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martes, 17 de marzo de 2026

LOS EQUÍVOCOS DEL COMÚN Y LO COMÚN

 


 "Nada sabemos de los seres que amamos, salvo la necesidad de su presencia" 

(Cristina Peri Rossi, 1984, La nave de los locos)

 

Entiendo el adjetivo "equívoco" referido a algo que puede interpretarse en varios sentidos, lo que acaba produciendo dudas, ambigüedad y confusión. Su antónimo "inequívoco" refiere a algo que tiene un significado único y evidente,  lo que produce claridad y certeza. 

No  confundo lo equívoco con la maldad, que en principio nada tienen que ver. Lo equívoco puede ser compatible con la ignorancia y también con la inocencia. Sin embargo, con frecuencia acabamos dando por ciertos algunos conceptos que son equívocos, intencionada o intrínsecamente, lo hacemos solo por razón de conveniencia, a veces por no discutir, para favorecer la convivencia y para no llegar a las manos, no pocas veces. 

Sucede, por ejemplo, con la cuestión religiosa, cuando tragamos el relato de la Creación  a sabiendas de que es Dios quien debe su existencia a la imaginación de homo sapiens...y sin que valgan justificaciones del tipo "como desconocíamos el origen de las cosas, tuvimos que inventarlo" (a Dios)...y ¡por Dios!, que no se moleste la buena gente que es creyente, quienes se toman muy en serio el mandato de "amarás al prójimo como a tí mismo", que a mí eso es lo que realmente me importa, y me da igual de donde proceda tal mandamiento, si de un dios o de una conciencia.

Pero tendrán que reconocerme la preexistencia de un bien y de un mal  que ya andaban a la gresca por todo el mundo, intuyo que mucho antes de la humana invención de Dios.  Y en ésto sí podemos tener alguna certeza, tal como que la idea del bien y del mal solo pudo darse entre simios humanos, no en otras especies; y que tuvo que ser a partir del momento en que una pequeña tribu de homo sapiens, conversando en torno al fuego llegaron a convenir un primer rudimento de ley moral, acerca del bien y del mal como formas opuestas de comportamiento; lo que sirve a la convivencia y a la reproducción de la vida, por un lado; y por otro, lo que sirve a impedirla, a modo de guerra, y cuyo fin primordial es el de hacer daño, incluso con el fin de llegar a matar a un prójimo de sangre, si es tomado como "enemigo"...ay, esa pulsión cainita, casi siempre por razones de  envidia o celo, si no es -como veremos durante el correr de la historia- por causa de comercio y mercancía. Tal es la cara y cruz del simio que somos, por esa singularidad humana que consiste en tener conciencia de las consecuencias, trascendencia,  que nos hace tan libres como responsables. 

¿Cómo explicar, entonces, el predominio en nuestra especie de ese “irresponsable” individuo medio que puebla la Tierra, producto de las sociedades estatales y mercantiles...cómo, para que podamos tener localizado el punto donde quedó truncada la evolución “racional” de nuestra especie?, ¿dónde fue que quedamos atascados, obligados como el resto de animales a seguir la salvaje ley "natural/estatal/mercantil" de la fuerza bruta, la que rige la vida de las bestias al interior de las selvas?

No obstante, mantengo a contracorriente mi radical tesis de la homofilia, esa tendencia de los animales de mi especie a establecer vínculos de proximidad con sus semejantes...a partir de ahí, como dijera el poeta asturiano Pablo Ardisana, "todo lo que no sea amor es mercancía"...Amor, pues, podría ser el nombre genérico de esa tendencia al vínculo social, que no es sino ganas de proximidad, de conversación y de encuentro, ganas que pueden llevarnos incluso al apareamiento o cópula de los cuerpos.

En "El mal o el drama de la libertad" (1997), decía Rudger Safrinsky que "el mal no es ningún concepto, sino más bien es un nombre para lo amenazador, algo que sale al paso de la conciencia libre y que ella puede realizar. Le sale al paso en la naturaleza, allí donde ésta se cierra a la exigencia de sentido, en el caos, en la contingencia, en la entropía, en el devorar y en el ser devorado, en el vacío exterior, en el espacio cósmico, al igual que en la propia mismidad, en el agujero negro de la existencia. Y la conciencia puede elegir la crueldad, la destrucción por mor de ella misma. Los fundamentos para ello son el abismo que se abre en el hombre" . Aquí, sin duda, se refería Safrinsky al abismo de la libertad. 

Estando muy de acuerdo con Safrinsky, sin embargo me permito añadir que siendo inevitable el juego del bien y del mal en las relaciones personales, privadas o prepolíticas,  donde el mal juega con clara ventaja, dado que tiene de su lado el poderío físico de la fuerza bruta, sin embargo, hay un campo de lo social, el de la política o democracia, donde podríamos impedir que el mal campara a sus anchas, ocupando el lugar del "soberano"...pero, claro, para eso necesitamos tener "el mal político" bien identificado y no metido en el oscuro limbo de "lo equívoco". 

Tal es el caso de la institución legal del  aparato “Estado” por las clases dominantes, como alianza de propietarios y gobernantes, y  organización social propiamente jerárquica e indemocrática;  o el caso del  "derecho" de impunidad por el delito sistemático de robo o apropiación -en cualquiera de sus formas- de la Tierra Común y también del Conocimiento Humano que, juntos,  son nuestros comunales universales aunque solo fuera por una básica razón de conciencia ecoética. No hay justificación alguna para la permisividad con un delito social tan básico como la falsificación de la democracia que impide "por sistema" un mínimo respeto por la igual dignidad de cada individuo. Sin ese  básico respeto por el prójimo, ¿cómo reclamar respeto para nuestra propia dignidad personal?

Yo no lo veré, que por mi edad no estaré aquí para verlo, pero tengo la certeza de que en  dos o tres generaciones será "normalizada" la necesidad de abolición de las indemocracias, de todos los sistemas estatales  que tienen su fundamento en los instintos animales más salvajes, de depredación y acumulación capitalista, de organización jerárquica, clasista, patriarcal e inequívocamente totalitaria. Y también, en el mismo paquete,  resultará necesario un cambio radical de matabolismo, otra forma de vivir acorde con el principio de racionalidad social, ética y ecológica, comenzando por pactar la Declaración  de la Tierra y el Conocimiento como Bienes Comunales Universales.

Queda por delante, pues, acabar con esos equívocos que oscurecen la comprensión de "el Común" (como asamblea de iguales y sujeto soberano de la política o democracia), y "lo Común" como su objeto y materia prima, integrada por los bienes comunales al completo:  tanto los universales (Tierra y Conocimiento), como los producidos comunitariamente, mediante el trabajo personal y comunitario. 

