propiedad o de alquiler, todas las viviendas tienen un mismo diseño, orientado a favorecer el aislamiento social de sus moradores y a propiciar la mínima relación comunitaria entre viviendas, básicamente reducida ésta al pago común del gasto de la luz y la limpieza, del portal y la escalera.  Así, la vida en un piso en propiedad, dentro de un bloque, es la mejor forma de  vida capitalista a la que puede aspirar todo inquilino del Estado que viva de su trabajo. Mejor y más libre en calidad de  pequeño propietario... y aún mucho mejor en la doble calidad de propietario y rentista.   

Queramos o no, vivimos en casas que aunque estén construidas aisladamente y en la más absoluta soledad de los campos, no se libran de formar parte del censo inmobiliario de un Estado...como nosotros, todos los contribuyentes, seamos inquilinos o propietarios. Tan es así que nuestra forma de vivir está necesariamente condicionada por el diseño de la vivienda, por ese arte de la arquitectura aislacionista y propietarista que es la oficial en este mundo-Estado en que vivimos... muchos de alquiler y  de milagro. 

Además, en su inmensa mayoría, ni los propietarios de las casas, ni los inquilinos,  son conscientes de que esas casas, caras o baratas,  en las que vivimos son todas estatales, sean de propiedad o de alquiler. Incluso las chabolas y los palacios son estatales, sí, porque aunque no se diga, todo lo que está construido sobre el territorio de un Estado, al igual que el propio territorio, es estatal, propiedad del Ente. Es así porque desde siempre el Ente estatal tiene reservado para sí un poder de expropiación que, de facto, le convierte  en el auténtico propietario del territorio comprendido al interior de sus fronteras, incluyendo  todo lo que ahí se construye, todo lo que se produce y todo lo que se mueve, dentro, por encima y por debajo de los limites del Ente. 

Cómo será la cosa, que hasta nosotros, los habitantes del territorio estatal, los denominados "nacionales", también somos una pertenencia del Estado, lo sepamos o no, como parte obligatoria de una Comunidad Nacional  conformada por quienes porten un mismo Documento Nacional de Identidad. Porque "nacional" no es solo la Bandera, la Policía, la Hacienda o la Selección de Fútbol, no, no, "nacionales" somos todos obligatoriamente, caseros o inquilinos, todos aquellos a los que el Estado tenga a bien darnos un DNI.

Si el Estado se propone a sí mismo como "comunidad nacional" no lo hace gratuitamente, sino porque sabe que el sentimiento de comunidad es muy propio de la naturaleza social de nuestra especie, y que nos gusta mucho hacer cosas "en comunidad", incluso robar,... mientras sea "legal", claro. 

Y es que, propietarios o inquilinos, somos simios básicamente sociales y comunitarios. 


Notas:

(1) Casas baratas” es el término por el que se conoce un tipo de vivienda “obrera”, que comenzó a construirse en España a finales del siglo XIX y principios del XX, bien con ayudas oficiales o préstamos de bajo interés, con destino a la clase trabajadora que llegaba a las ciudades procedente de las zonas rurales. La primera ley específica denominada de Casas Baratas, data de 1911, bajo el reinado de Alfonso XIII, siendo José Canalejas presidente del Consejo de Ministros del gobierno liberal (que lo fue desde febrero de 1910 hasta su asesinato en noviembre de 1912). 

Hubo también un tipo de "casas baratas" propiamente minero, construidas por las propias empresas en bloques denominados “cuarteles”, de casas con una tipología muy similar, de una o dos plantas y situadas muy cerca de la explotación minera. Las hubo gestionadas en modo cooperativo, y también hubo una modalidad de alquiler con opción a compra. Tras la guerra civil, ya en el franquismo, ese término fue sustituido por la figura de “viviendas protegidas” o de “protección oficial”, que ha pervivido hasta ahora. Sin ir más lejos, a escasos 4 kilómetros del pueblo en el que vivo hay un barrio de “casas baratas” que se conserva habitado en su totalidad y que en origen fue propiedad de la empresa minera que operaba en este valle de Mudá. en la Montaña Palentina. También en otras muchas poblaciones mineras de España surgieron este tipo de viviendas, que en muchos casos han sobrevivido a la azarosa historia de la clase obrera empleada en la industria minera.


(2) La revolución propietarista tuvo que producirse necesarimente en las sociedades sedentarias, agrícolas y urbanas del Neolítico, porque tanto la propiedad de la Tierra, como la del Conocimiento, eran conceptos inexistentes e  impensables en las sociedades nómadas previas. 

lunes, 28 de septiembre de 2026

EL MUNDO O NADA

                       Composición propia con: 1.Título de un documental francés sobre emigración.                                                2. Imágen del genocidio en Gaza. 3. Performance de Marina Abramovic


