lunes, 22 de junio de 2026

PRIORIDAD RACIONAL (CON R)

 


Tengo muy claro que la dualidad bien/mal forma parte de la realidad sin cuestionar su existencia, tal como expresa este haiku:


Mientras el mal se hace presente,


en medio de la quietud de la noche


una nuez cae al lago y hace ¡pok!



* * *

No me aguanto las ganas de decir lo que pienso acerca  de esa prioridad nacional de la que tanto se habla en estos tiempos y  que, por lo que parece, de aquí en adelante convertirá al asunto migratorio en línea de frontera (la última)  entre izquierdas y derechas. Así queda, pues, el reparto ideológico/electoral de prioridades aparentes en el espectáculo mediático de la política: la nacionalidad como prioridad de las derechas y la clase social como prioridad de las izquierdas.

En general, se sabe que los grandes desplazamientos de poblaciones son connaturales a la historia de nuestra especie, como de otras muchas que durante cientos de miles de años han sido y siguen siendo nómadas, siempre por una de estas dos razones básicas (y a veces por las dos al mismo tiempo): para buscar alimento o para evitar a sus depredadores. Pues bien, sostengo que la actual problematización del fenómeno migratorio es  artificial y que está provocada por dos previas y muy arcaicas ideas, que marcaron el inicio y final del periodo Neolítico, me refiero a las ideas  de la "propiedad territorial" (originada por el proceso de sedentarización al inicio del Neolítico)  y la posterior idea del "Estado" como institución corporativa de las clases dominantes, de propietarios y gobernantes, responsables de institucionalizar el derecho de propiedad para su protección por el Estado (recuerdo al respecto que todo derecho es, en esencia, una concesión de privilegio dentro de una cadena jerárquica de poder). A mi entender, ambas ideas, la Propiedad territorial y el Estado jerárquico, han resultado ser muy malas ideas, quizá las peores desde que tenemos constancia y memoria histórica.

El núcleo del llamado "problema migratorio" no es la condición de migrantes, sino la  de  "nacionales"; tal problema tiene su origen en esa falsa idea de "comunidad nacional" (mejor estatal), a la que por costumbre denominamos "la nación", que  genera una división social, otra más, por razón de un supuesto derecho de "nacionalidad", o sea, por el hecho de ser  individuos "nacionales", nacidos en el territorio de un Estado, identificando éste con una idea de "comunidad" que es radicalmente falsa a la vez que perversa, en la que "lo común" o causa de comunidad, no es otra cosa que el propio aparato de la dominación, o sea, el Estado. 

La idea de un "natural" derecho de propiedad o de apropiación privada (en modo exclusivo y excluyente), sobre un trozo del planeta  Tierra, no tuvo nunca más legitimidad que el imperio de la fuerza como ley superior en el reino "natural". Ese instinto de propiedad territorial es uno de los más primarios que compartimos con otras muchas especies animales y, de todas formas, es hasta comprensible que los primeros humanos sedentarios, dedicados a la agricultura y el pastoreo, desde el comienzo del Neolítico entendieran como "natural"  un derecho de propiedad o apropiación en un mundo que les parecía infinito y cuyos habitantes humanos no llegaban a 5 millones...no podían imaginar que en tan solo tres mil años llegarían a ser 50 millones...y  10.000 millones (ahora) en un plazo de solo doce mil años...pero no es lógico, ni racional, para los humanos actuales, que sí tenemos conocimiento de la situación y conciencia de la historia.  

Ese inicial y natural derecho de propiedad territorial, desde el principio  se fue haciendo extensivo al conocimiento humano (religioso primero y luego científico), y  llegó a incluir a las vidas humanas, productivas y reproductivas, de hombres y mujeres pertenecientes a la  parte de la humanidad subordinada y desposeída. 

Como  derecho patriarcal y hereditario, desde el principio la propiedad operó como fuente de poder y jerarquía, haciendo que la división social del trabajo fuera  una simple división entre dos clases: una de propietarios y gobernantes y otra de gobernados y desposeídos. Tal derecho se ha significado a lo largo de la historia humana como el principal obstáculo para la evolución de nuestra especie en sentido plenamente racional, que yo entiendo como inteligencia ecológica y moral,  que muy bien podría ser la simbioética propuesta por el marxista Jorge Riechman, a salvo de la querencia  por la autoridad y el Estado, que es mayoritaria entre los marxistas (contraviniendo  el  pensamiento de Carlos Marx).  