Nada menos, éste es el reto para una "nueva ilustración" dedicada a esclarecer esos equívocos, a fin de acabar con la totalitaria ambigüedad del relativismo moral, grosero y cutre que es tan del gusto de los Partidos apolíticos y de las Academias acientíficas. Toca una reconversión radical de las "izquierdas", todas inequívocamente afines al Orden dominante del que forman parte, con la ilusoria  pretensión de hacerlo compatible con su original finalidad emancipatoria.

Denle, Partidos y Academias, todas las vueltas que quieran a este asunto, que siempre nos quedará el poso de certeza que sentenciara mi apreciado poeta asturiano, Pablo Ardisana, cuando afirmaba eso de que es mercancía todo lo que no tienda al amor: esa querencia propiamente humana por todo vínculo social  que ayude al  cuidado de la vida, a su reproducción y al gozo de la existencia, o sea y en resumen: todo aquello que constituye la versión concreta e  inequívoca del  "bien común".

 ***

 

PD: Valgan como ejemplo de nociones equívocas, términos como  "política", "nación", "democracia", "soberanía" y "ecología" :

*Política: concepto que a mi entender solo es inequívoco si refiere a los asuntos comunes de los habitantes convivientes en la "polis", que actualizada a las condiciones históricas actuales -necesariamente ecosociales-, no corresponde a la “ciudad”, ni al “municipio”, sino al “país” como “paisaje común” o espacio bioterritorial, de proximidad convivencial.  Con límites pactados por las propias comunidades que son convivientes en una misma geografía común, a partir del vínculo ecosocial y simbioético resultante de las relaciones sociales, personales y comunitarias (domésticas, vecinales y paisanas). Inequívocamente, entiendo el “país” como el ámbito ecosocial y propio de la política y, por tanto, de la democracia. A partir de ahí, caben múltiples formas de libre asociación, mancomunada o confederal, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales, con respeto a la plena autonomía/soberanía política de cada “comunidad paisana” (el Ayuntamiento Comunal, que yo digo).  

*Nación:  la expresión "nación sin Estado" es un oximorón, algo que no puede ser y que además es imposible, porque el Estado es, necesariamente, la condición previa, existencial, de toda "nación". Por algo se dice Estado-Nación y no Nación-Estado. Asistimos al predominio de un equívoco e ilusorio significado, de origen propiamente estatal, nación como “comunidad nacional” o "pueblo soberano", algo que carece de existencia propia, siendo solo producto de la voluntad de las clases dominantes que son titulares de cada Estado. No se sabe de ninguna "comunidad nacional que fuera constituyente de un Estado, más bien tenemos constancia de todo lo contrario. Y bien que lo siento por los nacionalistas, que la mayoría son buena gente, del tipo “Gabriel Rufíán”, o del tipo de mis amigos palestinos, a los que les deseo Democracia, pero nunca un Estado. (2)

*Democracia y Soberanía: su equívoco parte de una interpretación oscura y confusa del “demos” (pueblo): a la vez como sujeto y objeto de gobierno, lo que sabemos que es tan irracional como imposible, porque no puede ser al mismo tiempo. No puede ser más equívoco, ni más cínico, el concepto de soberanía en las democracias estatales o “representativas”, en las que ni los individuos, ni las comunidades son "constituyentes", y en las que ni siquiera pueden participar, aunque fuera simbólicamente, en la deliberación y toma de decisiones, algo que se pareciera mínimamente a una soberanía real y no fuera solo imaginaria o representativa. 

*Ecología: que tiene un uso  ordinario que no puede ser más equívoco, ni menos científico, cuando se emplea generalmente con burda ignorancia de la "propiedad de la Tierra" como factor determinante y sistémico del desequilibrio ecológico y la consiguiente devastación de la biodiversidad que está comprometiendo la sostenibilidad y viabilidad de nuestra especie. Porque, no es la Tierra como planeta lo que corre peligro, tal como dice la propaganda idiota...no, porque quien corre peligro de extinción es nuestra especie y todas las que pueden extinguirse arrastradas, de seguir esta deriva irracional, absurda, autodestructiva. 

 

Notas:

(1) Cuando ésto escribo, es día de elecciones en Castilla y León, esta región del Estado español, equívocamente incluida como  "comunidad autónoma". Momento bien oportuno para recordar lo que dijera Emma Goldman al respecto del voto:  "si el voto sirviera para algo, ya estaría prohibido".

(2) "No le deseo un Estado a nadie", tal como  reza el título de un libro colectivo firmado por Santiago López Petit, Tomás Ibáñez, Miguel Amorós y Corsino Vela, ...yo, además, lo suscribo con mis propias razones. No se lo deseamos a nadie, porque desde la fundación del primer Estado, allá por el año 3.200 antes de nuestra era, no se sabe de ningún Estado, aunque fuera como excepción,  que no fuera un sistema de dominio sobre las sociedades y sobre la naturaleza toda. Siempre, sin excepción, del Estado es titular inequívoco la misma alianza delictiva integrada por sacerdotes/propietarios/ mercenarios, actualizada a cada época, pero inequívocamente fraguada en las religiosas y jerárquicas sociedades campesinas  del Neolítico y luego del Medievo.

miércoles, 11 de marzo de 2026

MARX, BOOKCHIN, COMUNAS Y COMUNALISMOS

 



Acabo de traducir y editar un texto de Pierre Sauvetre, profesor de sociología de la Universidad de París-Nanterre, que me parece relevante para quienes seguimos la traza abierta por Murray Bookchin en torno a su paradigma de ecología social y comunalismo. Este texto tiene el interés de aportar un estudio comparativo entre los pensamientos de Bookchin y Marx respecto a las comunas y el comunalismo, más desconocido en el caso de Marx. Intenta el autor   una aproximación entre las tradiciones marxista y anarquista, que le permitan afirmar en sus conclusiones que "Marx y Bookchin tendían a la búsqueda de este comunalismo planetario, este universalismo de comunas cuyos vínculos pueden concebirse a través de la idea de una pluralidad de autonomías dentro de una interdendencia planetaria".
Personalmente, puedo comprender la buena intención de este esfuerzo de aproximacíón, si bien, y aunque yo me sienta más próximo a Bookchin (que, por cierto, acabó renegando de su militancia anarquista), entiendo que la realidad de los acontecimientos que están marcando nuestro tiempo desborda todas las premisas de ambas tradiciones de pensamiento, obligando a una redefinición y actualización del paradigma ecosocial y comunalista, cualquiera que sea la tradición de partida. para estar a la altura de  las circunstancias extremas  que condicionan el futuro de este  convulso y distópico mundo en que vivimos.  


Enlace al texto AQUÍ 





lunes, 16 de febrero de 2026

LA UNIDAD DE LAS IZQUIERDAS ES EL MENOR DE SUS PROBLEMAS

 

Pensando en la próxima foto de familia 


 "La lucha entre las izquierdas es algo parecido a una riña sobre las tumbonas en un trasatlántico que se hunde". Esto decía AlvinToffler (1928-2016).

