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domingo, 13 de septiembre de 2026

EL AYUNTAMIENTO COMUNAL COMO ESPACIO ECOSOCIAL PROPIO DE LA POLÍTICA EN SU MODO DE AUTOGOBIERNO (DEMOCRACIA) DEL COMÚN Y LO COMÚN




En el presente año se cumple el veinte aniversario de la muerte de Murray Bookchin (1921-2006) (1), historiador, investigador, profesor universitario y activista político, pionero del movimiento ecologista e iniciador del paradigma ecosocial y de su forma política, el comunalismo. Hoy escribo ésto a modo de personal y modesto homenaje a su memoria y a su obra, cuando se cumplen 20 años de su muerte, lo que me resulta perfectamente compatible con manifestar mis diferencias respecto de su teoría comunalista, debidas, principalmente, a que Murray Bookchin no pudo llegar a conocer, antes de su muerte en 2006, todo lo que nosotros sí sabemos a día de hoy. Me refiero a todos los graves acontecimientos de los que estamos siendo testigos las generaciones actuales, los que están marcando una inflexión histórica radicalmente nueva, con repercusiones inmediatas y trascendentales para la evolución general de nuestra especie. Y me refiero, obviamente, a la crisis multisistémica que ya nadie pone en duda y que nos sitúa al borde del colapso global de nuestra civilización, concretada en un conjunto de radicales cambios y alteraciones de dimensión global, que se presentan como evidentes e irreversibles, tales como el agotamiento de los combustibles fósiles que sostuvieron el espectacular desarrollo capitalista durante los dos últimos siglos, como el acelerado proceso de degradación ecológica, sea por un calentamiento global indiscutible o por una masiva extinción de especies y una devastación sistemática de la biodiversidad a cargo de un consumo ilimitado y patológico de los bienes naturales; unas gravísimas alteraciones, como la degradación del ideal comunitario, igualitario y democrático que, a malas penas, subyace en el sustrato moral de todas las culturas, o el regreso y auge de los viejos totalitarismos del siglo XX...en definitiva, un endemoniado panorama ideológico y geopolítico, de brutalismo neofascista, que amenaza con desencadenar nuevas guerras y genocidios...y, para remate, está la grave amenaza existencial que para nuestra especie supone la tecnología algorítmica de la denominada Inteligencia Artificial (IA), recién declarada por sus propios desarrolladores como agente potencial de una probable aniquilación de nuestra especie...o sea, todo un hipercomplejo escenario de tintes apocalípticos, que nos aboca directamente a un colapso global que avanza acelerado e imparable y que, por primera vez en la historia humana, hemos comenzado a percibir a escala global con una, todavía incipiente, conciencia ecosocial y comunitaria o comunal, a escala de especie.Ante todo ésto, entiendo que solo cabe pensar en una estrategia radical y urgente, con esa misma dimensión global y de especie, a la altura del grave riesgo existencial que pesa sobre las generaciones presentes y futuras, una estrategia que ni Murray Bookchin ni nadie pudo preveer, ni siquiera pensar, sin haber vivido todos estos acontecimientos de los que ahora  somos testigos. Por eso vengo dedicando estos últimos años a pensar la estrategia que creo más adecuada a la resistencia y superación del colapso global en el que ya estamos inmersos de manera irreversible. El colapso sucederá porque ya está sucediendo. 

Tengo muy claro que el acontecer del tiempo presente es predeterminado  por el pensamiento dominante que precede a cada época y que, por eso, porque el presente no tiene otro arreglo posible que no sea tratar de achicar el agua en una barca llena de agujeros cada vez más grandes, ahora lo que toca es construir un pensamiento poderoso, que nos ayude a sobrevivir a este colapso y a superar el salvaje Orden construido por el pensamiento que sigue siendo dominante, esta Ilustración Oscura, asentada a diestra y siniestra en las  primitivas instituciones del Capitalismo original (sistema de legitimación, por razón de la fuerza bruta, de un derecho de  apropiación o robo del "capital común universal" que conforman la Tierra y el Conocimiento) y la institución neolítica del Estado para la defensa de ese "derecho", con la adjudicación del monopolio de la fuerza como su "razón de Estado", que sirviera como campo de batalla "ad hoc", en el que librar una lucha de clases permanente, sistémica e institucionalizada, donde la clase propietaria se reserva esa "razón", bien armada y con las cartas marcadas.  

Pus bien, la novedad de una inédita conciencia humanista integral, a escala global y de especie, para mí es el fundamento estratégico  que puede desencadenar la revolución integral necesaria para subvertir y sobrevivir al bruto orden propietarista y estatal que desde la revolución neolítica viene dominando y organizando el mundo a partir de los instintos animales más primarios, de propiedad (genética/territorial/cognitiva) y de jerarquía social sustentada en un  "derecho natural de propiedad" (natural con sentido de "salvaje"), para cuya defensa se ha justificado el  uso de la fuerza bruta del Estado, al menos durante los últimos cinco milenios. 

Por todo eso, mi enmienda al paradigma ecosocial y comunalista es más estratégica que ideológica, no planteo una propuesta programática, para competir por el poder político, sino que presento una propuesta prepolítica y global, previa a toda constitución política: un básico pacto de especie, sobre los principios universales de convivencia simbioética integral -ecosocial y comunal- previos a la libre constitución de comunidades realmente democráticas, o sea plenamente autónomas y omnisoberanas, autoconstituidas y autogobernadas en asambleas comunitarias  de iguales, y libremente asociadas en redes confederales para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.  

