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lunes, 2 de marzo de 2026

SIETE MAÑANAS PREVIAS AL MES DE MARZO


Fragmento de "La nieve", plumilla y tinta china sobre papel, blanco sobre blanco, obra de Nacho Zubelzu (1966), artista y vecino de Reinosa. Exposición SAL, NIEVE Y AZUCAR, febrero de 2026 (omito la parte de la Antártida y Groenlandia) 

El último lunes me propuse escribir un haiku cada mañana, era solo un pequeño reto de autodisciplina, solo un juego. Copio y pego: "La índole misma del haiku es favorable a un humor seco, nada sentimental. El haiku es una pequeña cápsula cargada de poesía, capaz de hacer saltar la realidad aparente. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y la emoción que le produce al poeta la contemplación de la realidad, tradicionalmente en un espacio de pura naturaleza".  Valgan estos tres ejemplos de los antíguos maestros:



1 Un viejo estanque / se zambulle una rana / ruido de agua 

2. Escribo, borro, reescribo / borrar de nuevo y luego / una amapola florece 

3. Quiero dormir / aplastar las moscas / suavemente por favor 

1. (Matsuo Basho, 1644-1694). 2. (Katsushika Hokusa,1760-1849).3. (Masahoka Shiki, 1867-1902)

He reunido lo escrito durante estas siete mañanas previas al mes de marzo:

Lunes, 

son las cumbres blancas 

y es el agua que producen, 

es donde vivo 


No son las cinco

y ya me duele todo

es esta artrosis


Martes,

es una caseta de aperos 

y herramientas campesinas, 

un monumento al olvido 


Quiere nacer

es un ecobionte

sabe quién es


Miércoles,

un talud descubre el tormento, 

la geología de los tiempos, 

carretera del Valle de Polaciones


Oigo ese ruido

sordo y metálico

de soledades


Jueves,

una calle peatonal de Avila, 

muy cerca de la catedral

y un voyer de madrugada


Ya huele a café

amanecen los cuerpos

nadie se asombra


Ciegos del todo

corazones que no ven

me están mirando


Viernes,

un museo asomado 

a la bahía de Santander, 

colgado, vacío 


Esta claridad

su propia performance

inhabitable


Sábado, 

es un balcón del Botín, 

no un mirador, 

que mirador es quien mira


En las honduras

sola mirando estaba

transatlánticos


Hora de siesta

se dice mi-ra-de-ro

no hay manera


Domingo, 

otro pueblo que cubre de colores 

sus tapias de adobe,

la comida estaba fría 


Tan iguales

señoras homo sapiens

del mes de marzo


Oceánicas

si no fuera por eso

dónde la vida


lunes






martes





 miércoles


 jueves


viernes


sábado


domingo



miércoles, 28 de enero de 2026

LA OBLIGACIÓN MORAL, ECOSOCIAL Y POLÍTICA, DE COMBATIR EL PESIMISMO

 

 

"Existe una obligación moral de combatir el pesimismo, pues cada persona que cree en el triunfo del mal  hace más probable su triunfo”. Jorge Riechman

 

Me desplacé hasta Avila el pasado 15 de enero para estar en la presentación del último libro de Jorge Riechman, titulado "Donde el amor, allí el mundo. Ensayos sobre simbioética". Por entonces yo tenía el libro leído solo a medias y en una entrada previa a dicha presentación, el día 11, decía que "la simbioética de Riechman parte de una posición moral de amor compasivo, que él entiende como congruente con lo que de hecho somos ontológicamente: holobiontes en un planeta simbiótico. Definida con sus propias palabras, simbioética es la vertiente moral de una reflexión que políticamente se articula como "ecosocialismo descalzo". Esto último es algo que yo no entiendo en qué consiste y que tampoco lo veo suficientemente explicado en sus textos. Por eso que tuviera tanto interés en escucharle directamente.

Pues bien, fue muy interesante estar presente en esa comunicación de Jorge Riechman, primero, porque su voz pausada y sentida se agradece en estos tiempos, y porque acompaña muy bien a la razón moral que él añade a la argumentación científica de su teoría simbioética. Pero estando completamente de acuerdo en ello, la verdad es que sigo sin entender cómo se articula políticamente el proyecto ecosocialista de un "socialismo descalzo", que viene a ser su propuesta y también la de la corriente neomarxista de la que Riechaman es principal exponente en el Estado español. Me sorprende en esa corriente su carencia de pensamiento estratégico, y de una crítica realmente radical, que no perciban la trágica dimensión "ecosocial"  del "derecho liberal" a la Propiedad privada de la Tierra; o que todavía sigan esperando alguna utilidad democrática o emancipadora del Estado. Es como si en el Sistema dominante solo vieran la superficie de los síntomas y no sus causas profundas, históricas...tal como hace la medicina farmaceutica-industrial, y como si no hubiera otra alternativa que una paciencia franciscana  en espera de una supuesta "solución decrecentista" a partir del propio colapso del Sistema, lo que viene a ser algo así como una pasiva contribución al triunfo del mal, en contradicción -me parece a mí- con el  imperativo moral del que habla Jorge Riechman.