"El humano oral será borrado escrupulosamente de la faz de la Tierra, eliminado para siempre del paisaje de los homínidos, un paisaje uniformado y homogeneizado a consciencia y hasta la indecencia. Así iniciaba E. M. Cioran su Retrato del hombre civilizado. Con la supresión de la condición oral y con la hegemonía de las instituciones escolares, se produce, según Peter Sloterdijk, un afianzamiento del proyecto europeo de domesticación del hombre por el hombre, en el marco de las antropotécnicas modernas. Tales “técnicas del hombre” indujeron fenómenos desconocidos en el universo oral tradicional: jerarquía, elitismo, fractura social, subordinación económica..." Esto decía recientemente Pedro García Olivo en su blog ¿Eres la noche? Para perdidos y reinventados. Pedro G.O. es uno de los pocos humanos que aciertan a ver la cultura como arma de dominio social -lo que yo también comparto-, solo que  pienso  que apunta mal cuando dispara a la cultura como causa de los males de este mundo. Hay en ese pensamiento suyo una aceptación dramática de la inevitabilidad del mal, un pesimismo  existencial que a mí me parece enfermizo y autodestructivo, bien opuesto a la inteligencia y razón propia de la vida -de toda forma de vida, incluida la humana, que básicamente consiste en lo contrario, o sea,  en "querer vivir",  que por eso tiene tanta querencia a reproducirse, con una fantástica diversidad en sus modos de existir.  

Aún así, yo me siento  mucho más en minoría que Pedro G.O., que ya es decir, porque a pesar de mi larga edad y de haberme desojado de tanto buscar, todavía no he dado con quien compartir mi diagnóstico: no es la cultura la causa del imperio global de la maldad, es algo previo y mucho más simple, es la  institución impolítica del Estado neolítico, cuya existencia tiene un único sentido, que es el de proteger mediante la fuerza un supuesto derecho bruto, que tiene todo animal, incluido el humano, a la apropiación exclusiva de un territorio; un supuesto "derecho  natural" que en el caso de nuestra especie no puede ser más primario ni más bruto, teniendo en cuenta que solo nuestra especie tiene conocimiento de la limitada forma esférica  de la Tierra, un conocimiento que tenemos desde que en el siglo III a. de C. un tal Eratóstenes de Cirene realizara cálculos precisos de la circunferencia de la Tierra midiendo la longitud de las sombras  durante los eclipses solares, demostrando empíricamente la curvatura y redondez del planeta. 

Y aún así, estando a punto de llegar a una población mundial de nueve mil millones de humanos, hemos seguido permitiendo, cuando no defendiendo con leyes y armas, ese bruto derecho "natural" a la apropiación privada de la Tierra...y de seguida, a mayores y en consecuencia, un derecho aún más irracional a la apropiación privada del Conocimiento, algo que no puede ser más absurdo...porque, ¿cómo -si no es ilusoriamente- es posible ejercer un derecho de propiedad sobre algo que es inmaterial e inasible como el conocimiento?...sobre algo que, además,  en todo caso y necesariamente es un producto social,  que no solo es "cultura" -como instrumento de  domesticación y dominio del hombre por el hombre-, sino  que también es fruto de la enorme creatividad  personal y comunitaria de nuestra especie, que conlleva una acumulación y transmisión de experiencias y saberes durante milenios, entre individuos, pueblos y generaciones.  


Al contrario que la inmensa mayoría de mi especie, yo pienso que, aunque sea cierto que la maldad, manifestada como "daño al otro", no vaya a desaparecer, sí es posible evitarla en gran medida; lo primero, impidiendo que forme parte de las leyes y de los gobiernos, mediante un básico pacto humano, del común y lo común: un "común" que refiere a la práctica de la democracia en su forma real y no simbólica o representativa...ese es el mínimo respeto mutuo que nos debemos; y "lo común" que refiere a los bienes comunales universales cuyo reconocimiento y declaración universal  debemos resolver cuanto antes, antes de destruirnos y dejar arrasada, como un paisaje lunar, la faz de la Tierra.


La mayoría de los individuos humanos,  creo yo que piensan en la maldad como algo inherente a la existencia de nuestra especie, y que siendo así nuestra  naturaleza, no debería extrañarnos que el mal tenga asiento preferente, en nuestras vidas como en los gobiernos de este  Mundo. Pero si el mal ha logrado parecernos "naturalmente" humano, lo ha sido gracias al reino de la fuerza y por costumbre de muchos siglos de guerras, entre ejércitos estatales, de monarquías, imperios e iglesias. 

La guerra y el dolor de vivir por norma...con un deseo de justicia que  solo encuentra consuelo en el sueño religioso de "otra vida", en  un más allá imaginario, situado a las afueras de la realidad.  Así expresaba el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) en "Los dolores del mundo", esa naturalidad del mal y del dolor que le sigue en consecuencia:


"Si nuestra existencia no tiene por fin inmediato el dolor, puede afirmarse que no tiene ninguna razón de ser en el mundo. Porque es absurdo admitir que el dolor sin término, que nace de la miseria inherente a la vida y que llena el mundo, no sea más que un puro accidente y no su misma finalidad. Cierto es que cada desdicha particular parece una excepción, pero la desdicha  general es la regla". .../..."Semejantes a los carneros que triscan en la pradera mientras el matarife hace su elección con la mirada en medio del rebaño, no sabemos en nuestros días felices qué desastre nos prepara el destino precisamente en aquella hora: la enfermedad, persecución, ruina, mutilación, ceguera, locura, etc. Todo lo que apetecemos coger se nos resiste; todo tiene una voluntad hostil, que es preciso vencer. En la vida de los pueblos no nos muestra la historia sino guerras y sediciones: los años de paz sólo parecen cortas pausas, entreactos que surgen una vez por casualidad. Y asimismo, la vida del hombre es un perpetuo combate, no sólo contra males abstractos, la miseria o el hastío, sino contra los demás hombres. En todas partes se encuentra un adversario. La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano. Al tormento de la existencia viene a agregarse también la rapidez del tiempo, que nos apremia, que no nos deja tomar aliento, y se mantiene en pie detrás de cada uno de nosotros, como un capataz de la chusma con el látigo. Sólo perdona a los que se han entregado al tedio". 

No había sucedido la guerra de Vietnam (1955-1975), ni las revueltas del mayo francés de 1968, cuando otro filósofo,  alemán y marxista, Theodor W. Adorno (1903-1969), vino a decir que la industria cultural no es otra cosa que el mecanismo mediante el cual el capitalismo avanzado convierte la cultura en un instrumento de control social, transformando el arte en mercancía y al sujeto en consumidor pasivo.  Y así expresaba su amargura al respecto: 

"En esta cárcel al aire libre en que se está convirtiendo el mundo, no se trata ya de preguntar qué depende de qué, hasta tal punto se ha hecho todo uno. Todos los fenómenos han cristalizado en signos de dominio absoluto". Respecto de esta amargura reconocía una cierta exageración: ''he exagerado lo sombrío, siguiendo la máxima de que hoy la exageración es el único medio de la verdad.../...la hipérbole se impone ante lo hiperbólico que ha llegado a ser el dominio ganado por la ideología del dinero, que hoy parece ser la única ideología del poder"...

Eso decía Theodor W. Adorno  sin tener el conocimiento y la experiencia del mundo que tenemos la gente que hemos vivido después de las dos grandes guerras mundiales, y que ahora, bien entrado el siglo XXI, asistimos al espectáculo capitalista de otra gran guerra mundial, ahora contínua, tecnológica, dispersa e inacabable, que sucede cada día entre milicias populares y entre ejéŕcitos estatales, todos más o menos "terroristas",  una guerra mundial y total: militar, financiera, comercial, tecnológica, industrial y cultural, que transcurre paralela a la cotidiana y sórdida guerra social institucionalizada, que tiene lugar al interior de cada nación-estado, como lucha de clases que sucede a cada hora de cada día en cada rincón de este mundo  dividido en Estados y Clases,  "naturalmente" gobernado por la ley de la Propiedad, esa que yo digo que es el mal o pecado original de nuestra especie.

Yo defiendo, por ahora  en soledad, que es posible cambiar el curso de la historia, y que son evitables, tanto las leyes que protegen el derecho a la apropiación privada o robo de  los bienes comunes universales (Tierra y Conocimiento), como las que protegen a la explotación del trabajo humano, productivo y reproductivo. 

No concibo otra forma de evitar el gobierno mundial del mal que propiciando la desaparición definitiva de las instituciones  que lo sostienen, las que sustentan el Orden de la Propiedad mediante el tinglado institucional urdido durante siglos a escala mundial:  son los partidos como organizaciones  propiamente impolíticas e indemocráticas, son las empresas de la economía propiamente depredadora y capitalista y son los estados-nación, propiamente incomunitarios y totalitarios.  

Estoy muy de acuerdo en  no considerar a la maldad reducida a una simple anomalía o patología indidividual; en tal sentido, hay quien, como yo,  piensa que el mal real, el más corpóreo, es "el que quiebra   los lazos que nos unen como comunidad, desgarrando la empatía y desintegrando la convivencia", así como lo enuncia Ana Carrasco-Conde en su libro  "Decir el mal. La destrucción del nosotros". Me gusta su planteamiento:  ¿y si el mal pudiera pensarse de otro modo, no será que recurrir al egoísmo nos impide ver otras posibilidades para entenderlo? 

Cierto es, como dice Ana Carrasco-Conde, que hemos convertido el mal en un sesudo objeto de reflexión filosófica (y también religiosa, digo yo), sin querer detenernos en la cercanía de un mal imperceptible y ordinario, que podríamos llamar social y político, y que no nos parece tan "mal" por su propia vulgaridad o normalidad, solo porque es  práctica corriente y común,  compartida por quienes integran, integramos, las sociedades  privadas de comunidad y democracia reales.