Esta propuesta estratégica aúna lo que yo considero como dos poderosos antídotos frente a las instituciones del Orden dominante, contra la Propiedad capitalista  y contra  la Jerarquía estatal, que son, a mi entender: a) el principio  de responsabilidad simbioética universal (personal, comunitaria y de especie),  y b) el principio de convivencialidad comunitaria en regimen de democracia convivencial integral, ecosocial y solidaria a escala local y global. 

Antes  que un "programa" comunalista defiendo, como más prioritario  y estratégico,  un "pacto"  prepolítico y global al modo que he denominado como Pacto Humano Básico: del Común y lo Común", fundamentado en esos dos principios, que considero tan básicos como universales. 

Pero de eso trataré más adelante, en cuanto termine de editar el libro que estoy preparando sobre dicho Pacto. Ahora y aquí quiero centrarme en uno de los aspectos fundamentales del paradigma comunalista desarrollado por Murray Bookchin, el dedicado a la "espacialidad comunal", ese espacio democrático y propio de la política que M.B. identificaba con el municipio, tal como han seguido haciendo otros muchos comunalistas, confundiendo comunalismo y municipalismo libertario, según creo y como intentaré justificar a continuación.

* * * 

Defiendo que el espacio político propiamente democrático es el del "país" como  propio de la comunidad bioterritorial de convivientes que comparten un "pais-aje" ecosocial común, y no el del municipio, que corresponde a la demarcación administrativa perteneciente a un Estado, heredada del histórico sistema territorial del imperio romano y de todos sus herederos. Defiendo que la comuna o ayuntamiento comunal es ese espacio en el que suceden las relaciones e interacciones entre personas convivientes y su propio medio natural/ecosocial, compartiendo unas condiciones de vida que conciernen al común de personas convivientes, vecinas y paisanas. Más allá de esos límites de la relación de paisanía (2), de ámbito geográfico comarcal o regional, podrá haber diplomacia y buenas relaciones, incluso podrán practicarse unas intensas relaciones intercomunitarias,  de fraternidad y solidaridad, pero no es posible una democracia auténtica, no cuando y donde la distancia impide que se tengan relaciones y asuntos que conciernan al común, esas condiciones de projimidad y convivencialidad que solo pueden darse en las comunidades autoconstituidas en modo de asamblea de iguales, como Ayuntamientos Comunales, en un regimen de autogobierno plenamente autónomo y soberano que es el propio de una  auténtica democracia

En las sociedades campesinas de la antigüedad y del medievo -incluso hasta la revolución industrial- pudo pensarse que dicho espacio fuera el del "municipio", tal como lo definiera el imperio romano, eso era hasta razonable y tenía su lógica en sociedades campesinas autárquicas, que producian lo  suficiente para cubrir sus necesidades básicas, además de comerciar sus excedentes en mercados que fueron de proximidad local al menos hasta entrado el siglo XV europeo, el de las colonizaciones europeas tras el saqueo de medio mundo, que propiciaron un incipiente comercio global junto a la novedosa virtualización financiera del dinero y de la economía capitalista en su conjunto. 

Pero en las sociedades estatales plenamente industriales y capitalistas de los siglos IXX y XX todo cambió radicalmente: el espectacular desarrollo tecnológico de la industria y el comercio, su internacionalización con base en la nueva naturaleza virtual/financiera del capital financiero, y en el uso masivo de una energía fósil (a base de carbón y petróleo) que parecía inacabable, en un sistema industrial progresivamente deslocalizado en función del interés capitalista... todo eso fue convirtiendo a nuestras sociedades en "productoras especialidadas e insuficientes", tecnológica y financieramente muy dependientes de los centros transnacionales del poder económico que han llegado a concentrar todo el poder político, llegando a instrumentalizar a los Estados-Nación para acabar de sustraer toda posibilidad de comunidad que no sea la irreal y abstracta "comunidad nacional", y capaz de neutralizar todo intento de participación popular en las decisiones políticas que afectan a sus propias vidas, quedando solo una  mínima posibilidad de democracia simbólica o representativa...y eso en el mejor de los casos

El medio ecosocial y comunal propio de de una democracia real es el "país": ese espacio o comarca natural, "el pais-aje común" que  es el campo propio de la relaciones humanas de projimidad y convivencialidad, que son de vecindad (ámbito urbano) y también de paisanía (ámbito interurbano y territorial más amplio); en el contexto global contemporáneo, el "país" es el campo propicio para la autonomía y el autogobierno (democracia) de las comunidades humanas,   el propio de una libre y solidaria asociación para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales. 

Pues bien, esta libre asociación, prepolítica y global, a partir de un básico pacto humano,  a mi entender es la principal opción estratégica que tenemos por delante, para poder resistir y superar el colapso en ciernes, hasta extinguir la bruta hegemonía  del sistema/mundo estatal-capitalista.  