Lo decía en 1983, y también decía por entonces que "los términos derecha e izquierda son reliquias del periodo industrial, que ahora han pasado ya a la historia. Derecha e izquierda tienen que ver con quién consigue qué: cómo se dívidieron la riqueza y el poder del sistema industrial".  (Avances y premisas, Plaza & Janés, Barcelona 1983).

* * *

Mi tesis al respecto de las izquierdas actuales es que su tradicional desunión no es su principal problema. Y que en el contexto geopolítico contemporáneo, esta desunión hay que verla como el principal síntoma de la crisis sistémica general, o sea, del complejo y caótico mundo global que hoy vemos cómo se organiza y reorganiza constantemente, en bloques estatales de sociedades capitalistas obligadas por su propia dinámica depredadora y colonial a existir en un estado de  permanente guerra mundial-total: comercial, cultural y militar.  

Antes de seguir, he de precisar que cuando aquí me refiero a "la izquierda" en singular, incluyo a todas las izquierdas, sin excluir al partido socialdemócrata que sirve de referencia al resto, tal como sucede en el ámbito del estado español y, en general, en todos los Estados en los que esa izquierda alcanza a gobernar. Y  aclaro también, que la dimensión global de la crisis es, sin duda, una gran novedad histórica, ya que nunca antes pudo darse la mínima "conciencia de especie" que ahora está surgiendo en consecuencia, y que por primera vez estamos experimentado  "a escala de especie", como un trágico y común presentimiento que barrunta grandes e inminentes peligros.  

La concentración y acumulación de capital en modo de propiedad (territorial y/o reproductiva), de conocimiento (religioso y/o científico) y de fuerza coercitiva (militar y/o normativa),  hace del capitalismo  una "forma de sociedad" y no sólo una forma de economía. Entiendo, pues, el capitalismo como un sistema de sociedad organizada jerárquicamente en modo "Estado". A día de hoy, tanto izquierdas como derechas siguen viendo al capitalismo como una modalidad de economía, y algunas izquierdas incluso han llegado a confundir sus propios conceptos de "democracia" y "estado". Entiendo que ambas facciones han desarrollado una visión desenfocada de la realidad histórica: con sesgo procapitalista o proestatista en cada caso. 

De acertar en mi diagnóstico, el Sistema  de sociedad estatal/capitalista que es heredero directo de la "modernidad industrial"  iniciada en la Europa del siglo XVIII,  podrá sostenerse y reproducirse perfectamente en ausencia de su parte izquierda, sin perder su forma estructural de Estado/Nación/Capitalista. Si esta "izquierda" tuvo justificación histórica como "representante" de la clase proletaria, eso deja de ser así cuando la misma clase proletaria carece de perfil propio y, además, comienza a ser perfectamente prescindible en un horizonte de máxima robotización del trabajo humano. 

El sistema capitalista contemporáneo ya no necesita una clase trabajadora controlada e integrada al sistema, y menos aún necesita a su representación política  (los partidos de la izquierda). En consecuencia, este sistema de sociedad capitalista  solo puede evolucionar como lo está haciendo: hacia Estados neofascistas de partido único, mejor asociados en grandes bloques, como son actualmente las  repúblicas capitalistas de  China, Rusia y EEUU,  o sea, hacia un sistema de sociedad capitalista en "estado puro",  neofeudal/corporativo y totalitario sin complejos. 

En ese proceso mutante estamos, en medio de una encrucijada que, según pienso, ha hecho creer a mucha gente que la crisis del Sistema era terminal, cuando en realidad es un "reset" anunciado y hasta previsible: si el Sistema fue viable gracias a la explotación del trabajo humano durante siglos, el  Estado hipertecnológico del futuro en ciernes podrá reproducirse y ser  viable una vez se vea liberado de su necesidad del trabajo humano. Por eso pienso que las sociedades capitalistas  tenderán a reducir drásticamente sus  poblaciones nacionales o estatales, hasta límites que la hagan "sostenible". Tengo la certeza de que para ese futuro hipertecnológico la clase dominante tiene prevista una mínima cantidad de trabajo asalariado o autónomo, solo mandos intermedios de policías-soldados, un ajustado cuerpo de tecnócratas y unos pocos sirvientes multioficio, mantenidos mediante una Renta Básica Universal. Básicamente, ese es el proyecto que se ve venir, a poco que se  estudie el asunto. 

* * *

Ahora miso, como en la espiral de un sinfín mecánico, se repite una y otra vez un mismo análisis al interior de todas las izquierdas, todas  residuales, que o no es  autocrítico o cuando lo es deviene en autodestructivo y directamente cainita. Cuando la óptica empleada es siempre la misma, lo que se ve a su través necesariamente vuelve siempre a ser lo mismo. A mi entender, esa defectuosa óptica  tradicional de las izquierdas es liberal y marxista en su mayoría, y minoritariamente libertaria. Y pienso, además, que  no es una crítica "radical", no, porque  ven  la naturaleza y  la cultura como entidades separadas, a modo de subsistemas. 

Así, por ejemplo, podemos ver gestos de humanidad en animales no humanos, al tiempo que podemos estar completamente ciegos ante nuestra propia animalidad normalizada. Con esa óptica sesgada, resulta imposible ver cómo la sociedad capitalista reduce las democracias a  su mínima expresión parlamentaria y meramente simbólica: de libertades, igualdades y justicias que, como la democracia, a la mayoría de la sociedad le  parecen "realmente" imposibles. 

Mayoritariamente, se piensa que el capitalismo es un sistema "moderno", surgido (naturalmente) de las grandes innovaciones de la sociedad industrial y burguesa del siglo XVIII europeo, pero se olvida  el contexto histórico de esa "modernidad", cuyo origen no es otro que el sistemático expolio colonial practicado por las "estados-nación-modernos" en los  siglos precedentes (XV, XVI y XVII). 

* * *

En el contexto del Estado español estamos ahora en plena ebullición de un debate en torno a la unidad de las izquierdas, un "dèjá vu" que lleva tiempo siendo recurrente tras cada nuevo fracaso electoral. Ahora es con Gabriel Rufián, el dirigente de ERC, en el ojo de una discusión que a mí me parece de besugos, porque se vuelve a pensar que “el problema" de las izquierdas es su desunión electoral, exhibiendo una patológica pulsión trágica: ¡unión o desaparición!...esa crónica pulsión fratricida de las izquierdas, una y otra vez  es interpretada en sentido autodestructivo, como cómplice y causa directa de un auge de las ultraderechas que a estas alturas ya parece imparable. Ese error, monumental, no es solo estratégico. 