Recién acabado de leer ese libro de Riechman,  me llegaba a casa "El apoyo mutuo. Un factor de evolución", obra del geógrafo y anarquista ruso  Kropotkin (1842-1921),  que recientemente ha sido publicado por la editorial "Pepitas de calabaza" en su 5ª edición. Lo pedí porque el ejemplar que yo tenía era de una edición antigua, que yo leí en los años 80 y que es uno de esos libros que corren prestados de mano en mano y que nunca vuelven. En el prólogo de esta reedición, Ashley Montagu  dice que "en su versión divulgativa, la teoría de la evolución de Darwin suele llegarnos filtrada por la ideología capitalista, que se ha apropiado de ella para justificar científicamente sus presupuestos. Y aunque Piotr Kropotkin no fue el primero en denunciar esa grosera manipulación, sí fue el primer naturalista que estuvo en condiciones de ofrecer un estudio pormenorizado de sus implicaciones. Y lo que Kropotkin descubrió puede ser fácilmente resumido: los más aptos no tienen por qué ser los más fuertes, ni los más individualistas, sino los que mejor se adaptan al entorno. Y las especies que más posibilidades tienen de sobrevivir son aquellas que saben encontrar en la solidaridad la mejor arma para asegurar su devenir. Así aparecen las nociones de apoyo y ayuda mutua. Pero Kropotkin no se limitó a ofrecer una explicación ajustada de los presupuestos de Darwin, sino que extendió su razonamiento a la especie humana en su conjunto. Así, identificó las circunstancias y procesos históricos que demuestran que es a través del apoyo y la ayuda mutua —y no a través de la lucha despiadada de todos contra todos—, cómo las sociedades humanas han podido extenderse y afianzarse, identificando los periodos de mayor expansión de esta idea con aquellos en los que el ser humano ha logrado dar lo mejor de sí mismo como individuo y como especie. Y, acertadamente, en el prólogo de esta última edición, se dice de este libro de Kropotkin que "todavía no ha agotado su poder de seducción y de inspiración para cualquier propuesta que se niegue a aceptar el desastre como escenario inevitable en el futuro".

Fue en los años 70 cuando leí por primera vez ese libro, bastante antes de la "Ecología de la libertad" de Murray  Bookchin (1921-2006), hoy considerada como fuente primera del pensamiento ecosocial. Luego supe de su propuesta política del "municipalismo libertario", que evolucionaría hacia el "paradigma comunalista", del que yo me siento deudor. Desde el principio, me interesó la obra de Murray Bookchin, tanto como su ejemplo de activista comprometido, a diferencia de otros intelectuales, fueran de tradición marxista o anarquista. A día de hoy, el pensamiento ecosocial sigue siendo común a estas dos tradiciones. Yo me sitúo en la línea del paradigma comunalista de M. Bookchin, si bien, actualizado a las condiciones históricas de este siglo XXI, necesitado a mi entender de un nuevo y global pacto social a escala de especie, lo que nunca antes fue posible, solo ahora, en este siglo en que asistimos a la incipiente emergencia de una "común conciencia de especie", junto al renacimiento de  la Bestia totalitaria, y al temor, de igual dimensión global, que asocia la  crisis y colapso de la actual civilización estatal/capitalista con la extinción  de nuestra especie. Pienso que esta novedosa conciencia global o de especie es simbioética, en el sentido ecosocial y moral que dice Jorge Riechman, pero que a mi entender solo tiene alguna posibilidad mediante  un previo y  prepolítico "Pacto del Común Humano", que contemple necesariamente la declaración  de la Tierra y el Conocimiento en su integridad, material e inmaterial, como bienes comunales universales, respectivamente:  del común de la Vida y del común de nuestra Especie. Se comprenderá que este Pacto comporta un implícito acuerdo de abolición universal de todas las formas de Propiedad Privada sobre los comunales universales de la Tierra y el Conocimiento, como  de toda forma de división social por razón de clase, raza o sexo y, por tanto, incluye necesariamente la abolición de toda forma de gobernanza indemocrática, al modo "Estado".

