| "Prometeo encadenado" de Peter Paul Rubens (1618) |
El iluso Prometeo, una especie de dios menor, escondió una chispa divina en una caña, primero a modo de simple fuego, y más tarde a modo de mágica energía ilimitada (algo así como una energía nuclear), y se la entregó a los hombres para que tuvieran luz, calor y progreso. Y precisamente por eso, acabaría siendo condenado por un dios superior, un tal Zeus, que mandó amarrarlo fuertemente a una roca en las montañas del Cáucaso, donde Prometeo estuvo sometido desde entonces a un tormento diario, que le causaba un águila gigantesca que cada día le visitaba para comerle un trozo del hígado...que volvía a crecer cada noche...Y así, su tormento se repetía de modo cíclico e inevitable a lo largo de toda la eternidad.
(Resumen del mito de Prometeo, en versión propia)
Está muy bien hacer la crítica a las democracias parlamentarias o representativas que, como novedosa creación de las modernas burguesías europeas del siglo XVIII, no dejan de ser instituciones recientes; pero esa crítica es muy insuficiente cuando se hace con ignorancia de sus antecedentes históricos, me refiero a las milenarias instituciones originales de la Propiedad territorial y reproductiva (el Patriarcado) y de la jerarquía social (el Estado), ignorando datos tan determinantes en la evolución de nuestra especie como la función de nuestros básicos instintos animales, de jerarquía social a partir de los de propiedad territorial y reproductiva, en la creación de "poderes", y su consecuente deriva en un orden capitalista/patriarcal/estatal a día de hoy extendido a todas las latitudes del planeta Tierra como orden único, "naturalmente" organizado en clases sociales, de propietarios y gente sintierra, de gobernantes y gente mandada, a mayores del dominio machista, que bien pareciera un orden "natural" e inalterable durante milenios...y tan religiosamente jerárquico como el de las primeras sociedades campesinas, del Neolítico y luego del Medievo, comunidades todas ellas de vida sedentaria y urbana como la de las actuales sociedades hiperurbanas, solo que aquella religiosa fe en lo divino ha transmutado hacia lo tecnológico/científico.
El orden hoy dominante a escala global, resulta inexplicable sin considerar su estructura institucional básica, en torno a un triple sistema institucional (Capitalismo-Patriarcado-Estado) de jerarquía social fundada en los instintos animales de propiedad individual, territorial y reproductiva. Es una trinidad de sistemas que solo puede generar relaciones de desigualdad y dominio, sobre la naturaleza en general y en especial sobre los individuos y sus comunidades, haciendo imposible todo ideal de igualdad o democracia, que así queda fosilizado como eterna aspiración utópica, que llega a conformarse con formas sucedáneas de democracias más o menos aparentes, como las parlamentarias o representativas. Tan es así que nadie podrá mostrar ni un solo ejemplo de democracia plena (autogobierno real) ni en la antigua Grecia inventora de la "democracia", ni nunca, en ningún tiempo ni lugar de este mundo.
Las comunidades campesinas que en muchas partes del mundo llegaron a autogestionar asambleariamente algunos bienes comunales, en concejos abiertos o regimenes similares, lo hicieron como resultado de una concesión o gracia por parte de un "señor" o de un "monarca", o sea, de un poder superior y propietario-real de todo el territorio, incluido el "comunal" de los concejos. Eso mismo sigue sucediendo con el actual Estado, cuyo poder expropiatorio lo convierte en propietario-real -además de simbólico- de todo el territorio "nacional". Sucedió y sigue sucediendo desde la fundación milenaria del primer Estado en Mesopotamia. Los religiosos campesinos y sus comunidades, cuando excepcionalmente llegaron a rebelarse, lo hicieron contra los abusos de la Autoridad Propietaria y/o Gobernante, pero nunca cuestionaron la Autoridad misma, porque, al fin y al cabo, aquella representaba su mismo ideal religioso de propiedad y jerarquía.
Hoy, en esencia todo eso sigue siendo así, y todos los partidos, sindicatos y movimientos sociales enfrentados al sistema de dominación, si fracasaron hasta ahora fue porque atacaron los síntomas y abusos de la dominación, pero nunca su causa estructural profunda, ese ideal bruto de todo animal que consiste en poseer un territorio en exclusiva, para sí y para su descendencia...dicen "la tierra para quien la trabaja", lo que es una barbaridad proclamada burdamente por las izquierdas "alternativas", creyendo que con ello se oponen a las derechas, con plena ignorancia de lo que la propia experiencia histórica ha demostrado hasta la saciedad: que si todo siervo, esclavo o asalariado, siempre y hasta ahora fue derrotado, no se debió solo a su condición de clase, sino también y sobre todo, fue por compartir el mismo pensamiento bruto del amo. Por eso que hasta ahora, la derrota de los sintierra y mandados, campesinos o proletarios, ya estaba sentenciada antes del inicio de toda lucha de clases.