Notas:

(1) Sobre Murray Bookchin: https://es.wikipedia.org/wiki/Murray_Bookchin

(2) Concibo el ámbito bioterritorial o paisano como el conjunto de vecindades o poblaciones de un mismo país o comarca natural, libremente asociadas y autoconstituyentes de su propia autonomía/soberanía, en modo de Ajuntamiento Comunal o Comuna, cuyos límites más óptimos entiendo que son los bioterritoriales que se corresponden con los límites de las cuencas hidrográficas, y no los "históricos" límites estatales, casi siempre fruto de los avatares, contratos matrimoniales o políticos, cuando no de las disputas territoriales entre familias y  entre dominios señoriales, de origen feudal -eclesiásticos, militares o civiles- de las clases dominantes. Así, pues, entiendo esos límites condicionados, por este orden: a) a la voluntad soberana de las comunidades autoconstituyentes; b) a la dimensión ecosocial de una economía suficiente, que necesariamente será producida ecológicamente y mediante trabajo comunitario y libre, ni servil ni asalariado; y c) condicionado a una delimitación geográfica estable y no contingente, que sea tan precisa y concreta como es la delimitación de las cuencas hidrográficas.

PD: 

Recomiendo leer el siguiente texto, publicado en la web del Instituto Transnacional de Ecología Social (TRISE), titulado "La importancia de la espacialidad en el proyecto político de Bookchin"del que es autor Yavor Tarinski, y que él mismo leyó en el Homenaje Internacional a Murray Bookchin que tuvo lugar el pasado 30 de julio de 2026, organizado por el colectivo alemán Netzwerk für Kommunalismus (Red para el Comunalismo).

 

domingo, 5 de julio de 2026

POR SAN PEDRO DE CANSOLES


Ahora ya sabemos de donde vienen los grandes camiones cargados con troncos quemados que pasan todos los días por delante de nuestra casa. Lo sabemos porque estuvimos allí, en San Pedro de Cansoles, pedanía de Guardo, hace unos días, justo en la víspera de su fiesta mayor. 
Este pueblo apenas llega a tener veinte habitantes fijos, de los que vivan allí todo el año. A mí me llamó siempre la atención esta población, por ser un enclave de referencia en las grandes rutas  de la transhumancia,  paso obligado para pastores y ganados que seguían la Cañada Occidental Leonesa, en sus trasiegos entre los altos puertos de Valdeburón (León) y las dehesas de Montemolín, al sur de Badajoz. 


Le debo a un amigo abulense, que anduvo muchos años de transhumancias, mi curiosidad por los topónimos; me decía que en su pueblo de la Sierra de Gredos, todos los árboles grandes y piedras de más de un metro, todas las fuentes y casi todo lo que asoma en el paisaje, tiene nombre propio, como las personas. La wikipedia vincula el topónimo "cansoles" con la expresión latina "el campo de sol", donde desde el siglo X tuviera importantes posesiones el Monasterio de Sahagún, cuando el lugar es mencionado en documentos de la época como "Santo Pedro de Campo Solís”, vale, pero yo apunto otra posibilidad, la de un orígen catalán, a partir de "can" como contracción de "ca" (abreviatura de casa) y "en", que quedaría con el significado de "casa de", aunque solo sea porque me recuerda mucho a cómo mi abuela Rosa, toresana ella, para eso mismo decía "en cá":  en cá Juan, can Joan, can-Soles.

Se sabe que en el año 26 a.C. una de las columnas del emperador Octavio Augusto estableció  su campamento por aquí, antes de  adentrarse en la Liébana, pero poco más sabemos hasta que a mitad del siglo XIX, en el diccionario del ministro progresista Pascual Madoz (Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar) se dijera de San Pedro de Cansoles que "su clima es bastante frío en el invierno por la mucha nieve que cae durante esta estación; las casas que lo componen, son de mediana fábrica, entre las cuales se encuentra la iglesia parroquial (San Pedro) servida por un cura párroco". Y acerca del terreno, se decía que "el término confina por N. con Valderrueda, por E. con Guardo, por S. con Calaveras, y por O. con Valcuende. Su terreno es de inferior calidad, sin embargo de lo cual  ofrece gran ventaja al pueblo la corta de roble de que abunda el monte, pues sacan de ellos labias de muy buenas dimensiones, sirviéndoles también para otros usos, puon (?): centeno, y cría bastante ganado lanar, cabrío, vacuno y de cerda, y alguno caballar y mular. Como el terreno es montuoso abriga muchos lobos, corzos, jabalíes y rebecos". 

Aprendo así que en el siglo XIX  el monte era mayormente de roble y no de pino, como el que se quemó por aquí en el gran incendio del año pasado...y también aprendo que, por entonces, a las tablas de roble se las llamaba "labias", y enseguida se me ocurre que pudiera ser por eso  que a quien tiene "muchas tablas" se le atribuya una gran "labia" y viceversa, que según la RAE labia es "verbosidad persuasiva y gracia al hablar". Tabla y labia, qué curioso..."velahí", que diría mi abuela Rosa.

Por San Pedro de Cansoles pasa una etapa del Camino Olvidado a Santiago de Compostela (que a mí nunca se me ocurrió caminar, no sé por qué), aunque sí estuvimos caminando por aquí hace dos o tres años, buscando la Cueva del Hierro o del Erre, que estaba bien escondida, por cierto. Es una ruta de senderismo asociada a leyendas de  brujas que datan del siglo XVI. Jaime García Reyero, el escritor de Alar del Rey, relata una tradición local referida a un proceso judicial seguido contra una docena de mujeres de San Pedro de Cansoles, acusadas de brujería, que fueron condenadas a la hoguera  en un auto de fe, en Valladolid, en algún momento del siglo XVI.
No sé a qué obedece ese lío en los topónimos ("Cueva del Hierro y/o del Erro"), pero cierto es que nos costó dar con ese agujero en la tierra, donde no me extraña que se celebraran aquelarres y otros eventos festivos. 