 

El pensamiento hoy dominante, es liberal y antropocéntrico, entiende  que  por su inteligencia superior, el individuo humano está por encima de todas las especies, llegando a creerse no-animal, una especie de ángel o extraterrestre al margen de la naturaleza, al que le incomoda mucho su parecido físico con algunas especies de simios. Eso es, sin duda, un error. Pero no lo es menos la ideología animalista que nos considera como un animal cualquiera, al mismo nivel que nuestras mascotas, pasando por alto la excepcional singularidad de nuestra especie. Por cierto, que a Jorge Riechman, cuando defiende ésto mismo se le olvida  incluir entre las singularidades que nos distinguen entre el conjunto de especies, una que  a mí me parece de las más sobresalientes, que es la de ser "el único animal que vive sabiendo que va a morir".  

Un individuo irresponsable es el tipo medio de homo sapiens contemporáneo, cuya forma de existencia es funcional a un Orden jerárquico del que solo participa como objeto pasivo y subordinado, al igual que la parte mayor de las multitudes urbanizadas que hoy pueblan el planeta Tierra. Ese irresponsable individuo-medio es alguien que  por costumbre y sistema rehúsa hacerse cargo de las implicaciones, tanto materiales como éticas, derivadas de su   relación ecosocial (que  yo identifico como "política"). Tal irresponsabilidad social y ecológica, es amoral y política en esencia, pero no ontológica: "no somos holobiontes  irresponsables por naturaleza". Su causa no es natural, sino política, histórica y cambiante por tanto: es ese primitivo sistema de organización social en modo estatal o jerárquico,  que encuentra justificación en una supuesta "irresponsabilidad natural" de la condición humana. Desde su origen milenario, el Estado significa la institución de la vida humana como "lucha de clases", en competencia permanente por  recursos naturales cada vez más escasos. Por eso que la denominada  "razón de Estado", básicamente consista en la creencia en un "derecho natural"  al monopolio de la fuerza de las clases dominantes, que legitima y naturaliza la necesidad de un Orden   jerárquíco y naturalmente impuesto a una sociedad humana subordinada, compuesta por individuos pasivos y "libres" de toda responsabilidad ecosocial, moral o política. 

Ese individuo humano contemporáneo, estatalizado e irresponsable, ese que ahora exhibe su pesimismo existencial,  es el mismo "simio averiado" al que se refiere con frecuencia Jorge Riechman.

jueves, 4 de diciembre de 2025

EL MAÑANA QUEDA ANULADO


De morir ahora, diría: "¿eso fue todo?", o "no he acabado de comprenderlo", o también: "resultó un tanto ruidoso" (Kurt Tucholsky, 1890-1935)


La frase que me sirve para titular esta entrada, en realidad  corresponde al primer capítulo de "Ahora", el panfleto del Comité Invisible publicado en castellano en 2017 por la editorial Pepitas de Calabaza y que así comienza:

"Todas las razones para hacer una revolución están ahí. No falta ninguna. El naufragio de la política, la arrogancia de los poderosos, el reinado de lo falso, la vulgaridad de los ricos, los cataclismos de la industria, la miseria galopante, la explotación desnuda, el apocalipsis ecológico...no se nos priva de nada, ni siquiera de estar informados sobre ello. Clima: 2016 bate un record de calor, titula Le Monde, ahora ya como casi todos los años. Todas las razones están reunidas, pero no son las razones las que hacen las revoluciones; son los cuerpos. Y los cuerpos están delante de las pantallas".

Sin duda que se quedaron cortos los anónimos autores de ese panfleto. Puedo entenderlo, porque en la fecha  en la que lo escribieron faltaban tres años para la pandemia del Covid19, aún no habían comenzado las guerras de Ucrania y Gaza, y por entonces solo se intuía el tsunami neofascista que a día de hoy se extiende por todo el mundo desde que tuviera lugar la primera victoria electoral (en el mes de enero de 2017) del impresentable presidente republicano de los EEUU, el supermillonario empresario capitalista  Donald Trump.

 

 * * * 


La desaparición del deseo y del tiempo: a lo que sigue la desaparición de sí mismo.

Sí, estoy muy de acuerdo en eso, la revolución hoy necesaria no es posible mientras los cuerpos estén a otra cosa, en las pantallas...el antropólogo francés David le Breton (*) afirma en su libro "La desaparición del deseo" que "si hubiera que señalar a un único culpable de la desaparición del deseo, no dudaría en apuntar al asesino más deseado del mundo: el teléfono móvil. Y, con él, a sus cómplices inmediatos: las redes sociales e internet. Una sobredosis digital tan invasiva como letal". Y explica muy bien cómo el teléfono móvil contribuye decisivamente a liquidar el deseo humano, advirtiendo que "nos adentramos en una sociedad fantasmal donde, incluso en las calles, los ojos se clavan en las pantallas, en un gesto de adoración perpetua"..."Nunca hemos comunicado tanto, pero nunca hemos hablado tan poco entre nosotros".

