Y cuando vieron que Dios no estaba, se repartieron equitativamente el Paraíso.
Para ver la luz de los dioses extinguieron la del hombre, y fue así la Tierra sombra, sepulcro, osario, pozo ciego, caverna sin salida, barahúnda ininteligible y estúpida de rogativas, plegarias e invocaciones.
¿En qué boca se posará la palabra cuando ya no estemos?
(Fragmentos de Aforismos del Pájaro, de Juan Carlos Pajares Iglesias)
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Centro de creación contemporánea en Cerezales del Condado (León) Fundación Cerezales-Antonino y Cinia) |
No sabíamos qué exposición nos ibamos a encontrar. Fuimos porque teníamos ganas de volver a Cerezales del Condado y al centro de creación artística de la "Fundación Cerezales-Antonino y Cinia", para dejarnos sorprender una vez más por la elegante sencillez de un paisaje generado por una arquitectura singular, como de nave agrícola, solo imaginable en algún futuro posible.
Y nos encontramos que estaba llegando bastante gente a esa hora, cerca de las doce del mediodía, para lo que cabe esperar en un lugar como ese, localizado en una aldea de la montaña leonesa poblada por poco más de cien habitantes.
Resulta que en unos minutos estaba previsto presentar la nueva exposición ("Zoofuturismo") que podrá verse en Cerezales hasta el mes de octubre, y que el acto contará con la presencia de los creadores, los artistas franceses Marion Laval y Benoit Mangin, que desde los años noventa conforman el grupo Art Orienté Objet, lo que viene a ser "arte orientado al objeto", lo que pude entender más tarde, cuando en su intervención aclararon su preferencia por lo concreto y tangible de los objetos y hechos, por delante de lo abstracto y conceptual, que es propio del pensamiento teórico y especulativo, casi siempre desvinculado de la experiencia vital.
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| Acto de presentación en el auditorio, con Marion Laval y Benoit Mangin |
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| Marion Laval, con prótesis de caballo y gato |
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| Esqueleto de uno de los miles de canguros atropellados en las carreteras de Australia |
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Esqueleto de una hydra de 5 cabezas, realizado con huesos de 29 animales diferentes. Y esqueleto de un imaginario híbrido humano-caballo |
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| Versión de la piedra de Rosetta y prótesis de patas de caballo para humanos |
El término zoofuturismo es nuevo para mí. Leo en la hoja de sala que surge de los intercambios de Art Orienté Objet con el filósofo y etólogo Dominique Lestel, y que remite a la urgencia de revisar nuestra relación con los demás animales, teniendo en cuenta que tenemos con ellos una historia evolutiva común, forjada durante milenios de cohabitación y domesticación mutua, que inevitablemente nos conduce a un destino compartido...hasta el punto que este experto en el comportamiento animal sentencia: “de la constatación del desastre de una sociedad artificializada y del deseo de reparar el vínculo roto con lo vivo, surge la reflexión sobre el futuro animal. Porque el animal es el porvenir humano, con o sin humanos”.
A mí me parece que hay un fallo en la redacción (o en la traducción), porque sin humanos el porvenir podrá ser animal, pero no humano...(de cajón).
Me pasa lo que a los dos artistas de AOO, Marion y Benoit, que me fío más de los fenómenos, hechos y objetos que de los conceptos i nociones, más de la moral que refiere al comportamiento, relacional o social, que de la ética (que no pasa de ser un concepto, un mero pensamiento, siempre al interior de un individuo ensimismado. Como estas cosas son para digerirlas muy despacio, ya en casa, me descargo el libro de Dominique Lestel "Nosotros somos los otros animales", donde se dice que "Marion Laval y Benoit Mangin son los que fueron más lejos en esa dirección del zoofuturísmo, con una representación pasmosa (lo que en el argot artístico se conoce por performance), con el título "El caballo que vive en mí", en cuyo transcurso Marion se hizo inyectar sangre equina en un laboratorio de veterinaria. Tras esa transfusión, la imagen de Marion junto a un caballo, calzada con una prótesis de patas de caballo (que también están expuestas en Cerezales del Condado), es una imagen tan impactante como intrigante.
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| Ai Hasegawa, la zoofuturista japonesa dispuesta a dar a luz a un feto de tiburón |
Sin embargo, el mismo Dominique Lestel, en ese mismo libro, dice a continuación que quien concibió la forma más radical de fusión con otra especie animal fue la artista japonesa Ai Hasegawa con su proyecto de embarazo con un feto de tiburón...¡para después comérselo!, una vez alcance el tamaño adecuado. Me cuesta creerlo, pero en internet encuentro una entrevista en la que, con total naturalidad, esta artista explica y se reafirma en su proyecto:
"Pronto tendremos que afrontar una crisis por escasez de alimentos. ¿Cómo vamos a alimentar a los nuevos humanos? Sin embargo, yo todavía quiero dar una vida. No quiero que 30 años de dolores menstruales hayan sido en vano. Y también quiero comer buena carne, como la de tiburón.../...¿Pero es técnicamente posible estar embarazada del feto de otra especie? He hablado con un ginecólogo sobre posibles maneras de agrandarlo. Creo que las hembras humanas podrían usar sus úteros como un acuario o una incubadora. ¿No habría problemas de compatibilidad entre la placenta de un humano y la de un tiburón? La placenta viene del feto, no de la madre, lo que significa que no hay necesidad de modificar el ADN de los humanos. Me han asegurado que debería ser posible crear placentas medio delfín y medio humanas, y lo mismo sirve para los tiburones, simplemente modificando el ADN del animal. Todavía lo estoy investigando, pero los tiburones parecen ser los más compatibles. Y, como especie, el tiburón cumple todos mis criterios: están en peligro de extinción, su esperanza de vida es casi tan larga como la de los seres humanos y, lo más importante de todo, su carne está deliciosa"...según leo, doy en pensar qué pensarán los veganos de todo ésto, esos a los que se les hiela la sangre si les dices que una lechuga también es un ser vivo, y les preguntas por qué se las comen sin el escrúpulo que exhiben, por ejemplo, respecto de la carne de un pollo.