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Me parece más correcto llamar “propietarismo” al sistema en que vivimos, mejor que capitalismo, porque entiendo que es más conforme a la realidad histórica, para diferenciar claramente sus diferentes formas históricas: la previa y medieval forma de propiedad (propietarismo feudal) y su moderna y contemporánea forma capitalista actual, que tiene su fundamento inequívoco en una relación de apropiación sobre bienes que son comunales, bien por su origen natural o productivo mediante trabajo comunitario, personal o cooperativo (de las comunidades domésticas, vecinales o paisanas).
Durante los milenios antiguos y medievales en que la Tierra le pareciera a nuestra especie un lugar peligroso, lleno de grandes bestias, inmenso, despoblado, y productivo en modo inacabable, no me extraña que a aquellos primeros humanos les pareciera un "derecho natural" el de propiedad sobre la tierra...téngase en cuenta que por entonces no podían saber que pisaban un planeta al que llamarían Tierra siglos más tarde. Natural también que hicieran extensible tal derecho a su descendencia. Así es como un básico instinto animal, que compartimos con muchas otras especies, de jerarquía social propiamente "animal" o "natural", a partir de la propiedad territorial y reproductiva (patriarcal), junto al de herencia, ha sido interpretado como natural derecho de propiedad sobre las "madres" (tierras y hembras), que así, "por naturaleza animal", durante milenios han sido y aún siguen siendo, consideradas como propiedad natural del bruto macho-humano.
Pero si ésto ha sido así durante tantos siglos, no se debe a que la realidad o la Historia humana sean naturalmente de derechas, sino porque todavía estamos en una fase incipiente en la evolución de nuestra especie, atascados en esa arcaica mentalidad jerárquica y propietarista, premoral y preecológica, propiamente animal, que solo encuentra garantía de supervivencia en el uso de la fuerza bruta y en la propiedad privada, de tierras y de hembras primero, enseguida ampliada a la apropiación del trabajo ajeno, lo que necesariamente tenía que producir sociedades propietaristas y jerárquicas, capitalistas y estatalistas en su modo contemporáneo, contrarias a toda forma social de comunidad y democracia, que así siguen siendo un proyecto utópico en el mejor de los casos...todavía, hasta ahora.
Pero eso se está acabando ahora, cuando hemos llegado al límite material del sistema dominante y pronto se darán de bruces contra esa pared todos los economistas y teóricos sociales, incluso los más anticapitalistas y antisistema, sean de tradición marxista o anarquista...todos los que han llegado a defender la propiedad de la tierra como “fundamento de la libertad humana”, esa antígua idea, que pudo ser más o menos razonable en la Tierra despoblada de los siglos campesinos, antiguos y medievales, pero no ahora, en este tiempo de hacinamiento en inmensas ciudades, que ya se muestran peligrosamente inhabitables. No ahora, cuando estamos próximos a sobrepasar los 9.000 millones de individuos, todos mayoritariamente no-propietarios, gentes sin-tierra aspirantes a clase media, ese sueño “progresista” de consumo compulsivo y de propiedad individual, pequeñocapitalistas...todo “para ser igual de libres que la gente rica”.
El proceso económico, productivo y distributivo, del sistema capitalista/estatalista parece complejo, pero es sumamente simple y hasta absurdo, ineficiente e irracional en su esencia, porque llega a ignorar no solo la base material de la economía y sus límites, llegando a reducir la ciencia económica a un simple asunto de precio y mercado y, sobre todo, ignorando su finalidad, que, como decía Georgescu-Roegen (2), solo puede ser “el placer de vivir”, una finalidad simbioética, al modo tan bien explicado de Jorge Riechman (3), con lo que yo no puedo estar más de acuerdo.
Estamos entrando en tiempos de colapso y escasez, que por primera vez en la historia de la humanidad están siendo sentidos a escala global y de especie... un escasez generalizada, de alimento, de vivienda y de empleo asalariado, lo que ya está forzando a un giro radical del orden dominante hacia formas extremas de disciplina social y sumisa obediencia, abocado hacia una drástica reducción de la población mundial a mínimos que puedan ser gobernables, controlables con tecnología algorítmica de Inteligencia Artificial y mantenibles por los Estados mediante renta universal, subsidios especiales y políticas de Entretenimiento. Kozo Mayumi (4), el último discípulo directo de Georgescu-Roegen, denomina “emancipación temporal de la tierra” al estado al que hemos llegado durante los tiempos del “progreso capitalista", en una suerte de ilusión prometeica (5).