En los años 90, con Internet y luego la generalización de los teléfonos "inteligentes" vimos acelerarse una gran acumulación de nuevas tecnologías, que no ayudaron a reducir el tiempo de trabajo, ni el cansancio o la tensión asociadas al mismo, sino que en realidad contribuyeron a incrementarlos. Todo ello está produciendo una escasez de tiempo  y el sentimiento de estar atrapados en una "carrera contra el tiempo" que no para ni cuando estamos agotados, teniendo la sensación de estar corriendo en una cinta sin fin que nunca se detiene, ni cuando estamos más agotados. Nos esforzamos en ganar tiempo, sólo para descubrir que cada vez tenemos menos tiempo.

Desaparecer de sí

Este es el título del último libro de David Le Breton, donde dice que "en un mundo marcado por las obligaciones, las exigencias, los compromisos, la apariencia, por la búsqueda frenética de sensaciones, surge el deseo de ausentarse. El individuo no cesa de renacer nunca. Cambia para seguir siendo el mismo. Y puede llegar a sentir la tentación del abismo, o al menos la de desaparecer, la de ser alguien distinto o, a la inversa, multiplicarse".

Es frecuente que a veces tengamos ganas de incomunicarnos, de no querer ni siquiera participar en el presente, sin proyectos ni deseos, prefiriendo ver pasar la vida desde una orilla, como algo ajeno...son ganas de ausencia que afectan cada vez a más mujeres y hombres corrientes, un deseo de desconexión y de hacernos invisibles. Es algo que nos deja fuera del tejido social, al menos por un tiempo, pero que, paradójicamente, experimentamos como una necesidad, para seguir viviendo. Esas ganas de desaparecer es un sentimiento muy contemporáneo, que llevado a su extremo explica el incremento del suicidio en la adolescencia, tal como analiza muy bien David le Breton en el libro de referencia. Me impactó especialmente lo que dice al respecto: "los jóvenes no buscan en el alcohol la euforia de la borrachera, sino el coma etílico para dejar de estar presentes".

 

Nada piensa quien nada espera (o des-espera)

Pensar no se lleva, ahora más bien se vocea, se llora o se berrea, porque ante la acelerada actualidad que nos pasa de continuo por encima, no se está en disposición de esperar nada,  el poco tiempo del que disponemos tan solo nos da  para una reacción emocional instintiva, primaria, que como mucho comporta una respuesta escueta, condensada en unos pocos caracteres...y así, el tipo humano medio, el cliente habitual de las redes sociales y los massmedia, tiende a ser un típico bocazas, alguien que no esperando nada, lo quiere todo de inmediato y por eso prescinde de toda necesidad de reflexión (no hablemos de  pensamiento estratégico). Lo que hace este bocazas se parece mucho a lo que hacen los recién nacidos cuando sienten hambre, que solo sienten y solo atienden a su instinto animal más primario, no esperan, y por eso no piensan,  su única urgencia  es la de comer cuanto antes; en esa des-esperación  solo les sale llorar o berrear, y viéndose en su absoluta precariedad y soledad no pueden esperar, ni tampoco pensar.

Tras el nacimiento, y conforme se va desarrollando la capacidad de pensar a lo largo de los  meses y años siguientes, a la par irá creciendo la capacidad de espera. Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que nuestra capacidad de pensar está directamente relacionada con las capacidades de espera y elección, ante el apremio de nuestros instintos animales más primarios. Al fin y al cabo, la vida es estar siempre esperando cosas, sea a corto plazo o a largo; y cuando se van consiguiendo, enseguida aparecen nuevas razones: para pensar y seguir esperando. 

A pesar de la que está cayendo,  intuyo que vamos siendo algo más de cuatro gatos quienes pensamos que nuestras sociedades no podrán continuar durante muchos años con su actual inercia autodestructiva, la que nos organiza jerárquicamente (por razas, sexos y clases sociales), en  identidades divisorias y aislantes, en sumisas multitudes de espectadores/clientes adictos al espectáculo tecnológico, en sociedades ruidosas e infoxicadas, privadas de tiempo para la reflexión y la conversación, como también para el silencio...porque así, ¿qué alternativa puede imaginarse, cuando nada se piensa, porque nada se espera...cuál que no sea la de llorar o berrear o, aún peor, el gobierno imperial de los bocazas? 

Este es el desafio al que estamos emplazados:  la política no puede limitarse a un ejercicio administrativo y de control de la vida, sino que está obligada a cuestionar y resistir activamente contra las estructuras del Poder que la reducen a mera biología domesticada y controlable. Nada justifica la necesidad de vivir aisladamente, encerrados en nuestras pobres individualidades, condenados a vivir clasificados y estabulados en granjas urbanas, con nuestra existencia reducida a una  permanente competencia y lucha por la supervivencia, entre individuos, sexos, clases, empresas,  mercados y naciones/estado.