Como directa causa para la privación sistemática de la autonomía  y dignidad que es atribuible a todo individuo humano sin excepción, la historia del derecho de propiedad nos lleva a concluir que  las relaciones de esclavitud y servilismo nunca hubieran sido posibles en ausencia de este perverso derecho; ni tampoco la precariedad y sufrimiento que su institución por el Estado arcaico ha comportado para la mayor parte de individuos y generaciones de nuestra especie, durante los últimos años de nuestra historia: nada menos que doce milenios de Propiedad, siete milenios de Estado y casi tres siglos de Nacionalidad. 

El Estado no tuvo la necesidad de inventar la Nación, como  simulacro de "comunidad", hasta llegar a la época de la revolución industrial, cuando entraron en crisis total las sociedades urbanas y campesinas, propiamente neolíticas, surgiendo de ellas una nueva clase social, industrial, obrera y proletaria.  En esa misma eṕoca, las renovadas clases  burguesas, dominantes y  titulares del nuevo Estado Moderno, se reconvertían también, hacia un modo empresarial, industrial, comercial y financiero,  y consiguieron neutralizar todas las rebeliones sociales debidas a la profunda crisis que experimentó aquella antigua sociedad campesina transmutada en industrial y proletaria.  La burguesía titular del Estado-Nación-Capitalista-Moderno hábilmente supo sustituir la relación de servilismo y esclavitud por un simulacro de "libre contrato", mediante trabajo asalariado. El desarrollo tecnológico que diera lugar al uso energético/industrial del carbón, la electricidad, el gas y el petróleo,  permitieron la aceleración de un desarrollo económico que en las sociedades más industrializadas favoreció  la aparición de una nueva clase media de trabajadores  asalariados con un notable incremento en su capacidad de consumo, y también de un Estado renovado y fortalecido, con más ingresos provenientes de impuestos, y cada vez más complejo en su estructura organizativa, que mediante la apertura de múltiples ministerios fue consiguiendo un control económico, cultural y social, que ha llegado a ser totalitario en la actualidad, en modo muy superior al de todos los Estados precedentes.

Podemos darle miles de vueltas al asunto migratorio, que siempre encontraremos a la Propiedad y al Estado metido en ésto, como en todo. A la altura de estos tiempos, el aparato de dominación que llamamos Estado, con sus más de siete milenios de antigüedad ha perfeccionado su hegemonía y omnipresencia en todas las sociedades humanas, de tal modo que  apenas queda algún íntimo y mínimo resquicio  en  nuestras vidas  que no esté, de alguna manera, intervenido por el Estado, pilotado por la clase propietaria. 

Considérese también que todos los territorios estatales son in-estables por definición, sujetos a cambios constantes, como demuestra la historia de todos ellos, sea por razones tan  azarosas como el resultado de guerras entre Estados, o por razones tan caprichosas como unos matrimoniales acuerdos de anexión territorial, mediante casamientos entre familias de reyes... incluso como resultado de acuerdos comerciales, o por simples transacciones de compra/venta. Por ejemplo, que me expliquen su nacionalidad, si pueden, la gente de esas generaciones  nacidas en la península de Crimea, que de jóvenes fueron rusos, ucranianos de mayores y que llegados a la vejez han vuelto a ser rusos...que me digan cuál es su verdadera "nación", si  Rusia, Ucrania o Crimea...o si no es la de quienes hablan su misma lengua materna. 

En contra de todos los nacionalismos, personalmente tengo mi propia idea de nación, que en sentido estricto es un concepto con significado cultural y prepolítico, que refiere a nuestra condición como individuos pertenecientes a  una misma comunidad de hablantes, la de todos los que se comunican mediante  el uso de una misma lengua aprendida de sus madres. Cada individuo es nativo o nacional de esa concreta comunidad, cultural y prepolítica, de la que comenzamos a formar parte desde el nacimiento, cualquiera que sea el territorio donde hayamos nacido. De ahí, por ejemplo que en el Estado Español se hable de la existencia de varias naciones y nacionalidades; y que la denominada "nacionalidad española" en realidad no concierna a todos los nacidos en el territorio de ese Estado;  por ejemplo,  no concierne a quienes no sean hablantes nativos de la lengua castellana (mal llamada española). El uso político de los términos "nación" o "nacionalidad" me parece a mí que es un abultado error conceptual, por mucho que la costumbre lo acabe disimulando. El sentido tradicional de nacionalidad como relación de pertenencia a una (presunta) "comunidad nacional"  es una completa falacia, con origen en un razonamiento defectuoso, que emplea el adjetivo nacional en lugar de "estatal", que es lo propio. Así, pues, tengo muy claro que los más de 500 millones de hablantes que nos entendemos mediante la lengua castellana como primera o materna lengua, pertenecemos a una misma nación cultural, que sí es  una comunidad real, y prepolítica. 