Boca de la Cueva del Erro



Está algo chamuscada la talla en madera que hay cerca de la iglesia, la que representa al Santiago peregrino señalando la dirección del Camino Olvidado, que se salvó de las llamas, de milagro, igual que le pasó a la iglesia y a unas cuantas casas del pueblo. La magnífica fuente no ha parado de dar agua, pero, la verdad es que no apetece beberla, no sea que arrastre cenizas procedentes del terrible incendio que asoló todo el campo circundante, todos los páramos, vallejos y ribazos. Por encima de la fuente, en una de las calles vemos a un grupo de gente montando un tenderete y cuerdas con banderitas de colores, suponemos que para la fiesta de mañana, día grande del patrón del pueblo, 29 de junio, San Pedro, a pesar de todo. Un coche aparcado allí al lado, muestra una pegatina que reclama la necesidad de justicia, reparadora de aquel desastre, en aquel verano de 2025 que la vecindad del lugar nunca  podrá  olvidar.


          Mural en el Centro Joven de Guardo. Pintado por Sara M. Vargas


Parte del mural, que incluye la frase tópica de "El pueblo salva al pueblo".
Foto a principios del siglo XX (1), con vecinos de un pueblo de la Montaña Palentina.

En recuerdo del incendio hay un mural pintado en Guardo, capital del muncipio, por Sara M. Vargas, quien,  ante la duda, lo tituló de dos maneras: "El pueblo salva al pueblo" y "Los dioses en los que yo creo", porque, según manifestó en un periódico local: "muestra con corazón y mucho color, la esperanza frente a una desgracia que no ha podido acabar con esa naturaleza, ni con esas gentes que tras secarse las lágrimas han gritado bien alto que con ésto también podemos". 

Es el mural más grande que Sara ha realizado hasta el momento; está  inspirado en "El nacimiento de Venus" de Botticelli, y representa a Céfiro, dios del viento, y a Cloris, la diosa de la naturaleza,  tratando de salvar un paisaje al que amenazan las inmensas llamas de un incendio. No puedo por menos que averiguar por qué pudo elegir este motivo de la mitología griega y leo en el "Breve diccionario de mitología grecolatina" de Germán Flores, que "Céfiro y Cloris son dos divinidades de la mitología griega, cuyos nombres en la mitología romana eran Favonio y Flora. Forman la pareja mitológica que representa el florecimiento, la brisa suave y la llegada de la primavera. Cloris fue secuestrada por la divinidad de los vientos, Céfiro, quien la tomó por esposa y le entregó el imperio de las flores. Tuvieron dos hijos y Cloris se mantenía eternamente joven. En su honor se celebraban fiestas, en las que las mujeres jóvenes cantaban y bailaban. Cloris ayudó a Hera (diosa del matrimonio) a escapar del Olimpo y la albergó en uno de sus templos. Cuando Cloris le pidió a Hera que recogiera la flor más hermosa de su jardín, y Hera la tomó entre sus manos, la florecilla se transformó en Ares, el dios de la guerra"...¡vaya, cómo no iba a aparecer Ares y la guerra en esta historia del gran incendio de  San Pedro de Cansoles! 

Integrada en ese gran mural figura la frase "El pueblo salva al pueblo", así escrita, con omisión del adverbio "solo" que suele ir delante casi siempre. Se me ocurre que pudiera ser intencionada esta omisión, para dejar abierta la posibilidad de que alguien más, aparte del propio pueblo, pueda intervenir en la salvación de San Pedro de Cansoles. Ya fue bien polémica esta expresión con motivo de la tragedia que sucediera en Valencia, en 2024, durante aquellas inundaciones que causaron más de doscientos muertos, cuando los medios y partidos de la derecha recurrieron a esta frase para atacar al gobierno de Pedro Sánchez, y los correspondientes de la izquierda salieron enseguida a refutarla tajantemente: ¡no, no es el pueblo, es el Estado!...todo ello, para entrar en contradicción y volverle, una vez más, a regalarle la razón a las derechas, porque: ¿no habíamos quedado en que el Estado es el Pueblo y Hacienda somos Todos?...pues eso, que un año después, salgo a la puerta de casa y sigo viendo pasar reatas de camiones y camiones de árboles quemados, muertos, procedentes de San Pedro de Cansoles.   

Nota:

(*) Fragmento de una fotografia en blanco y negro, del blog de Froilán de Lózar www.origenes.blogspot.com. Tomada en una boda celebrada a principios del siglo XIX en un pueblo de la Pernía, comarca de la Montaña Palentina. Autor de la foto: César González, molinero y vecino del pueblo. 

martes, 17 de marzo de 2026

LOS EQUÍVOCOS DEL COMÚN Y LO COMÚN

 


 "Nada sabemos de los seres que amamos, salvo la necesidad de su presencia" 

(Cristina Peri Rossi, 1984, La nave de los locos)

 

Entiendo el adjetivo "equívoco" referido a algo que puede interpretarse en varios sentidos, lo que acaba produciendo dudas, ambigüedad y confusión. Su antónimo "inequívoco" refiere a algo que tiene un significado único y evidente que produce claridad y certeza. 