En esta encrucijada evolutiva, como especie disponemos de conocimiento y experiencia histórica suficiente para entender que ninguna de las ideologías políticas procedentes de la Modernidad  burguesa está a la altura de los singulares desafíos de la época en que vivimos. Cierto que ninguna generación de las precedentes pudo saber lo que hoy sabemos nosotros, que  nunca antes nuestra especie tuvo a mano tecnologías tan avanzadas y que, además, nunca como ahora se dio la posibilidad de una mínima conciencia global, a escala de especie. Es en esta encrucijada, en un   contexto histórico tan singular y tan agónico como distópico,  cuando nos convendría, pienso yo,  ponernos en espera activa de un futuro mejor, comenzando por pensar en lo que ahora -como individuos y como especie- nos es más urgente y esencial: en cómo salir de ésta.

 

* * *

 

Y ahora, por favor, que levanten una mano los "communitas" presentes en esta sala...nadie... o ni caso...han debido entender otra cosa, quizá algo así como "comunistas"...¿o es que el auditorio está lleno de "inmunitas"?

Las palabras en latín "communitas" e "immunitas" refieren a conceptos filosóficos y  políticos acerca de la organización de la vida en común, son dos modos de entender la relación entre las personas y el cuerpo social, que entendemos como polos opuestos o dialécticos, sobre todo a través de la obra del filósofo italiano Roberto Esposito.

"Communitas" proviene de cum (con) y munus (con el significado de don: deber u obligación), que implica una relación entre los miembros de una sociedad, por la que éstos comparten un "munus", una obligación mutua. No se trata de una propiedad que se posee (como un territorio), sino que es una relación de radical coexistencia y de identidad abierta, del individuo hacia el otro y plural. Asi, la comunidad se define por este "tener en común una obligación mutua".

"Immunitas" proviene de munus (carga u obligación), con el prefijo privativo in- (no). Significa estar exento de la obligación del munus (ya sea personal, fiscal o civil). Representa la protección y la negación de esa deuda compartida que define a la communitas. Es un mecanismo de defensa que busca preservar al individuo o al cuerpo social de los riesgos que son  inherentes al "estar-en-común", riesgos como  el contagio, la violencia o la pérdida de identidad. El paradigma inmunitario busca neutralizar las amenazas mediante la exclusión o el control, como se ve en los sistemas jurídicos, políticos y también en los biológicos mediante el uso de vacunas. 

La política del Orden Dominante (estatal/nacional/capitalista/moderno) está dominada por el paradigma inmunitario, según argumentara Roberto Esposito; y es así, porque la comunidad (communitas), para este Sistema implica una exposición y  un riesgo muy radical, del que necesita protegerse mediante dispositivos inmunitarios. En resumen: mientras que la communitas supone exposición a una vulnerabilidad compartida por razón del munus,  la immunitas supone la exención de esa exposición mediante mecanismos de  aislamiento y control, a modo de vacunas que suponen la liberación de  la obligación comunitaria (del munus), una especie de "privilegio" que mantiene al individuo aislado de la comunidad.

Tal como yo lo entiendo, el Sistema que organiza el aislamiento social del individuo, que le deja  inerme, desvalido y solo ante el poder de la clase dominante, se sostiene no solo por la fuerza de su estructura legal/militar, sino también y sobre todo con fundamento en su primitiva y salvaje ideología que fija la Propiedad junto a la Fuerza Bruta como fuentes de Libertad, una ideología que tiene una antigüedad neolítica y que todavía es  compartida por la mayoría de nuestra especie, que aspira a vivir con la misma libertad que exhiben aquellos humanos que, por herencia o por mérito propio, llegan a formar parte de la clase dominante integrada por propietarios y gobernantes. 

Pero, si pienso que este Sistema tiene sus días contados, es precisamente porque advierto claros síntomas de que la ideología estatalista que lo sostiene (tanto en su versión neoliberal como socialdemócrata),  comienza a disiparse por efecto de su propia entropía. De ello, la prueba más sólida es el auge de los  movimientos neofascistas e hipernacionalistas que vemos extenderse por todos los continentes como una plaga, buscando irracionalmente el repliegue nacionalista de los capitalismos locales, ahora que ven como la Globalización Capitalista, en su crisis terminal  ya no da más de sí.