Lo resumo: 

-Las izquierdas desenfocan su crítica al "sistema capitalista" porque lo tienen mal identificado; las de inspiración  marxista creen que es  un sistema en esencia económico, y las izquierdas de inspiración libertaria (liberales y anarquistas) creen que es un sistema en esencia jerárquico y autoritario.  De ahí que las primeras no cuestionen la existencia del Estado (no entienden que éste pueda ser la negación de la democracia),  y que las otras no cuestionen el "derecho de propiedad" como matriz ideológica del orden estatal/capitalista. (Recuérdese que hasta los anarquistas más radicales reclaman el derecho de propiedad privada sobre el principal medio de producción humana: "la tierra para quien la trabaja")

-Las izquierdas no pueden seguir diciendo que son anticapitalistas y demócratas, o ecologistas y feministas, al mismo tiempo que comparten con las derechas una misma veneración religiosa por el Sistema estatal/capitalista, y unos mismos principios axiales, de propiedad y jerarquía, que constituyen la matriz ideológica del Sistema de dominación en todos sus órdenes: ecológico, patriarcal, social, económico, cultural y político. Su existencia como "partidos" del Sistema, les impide comprender su propia identidad ideológica, como "parte" funcional del mismo, con total ignorancia y desorientación ante el  cambiante y convulso contexto histórico.  

Por eso que a día de hoy todavía me sienta en absoluta soledad "política",  básicamente: porque sigo considerando que tengo la obligación de respetar y tratar como "iguales" a todos mis semejantes, sin excepción. Y porque sigo defendiendo la necesidad de un Pacto Global del Común y lo Común, que junto al básico respeto por la dignidad humana, incluya una declaración unilateral de la Tierra y el Conocimiento como bienes comunales universales, y la organización autónoma y comunal de nuestras sociedades en democracia real, en  modo directo de autogobierno ecosocial, comunal y simbioético. Porque sigo defendiendo que la democracia ha de ser un fín en sí misma y no solo un medio, porque  sigue siendo la mejor prueba de excelencia evolutiva y condición necesaria de la "singularidad" humana: eso que nombramos como "humanidad" y experimentamos como necesidad existencial de comunidad, en con-vivencia amable, libre y responsable.


PD: Añado, no obstante, que respecto de la unión de las izquierdas, sí tengo  algunas dudas;  pero solo acerca de su  necesidad táctica, vista la brutal animalidad de la parte derecha de esta sociedad capitalista en la que nos toca vivir. 

domingo, 8 de febrero de 2026

SINIS TRASH (BASURA) Y COS´ É LO STATO

Mientras escribo ésto, en el Ateneu de Barcelona, Miguel Riera, director de "El Viejo Topo"  y Diego Fusaro (1) están presentando el libro del que es autor este último, títulado "Sinis Trash" (basura), con un subtítulo que adelanta la principal intención del libro: "Contra el neoliberalismo progresista", que también admite darle la vuelta: contra el progresismo neoliberal. 

El propio título ya es confuso. Sinis pudiera referirse tanto al significado "cínico", como al personaje  mitológico que fuera considerado como célebre malhechor, muy poderoso, con tanta fuerza que "doblaba árboles", pinos concretamente. A Sinis le dio muerte Teseo, el héroe mítico que fuera fundador de Atenas y matador de todo  bandido o monstruo que se cruzara en su camino al trono, siendo su más célebre asesinato el del Minotauro en el Laberinto de Creta. Se dice de Teseo que su figura representaba al héroe civilizador y unificador...y por ahí debiera andar la cabeza de Diego Fusaro cuando le puso tal título a ese libro. Sinis de malhechor y cínico, Trash de basura. Téngase en cuenta que a partir del ejemplo de Teseo en el Ática, se sigue llamando "sinecismo" -de Sinis- al movimiento "civilizador y unificador" que lleva a la concentración de la población y a la fundación del Estado.


 Sinopsis

“Aquí, Diego Fusaro reprocha amargamente a la izquierda progresista posmoderna y neoliberal, ampliamente mayoritaria hoy entre las izquierdas, que tras abandonar a Marx, a Gramsci y a los trabajadores, dé cobertura y amparo al capitalismo global, que ya no ve como su principal enemigo. En efecto, hoy esa izquierda ya no tiene como objetivo la lucha contra el capital y la defensa de los de abajo, sino que, sumisamente, se somete a él, dividiendo a la clase a través de políticas identitarias y convirtiéndose de facto en la guardiana protectora del capitalismo realmente existente, escondido tras la máscara de la lucha por el progreso y la conquista de derechos de minorías, combate que la vieja izquierda llevaba a cabo en una lucha global contra el patriarcado y el capital. Hoy, para Fusaro, la izquierda realmente existente es objetivamente cómplice del capitalismo, habiéndose divorciado del pueblo, de los trabajadores, sustituyendo esa lucha por la consecución de un progreso perfectamente compatible con los postulados del vigente neoliberalismo, sin cuestionamiento real de las relaciones de poder hoy existentes.Sinistrash da cuenta de esta reconversión de la izquierda y reclama el retorno a la lucha contra el capitalismo depredador de nuestros días".


 

Sinis, el cínico malhechor y forzudo doblador de árboles, 
es derrotado por el héroe Teseo, que es reconocido como civilizador 
y por realizar la unificación (sinecismo) de las tribus del Estado ateniense (Ática). 


 * * *

Recientemente "El Viejo Topo" ha anunciado la próxima publicación en castellano de un libro de Paolo Botta (2) titulado "Cos e l´stato" (qué es el Estado), que viene a ser complementario del anterior, porque abunda en la misma tesis de Fusaro en defensa del Estado-nación-presuntamente anticapitalista, un enfoque que resulta muy del gusto tanto de las extremas derechas de ultima hora, las trumpistas, como de esa parte de las izquierdas recicladas, neomarxistas y nacionalistas (rojipardas) que como el resto de las izquierdas residuales también se considera anticapitalista. Esta facción es la  representada por El Viejo Topo en el solar del estado español, con el joven filósofo italiano, Diego Fusaro, de mascarón de proa. 

Como adelanto del libro he leído el artículo de Paolo Botta publicado en la revista "Rebelión" el pasado 20/12/2025 titulado "Del occidente en crisis al modelo chino: el camino socialista en el siglo XXI"  En ese texto se dicen cosas como ésta:

“China representa una demostración concreta de la posibilidad de un socialismo del siglo XXI capaz de generar crecimiento, innovación y estabilidad”

¿A qué suena muy familiar esta retahila del "crecimiento-innovación-estabilidad"?, ¿acaso no es la misma del discurso neoliberal?