Hemos llegado a un punto en que ya no cabe mayor autismo social, en que la empatía ha desaparecido como vínculo y sustancia básica del tejido social, y de la convivencia por tanto. Y lo ha hecho con velocidad proporcional  a un desarrollo tecnológico en modo propietario/capitalista,  que favorece y multiplica a perpetuidad las posibilidades de concentración y reproducción del mal. Estamos siendo muy cortos de vista si apuntamos solo al dedo índice del mal, que vuelve a ser el fascismo, y no apuntamos a su causa original, a esa  primitiva y salvaje idea de un derecho humano a la propiedad y saqueo del Mundo Común, un mundo hecho de materia física y relacional, de los vínculos sociales que surgen de la convivencia y de compartir nuestros bienes comunales universales: la Tierra, propiedad del común de las especies, y el Conocimiento humano, propiedad del común de nuestra especie.  

Lo digo plenamente convencido porque sé que no hay marcha atrás, porque la flecha del tiempo corre solo en un sentido y porque se han ido agotando las revoluciones y todas las opciones hasta quedar solo dos, por este orden de probabilidad: 1ª.Nada o 2ª.Compartir el Mundo.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

NO HACER, NI DEL CUERPO, NI DEL TIEMPO, NADA

Ilustraciones: 1. Josemi Benítez (El Correo). 2. Cabecera del blog "La Caiguda".    

3. "El mal nuestro de cada día", artículo de Jesús Olmo (periódico 15-15-15) 


Te vaciaremos y te llenaremos de nosotros. (George Orwell, 1984)


Voy a “hacer del cuerpo” era la forma educada que nos enseñaban nuestros padres en el siglo pasado para no decir voy a cagar al corral. Pero, en general, si dejas de “hacer” con el cuerpo se entiende como que te ha llegado ese momento de tu vida en que te empieza a sobrar el cuerpo y a faltarte el tiempo. Porque ese y no otro es el futuro que la Hacienda ha previsto para las personas jubiladas, un no parar de hacer nada, y todo para que te vayas cuanto antes a hacer del cuerpo en tu corral de la jubilación. Como yo, sin ir más lejos.

Lo digo así, porque es costumbre confundir trabajo y hacer, que si no trabajamos parece que no hacemos, ni del cuerpo ni de nada, y por eso a los jubilados ya nadie nos pregunta qué haces, si estudias o trabajas, sino más bien "cómo estás", con un afectado gesto de preocupación por tu estado de salud. Y debe ser porque barruntan algo que no te dicen, pero que tú sí sabes: que les hueles a muerto.

Decía Alba Rico -otro como yo, también obsesionado con el Neolítico-, que “hoy no necesitamos el cuerpo para nada, ni siquiera para el deseo y apenas ya para el trabajo. El cuerpo es un dinosaurio o una piedra de silex. ¿O todavía nos hace falta? Me temo que aún lo necesitamos para cuidarnos los unos a los otros en una sociedad de incuria o de descuido, como la califica Bernard Stiegler. Y lo seguimos necesitando -el cuerpo- para nacer y para morirnos en una sociedad que se ha prometido a sí misma la inmortalidad, pero que sigue dependiendo del vientre de las mujeres para repetir la vida”.

Eso respecto del cuerpo, pero ¿qué está pasando con el tiempo?...hilando, recuerdo que ese mismo autor decía en plena pandemia del 2020 que “cuando pase la pandemia, habrá que hacer una revolución, no para cambiar la Constitución, el gobierno o la economía, sino para restaurar la humanidad más elemental, para recuperar el cuerpo perdido”...el cuerpo decía, no decía recuperar el tiempo. Pasó la Pandemia y no hicimos esa revolución, que volvió a quedar pendiente, ¡cagüenlá!, esa que consistía, como poco,  en recuperar nuestros confinados y deslabazados cuerpos. Han pasado unos cuantos años, van para seis, y yo me he quedado estancado en esa espera del inicio de una revolución-postpandemia que siempre está por llegar. Y mientras no sucede, veo pasar el tiempo de la Historia por la puerta de mi casa, aceleradamente, a toda hostia, pero no así el otro tiempo, el de los adentros, que ese pasa muy lento, igual que entonces, en aquel exuberante verano del Confinamiento en que había que salir a pasear clandestinamente por el monte, con tu perro. 

Al respecto de esa diferencia de velocidades, recuerdo haber oído decir uno de aquellos días, no se a quién: “qué lentos pasan los minutos, y qué rápido pasa el tiempo”. Y a propósito de la velocidad del tiempo, en "El naufragio del hombre", con más verdad que un santo, dice Alba Rico algo en lo que estoy muy de acuerdo: "la velocidad es el destino tecnológico del hombre, pero es sobre todo -lo he dicho otras veces- el alimento y el combustible del capitalismo. Y lo es porque el capitalismo, que necesita producir cada vez más y cada vez más deprisa, necesita así mismo eliminar, o al menos ocultar, el medio y el obstáculo de su reproducción: precisamente los cuerpos".

* * *

Me mosquea cantidad que toda la gente conocida que me encuentro por la calle, incluso a diario, me pregunta lo mismo todos los días, uno tras otro, “¿qué tal estás?”...y la verdad, ya no sé si es de agradecer. Bien, suelo decirles, y si el grado de confianza es suficiente, para no parecer seco, ni escueto, ni quedarme con las ganas, les suelto esta retahila de aparente agradecimiento: “bien...excepto el cuerpo, todo bien, muy bien, muchas gracias”.