 

Nota:

 (*) David Le Breton (1953), nacido en Le Mans, es sociólogo y antropólogo, profesor en la Universidad de Estrasburgo,  miembro del Laboratorio Interdisciplinar de Estudios Culturales y del Instituto Universitario de Francia. Es autor de numerosos ensayos y libros  como "Antropología del cuerpo y modernidad", "Antropología del dolor" o "El silencio". Ha publicado también numerosos artículos en revistas y obras colectivas. Es uno de los autores contemporáneos más destacados en materia de estudios antropológicos. En castellano han sido publicados, por la editorial Siruela, sus libros: "Elogio del caminar", "La sociología del cuerpo", "Caminar la vida" y "Desaparecer de sí". 

En 2023 publiqué en este mismo blog un texto con referencias a una de sus libros más leídos, "Elogio del caminar":

https://blognanin.blogspot.com/2023/10/del-escalar-o-caminar-montanas.html

jueves, 13 de noviembre de 2025

REFORESTAR LA IMAGINACIÓN

 

 

Arriba: graffiti en una calle de Villangómez (Burgos). Abajo: imagen de portada del libro "Criticar el valor. Superar el capitalismo", de Anselm Jappe, Jordi Maiso y Jose Manuel Rojo

 

"Refosterar la imaginación" es el título de uno de los capítulos del libro de referencia ("Criticar el valor, superar el capitalismo", de autoría colectiva y editado en 2015 por la editora Enclave de Libros). De ese concreto capítulo es autor Anselm Jappe, especializado en pensar la categoría abstracta del trabajo asalariado, en desentrañar el misterio de cómo se produce  "valor" (el capital), en qué consiste el fetiche de la mercancía  y cómo el trabajo y la propia vida son convertidos en mercancía capitalista sin enterarnos, delante de nuestras narices.

Fuimos a Villangómez, hace unos días, por Herrera de Pisuerga, Melgar de Fernamental y Padilla de Abajo, sorteando la autovía repleta de camiones que van cargados a Francia y Alemania pasando por Burgos. Fue aparcar y encontrarnos en la pared de la primera casa un cartel con estas palabras de Roberto Bolaño, el surrealista poeta chileno, tomadas de su más celebrado libro, "Los detectives salvajes": "He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia. Mejor así.

"Para la arquitectura y la escultura los infrarrealistas partimos de dos puntos: la barricada y el lecho.  Nos anteceden las mil vanguardias, sin exagerar, descuartizadas en los años sesentas. Un individuo podrá andar mil kilómetros, pero a la larga el camino se lo come".(Extraído, sin orden, del primer manifiesto infrarrealista, de Roberto Bolaño, títulado "Déjenlo todo, nuevamente").

 

Puede que todo se deba a la casualidad, no digo que no, pero fue ayer mismo cuando en casa leí ésto de una poeta francesa, Annie le Brun (1942-2024),   también vinculada al movimiento surrealista: "La deforestación de la imaginación es tan peligrosa como la deforestación de la Amazonía". Enseguida pensé que se quedaba muy corta en esa comparación, porque a mí me parece que la deforestación de  la imaginación lo que pone en peligro es a la especie humana,  en el mismo paquete que la selva amazónica y que otras muchas especies. Completamente de acuerdo en el juicio que a ella le merecían estos acelerados tiempos, en que "la acumulación y precipitación de los acontecimientos vuelve cada vez menos discernibles los efectos de las causas".

A propósito de esta confusión y a mayores de la teoría crítica del "valor", por mi cuenta he llegado a concluir que el Capitalismo, con el Estado como escudero, tienen su principio o causa primera en el instinto bruto de Propiedad territorial y reproductiva que venimos practicando desde hace milenios, al igual que otros primates, solo que nosotros lo hacemos en modo más fino, institucional, como un "derecho". Por eso llevo ya muchos años pensando que mejor que andarnos por las ramas, habría que atacar esa primera causa, tal como sucede con cualquier enfermedad, para no pasarnos la vida tomando pastillas. Y hablando de "valor",  como dice Anselm Jappe en el mencionado libro, "no deberíamos tener más miedo  que el de caer en la esperanza de que ÉSTO se arraglará por sí solo" (las mayúsculas son cosa mía). 

Pero a lo que realmente  íbamos a Villangómez (aparte de para comer), era para ver sus graffitis mientras paseábamos por sus calles, que estaban vacías y que concluían todas en una cuesta plagada de  bodegas abandonadas. Fuimos descubriendo murales pintados sobre tapias y fachadas que ya empiezan a estar algo desconchadas y desvaídos sus colores bajo el peso del tiempo, que no respeta su modernidad (sobrevenida, eso sí).  La infrarrealidad del momento consiste en que a esas horas no nos cruzamos con nadie, niños o ancianos, nadie, ni siquiera un perro. Todos habían desaparecido y solo nos topamos con un silencio otoñal a la vuelta de cada esquina, roto solo por ese aire tan de Burgos, que llega corriendo a su bola por los páramos provinciales y allí se queda, tan fresco.