* * * 

 

 Sinopsis:

"El ensayo de Paolo Botta «¿Qué es el Estado?» analiza con lucidez la crisis estructural del capitalismo contemporáneo y la redefinición del Estado como actor central en la regulación de los procesos económicos, sociales y tecnológicos del siglo XXI. El autor desarrolla una perspectiva original que entrelaza la crítica marxista, el análisis geopolítico y las reflexiones sobre las nuevas formas de socialismo, con especial énfasis en la experiencia china como paradigma alternativo a la crisis occidental.

Este ensayo es una obra fundamental para comprender las dinámicas sociopolíticas contemporáneas. El autor no se limita a comentar la crisis actual del Estado-nación, sino que emprende una exploración teórica radical de los conceptos de Poder, Política y Estado. 

El resultado es una tesis audaz y bien argumentada: el Estado no está en decadencia, sino que simplemente ha reconfigurado su soberanía y protagonismo, a menudo ocultados tras las narrativas ideológicas de la globalización y el neoliberalismo. Todo el marco lógico, que culmina en el análisis de la estrategia estatal, incluyendo la de las diversas formas de socialismo, es admirablemente riguroso y de una relevancia sin precedentes". 

El periodista italiano Gianbattista Cadopi, apologeta del ensayo escrito por Paolo Botta, dice del mismo que explica muy bien cómo  el capitalismo no es igual en todas partes y que este libro de Botta lo demuestra: "el Estado ejerce sobre el modo de producción capitalista una  influencia muy fuerte en virtud de su fisonomía homogénea. La pregunta crucial que surge es: ¿adopta el capitalismo formas diferentes en los distintos contextos políticos (y, por lo tanto, estatales) en los que se ve obligado a operar?. La respuesta es afirmativa. El ensayo enfatiza que el capitalismo, con un enfoque puramente liberal y antiintervencionista, no existiría como tal. La intervención estatal no es una anomalía, sino la condición sine qua non del sistema".

Esta última frase lo explica todo...pero no sirve de nada razonar con quienes no ven contradicción en pronunciamientos como éste...no, y no es porque yo piense que son mala gente. Me pasa lo mismo  con la "buena gente" cristiana, esa que habla con imaginarios seres extraterrestres y hasta con estatuas de vírgenes y santos; y me pasa también con esa otra gente, que  acostumbrada a llevar la contraria por sistema,  cuando le das la razón también te lo discute.

En su día, me pasó con gente "de izquierdas", en aquellos tiempos en que se hablaba del "chavismo" y de su "revolución bolivariana", etiquetada como "el socialismo del siglo XXI", lo mismo  que ahora -según Botta, Fusaro y El Viejo Topo- tendríamos que adjudicarlo al actual Estado chino, esa república popular, monárquica y comunista, que va camino de ser la primera potencia capitalista del siglo XXI. Todo así de clarito.

Incluso declarándome yo "comunalista" de tradición anarquista, tuve gran discusión con anarquistas venezolanos que en su día estuvieron apoyando un proceso "comunalista" tan falso como el creado verticalmente desde el Estado, por el gobierno de Chaves...¡no veían contradicción alguna en la formación de un "Estado Comunalista"!...no, porque en todo caso, decían, "aún así, eso es mejor que nada".

En la imaginación de estas izquierdas no cabe una sociedad sin clases, no pueden pensar que la democracia pudiera ser un fin en sí misma, algo más que mero trámite o procedimiento. A pesar de los más de cinco milenios que cumple el aparato de dominación que llamamos "Estado", todavía andamos preguntándonos, como Paolo Botta: qué cosa o aparato es ese "stato". No ven, no pueden ver, la relación directa, cosanguínea,  entre patriarcado-derechos de propiedad/herencia-capìtalismo y Estado.  Son: feministas, ecologistas  y socialistas estatales, anticapitalistas imposibles, solo de boquilla, cínicos reclamantes de un "buen capitalismo" y de "otro mundo (estado mundial) mejor" .  Cargados con  ese batiburrillo ideológico, saturado de incongruencias tan básicas, ese barullo de partidos y facciones de partidos escindidos a su vez de otros partidos, es lo más parecido a lo que popularmente siempre se entendió como  jaula de grillos, un andar por el mundo como pollo sin cabeza y, en todo caso: un vendimiar sin saber para quien.

A Marx le gustaba el capitalismo por su eficiencia económica en el desarrollo tecnológico y de la industria; imaginaba lo que eso sería en manos del proletariado; pero el Estado  le gustaba poco, solo por el tiempo imprescindible; pensaba que tanto el Estado como el Capitalismo serían necesarios en los primeros tiempos de la revolución comunista, pero que a la larga, una vez consolidado el desarrollo capitalista bajo la dictadura del proletariado,  sería necesario abolir el aparato del Estado, por ser éste incompatible con  la desaparición de las clases y la emancipación humana (objetivo último de la revolución). 
Sin embargo, no se sabe de ningún partido marxista, ni neomarxista, que a día de hoy suscriba tal intención de abolir el Estado, ni pronto ni a la larga. Como tampoco se sabe de ninguno que reclame la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, como de la tierra y del trabajo asalariado, que serían las medidas más básicas de cualquier proyecto realmente anticapitalista. 

Diego Fusaro ataca a ese progresismo multicultural que congracia bien con el neoliberalismo globalista y que se etiqueta a sí mismo de anticapitalista,  sin vergüenza y con la boca pequeña, en flagrante contradicción con sus políticas identitarias, claramente liberales, que le hacen el  caldo gordo al sistema financiero global y a su depredadora dinámica crecentista. Hace bien Diego Fusaro en reclamarle a esa izquierdas acomodaticias un retorno a la defensa de los desposeídos y más débiles (los de abajo), y a la lucha contra el capitalismo "verde y depredador" de nuestros días.Ahí acierta, pero no puedo estar más en desacuerdo con "la solución" que propone: un "sistema oximorón" de capitalismo estatal en versión "socialismo estatal", marxista/nacionalista y capitalista al modo comunista del Estado chino,  cuyo modelo  no es menos aberrante  que el del progresismo neoliberal al que desprecia Fusaro llamándole  basura (trash).

Por ejemplo, no hay ninguna facción de esas izquierdas progresistas que cuestione la Carta Universal de los Derechos Humanos, que como caballo de Troya,  esconde en su  interior mercancía tan averiada, como el "derecho" a la apropiación parcelaria y privada de la Tierra  y  ya, de paso, del  Conocimiento y del Trabajo humano, productivo y reproductivo.  Ni siquiera desde el ecologismo radical se cuestiona este derecho, haciendo gala de una clamorosa ignorancia científica: como si la propiedad privada de la tierra fuera compatible con una gestión realmente ecosocial, sostenible y democrática, como si la propiedad de la tierra no  fuera un factor tan determinante (o más) del desastre ecológico como lo es el calentamiento global, la contaminación o la depredación/devastación sistemática de la biodiversidad.  