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Vuelvo a la exposición de Marion y Benoit en Cerezales del Condado, que ellos mismos explicaron como una selección de sus obras pertenecientes a la serie denominada Andachtsraum, que refiere al "espacio de contemplación" al que aludió Aby Warburg, el historiador del arte y filósofo alemán, en una célebre conferencia que diera en 1923 y que tuvo una gran repercusión. Se titulaba "El ritual de la serpiente" y un extracto de ese texto está recogido en la hoja de sala; leo:
“La serpiente de cascabel ya no causa temor al hombre contemporáneo: lejos de adorarla, trata de extinguirla. Lo único que hoy se le ofrece a la serpiente es su exterminio".
En el libro, ese texto continua así:
"El rayo apresado dentro del cable y la electricidad prisionera han creado una cultura que aniquila el paganismo. Pero ¿qué es lo que se ofrece a cambio? Las potencias naturales ya no son vistas como elementos antropomorfos o biomorfos, sino como una red de ondas infinitas que obedecen dócilmente a los mandatos del ser humano. De esta manera, la cultura de la máquina destruye aquello que el conocimiento de la naturaleza, derivado del mito, había conquistado con grandes esfuerzos: el espacio de contemplación, que deviene ahora en espacio de pensamiento”.
Me interesa sobremanera esa explicación del "espacio de contemplación", perdido en el tránsito de la modernidad y convertido ahora en "espacio de pensamiento", que es como decir en objeto especulativo.
En "Nosotros, los otros animales", Dominique Lestel aborda el fenómeno de la domesticación, la cuestión de las plantas y los hongos como seres complejos, el problema del antropomorfismo, la desaparición de las especies, la creación de animales artificiales y examina críticamente la postura vegana, acertando cuando observa que habitamos la Tierra vinculados con muchos otros individuos de otras especies y que "en esas cercanías, cohabitaciones y fricciones nos constituimos a la vez como humanos y como personas. Solo existimos en la existencia de los otros seres vivos".
Enfatiza la necesidad de recuperar la dimensión espiritual de la animalidad y de pasar de una postura moral a otra ontológica y animista. Y aquí yo tengo mis dudas...porque estoy muy convencido de que, precisamente, es la diferencia moral lo que hace tan singular la evolución de nuestra especie y lo que comporta un principio de responsabilidad de nuestra especie para con el conjunto de la biosfera. Entiendo la dificultad de comprenderlo así, cuando apenas está naciendo una mínima conciencia moral y ecosocial a escala de especie...y eso, forzados ante las evidencias del inminente colapso del Orden dominante, que ya barruntamos.
* * *
Se pregunta Domenique Lestel: "¿Estamos dispuestos a cambiar de civilización para reconectarnos con la animalidad, o hemos decidido, de una vez por todas, que solo queremos conformarnos con una postura compasiva y empática que no le hace ni mal ni bien a nadie (ni siquiera al animal)?".
El espacio animal es de una complejidad intrigante, y reconozco que el deseo de comprenderlo es uno de los deseos más nobles a los que el ser humano pueda acceder, cierto, pero no por eso tenemos que liarnos con ensoñaciones de futuras híbridaciones, sea con máquinas o con bestias, ni con fantásticos viajes planetarios, a lo Elon Musk, huyendo de la responsabilidad que nos corresponde como especie animal adelantada y la única capaz de hacerle frente a la entropía que convierte en polvo a toda la materia, sea inerte o viva.
La "diferencia moral" aún es muy corta, todavía cargamos con la rémora de instintos tan primarios y bestiales como el de propiedad territorial y reproductiva, que mantienen estancada nuestra evolución, como atrancada en un eterno momento neolítico, recién inventada la vida urbana, la esclavitud, el Estado y un "derecho" de propiedad privada sobre la Tierra, el Conocimiento y el Trabajo humano, que han servido para sentar las bases del Sistema dominante que ahora cumple unos 10.000 años desde aquel día en que alguien dijo "esta tierra y esta hembra son míos".
Cada vez que asisto a un acto de artistas me pasa igual que cuando me topo con un acto de políticos, que no puedo por menos de pensar: ¡cuanto rodeo y gasto de energía, cuanto andarse por las ramas!...y todo "para evitar el hacer lo que hay que hacer", que básicamente consiste en compartir el Conocimiento con la gente de nuestra especie y la Tierra con el conjunto de seres vivos, con todos sus reinos, especies y generaciones.
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