 

Dos de los mejores graffitis de Villangómez y fotos de los dos poetas surrealistas aquí citados:  Annie le Brun y Roberto Bolaño.

 

A partir de su amistad con André Bretón, Annie Le Brun formó parte del movimiento surrealista de 1963 a 1969, año en que este grupo se autodisolvió. Por entonces comenzó  la época de su crítica al neofeminismo: moralismo y necedad que, lejos de ser inherentes a la palabra femenina, surgen cuando se quiere cargar toda la criminalidad sobre el otro sexo [...] Es lamentable escuchar hoy en todas partes, como si fuese un hecho establecido, que no hay mujeres voyeuristas, que no hay mujeres sádicas, y sobre todo, ya que es el ABC de la ceguera neofeminista, que la mirada es una función fálica".

Sorprende la viveza de colores de un graffiti dedicado a una señora mayor con gafas que pela un pollo; sorprende su exagerado y aumentado realismo, pintado a brocha y spray sobre la fachada de una nave agrícola que guarda un tractor y todo tipo de trastos, sin duda, tal como la vida misma, habas contadas, eso es lo que imagino que habrá ahi adentro de ese graffiti en esa nave.

Mientras hacía las fotos, me vino a la cabeza que nada tienen que ver esos colores vivos  del graffiti con el "vantablack", el color concebido para uso militar  (que fuera patentado por la empresa Surrey NanoSystems), cuya particularidad consiste en que absorbe la luz en más del 99 %.  La luz  que nos encontramos por Villangómez era otoñal como el aire,  y decadente como tirando a sepia, si bien, la mayor parte de los graffitis todavía lucían su color original. El  vantablack es el color negro más negro de todos, y es de propiedad privada. Se obtiene a partir de nanotubos de carbono, que son tres mil quinientas veces más finos que un cabello humano. Todo eso le permite abolir las formas y borrar los contornos hasta hacer invisible cada objeto que recubre. Técnicamente, tiene su explicación en que "el ojo humano no entiende lo que está viendo". Eso sí que es realidad aumentada y no  la escena del pollo muerto que pela la señora mayor con gafas...¡nanotubos, qué exageración, algo tres mil quinientas veces más fino que un cabello...y mira tú para lo que sirve, solo para engañar al ojo humano!

En la realidad-realidad, dicha exageración supera en mucho  a la descrita por Roberto Bolaño en su manifiesto infrarrealista:  

"Las galaxias del amor están apareciendo en la palma de nuestras manos. 

Poetas, suéltense las trenzas (si tienen). 

Quemen sus porquerías y empiecen a amar hasta que lleguen a los poemas incalculables. 

No queremos pinturas cinéticas, sino enormes atardeceres cinéticos. 

Caballos corriendo a 500 kilómetros por hora. 

Ardillas de fuego saltando por árboles (también) de fuego...

Ok, déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos". 

Precisamente "Del exceso de realidad" trataba una de las últimas reflexiones de Annie le Brun. Y lo que allí dijo se está cumpliendo a pies juntillas,  da igual el asunto del que se trate, si de transgénicos o de erotismo, de bioética o literatura, de democracia  o de degeneración del lenguaje, da igual porque todo se enreda promiscuamente, la velocidad con el tocino, en una exitosa estrategia sin precedente histórico, dirigida a lograr una uniforme globalización de lo humano más primario,  ese simpensamiento propio de la vida nuda,   que solo tiene sitio para la sumisión cívica o la oposición subvencionada, ninguno para una mínima disidencia o rebeldía. 

Percibiendo que la realidad está toda ella enfocada hacia el despojo sistémico de la imaginación, Annie le Brun invitaba, antes de morir,   a la resistencia y al retorno de la pasión como único camino para salir del laberinto insulso, homogéneo y   cutre de esta moderna ilustración oscura en que nos ha tocado vivir. Arte y ciencia de la ocultación y el engaño, como el vantablack, sofisticada tecnología de infoxicación narcótica que borra los contornos, que tiende a lo homogéneo y eternamente igual a sí mismo.

La prueba más básica de esa carencia de imaginación está en la arquitectura homogénea que se practica en estos últimos siglos de modernidad capitalista a partir del ideal de vivienda burguesa (casita de campo con jardín) con la que sueñan  los proletarios  unidos del mundo, ese 99%,  todos hartos de vivir  confinados en bloques de modernos pisitos de alquileres imposibles de pagar con solo dos sueldos. Ay, esa proletaria añoranza del Estado  patriarcal, socialdemócrata o fascista, con sus bloques sindicales y sus baratas "casitas del barrio alto", ay, con su economato, su capilla y hasta su cine propio. Y qué decir de esas casonas viejas del pueblo, de anchos muros de piedra con escudo familiar de encargo, con su propio jardín y su conexión wifi, las situadas en primera línea rural, casi enmedio del campo...esas casas con las que sueñan los últimos urbanitas de clase media con estudios, los que todavía sobreviven en los cascos viejos de un mundo metropolitano a extinguir, gentrificado. 