Ni siquiera lo entiende esa facción "de izquierdas" que está más cerca de comprender la relación directa entre propiedad privada, capitalismo y totalitarismo, me refiero a ese ingenuo  anarquismo que históricamente reclama "la propìedad de la tierra para quien la trabaja"...¡como si fuera deseable una forma de capitalismo obrero o campesino, a condición de ser "pequeñocapitalismo"!. Díganme si ese no es el mismo pensamiento "de derechas" que exalta el ideal de "capitalista honrado, de origen humilde, hecho a sí mismo a base de mucho trabajo". 

Pues eso.


Notas: 

(1) Diego Fusaro es un filósofo italiano que se autodefine como pensador marxista y es conocido por su crítica mordaz al neoliberalismo progresista y a las políticas reales de la Unión Europea. Es una figura controvertida, situada por algunos críticos como difusor de teorías "rojipardas", y como un anticapitalista radical por otros.Ha publicado en El Viejo Topo: Marx idealistaTodavía MarxFilosofía y esperanzaLa farmacia de EpicuroEuropa y el capitalismoOdio la resilienciaEl nuevo orden eróticoDefender lo que somos.

(2) Paolo Botta es doctor por la Universidad Complutense de Madrid y Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba. Además, diplomado en Estudios Avanzados por la Universidad Complutense de Madrid y diplomado en Lengua Árabe por el Centro Educacional de Lengua Árabe para extranjeros del Ministerio de Educación Superior de la República Árabe de Egipto. Es Investigador principal de la carrera de docente investigador científico de la Universidad de la Defensa Nacional, Investigador Senior (no residente) del Institute for Global Studies (Roma, Italia).

miércoles, 28 de enero de 2026

LA OBLIGACIÓN MORAL, ECOSOCIAL Y POLÍTICA, DE COMBATIR EL PESIMISMO

 

 

"Existe una obligación moral de combatir el pesimismo, pues cada persona que cree en el triunfo del mal  hace más probable su triunfo”. Jorge Riechman

 

Me desplacé hasta Avila el pasado 15 de enero para estar en la presentación del último libro de Jorge Riechman, titulado "Donde el amor, allí el mundo. Ensayos sobre simbioética". Por entonces yo tenía el libro leído solo a medias y en una entrada previa a dicha presentación, el día 11, decía que "la simbioética de Riechman parte de una posición moral de amor compasivo, que él entiende como congruente con lo que de hecho somos ontológicamente: holobiontes en un planeta simbiótico. Definida con sus propias palabras, simbioética es la vertiente moral de una reflexión que políticamente se articula como "ecosocialismo descalzo". Esto último es algo que yo no entiendo en qué consiste y que tampoco lo veo suficientemente explicado en sus textos. Por eso que tuviera tanto interés en escucharle directamente.

Pues bien, fue muy interesante estar presente en esa comunicación de Jorge Riechman, primero, porque su voz pausada y sentida se agradece en estos tiempos, y porque acompaña muy bien a la razón moral que él añade a la argumentación científica de su teoría simbioética. Pero estando completamente de acuerdo en ello, la verdad es que sigo sin entender cómo se articula políticamente el proyecto ecosocialista de un "socialismo descalzo", que viene a ser su propuesta y también la de la corriente neomarxista de la que Riechaman es principal exponente en el Estado español. Me sorprende en esa corriente su carencia de pensamiento estratégico, y de una crítica realmente radical, que no perciban la trágica dimensión "ecosocial"  del "derecho liberal" a la Propiedad privada de la Tierra; o que todavía sigan esperando alguna utilidad democrática o emancipadora del Estado. Es como si en el Sistema dominante solo vieran la superficie de los síntomas y no sus causas profundas, históricas...tal como hace la medicina farmaceutica-industrial, y como si no hubiera otra alternativa que una paciencia franciscana  en espera de una supuesta "solución decrecentista" a partir del propio colapso del Sistema, lo que viene a ser algo así como una pasiva contribución al triunfo del mal, en contradicción -me parece a mí- con el  imperativo moral del que habla Jorge Riechman.

Recién acabado de leer ese libro de Riechman,  me llegaba a casa "El apoyo mutuo. Un factor de evolución", obra del geógrafo y anarquista ruso  Kropotkin (1842-1921),  que recientemente ha sido publicado por la editorial "Pepitas de calabaza" en su 5ª edición. Lo pedí porque el ejemplar que yo tenía era de una edición antigua, que yo leí en los años 80 y que es uno de esos libros que corren prestados de mano en mano y que nunca vuelven. En el prólogo de esta reedición, Ashley Montagu  dice que "en su versión divulgativa, la teoría de la evolución de Darwin suele llegarnos filtrada por la ideología capitalista, que se ha apropiado de ella para justificar científicamente sus presupuestos. Y aunque Piotr Kropotkin no fue el primero en denunciar esa grosera manipulación, sí fue el primer naturalista que estuvo en condiciones de ofrecer un estudio pormenorizado de sus implicaciones. Y lo que Kropotkin descubrió puede ser fácilmente resumido: los más aptos no tienen por qué ser los más fuertes, ni los más individualistas, sino los que mejor se adaptan al entorno. Y las especies que más posibilidades tienen de sobrevivir son aquellas que saben encontrar en la solidaridad la mejor arma para asegurar su devenir. Así aparecen las nociones de apoyo y ayuda mutua. Pero Kropotkin no se limitó a ofrecer una explicación ajustada de los presupuestos de Darwin, sino que extendió su razonamiento a la especie humana en su conjunto. Así, identificó las circunstancias y procesos históricos que demuestran que es a través del apoyo y la ayuda mutua —y no a través de la lucha despiadada de todos contra todos—, cómo las sociedades humanas han podido extenderse y afianzarse, identificando los periodos de mayor expansión de esta idea con aquellos en los que el ser humano ha logrado dar lo mejor de sí mismo como individuo y como especie. Y, acertadamente, en el prólogo de esta última edición, se dice de este libro de Kropotkin que "todavía no ha agotado su poder de seducción y de inspiración para cualquier propuesta que se niegue a aceptar el desastre como escenario inevitable en el futuro".