Antes dije lo de la obsesión del Neolítico porque es cierto que a mí me obsesiona ese tiempo antiguo tanto como a Santiago Alba Rico, pero por razones bien distintas. En "La ciudad intangible. Ensayo sobre el fin del neolítico" (editado por Argiletxe Hiru, 2002) se dice que fue en esa época cuando descubrimos la agricultura y la ganadería, cuando inventamos las herramientas más principales  y logramos con éxito protegernos de la intemperie, mucho mejor que en las cuevas, pero que, ante todo, "el Neolítico fue una victoria sobre el Tiempo, porque pudimos arrancarle un poco de ocio y de tranquilidad al inmisericorde pasar de los días y las estaciones, abrir un paréntesis en el que, simplemente, perder el tiempo y ponernos a charlar, un paréntesis, en definitiva, para eso a lo que  llamamos cultura". Entiendo que no sea fácil hacerse cargo de lo que supone que ese éxito del Neolítico se vea amenazado de raíz ahora, diez mil años después, con esta abrumadora victoria capitalista, la del Impero del Tiempo sobre el cuerpo humano...nada fácil, lo comprendo, hacerse cargo de la dimensión apocalíptica de este derrumbe -a escala de especie- de la singularidad humana, de su individualidad, la de cada cuerpo. 

Aún estando muy de acuerdo en eso con Alba Rico, lo mío es porque con los años me he convertido en el único humano convencido de que el progreso de la evolución humana se detuvo en el Neolítico. No por la invención de la agricultura y las ciudades, no por el paso a la vida sedentaria y el descubrimiento del aburrimiento, la conversación, todo eso a lo que luego llamamos cultura, no  por la dictadura del Tiempo, sino sobre todo por su causa última, por esa novedosa invención neolítica de la Propiedad privada sobre la Tierra, sobre el cuerpo de las mujeres y madres, y sobre los cuerpos proletarios de todos los sexos que tuvieron que  ponerse a la venta cuando se quedaron sin acceso al cultivo de la Tierra...y qué decir del monopolio de  la religión -y enseguida del Conocimiento- a cargo de aquellos sacerdotes metidos a científicos en el Siglo de las Luces, cuanto se olieron que Dios había muerto. Todo eso lo trajo el Neolítico, pero la creación del Estado  fue lo peor, esa cosa o  armatoste creado para defender, concretamente a los propietarios de la Tierra y del Conocimiento,  y en general para proletarizar a nuestra especie de por vida...ese "aparato nacional" que organiza verticalmente la vida del mundo entero, incluidos nuestros cuerpos, jubilados o no, en todas las latitudes, sin que nadie haya podido librarse, más que fugazmente, de esa Cosa Armada que gobierna el Imperio del Tiempo, esa que hasta el año 1513 nadie sabía cómo llamarla, hasta que a Nicolás Maquiavelo se le ocurrió ponerle el nombre latino de Status (Estado)...¡y tuvo que ser Maquiavelo precisamente!

Cuenten con mi desprecio quienes a estas alturas del Neolítico sigan pensando que la Tierra y el Conocimiento no merecen ser declarados y respetados como "bienes comunales universales"; lo mismo para quienes a día de hoy siguen pensando que la Democracia es solo un "procedimiento participativo" y no un fin en sí mismo; sepan esos creyentes del Estado que su Tiempo ha llegado al límite, que se está agotando a la par que el petróleo: será cuando el precio de un litro  pase de los cinco euros. Ojalá sea y pase pronto, pero no a toda hostia, eso no. 

Y desde entonces (cuando lo de Mesopotamia), nunca más  ninguna otra revolución fue capaz de pensar otras formas de gobierno; y así quedó cerrado el paso a imaginar  formas diferentes de entender y organizar nuestras vidas, como no sea la sometida a la ley que siguen todos los herederos de aquellos brutos neolíticos, sacerdotes y propietarios, socios capitalistas fundadores del Estado y de la Velocidad del tiempo,  esa forma vertical y absurda de organizar la vida... que llega al absurdo de legislar la propiedad de lo inmaterial e inasible, caso de los saberes, de las costumbres y culturas de los pueblos del mundo y, en general, del conocimiento humano...que así pasan los días, de escurridos y desorientados,  los paisanos, jubilados o no, deprisa, con esa cultura a cuestas, pasando por encima como turistas japoneses haciendo fotos de todo a toda hostia sin parar, ni a soñar siquiera...nada. y todo en menos que un suspiro. 

Y llegados aquí, ¿por qué no registrar y comerciar la propiedad de la propia honra, por qué no ponerle un precio, al amor propio, por ejemplo? 

, sí, un suspiro... que dura ya unos cuantos, demasiados, miles de años... ¡hay que ver cómo pasa el Tiempo, y qué lentos transcurren los minutos!