El futuro de Villangómez, como del resto de pueblos de Burgos o de Palencia, ya se sabe: aquí acabarán por vivir solo  gente solitaria y pudiente sin hijos, solo amantes de lo verde, del arte y del campo verde, del dinero virtual y verde, amantes de las mascotas verdes y de la cultura verde,  viajeros de lo verde, desencantados exturistas verdes que se desplazarán solo en bicicletas, patinetes, coches y aviones todos eléctricos y verdes. A ellos pertenece el próximo futuro feudal.

Por eso, durante los fines de semana sus parientes más verdes, juveniles y emprendedores, están graffitando todas las tapias y casas  de muchos pueblos, preparando ese próximo futuro medieval de la especie, no solo en Burgos o Palencia. Y, como muestra, ¡hay que ver qué bonitos  están quedando esos páramos burgaleses y palentinos repletos de magníficos molinillos verdes,  con sus tres aspas  refulgentes, cada una tan grande como un campo de fútbol... o esos campos sembrados antes solo de alfalfas y  trigos, y ahora por fin con todas sus hectáreas rebosantes de plantas industriales productoras de limpias energías verdes y macrogranjas de cerdos por fin rentables, no como aquellas lúgubres alfalfas  y aquellos tristes  trigos  que justo daban solo para comer, apenas para pagar el tractor al Banco y poco más. 


Tres de los mejores graffitis del M.A.R.(museo de arte rural) de Villangómez

 

Desde la infancia hemos sido acostumbradas a creer que trabajar y consumir son los únicos modos de existencia posible, por eso que la crisis que vivimos tenga un nivel muy profundo,  existencial y propiamente antropológico, muy difícil de definir porque básicamente es una crisis de imaginación, una incapacidad absoluta para pensar otras posibles formas de vida. En uno de esos textos surrealistas se dice que vivimos como encerrados en una çárcel incendiada y no tuviéramos la llave de la celda en la que estamos confinados...y que la sociedad capitalista parece hoy un gato que ha trepado muy alto, que se asusta y que por eso  sigue trepando más alto, sin parar. 

No es cierto el dicho de que "nada nuevo hay bajo el sol", baste un ejemplo: la huelga ya no sirve,  cuando cada vez más humanos son declarados sobrantes por el sistema productivo y el mercado, de ésto no hay precedente en la historia. De ahora en adelante, si logras no ser eliminado mediante guerra o pandemia,  solo puedes esperar a sobrevivir precariamente, con toda tu esperanza depositada en la  renta universal básica que promete el Estado en su fase terminal-postcapitalista.

Partiendo de una cantidad inicial de "valor"o capital, todo consiste en transformarla en una suma mayor, en más dinero, no hay más, esa es toda la lógica del capitalismo, su extraordinaria simpleza. Da igual producir bombas que bolígrafos, y si producir bolígrafos no genera suficiente dinero, sin más consideración se abandona  esa inversión y se pasa a producir cualquier otra cosa que resulte más rentable, armas nucleares o macrogranjas de cerdos, por ejemplo. Toda la espectacularidad y complejidad tecnológica del capitalismo está empleada en ocultar la extremada simpleza del sistema. Su éxito popular tiene explicación en ese ingenioso arte del engaño del ojo humano, que no entiende lo que ve.

La verdad es que la comida estaba fría como el día,  que fue normalita como viene siendo habitual entresemana en todas partes, cuando la despensa es escasa y el menú acostumbra a ser más barato, con destino a ocasionales turistas, jubilados o  en el Paro. Ahora, ya de vuelta a casa,  empiezo a explicarme por qué decía  mi abuela Rosa, con tanta insistencia, aquello de "a la vejez viruelas". Recuerdo que lo decía con el sentido de "a destiempo" cada vez que sentía sus ochenta años pesando sobre el genio natural de su cuerpo menudo, al que debía su mote de "Generala". Por entonces hubo una industria farmacéutica que transformó ese dicho popular en eslogan publicitario, cambiando viruelas por pastillas. 


PD.: Lo dicho, que  vimos algunos graffitis muy buenos, encontramos la realidad un tanto exagerada, la comida estaba  fría y por las calles vacías no andaban ni los perros. No me cabe duda: de ser posible otro mundo, necesariamente tiene que estar en éste, aquí, por estos coloridos pueblos paramiegos de Burgos y Palencia.