sábado, 1 de agosto de 2026

EN HOMENAJE A MURRAY BOOKCHIN

 


Murray Bookchin,  destacado pensador, historiador y activista estadounidense, conocido por fundar la teoría original de la Ecología Social, falleció el 30 de julio de 2006 a los 85 años de edad. Desde aquí me sumo al homenaje que está teniendo lugar desde diferentes organizaciones de todo el mundo en este 20 aniversario de su fallecimiento en Burlington (Vermont, USA). 

Bookchin fue un apasionado defensor de la emancipación humana,  de inspiración antiestatista y anticapitalista, cuyas ideas han tenido una gran influencia  en  movimientos sociales a partir de la década de 1960, como la Nueva Izquierda asociada a la revista New Left (NLR) de pensamiento crítico, el movimiento antinuclear, el de la antiglobalización, Occupy Wall Street y más recientemente, el confederalismo democrático de Rojava en el Kurdistan.  También fue el principal representante del  Movimiento Verde Americano y del Burlington Green.  

A pesar de ser el fundador de la ecología social, esta teoría hoy es mayoritariamente asociada a una corriente marxista,  en torno a la fundación Fuhem, que se identifica como ecosocialista y cuyos representantes más conocidos en el estado español son Jorge Riechman y Jose Manuel Naredo, respectivamente identificados por sus valiosas aportaciones  sobre simbioética y economía ecológica.    Pues bien, siendo ésta la corriente ecosocialista de mayor presencia pública, sin embargo llama la atención que pase por alto el reconocimiento de M. Bookchin como fundador de la ecología social, lo que sucede a mi entender porque a esta corriente marxista no le acaba de gustar el comunalismo de M. Bookchin, que éste consideraba como la aplicación práctica, política, de su teoría de la ecología social. 

El pensamiento político de M. Bookchin evolucionó desde el marxismo tradicional hacia el socialismo libertario, en línea con la tradición anarcocomunista de Piotr Kropotkin. A finales de la década de 1990 abandonó su militancia anarquista, profundamente decepcionado por la deriva del movimiento anarquista hacia "estilos de vida" subculturales, como el primitivismo o las políticas identitarias, por lo que pasó a construir su propia filosofía política,  a la que denominó comunalismo, con la pretensión de reconciliar ambas tradiciones, anarquista y marxista, del pensamiento revolucionario. 

Mi reconocimiento personal de Murray Bookchin y mi identificación con la corriente de pensamiento que él denominó como comunalismo, no me ha impedido abordar una reflexión en profundidad sobre su propuesta,  que  mayormente tiene que ver con una visión estratégica y  que pretende contribuir a su actualización en el contexto histórico del convulso tiempo en que vivimos, en estas primeras décadas del siglo XXI.  

Básicamente, mis discrepancias con el pensamiento comunalista de M. Bookchin, son más estratégicas que de base teórica, y se centran en los principios de comunalidad y democracia integral. Resumidamente: 

* Respecto de los bienes comunales yo  diferencio entre bienes comunales universales (la Tierra y el Conocimiento) y bienes comunales producidos mediante el trabajo cooperativo-comunitario de las comunidades convivenciales (domésticas, vecinales y paisanas). Esto significa un concepto de la propiedad comunal que es inexistente en las corrientes ideológicas del izquierdismo tradicional, tanto marxistas como anarquistas.  Respecto de la democracia, yo identifico ésta como un sistema integral de convivencia ecosocial/comunal, que es un fin en sí mismo, justificado  en el respeto debido a la dignidad de cada individuo integrante de la comunidad política; defiendo que la democracia real es incompatible con la existencia del sistema estatal/capitalista, y  que solo es  posible en condiciones  de convivencialidad y comunalidad  (compartir lo común),  que corresponden a ese espacio propiamente ecosocial del "país" o "paisaje común", comarcal-convivencial (geográfico, ecológico, cultural y simbioético), en el que se  materializan la inmensa mayor parte de nuestras relaciones de convivencia social/natural, en modo bioterritorial o ecosistémico. Esta comunidad convivencial, políticamente autoconstituida como plenamente autónoma y soberana, es a lo que yo denomino "Ayuntamiento Comunal", constituido como libre asociación federal de las Vecindades (poblaciones) de cada bioterritorio o país. Defiendo la denominación de "ayuntamiento" (ajuntamiento o asamblea) frente a la denominación de "municipio" que refiere a la milenaria historia indemocrática del Estado. Y contra toda visión localista, entiendo la democracia integral del ayuntamiento comunal extendida en todas las escalas territoriales, mediante su libre asociación, mancomunada y/o confederal, con otros ayuntamientos comunales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todos los campos de la actividad humana. 

* A partir de esas diferencias conceptuales o teóricas, mi principal  diferencia con el comunalismo de M. Bookchin es estratégica (como también lo es respecto de todo el espectro del izquierdismo tradicional). Esta diferencia consiste en que yo considero la necesidad categórica de una desconexión y ruptura previa con las normas del juego político/electoral,  propio del sistema estatal/capitalista dominante, lo que significa el desarrollo de una estrategia radicalmente nueva, de construcción de poder popular, en paralelo y frente al Estado, con rechazo frontal de la falsa democracia parlamentaria/representativa y de todo el entramado institucional del Estado (incluidas las empresas, los partidos y los sindicatos). Por eso, mi propuesta pasa necesariamente por un pacto prepolítico del común y lo común, en torno a un acuerdo sobre los principios y condiciones materiales, previas y básicas, que eviten la reproducción de las relaciones de dominio, generadas por el Estado a lo largo de su historia milenaria, y que permitan la constitución de comunidades políticas-convivenciales,  reintegradas al medio natural en modo ecosocial/comunal,  o sea: radical e integralmente libres, autónomas, democráticas.