* * *

Los viejos olemos a muerto, que lo sepáis. Pero los que nos huelen tampoco son conscientes, como nosotros, de que el tiempo transcurre condicionado a los recuerdos de nuestro cerebro, los que hacen que nos sintamos “cuerpos incompletos” por culpa de una crónica nostalgia, por los abrazos no dados y por todos los minutos que se nos escurrieron sin darnos cuenta, como agua entre los dedos, distraídos como estábamos con las cosas del Mundo de la Cosa. Y aún así, me creo que esa  crónica insatisfacción es mejor que no vivir; aunque, la verdad es que dicho a toro pasado y después de salvar el pellejo un montón de veces, incluido un grave infarto, he llegado a pensar que morirse no es para tanto. No, porque es bien sabido que solo sufren los vivos, los que aquí se quedan, pero no los muertos, que tras ese trance permanecen tranquilitos y al margen, en el país del olvido. Toda vida trata de evitar el sufrimiento, y eso  lo tienen seguro solo los muertos. 

Con ésto de la vejez, lo que nos pasa suele ser un sentimiento de fatiga y a la vez de naufragio, que busca un descanso (cuando no una botella). Por cierto, el día que me propuse abrir un blog, recién inaugurado este tercer milenio, cuando internet y el correo electrónico todavía iban a pedales, no tuve duda al ponerle título: “La botella del náufrago”. (*) Luego supe que había más blogs con ese mismo nombre y lo cambié por "el blog de Nanín", que soy yo, Antón Dké, el nieto mayor de María la Generala, toresana ella. 

Acabo. Se sabe que a todo náufrago le da por arrojar una botella al mar, conteniendo un mensaje, y que lo hace como básico y obligado gesto de esperanza...y eso me pasó entonces, y me sigue pasando cada vez que escribo algo en este blog: que si el mensaje no le llega a nadie, que no sea porque no lo he intentado.

Como dije, había varios blogs con ese mismo título, y también localicé un libro titulado “Mensajes en una botella que recogen otros náufragos”, que reunía trece poemas extraídos del poemario “Desmemoria pels ulls” (desmemoria por los ojos) (**), publicado originalmente en un blog que se llamaba “La Caiguda” (La Caída), inactivo desde hace un par de años, de cuyo olvido salvé estos versos premonitorios:


No le pidamos tanto al “fin del mundo”

porque Hollywood siempre exagera


La iremos palmando despacito

(¡o rapidito tal vez!)

pero el Mundo seguirá


La hiedra ocupará las oficinas vacías

y un día alguien encontrará un disco duro

y lo usará para partir una nuez


Busco ese blog y compruebo que no hay nada escrito desde mayo del 2024 para acá, y  me quedo con un breve texto, el nº 178, de ese mismo mes:

“A pesar de que, se puede decir, vivimos, vivimos y fuimos extravagantes y desmesurados…En realidad todo lo de la Vida nos iba grande”.


Notas:

(*) A propósito de ese título -La botella del náufrago-, a comienzos del año de la pandemia, publiqué una entrada: https://blognanin.blogspot.com/2020/03/la-botella-del-naufrago.html 

(**)"Desmemoria pels ulls" hace referencia a un trastorno en el que personas con  pérdida de visión experimentan alucinaciones visuales complejas; al no recibir información visual adecuada de los ojos,  el cerebro "llena el vacío" generando imágenes almacenadas o recordadas.




domingo, 13 de septiembre de 2026

EL AYUNTAMIENTO COMUNAL COMO ESPACIO ECOSOCIAL PROPIO DE LA POLÍTICA EN SU MODO DE AUTOGOBIERNO (DEMOCRACIA) DEL COMÚN Y LO COMÚN




En el presente año se cumple el veinte aniversario de la muerte de Murray Bookchin (1921-2006) (1), historiador, investigador, profesor universitario y activista político, pionero del movimiento ecologista e iniciador del paradigma ecosocial y de su forma política, el comunalismo. Hoy escribo ésto a modo de personal y modesto homenaje a su memoria y a su obra, cuando se cumplen 20 años de su muerte, lo que me resulta perfectamente compatible con manifestar mis diferencias respecto de su teoría comunalista, debidas, principalmente, a que Murray Bookchin no pudo llegar a conocer, antes de su muerte en 2006, todo lo que nosotros sí sabemos a día de hoy. Me refiero a todos los graves acontecimientos de los que estamos siendo testigos las generaciones actuales, los que están marcando una inflexión histórica radicalmente nueva, con repercusiones inmediatas y trascendentales para la evolución general de nuestra especie. Y me refiero, obviamente, a la crisis multisistémica que ya nadie pone en duda y que nos sitúa al borde del colapso global de nuestra civilización, concretada en un conjunto de radicales cambios y alteraciones de dimensión global, que se presentan como evidentes e irreversibles, tales como el agotamiento de los combustibles fósiles que sostuvieron el espectacular desarrollo capitalista durante los dos últimos siglos, como el acelerado proceso de degradación ecológica, sea por un calentamiento global indiscutible o por una masiva extinción de especies y una devastación sistemática de la biodiversidad a cargo de un consumo ilimitado y patológico de los bienes naturales; unas gravísimas alteraciones, como la degradación del ideal comunitario, igualitario y democrático que, a malas penas, subyace en el sustrato moral de todas las culturas, o el regreso y auge de los viejos totalitarismos del siglo XX...en definitiva, un endemoniado panorama ideológico y geopolítico, de brutalismo neofascista, que amenaza con desencadenar nuevas guerras y genocidios...y, para remate, está la grave amenaza existencial que para nuestra especie supone la tecnología algorítmica de la denominada Inteligencia Artificial (IA), recién declarada por sus propios desarrolladores como agente potencial de una probable aniquilación de nuestra especie...o sea, todo un hipercomplejo escenario de tintes apocalípticos, que nos aboca directamente a un colapso global que avanza acelerado e imparable y que, por primera vez en la historia humana, hemos comenzado a percibir a escala global con una, todavía incipiente, conciencia ecosocial y comunitaria o comunal, a escala de especie.Ante todo ésto, entiendo que solo cabe pensar en una estrategia radical y urgente, con esa misma dimensión global y de especie, a la altura del grave riesgo existencial que pesa sobre las generaciones presentes y futuras, una estrategia que ni Murray Bookchin ni nadie pudo preveer, ni siquiera pensar, sin haber vivido todos estos acontecimientos de los que ahora  somos testigos. Por eso vengo dedicando estos últimos años a pensar la estrategia que creo más adecuada a la resistencia y superación del colapso global en el que ya estamos inmersos de manera irreversible. El colapso sucederá porque ya está sucediendo. 