No  confundo lo equívoco con la maldad, que en principio nada tienen que ver. Lo equívoco puede ser compatible con la ignorancia y también con la inocencia. Sin embargo, con frecuencia acabamos dando por ciertos algunos conceptos que son equívocos, intencionada o intrínsecamente; lo hacemos solo por razón de conveniencia, a veces por no discutir, para favorecer la convivencia y para no llegar a las manos, no pocas veces. 

Sucede, por ejemplo, con la cuestión religiosa, cuando tragamos el relato de la Creación  a sabiendas de que es Dios quien debe su existencia a la imaginación de homo sapiens...y sin que valgan justificaciones del tipo "como desconocíamos el origen de las cosas, tuvimos que inventarlo" (a Dios)...y ¡por Dios!, que no se moleste la buena gente que es creyente, quienes se toman muy en serio el mandato de "amarás al prójimo como a tí mismo", que a mí eso es lo que realmente me importa, y me da igual de donde proceda tal mandamiento, si de un dios o de una conciencia.

Pero tendrán que reconocerme la preexistencia de un bien y de un mal  que ya andaban a la gresca por todo el mundo, intuyo que mucho antes de la humana invención de Dios.  Y en ésto sí podemos tener alguna certeza, tal como que la idea del bien y del mal solo pudo darse entre simios humanos, no en otras especies; y que tuvo que ser a partir del momento en que una pequeña tribu de homo sapiens, conversando en torno al fuego llegaron a convenir un primer rudimento de ley moral, acerca del bien y del mal como formas opuestas de comportamiento; lo que sirve a la convivencia y a la reproducción de la vida, por un lado; y por otro, lo que sirve a impedirla, a modo de guerra, y cuyo fin primordial es el de hacer daño, incluso hasta llegar a matar a un prójimo de sangre si es tomado por "enemigo"...ay, esa pulsión cainita, casi siempre por razones de  envidia o celo, si no es -como veremos durante el correr de la historia- por causa de comercio y mercancía. Tal es la cara y cruz del simio que somos, por esa singularidad humana que consiste en tener conciencia de las consecuencias, trascendencia,  que nos hace tan libres como responsables. 

¿Cómo explicar, entonces, el predominio en nuestra especie de ese “irresponsable” individuo medio que puebla la Tierra, producto de las sociedades estatales y mercantiles...cómo, para que podamos tener localizado ese punto donde quedó truncada la evolución “racional” de nuestra especie?, ¿dónde fue que quedamos atascados, obligados como el resto de animales a seguir la salvaje ley "natural/estatal/mercantil" de la fuerza bruta, la misma que rige la vida de las bestias al interior de las selvas?

No obstante, mantengo a contracorriente mi radical tesis de la homofilia, esa tendencia de los animales de mi especie a establecer vínculos de proximidad con sus semejantes...a partir de ahí, como dijera el poeta asturiano Pablo Ardisana, "todo lo que no es amor es mercancía"...Amor, pues, podría ser el nombre genérico de esa tendencia al vínculo social, que no es sino ganas de proximidad, de conversación y de encuentro, ganas que pueden llevarnos, incluso, al apareamiento o cópula de los cuerpos.

En "El mal o el drama de la libertad" (1997), decía Rudger Safrinsky que "el mal no es ningún concepto, sino más bien es un nombre para lo amenazador, algo que sale al paso de la conciencia libre y que ella puede realizar. Le sale al paso en la naturaleza, allí donde ésta se cierra a la exigencia de sentido, en el caos, en la contingencia, en la entropía, en el devorar y en el ser devorado, en el vacío exterior, en el espacio cósmico, al igual que en la propia mismidad, en el agujero negro de la existencia. Y la conciencia puede elegir la crueldad, la destrucción por mor de ella misma. Los fundamentos para ello son el abismo que se abre en el hombre" . Aquí, sin duda, se refería Safrinsky al abismo de la libertad. 

Estando muy de acuerdo con Safrinsky, sin embargo me permito añadir que siendo inevitable el juego del bien y del mal en las relaciones personales, privadas o prepolíticas,  donde el mal juega con clara ventaja, dado que tiene de su lado el poderío físico de la fuerza bruta, sin embargo, hay un campo de lo social, el de la política o democracia, donde podríamos impedir que el mal campara a sus anchas ocupando el lugar del "soberano"...pero, claro, para eso necesitamos tener "el mal político" bien identificado y no metido en el oscuro limbo de "lo equívoco". 

Tal es el caso de la institución legal del  aparato “Estado” por las clases dominantes, como alianza de propietarios y gobernantes, y  organización social propiamente jerárquica e indemocrática;  o el flagrante caso del  "derecho" de impunidad para el delito de robo -en cualquiera de sus formas- de la Tierra Común y también del Conocimiento Humano, que juntos  son nuestros comunales universales, aunque solo fuera por una básica razón de conciencia ecoética. Y no hay justificación alguna para la permisividad con un delito social tan básico como la falsificación de la democracia, que impide "por sistema" el mínimo respeto por la igual dignidad de cada individuo. Sin ese  básico respeto por el prójimo, ¿cómo reclamarlo para nuestra propia dignidad personal?

Yo no lo veré, que por mi edad no estaré aquí para verlo, pero tengo la certeza de que en  dos o tres generaciones será "normalizada" la necesidad de abolición de las indemocracias, de todos los sistemas estatales  que tienen su fundamento en los instintos animales más salvajes, de propiedad territorial y reproductiva, de insaciable depredación y acumulación capitalista, de organización jerárquica, clasista, patriarcal e inequívocamente totalitaria...y también, en el mismo paquete,  resultará necesario un cambio radical en nuestro metabolismo social, otra forma de vivir acorde con el principio de racionalidad social, ética y ecológica, comenzando por un pacto comunal global a partir de la Declaración  de la Tierra y el Conocimiento como Bienes Comunales Universales.