Fue en los años 70 cuando leí por primera vez ese libro, bastante antes de la "Ecología de la libertad" de Murray  Bookchin (1921-2006), hoy considerada como fuente primera del pensamiento ecosocial. Luego supe de su propuesta política del "municipalismo libertario", que evolucionaría hacia el "paradigma comunalista", del que yo me siento deudor. Desde el principio, me interesó la obra de Murray Bookchin, tanto como su ejemplo de activista comprometido, a diferencia de otros intelectuales, fueran de tradición marxista o anarquista. A día de hoy, el pensamiento ecosocial sigue siendo común a estas dos tradiciones. Yo me sitúo en la línea del paradigma comunalista de M. Bookchin, si bien, actualizado a las condiciones históricas de este siglo XXI, necesitado a mi entender de un nuevo y global pacto social a escala de especie, lo que nunca antes fue posible, solo ahora, en este siglo en que asistimos a la incipiente emergencia de una "común conciencia de especie", junto al renacimiento de  la Bestia totalitaria, y al temor, de igual dimensión global, que asocia la  crisis y colapso de la actual civilización estatal/capitalista con la extinción  de nuestra especie. Pienso que esta novedosa conciencia global o de especie es simbioética, en el sentido ecosocial y moral que dice Jorge Riechman, pero que a mi entender solo tiene alguna posibilidad mediante  un previo y  prepolítico "Pacto del Común Humano", que contemple necesariamente la declaración  de la Tierra y el Conocimiento en su integridad, material e inmaterial, como bienes comunales universales, respectivamente:  del común de la Vida y del común de nuestra Especie. Se comprenderá que este Pacto comporta un implícito acuerdo de abolición universal de todas las formas de Propiedad Privada sobre los comunales universales de la Tierra y el Conocimiento, como  de toda forma de división social por razón de clase, raza o sexo y, por tanto, incluye necesariamente la abolición de toda forma de gobernanza indemocrática, al modo "Estado".

 

El pensamiento hoy dominante, es liberal y antropocéntrico, entiende  que  por su inteligencia superior, el individuo humano está por encima de todas las especies, llegando a creerse no-animal, una especie de ángel o extraterrestre al margen de la naturaleza, al que le incomoda mucho su parecido físico con algunas especies de simios. Eso es, sin duda, un error. Pero no lo es menos la ideología animalista que nos considera como un animal cualquiera, al mismo nivel que nuestras mascotas, pasando por alto la excepcional singularidad de nuestra especie. Por cierto, que a Jorge Riechman, cuando defiende ésto mismo se le olvida  incluir entre las singularidades que nos distinguen entre el conjunto de especies, una que  a mí me parece de las más sobresalientes, que es la de ser "el único animal que vive sabiendo que va a morir".  

Un individuo irresponsable es el tipo medio de homo sapiens contemporáneo, cuya forma de existencia es funcional a un Orden jerárquico del que solo participa como objeto pasivo y subordinado, al igual que la parte mayor de las multitudes urbanizadas que hoy pueblan el planeta Tierra. Ese irresponsable individuo-medio es alguien que  por costumbre y sistema rehúsa hacerse cargo de las implicaciones, tanto materiales como éticas, derivadas de su   relación ecosocial (que  yo identifico como "política"). Tal irresponsabilidad social y ecológica, es amoral y política en esencia, pero no ontológica: "no somos holobiontes  irresponsables por naturaleza". Su causa no es natural, sino política, histórica y cambiante por tanto: es ese primitivo sistema de organización social en modo estatal o jerárquico,  que encuentra justificación en una supuesta "irresponsabilidad natural" de la condición humana. Desde su origen milenario, el Estado significa la institución de la vida humana como "lucha de clases", en competencia permanente por  recursos naturales cada vez más escasos. Por eso que la denominada  "razón de Estado", básicamente consista en la creencia en un "derecho natural"  al monopolio de la fuerza de las clases dominantes, que legitima y naturaliza la necesidad de un Orden   jerárquíco y naturalmente impuesto a una sociedad humana subordinada, compuesta por individuos pasivos y "libres" de toda responsabilidad ecosocial, moral o política. 

Ese individuo humano contemporáneo, estatalizado e irresponsable, ese que ahora exhibe su pesimismo existencial,  es el mismo "simio averiado" al que se refiere con frecuencia Jorge Riechman.

sábado, 24 de enero de 2026

ALTA VELOCIDAD Y DESCARRILAMIENTO, METÁFORA PERFECTA DE UNA ECONOMÍA DEL ABSURDO


Economía del absurdo: cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo y viajar más deprisa es un deporte de alto riesgo.

He leído que China continúa innovando con el desarrollo de trenes de levitación magnética, que podrían alcanzar velocidades de hasta 1.000 kilómetros por hora, lo que viene a ser unas cinco veces la velocidad de los trenes que descarrilaron en Adamuz (Córdoba) el pasado  18  de enero, que en el momento del accidente circulaban a  poco más de 200 Km/h. 

Los trenes magnéticos de China utilizan potentes imanes para levitar y propulsarse sin contacto con las vías, ofreciendo una forma revolucionaria de transporte de alta velocidad. Ténganse en cuenta que los trenes AVE no superan los 310 km/h y que los aviones comerciales que realizan rutas transoceánicas suelen volar a un máximo de 860 km/h.

En otro periódico leo que los conductores de automóviles siguen insistiendo en subir la velocidad máxima en las carreteras españolas, mientras que la Dirección General de Tráfico se sigue reafirmando en los 120 km/h. Los expertos aseguran que las consecuencias en caso de accidente no compensan respecto al ahorro en tiempo. El 23% de los accidentes mortales están relacionados con una velocidad elevada, que ya es la tercera causa de muertes en los accidentes de carretera. En su página web la propia DGT insiste en lo más obvio: la probabilidad de morir o de sufrir accidentes con lesiones graves y permanentes se incrementa exponencialmente con el aumento de la velocidad. Es pura física:  cuanto más rápido se circula, más tiempo y espacio se necesita para frenar por completo y evitar el accidente.

Sostengo que la "alta velocidad" es en sí una idea propiamente capitalista, perfectamente emparejada con la finalidad de este primitivo (1) sistema de pensamiento, que en su forma contemporánea entiende la economía como "negocio-en todo-por todo-para todo y a toda costa",  una idea emparejada también con la no menos absurda de un Crecimiento Contínuo, que  necesariamente comporta la depredación sin limite de los recursos naturales, usados como si fueran "materia prima infinita", en una burda exhibición de ignorancia científica y con absoluto desprecio por el conjunto de la Vida y, más concretamente, por el futuro de nuestra propia especie.

Díganme ¿para qué sirve ir de un sitio a otro a 300 kilómetros por hora...y por qué no a 500?...fíjense: ¡ir de Madrid a Barcelona en solo una hora!...¡o en media hora cuando tengamos los trenes chinos que levitan mágicamente sobre los carriles!...pero es que tal prisa y tal riesgo  solo pueden explicarse mediante una lógica del absurdo, como es la del mercado capitalista, que  para ser competitivo necesita correr más y más, para llegar antes, con un patológico impulso competitivo que convierte la competencia mercantil y laboral, entre empresas y personas, en una peligroso deporte extremo, además de altamente destructivo,  por su propia inercia depredadora y por su absoluta carencia de ética. 