La mayoría de científicos y de responsables políticos sostienen que las futuras innovaciones tecnológicas reducirán el consumo de recursos, mientras que la Paradoja de Jevons, formulada en 1865 por William Stanley Jevons, que refiere al mito de la eficiencia tecnológica, explica por qué esa idea fomenta una ilusoria esperanza, falsamente científica. Valen como ejemplos la Revolución Verde o la Transición Ecológica, anunciadas y promovidas por el nuevo “capitalismo verde”. Duplicar la eficiencia en la producción de alimentos no resolvió el problema del hambre, acabó empeorándolo a causa del consiguiente aumento de la población. Y está bien comprobado que las ganancias en eficiencia energética que se logran mediante las llamadas energías alternativas, terminan impulsando un mayor consumo global de energía y de recursos naturales, también los fósiles, en vez de reducirlo.
Bernard de Mandeville anticipó, casi un siglo antes, algunos de los principios claves del pensamiento económico de Adam Smith, como “la mano invisible del mercado” o la “división social del trabajo”. En su radical teoría económica, Mandeville argumentaba que una sociedad no puede al mismo tiempo tener moralidad y prosperidad, y que el vicio, entendido como la búsqueda de su propio interés, es la condición de la prosperidad. Pues bien, sobre esta paradoja ha crecido el orden simbólico del Estado en que vivimos: realmente propietarista, indemocrático y depredador por naturaleza, a poco que interpretemos las relaciones de poder, concretas y objetivas, con fundamento en la acumulación de propiedades, de capital y riqueza en definitiva...ese bruto ideal de la propiedad privada y el consumo sin límite que es el capitalismo, y que solo ahora, cuando ha topado con sus límites materiales, empieza a destapar su principio de irracionalidad sistémica.
Por cierto...si se le pregunta por ésto a la IA de Google, responderá cosas como éstas: “la economía no se organiza para satisfacer necesidades humanas básicas, sino guiada por señales de precios y afán de lucro, lo que provoca desajustes constantes... y su mal funcionamiento genera una gran desigualdad social, concentrando el poder económico en pocas manos, explotando los recursos naturales sin control y priorizando el lucro por encima del bienestar humano y la estabilidad“ y “lo que es racional y rentable para una empresa, como recortar costes, contaminar o despedir a trabajadores) resulta destructivo y costoso para la sociedad en su conjunto”...así que a ver quién, de entre todos los creyentes de la IA, se atreve a decir que ésta no tiene en ésto “más razón que un santo”.
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Acertaba, pienso yo, Pierre Bourdieu (1930-2002) (6) con su teoría del poder distribuido en “campos sociales”; téngase en cuenta que en muchas ocasiones llegó a denominar al Estado como “Banco Central del Crédito Simbólico” y a “lo real” como algo que es relacional en esencia, por lo que pensar en términos de “campo social” es pensar relacionalmente. Así, para P. Bourdieu todo lo que es determinante en la vida social son relaciones objetivas y no vínculos subjetivos, son relaciones que existen con independencia de las conciencias individuales, tal como también dijera Karl Marx (7).
La lógica de la praxis propuesta por Bourdieu no debe buscarse solo en la estructura social, ni en sus agentes, sino en la relación dialéctica entre aquella y éstos, de tal modo que los conceptos básicos de esta “lógica práctica” son los del “campo social”: ese espacio relacional o sistema de relaciones objetivas, en el que los agentes compiten por formas específicas de poder (así hay un campo social, religioso, cultural, económico, jurídico, político...) y un “habitus” o conjunto de costumbres emanadas de dichas relaciones, a modo de “reglas de juego” que son determinadas por la especie de “capital” que es propio de cada uno de los campos en los que se libran las relaciones de competencia, que según pienso, son por la propiedad y por el posicionamiento social que ésta confiere en todas sus formas capitalistas: materiales, cognitivas o financieras.
Comparto, pues, la necesidad de desvelar las estrategias estatales que sirven para la reproducción de la dominación social, y que explican el estado habitual de “servidumbre voluntaria”; es necesario destapar la violencia sistémica que se oculta tras el orden simbólico que ha logrado imponer el complejo aparato institucional del Estado contemporáneo desde su modernización por la clase propietaria dominante. Como afirma Veronique Muñoz Dardé (8), este orden social oculta una violencia simbólica inhibida, que “al modo del confucionismo, impone que el soberano se comporte como soberano, el sujeto como sujeto, el padre como padre y el hijo como hijo y, aún más, que cada uno no conciba otra razón de ser que la que le ha sido otorgada por la dinámica social”... generada, añado yo, por el moderno y simbólico orden propietarista/capitalista de los actuales Estados/nación.
Con más o menos dosis de ciencia, es fácil constatar que uno se levanta, desayuna y come, trabaja y se acuesta cada día con un orden social integramente organizado por Leviatán, ese Estado por el que se preguntaba el filósofo Ortega y Gasset en “El hombre y la gente” (Revista de Occidente, 1957): ...”Pero ¿quien o qué cosa es el Estado?, ¿dónde está el Estado? ¡Que nos lo enseñen! ¡Que nos lo hagan ver!”