Queda por delante, pues, acabar con esos equívocos que oscurecen la comprensión de "el Común" (como asamblea de iguales y sujeto soberano de la política o democracia), y "lo Común" como su objeto y materia prima, integrada por los bienes comunales al completo:  tanto los universales (Tierra y Conocimiento), como los producidos comunitariamente, mediante el trabajo personal y comunitario. 

Nada menos, éste es el reto para una "nueva ilustración" dedicada a esclarecer esos equívocos, a fin de acabar con la totalitaria ambigüedad del relativismo moral, grosero y cutre, que es tan del gusto de los Partidos apolíticos y de las Academias acientíficas. Y toca una reconversión radical de las "izquierdas", todas inequívocamente afines al Orden dominante del que forman su parte ilusoria,  con la imposible  pretensión de hacerlo compatible con su finalidad emancipatoria.

Denle, Partidos y Academias, todas las vueltas que quieran a este asunto, que siempre nos quedará el poso de certeza que sentenciara mi apreciado Pablo Ardisana, cuando decía con tanta rotundidad lo mal que se llevan el amor y la mercancía. Porque es inequívoco el amor como querencia propiamente humana hacia todo vínculo social  que ayude al  cuidado de la vida, a su reproducción y al gozo de la existencia, o sea y en resumen: querencia por todo aquello que constituye la versión concreta e  inequívoca del  "bien común".

 ***

 

PD: Valgan como ejemplo de nociones equívocas, términos como  "política", "nación", "democracia", "soberanía" y "ecología" :

*Política: concepto que a mi entender solo es inequívoco si refiere a los asuntos comunes de los habitantes convivientes en la "polis", que actualizada a las condiciones históricas actuales -necesariamente ecosociales-, no corresponde a la “ciudad”, ni al “municipio”, sino al “país” como “paisaje común” o espacio bioterritorial, de proximidad convivencial.  Con límites pactados por las propias comunidades que son convivientes en una misma geografía común, a partir del vínculo ecosocial y simbioético resultante de las relaciones sociales, personales y comunitarias (domésticas, vecinales y paisanas). Inequívocamente, entiendo el “país” como el ámbito ecosocial y propio de la política y, por tanto, de la democracia. A partir de ahí, caben múltiples formas de libre asociación, mancomunada o confederal, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales, con respeto a la plena autonomía/soberanía política de cada “comunidad paisana” (el Ayuntamiento Comunal, que yo digo).  

*Nación:  la expresión "nación sin Estado" es un oximorón, algo que no puede ser y que además es imposible, porque el Estado es, necesariamente, la condición previa, existencial, de toda "nación". Por algo se dice Estado-Nación y no Nación-Estado. Asistimos al predominio de un equívoco e ilusorio significado, de origen propiamente estatal, nación como “comunidad nacional” o "pueblo soberano", algo que carece de existencia propia, siendo solo producto de la voluntad de las clases dominantes que son titulares de cada Estado. No se sabe de ninguna "comunidad nacional que fuera constituyente de un Estado, más bien tenemos constancia de todo lo contrario. Y bien que lo siento por los nacionalistas, que la mayoría son buena gente, del tipo “Gabriel Rufíán”, o del tipo de mis amigos palestinos, a los que les deseo Democracia, pero nunca un Estado. (2)

*Democracia y Soberanía: su equívoco parte de una interpretación oscura y confusa del “demos” (pueblo): a la vez como sujeto y objeto de gobierno, lo que sabemos que es tan irracional como imposible, porque no puede ser al mismo tiempo. No puede ser más equívoco, ni más cínico, el concepto de soberanía en las democracias estatales o “representativas”, en las que ni los individuos, ni las comunidades son "constituyentes", y en las que ni siquiera pueden participar, aunque fuera simbólicamente, en la deliberación y toma de decisiones, algo que se pareciera mínimamente a una soberanía real y no fuera solo imaginaria o representativa. 

*Ecología: que tiene un uso  ordinario que no puede ser más equívoco, ni menos científico, cuando se emplea generalmente con burda ignorancia de la "propiedad de la Tierra" como factor determinante y sistémico del desequilibrio ecológico y la consiguiente devastación de la biodiversidad que está comprometiendo la sostenibilidad y viabilidad de nuestra especie. Porque, no es la Tierra como planeta lo que corre peligro, tal como dice la propaganda idiota...no, porque quien corre peligro de extinción es nuestra especie y todas las que pueden extinguirse arrastradas, de seguir esta deriva irracional, absurda, autodestructiva. 

 

Notas:

(1) Cuando ésto escribo, es día de elecciones en Castilla y León, esta región del Estado español, equívocamente incluida como  "comunidad autónoma". Momento bien oportuno para recordar lo que dijera Emma Goldman al respecto del voto:  "si el voto sirviera para algo, ya estaría prohibido".