El concepto "lowcost" tiene mucho que ver con la alta velocidad y la dinámica  destructiva y autoexpansiva del sistema capitalista.  Tuvo su origen en las aerolíneas de EE.UU y Europa, y digan lo que digan los expertos, todo el mundo sabe que básicamente consiste en eliminar costes para abaratar los precios. Su expansión fue muy rápida hacia otros muchos sectores (moda, alimentación, telefonía...). Los economistas de ideología capitalista suelen explicar que esta práctica surgió en los años setenta, en las líneas aéreas, "para democratizar los desplazamientos y, por tanto, la industria turística". Pero lo cierto es que el lowcost es ya una necesidad inherente al mercado capitalista y a su imperiosa necesidad de competir creciendo sin parar, lo que obliga a las empresas a automatizar al máximo la producción de bienes y servicios, lo que supone una drástica reducción del trabajo humano. Y como el sistema no puede existir sin el mínimo  beneficio que le permita acumular capital, su propia existencia a futuro está forzosamente condenada a una absurda dinámica de contínua aceleración para ser competitivo,  que tiende al "precio cero" por unidad de producto... sí, completamente absurdo, pero que todavía funciona. Y seguirá funcionando aunque sea en precario, de burbuja en burbuja y de crisis en crisis cada vez más próximas, al menos mientras le quede el mínimo suficiente de la energía fósil a la que el Sistema debe su "exito". El margen de su definitivo colapso está en el tiempo que dure la ilusoria transición energética hacia unas falsas energías renovables que nunca podrán sustituir al carbón y al petróleo que hicieron  posible el desarrollo y hegemonía del orden capitalista.

Lo preocupante es no saber qué hacer en este margen, como sociedad, para que el derrumbe del sistema sea lo menos destructivo posible. A escala personal, coincido con Josep Burgaya (2) en que "deberíamos controlar algunas pulsiones inducidas, como la del movimiento continuado y la aceleración (la Alta Velocidad del sistema), porque son poco más que la mercantilización absoluta de nuestro tiempo". Josep Burgaya Riera es profesor de Historia Contemporánea y autor de un premiado libro con el título: "La economía del absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo", que da en el clavo con ese sugerente y aclaratorio subtítulo.

Hay quienes, defendiendo el Estado de Bienestar (lo que vendría a ser "el mejor capitalismo"),  no dudan en calificar a este sistema -contradictoriamente, a mi entender- como una "economía del absurdo", tal como hace el autor antes mencionado. Personalmente, me parece increíble que haya "expertos", junto a gente ecologista, feminista y progresista, que todavía tengan puesta toda su esperanza en una imposible reedición del "Estado de Bienestar", si no es con más petróleo infinito y más expolio colonial.  Increíble, cuando salta a la vista que la única opción que tiene el Sistema para perpetuarse es un genocidio progresivo, que reduzca la población mundial a una cantidad "manejable" por las Fuerzas del Orden, combinado con políticas estatales de ecofascismo edulcorado, con decrecimiento sistémico y renta básica de subsistencia para las grandes masas improductivas que van a ser expulsadas del mercado laboral por la Inteligencia Artificial. 

Todo eso, que es el programa obligado para la propia supervivencia  del orden estatal/capitalista, es el  mismo y  único programa que pueden ofrecer las  últimas izquierdas del Sistema, que, como se comprenderá, ya le son perfectamente prescindibles. Como Trump enseña, al Sistema le sobra la fachada de legitimidad fundada en la "pluralidad" y la "democracia" que tan útil le fue en pasados tiempos.

Ya que he mencionado la época denominada del "Estado de Bienestar", hay que decir que ésta se consideró acabada con la crisis  del sistema financiero global en 2008, y que en el Estado español tuvo sus mejores momentos coincidiendo con el despliegue, en los años 80 y 90, de la red estatal de autovías y autopistas, junto a la de la alta velocidad ferroviaria (AVE). Téngase también  en cuenta que el Tratado de Adhesión a la UE fue firmado por Felipe González en junio de 1985 y que la línea Madrid-Sevilla de alta velocidad fue inaugurada en 1992, coincidiendo con la Exposición Universal de Sevilla y gracias a las sustanciosas subvenciones de los fondos europeos.

En una entrevista personal, a la pregunta ¿cuáles son los rasgos principales que definen el término “absurdo” utilizado por usted como metáfora para caracterizar la economía capitalista?, Josep Burgaya, experto en la historia del capitalismo, respondía: "creo que son muchos los aspectos del capitalismo de las últimas décadas que se podrían situar en la categoría de “absurdo”. Quizá el principal es el de estar instalado en una lógica absolutamente autodestructiva". 

Y en otra entrevista en torno a otro de sus libros, el titulado "Homo Movens. El imperativo de la movilidad y la turistificación del mundo", este mismo autor afirma que "el imperativo del movimiento (y de la alta velocidad, añado yo) sobre el que se sostiene la práctica del turismo, es claramente un caso de alienación, quizás el mayor que existe en la actualidad.”

Son de agradecer análisis tan críticos como éste, procedentes de la  crítica de tradición marxista, pero a mí me parecen muy insuficientes mientras no vengan acompañados  de una reflexión mucho más profunda -y estratégica- acerca de los dos básicos sistemas que estructuran las sociedades contemporáneas -Capitalismo y Estado-, que a mi entender se corresponden y tienen su fundamento original en los mismos y más primarios  instintos animales  (los de propiedad y jerarquía) que compartimos con otras muchas especies. 

Es tal el desvarío evolutivo en el que estamos atascados, que lo peor que podemos hacer en esta situación de inminente colapso, es pensar con la misma prisa a la que nos desplazamos en Alta Velocidad, como autómatas descerebrados. Nos vendrá bien recordar esta enseñanza de la sabiduría popular, acumulada en siglos de experiencia y conocimiento: "vísteme despacio que tengo prisa". 


Notas:

(1) Digo que Capitalismo y Estado conforman un mismo sistema, que corresponde a un pensamiento muy primitivo, porque tienen como  indiscutible fundamento común los mismos y primitivos instintos de propiedad  y jerarquía  que compartimos con otras muchas especies de animales, y que la evolución de nuestra especie todavía no ha logrado superar.

(2) Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB. Desde 1986 es profesor titular de la Universidad de Vic, adscrito a la Facultad de Empresa y Comunicación, de la que fue decano entre 1995 y 2002. Ha impartido docencia en materias de historia económica, de pensamiento contemporáneo y de organizaciones internacionales políticas y económicas, en las titulaciones de Ciencias Empresariales, Periodismo, Publicidad y Comunicación Audiovisual. Articulista de prensa y ensayista, últimamente ha publicado los libros El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y la encrucijada del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y la versión catalana de esta La economía del absurdo, trabajo que le valió el premio de ensayo Joan Fuster y que publicó la editorial TresiQuatre en 2014. Dirige el posgrado «Economía Verde. Una opción de futuro», que imparten la Universidad de Vic y el Colegio de Economistas de Cataluña.