Tengo muy claro que el acontecer del tiempo presente es predeterminado  por el pensamiento dominante que precede a cada época y que, por eso, porque el presente no tiene otro arreglo posible que no sea tratar de achicar el agua en una barca llena de agujeros cada vez más grandes, ahora lo que toca es construir un pensamiento poderoso, que nos ayude a sobrevivir a este colapso y a superar el salvaje Orden construido por el pensamiento que sigue siendo dominante, esta Ilustración Oscura, asentada a diestra y siniestra en las  primitivas instituciones del Capitalismo original (sistema de legitimación, por razón de la fuerza bruta, de un derecho de  apropiación o robo del "capital común universal" que conforman la Tierra y el Conocimiento) y la institución neolítica del Estado para la defensa de ese "derecho", con la adjudicación del monopolio de la fuerza como su "razón de Estado", que sirviera como campo de batalla "ad hoc", en el que librar una lucha de clases permanente, sistémica e institucionalizada, donde la clase propietaria se reserva esa "razón", bien armada y con las cartas marcadas.  

Pus bien, la novedad de una inédita conciencia humanista integral, a escala global y de especie, para mí es el fundamento estratégico  que puede desencadenar la revolución integral necesaria para subvertir y sobrevivir al bruto orden propietarista y estatal que desde la revolución neolítica viene dominando y organizando el mundo a partir de los instintos animales más primarios, de propiedad (genética/territorial/cognitiva) y de jerarquía social sustentada en un  "derecho natural de propiedad" (natural con sentido de "salvaje"), para cuya defensa se ha justificado el  uso de la fuerza bruta del Estado, al menos durante los últimos cinco milenios. 

Por todo eso, mi enmienda al paradigma ecosocial y comunalista es más estratégica que ideológica, no planteo una propuesta programática, para competir por el poder político, sino que presento una propuesta prepolítica y global, previa a toda constitución política: un básico pacto de especie, sobre los principios universales de convivencia simbioética integral -ecosocial y comunal- previos a la libre constitución de comunidades realmente democráticas, o sea plenamente autónomas y omnisoberanas, autoconstituidas y autogobernadas en asambleas comunitarias  de iguales, y libremente asociadas en redes confederales para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.  

Esta propuesta estratégica aúna lo que yo considero como dos poderosos antídotos frente a las instituciones del Orden dominante, contra la Propiedad capitalista  y contra  la Jerarquía estatal, que son, a mi entender: a) el principio  de responsabilidad simbioética universal (personal, comunitaria y de especie),  y b) el principio de convivencialidad comunitaria en regimen de democracia convivencial integral, ecosocial y solidaria a escala local y global. 

Antes  que un "programa" comunalista defiendo, como más prioritario  y estratégico,  un "pacto"  prepolítico y global al modo que he denominado como Pacto Humano Básico: del Común y lo Común", fundamentado en esos dos principios, que considero tan básicos como universales. 

Pero de eso trataré más adelante, en cuanto termine de editar el libro que estoy preparando sobre dicho Pacto. Ahora y aquí quiero centrarme en uno de los aspectos fundamentales del paradigma comunalista desarrollado por Murray Bookchin, el dedicado a la "espacialidad comunal", ese espacio democrático y propio de la política que M.B. identificaba con el municipio, tal como han seguido haciendo otros muchos comunalistas, confundiendo comunalismo y municipalismo libertario, según creo y como intentaré justificar a continuación.