(2) "No le deseo un Estado a nadie", tal como  reza el título de un libro colectivo firmado por Santiago López Petit, Tomás Ibáñez, Miguel Amorós y Corsino Vela, ...yo, además, lo suscribo con mis propias razones. No se lo deseamos a nadie, porque desde la fundación del primer Estado, allá por el año 3.200 antes de nuestra era, no se sabe de ningún Estado, aunque fuera como excepción,  que no fuera un sistema de dominio sobre las sociedades y sobre la naturaleza toda. Siempre, sin excepción, del Estado es titular inequívoco la misma alianza delictiva integrada por sacerdotes/propietarios/ mercenarios, actualizada a cada época, pero inequívocamente fraguada en las religiosas y jerárquicas sociedades campesinas  del Neolítico y luego del Medievo.

martes, 20 de enero de 2026

CIEN VISTAS DEL PICO ESPIGÜETE

 

Arriba, de izquierda a derecha:  1. Foto desde el Nuevo Riaño,  población que dista 29 kilómetros por carretera. 2.Desde Sahagún, a 93 kilómetros. Abajo: desde Boca de Huérgano,  a 20 kilómetros. 

Me he permitido capturar estos días algunas fotos hechas desde lejos por fotógrafos anónimos, sin duda maravillados por la elegante prestancia de la cumbre nevada del Espigüete, resaltada en el horizonte.   

El autor de la foto de abajo, es @msfleon, quien dice de ella: "El Espigüete: foto de su cara oeste, no existe otra silueta  de otra montaña nevada más bonita. Tomada a 2089 metros sobre el nivel del mar, desde el Pico de la Rasa, en el municipio de Boca de Huérgano". En otro comentario, alguien describe al Espigüete como el "Everest leonés" (1).

El caso es que cada día y cada vez que vuelvo a casa, necesariamente veo la cumbre del pico Espigüete sobresaliendo en el horizonte. Su imagen se vuelve omnipresente, más aún cuando caen las primeras nieves. La Cordillera entera se ofrece majestuosa, vista desde la distancia, incluso a más de cien kilómetros, cuando se viaja hasta allí desde cualquier punto y latitud, pero especialmente si uno sube desde Saldaña, por la Valdavia, desde Palencia, o si viaja siguiendo en paralelo por el borde septentrional de la Meseta, entre las provincias de León Palencia y Burgos. 

En un texto publicado el pasado año (2), refiriéndome a la obra de Katsushika Hokusai, el artista japonés del siglo XIX obsesionado con la imagen del Monte Fuji, yo decía que "desde que empecé a subir montañas a temprana edad, allá donde he vivido tuve siempre mi propio monte Fuji como horizonte y referencia espacial y vital, sin que fuera algo premeditado. Fue el pico de  Midi d`Ossau (2884m) mientras vivía en los Pirineos junto a la frontera del Somport, el pico Almanzor (2591m) durante los muchos años que anduve habitando y escalando por las gargantas y circos de la  Sierra de Gredos, y desde hace más de treinta años son  los picos Espigüete (2450m) y Curavacas (2524m), por ahora y mientras viva aquí, en la Montaña Palentina".    

 

Imagen recortada de una foto original de Jacobo Molero

Notas:

(1) La falda Oeste del pico Espigüete está en el término de Valverde de la Sierra, pedanía del municipio leonés de Boca de Huérgano.

(2) Enlace al texto "Cien vistas del monte Fuji"

lunes, 27 de octubre de 2025

CIEN VISTAS DEL MONTE FUJI

 He publicado infinidad de dibujos; pero estoy descontento de todo lo que he producido antes de cumplir los setenta años. Fue a la edad de los setenta y tres cuando comprendí más o menos la forma y verdadera naturaleza de los pájaros, de los peces, de las plantas, etc. En consecuencia, a la edad de ochenta años habré hecho muchos progresos, llegaré al fondo de las cosas; a los cien, un punto o una línea, todo estará vivo. Pido a los que vivan tanto como yo que vean si mantengo la promesa”. 

Katsushika Hokusai, postfacio a Cien vistas del monte Fuji, 1834

  

Tres de las 102 viñetas del libro “Cien vistas del monte Fuji”, de Katsushika Hokusai

 

Eso mismo me está pasando, y a la misma edad que le sucediera a Hokusai. Y pienso que también le pasa a mucha gente, que a medida que nos hacemos viejos empezamos a tener algunas certezas sobre lo que pudiera ser èsto del vivir y el habitar un mundo, al tiempo que un lugar, y hasta cierto entendimiento de lo que sucede a nuestro alrededor...a buenas horas mangas verdes, decimos por costumbre cuando presentimos que nos queda poco tiempo y la vida reclama una prórroga. Y es que antes de llegar a la vejez, aunque lo intuyamos, no acabamos de entender que nuestra principal diferencia respecto del resto de especies consiste en que los humanos somos los únicos animales que viven sabiendo que van a morir. Lo que no es una diferencia pequeña.

Por mucho que lea, escuche o vea, lo que más puede en mí es una intuición poderosa que proviene, seguro, de una especie de fondo o sedimento vital, producto de la experiencia  acumulada en ese montón de años que cargo con creciente pesadumbre, lo reconozco, sí, porque los huesos me duelen cada día un poco más y tienden a respetarme solo si me humillo y camino algo encorvado, un poco más cada día. 

No tengo una clara conciencia del día que entré en la vejez, pero tuvo que ser después de entrarme esta obsesión que tengo con la idea de un mundo nuevo y comunal, “del común y lo común”, construido a partir de un pacto de especie...es una poderosa obsesión como la que le supongo a Hokusai con el monte Fuji: una idea fija que te absorbe el pensamiento y toda tu creatividad hasta en sueños, que te tiene como sumido y preso de una fiebre constante en el tramo final de tu vida, una pasión compulsiva que sin parar te dice date prisa, date prisa, dilo, dilo y déjalo por escrito, que mañana igual se hace tarde, o ya no recuerdas, o ya no llegas ni puedes.