Decía Pierre Bourdieu que el Estado está en todas partes y en ninguna, lo que hace que la percepción que tenemos, de su realidad y de sus continuas transformaciones históricas, no sea un asunto meramente académico, y que la principal dificultad para contestar a esas preguntas estriba en el hecho de que pensamos el Estado con categorías producidas y garantizadas por la ciencia que produce el propio Estado, por eso que seamos más objetos que sujetos de dicha noción. Y ésto también es aplicable a las ciencias sociales que desde su origen son parte integrante del esfuerzo constructivo que hace el Estado para fijar como realidad la imagen de su propia representación.
Lo político no puede ser considerado simplemente como una dimensión particular de la sociedad. Muy al contrario, yo lo entiendo como el principio generador que da forma a lo social y que vuelve inteligible la relación que los individuos tenemos entre nosotros y con el mundo/entorno que compartimos. Muchos filósofos y científicos sociales han pensado ésto mismo, el último que leí fue Claude Lefort (9), alumno de Maurice Merleau-Ponty (10), pero no puedo comprender que llegaran a pensar eso de que “en la democracia moderna, el poder pasa a ser un lugar vacío que nadie puede ocupar de forma permanente, porque continuamente se está debatiendo y redefiniendo mediante la alternancia entre partidos”; no, porque pensar eso significa que siguen ignorando que ese vacío nunca existió desde que se fundara el primer Estado sobre los brutos principios de propiedad y jerarquía.
Y menos lo puedo comprender en esos pensadores ecosocialistas, incluso comunalistas, sean de formación marxista o anarquista, que siguen atascados en conceptos tan arcaicos y caducos como el de "la propiedad como fundamento de la libertad", o de la democracia como mero procedimiento participativo y no un fin por sí misma, y en “lo comunal” reducido al modo concejil-medieval de las religiosas sociedades campesinas.
Así, a partir de ese atasco "más que científico", todas esas ciencias sociales, académicas o no, trabajen o no a cuenta del Estado, tienen imposible comprender que “lo común o comunal" comienza realmente en la comunidad de los bienes universales -la Tierra y el Conocimiento-, y que la comuna/asamblea/ayuntamiento, como autogobierno de la polis (eso significa el término "política"), solo pueda ser una democracia real en condiciones de comunidad convivencial, con responsabilidad simbioética universal y con plena soberanía/autonomía...que son las básicas condiciones previas para una democracia real, tal como vengo proponiendo desde hace años, como Pacto Comunal : del Común y lo Común : Prepolítico y global a escala de especie.
Por tanto, la democracia real (el Común o Comuna) y los bienes comunales reales (lo Común a escala convivencial, de lo local a lo global) solo pueden darse como relaciones asociadas e inseparables de auténtica democracia y auténtica comunidad, nunca al modo simbólico o representativo y ficticio de las democracias estatales.
NOTAS:
(1) Bernard de Mandeville fue un filósofo, médico, economista político, investigador y satírico neerlandés. Es conocido por su "Fábula de las abejas" (1705), que es una sátira sobre la sociedad de su tiempo. Mandeville, siguiendo la estela de Hegel, pensaba que la riqueza de cada nación en la sociedad burguesa se sustenta sobre la pobreza de los trabajadores. Tuvo gran onfluencia sobre economistas y filósofod posteriores, como Adam Smith. Más información: //es.wikipedia.org/wiki/Bernard_Mandeville
(2) Nicholas Georgescu-Roegen:
https://es.wikipedia.org/wiki/Nicholas_Georgescu-Roegen
(3) Jorge Riechman: http://tratarde.wordpress.com/
(4) Kozo Mayumi: https://kcg.academia.edu/KozoMayumi
(5) La "Ilusión prometeica" refiere al mito griego de Prometeo, leyenda atribuida a Esquilo (525-456 a.C).
(6) Sobre Pierre Bourdieu: https://es.wikipedia.org/wiki/Pierre_Bourdieu
(7) Pierre Bourdieu sobre Karl Marx en "Las Teorías de Pierre Bourdieu y su incidencia en el Derecho", en https://www.academia.edu
(8) Muñoz-Dardé, “Bourdieu y su consideración social del lenguaje” (Revista española de investigaciones sociológicas n.º 37, 1987).
https://en.wikipedia.org/wiki/V%C3%A9ronique_Munoz-Dard%C3%A9
(9) Claude Lefort:
https://es.wikipedia.org/wiki/Claude_Lefort
(10) Maurice Merleau-Ponty:
https://es.wikipedia.org/wiki/Maurice_Merleau-Ponty