* * * 

Defiendo que el espacio político propiamente democrático es el del "país" como  propio de la comunidad bioterritorial de convivientes que comparten un "pais-aje" ecosocial común, y no el del municipio, que corresponde a la demarcación administrativa perteneciente a un Estado, heredada del histórico sistema territorial del imperio romano y de todos sus herederos. Defiendo que la comuna o ayuntamiento comunal es ese espacio en el que suceden las relaciones e interacciones entre personas convivientes y su propio medio natural/ecosocial, compartiendo unas condiciones de vida que conciernen al común de personas convivientes, vecinas y paisanas. Más allá de esos límites de la relación de paisanía (2), de ámbito geográfico comarcal o regional, podrá haber diplomacia y buenas relaciones, incluso podrán practicarse unas intensas relaciones intercomunitarias,  de fraternidad y solidaridad, pero no es posible una democracia auténtica, no cuando y donde la distancia impide que se tengan relaciones y asuntos que conciernan al común, esas condiciones de projimidad y convivencialidad que solo pueden darse en las comunidades autoconstituidas en modo de asamblea de iguales, como Ayuntamientos Comunales, en un regimen de autogobierno plenamente autónomo y soberano que es el propio de una  auténtica democracia. 

En las sociedades campesinas de la antigüedad y del medievo -incluso hasta la revolución industrial- pudo pensarse que dicho espacio fuera el del "municipio", tal como lo definiera el imperio romano, eso era hasta razonable y tenía su lógica en sociedades campesinas autárquicas, que producian lo  suficiente para cubrir sus necesidades básicas, además de comerciar sus excedentes en mercados que fueron de proximidad local al menos hasta entrado el siglo XV europeo, el de las colonizaciones europeas tras el saqueo de medio mundo, que propiciaron un incipiente comercio global junto a la novedosa virtualización financiera del dinero y de la economía capitalista en su conjunto. 

Pero en las sociedades estatales plenamente industriales y capitalistas de los siglos IXX y XX todo cambió radicalmente: el espectacular desarrollo tecnológico de la industria y el comercio, su internacionalización con base en la nueva naturaleza virtual/financiera del capital financiero, y en el uso masivo de una energía fósil (a base de carbón y petróleo) que parecía inacabable, en un sistema industrial progresivamente deslocalizado en función del interés capitalista... todo eso fue convirtiendo a nuestras sociedades en "productoras especialidadas e insuficientes", tecnológica y financieramente muy dependientes de los centros transnacionales del poder económico que han llegado a concentrar todo el poder político, llegando a instrumentalizar a los Estados-Nación para acabar de sustraer toda posibilidad de comunidad que no sea la irreal y abstracta "comunidad nacional", y capaz de neutralizar todo intento de participación popular en las decisiones políticas que afectan a sus propias vidas, quedando solo una  mínima posibilidad de democracia simbólica o representativa...y eso en el mejor de los casos. 

El medio ecosocial y comunal propio de de una democracia real es el "país": ese espacio o comarca natural, "el pais-aje común" que  es el campo propio de la relaciones humanas de projimidad y convivencialidad, que son de vecindad (ámbito urbano) y también de paisanía (ámbito interurbano y territorial más amplio); en el contexto global contemporáneo, el "país" es el campo propicio para la autonomía y el autogobierno (democracia) de las comunidades humanas,   el propio de una libre y solidaria asociación para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales. 

Pues bien, esta libre asociación, prepolítica y global, a partir de un básico pacto humano,  a mi entender es la principal opción estratégica que tenemos por delante, para poder resistir y superar el colapso en ciernes, hasta extinguir la bruta hegemonía  del sistema/mundo estatal-capitalista.  


Notas:

(1) Sobre Murray Bookchin: https://es.wikipedia.org/wiki/Murray_Bookchin

(2) Concibo el ámbito bioterritorial o paisano como el conjunto de vecindades o poblaciones de un mismo país o comarca natural, libremente asociadas y autoconstituyentes de su propia autonomía/soberanía, en modo de Ajuntamiento Comunal o Comuna, cuyos límites más óptimos entiendo que son los bioterritoriales que se corresponden con los límites de las cuencas hidrográficas, y no los "históricos" límites estatales, casi siempre fruto de los avatares, contratos matrimoniales o políticos, cuando no de las disputas territoriales entre familias y  entre dominios señoriales, de origen feudal -eclesiásticos, militares o civiles- de las clases dominantes. Así, pues, entiendo esos límites condicionados, por este orden: a) a la voluntad soberana de las comunidades autoconstituyentes; b) a la dimensión ecosocial de una economía suficiente, que necesariamente será producida ecológicamente y mediante trabajo comunitario y libre, ni servil ni asalariado; y c) condicionado a una delimitación geográfica estable y no contingente, que sea tan precisa y concreta como es la delimitación de las cuencas hidrográficas.

PD: 

Recomiendo leer el siguiente texto, publicado en la web del Instituto Transnacional de Ecología Social (TRISE), titulado "La importancia de la espacialidad en el proyecto político de Bookchin", del que es autor Yavor Tarinski, y que él mismo leyó en el Homenaje Internacional a Murray Bookchin que tuvo lugar el pasado 30 de julio de 2026, organizado por el colectivo alemán Netzwerk für Kommunalismus (Red para el Comunalismo).