Composición, a partir de la Gran Ola de Kanagawa y el monte Fuji, de Hokusai, y la Noche estrellada de Van Gogh.

Obsérvese que al fondo de la Gran Ola amenazante se vislumbra la pacífica silueta nevada del monte Fuji, siempre omnipresente, estableciendo obsesivamente un contraste radical entre movimiento y serenidad, lo mismo en el cuadro que en todas las 102 escenas de su obra “Cien vistas del monte Fuji”.

La composición del cuadro de Hokusai nos coloca en posición de observadores detrás de la ola gigante, capturando el preciso instante que precede al desplome de esa inmensa masa de agua que tiene la envergadura de una gran montaña. Ese instante me parece a mí muy similar al que vivimos hoy en día, mirando atónitos cómo nuestro mundo está a punto de ser arrasado ante nuestra paralizada e impotente mirada.

Es curioso y muy sorprendente lo que sucede con el arte de Hokusai, el artista que habiendo roto con el convencionalismo de la tradición japonesa por influencia de la pintura paisajista europea -concretamente holandesa- rompió con esa tradición al integrar en su arte los paisajes y las actividades rurales, junto a una técnica de largas perspectivas y presencia constante de asuntos cotidianos, lo que en realidad era muy poco frecuente en el arte japonés practicado en su tiempo, a caballo de los siglos XVIII y XIX. Digo que es sorprendente, porque desde Europa se vió la “Gran Ola de Kanagawa”, la más conocida obra de Hokusai, como la quintaesencia del arte japonés y en un rizo de paradojas incluso hubo expertos en arte que llegaron a afirmar que Van Gogh se había inspirado en la Gran Ola de Hokusai al pintar en 1889 su obra "La noche estrellada", donde puso nubes que parecen grandes olas a punto de romper en un cielo oceánico montado sobre un mar de girasoles.

Este paradójico vaivén entre Occidente y Oriente me sirve de ejemplo que ilustra muy bien lo des-orientado que anda nuestro occidente europeo, que ve orientes y orientalismos por todas partes, como ausente y extranjero de sí mismo, una Europa que todavía se cree un continente contra lo que dicen sus propios mapas, que la sitúan en la pequeña parte atlántico-mediterránea del gran continente euroasiático, ignorante de su condición “oriental” respecto del actual imperio USA. Quizá, digo yo, sea por disimular sus viejas vergüenzas coloniales o su condición actual de provincia imperial. 

 

Desde que empecé a subir montañas a temprana edad, allá donde he vivido tuve siempre mi propio monte Fuji como horizonte y referencia espacial y vital, sin que fuera algo premeditado. Fue el pico de  Midi d`Ossau (2884m) mientras vivía en los Pirineos junto a la frontera del Somport, el pico Almanzor (2591m) durante los muchos años que anduve habitando y escalando por las gargantas y circos de la  Sierra de Gredos, y desde hace más de treinta años son  los picos Espigüete (2450m) y Curavacas (2524m), por ahora y mientras viva aquí, en la Montaña Palentina.

Mi monte Fuji no es solo una montaña, es también una poderosa intuición que guía mi pensamiento en este tramo final. Por eso sé (sin saber cómo) que por primera vez en la historia de la humanidad, es ahora, en estos mismos días de máxima incertidumbre y confusión ideológica, cuando empezamos a vislumbrar una mínima conciencia universal y de especie, que nunca antes fue posible, ni lo será del todo mientras sigamos habitando la Tierra con mentalidad de consumidores o propietarios,  repartidos y aislados en solares nacionales, cada cual vivíendo en su raza y nación particular, en sucedáneas comunidades estatales, burocráticas, comerciales y militares, indemocracias todas, naciones y personas abriéndose paso a codazos en este mundo-mercado, a la caza de Grandes Rebajas.

Y ésta es la paradoja inversa de la globalización capitalista en que vivimos, que aunque haya que esperar una década a que pase el tsunami neofascista que hoy recorre el mundo, este Orden irracional no podrá evitar su propia autodestrucción sistémica, que ya está sucediendo a la sombra del falso progreso capitalista, que de tanto andarse por las ramas se ha quedado sin raíces ni sustancia.

Vivimos en un instante congelado, un tiempo muerto que se parece mucho al fin de la Historia que vaticinara Francis Fukuyama, el  filósofo liberal metido a vidente y profeta. Pero éste no es sino el momento previo al romper de la Gran Ola. Puedo intuir el inmenso silencio del espacio vacío que le sigue a ese momento, al que hemos nombrado "colapso", a modo de profecía que espera ser autocumplida. 

Si se observa en sus detalles el cuadro de la Gran Ola, se verá que aparece al fondo, diminuta, la serena figura del Monte Fuji como alegoría de ese lugar o país al que  en sueños siempre quisimos llegar y habitar.  A día de hoy, la enseñanza que yo extraigo,  en contra de la oscura lógica de los tiempos que corren, es que a pesar de tanto ruido y oscuridad, nunca como ahora estuve tan cerca de compartir este sueño/proyecto  que yo tengo,   de una Tierra Común habitable y compartida que, como el Fuji de Hokusai, a mí me desvela y no me deja morir.