* * *

Esta pasada noche, a través de la radio  escuché una frase de José Saramago que me quitó el sueño, dicha por Pilar del Río (la escritora y traductora que le acompañara  hasta su fallecimiento en 2010). Venía a decir que "donde hay una fábrica de armas, inmediatamente surge una fábrica de conflictos". 

Y eso me ha llevado a seguir indagando acerca de lo que yo considero como principio de prioridad moral, que a mi entender comporta, implícito,  el mismo principio de responsabilidad del que se ocupara en profundidad Hans Jonas y que ahora, en estos  hipertecnológicos tiempos que corren,  metidos de lleno en una crisis sistémica de dimensión global, cargada de grandes peligros y directas amenazas a la biodiversidad, y más concretamente, a la  reproducción de nuestra propia especie,  imperiosamente exige de nosotros una ética cuasi agónica, dedicada a extremar la prevención del mal y su evitación en lo posible. Se sabe que a su muerte, en 2010, José Saramago dejó escritas veinte cuartillas para una próxima novela para la que había pensado el título de "Alabardas". Gracias a esas notas rescatadas por una editorial para la publicación de esta inacabada novela, sabemos de las últimas  preocupaciones de Saramago, además de conocer cómo surgió la idea/origen de ese libro, a partir de la inquietud que le produjo este dato:  nunca ha existido una huelga en una fábrica de armas. 

Con eso y con la anécdota relatada por André Malraux -acerca de una bomba no explotada, durante la guerra civil española-  Saramago comenzó a escribir la historia de un tal Artur Paz Semedo, obrero en una fábrica de armas, y la de su esposa, una mujer pacifista. Yo no he leído ese libro, pero por las referencias que tengo,  lo que Saramago cuestiona en esas páginas es la ausencia de discernimiento y de conciencia,  que pone en evidencia la banalidad del mal. El personaje central de la novela, que lleva una vida cómoda y rutinaria, completamente ajeno al sufrimiento que el producto de su trabajo en la fábrica de armas causará a miles de kilómetros, experimenta una profunda crisis de conciencia en el momento en que le da por reflexionar el modo en que su trabajo contribuye a una inevitable y endiablada espiral  de guerra y pobreza, donde quienes reciben las balas casi siempre son gente pobre y trabajadora, como él. Leo en una reseña:

"Lo que le desasosegaba, era que un puñado de individuos anónimos, sin caras, sin nombres, o con el nombre que él decide dar a su protagonista póstumo, el de Artur Paz Semedo, fuesen capaces de levantarse cada mañana, tomarse su tostada, con aceite, con foie gras, pronunciado fuagrás, con mermelada, con mantequilla, o incluso con manteca colorá, beberse luego, a sorbitos o de un solo sorbo, según las prisas, el café, este también en consonancia con los gustos propios, con leche, manchado, solo, con o sin azúcar, e irse a trabajar a una fábrica de armas, un lugar en el que, por definición, se fabrican instrumentos que luego se usan, normalmente a cientos o miles de kilómetros, para matar a otros seres humanos, hombres, mujeres, niños, ancianos, algunos de los cuáles habrán desayunado su propia tostada, o su propio café, pero serán, seguramente, los menos, pues siendo la guerra causante de pobreza, o a veces consecuencia de ella, es probable que muchos de esos seres humanos, de esos hombres, de esas mujeres, de esos niños y ancianos, reciban la bala con el estómago vacío, pasando de una muerte a la siguiente".

* * *


Mi conclusión (provisional) 

Donde haya un Estado, necesaria e inevitablemente, a su lado siempre crecerá una industria o fábrica de desigualdad y división social, de lucha de clases y guerra contínua. No soy tan ingenuo como para creer que sea posible una total erradicación del mal, ni pronta, ni definitiva, pero sí que está en nuestras manos evitar la institucionalización de algunos males, al menos los dos más principales y sistémicos: 1) el derecho de propiedad sobre los bienes comunales universales (Tierra y Conocimiento), que origina el sistema capitalista y, en consecuencia, la depredación y devastación sistemática de la biodiversidad; y 2) la institución indemocrática del Estado, responsable de generar  una desigualdad sistémica, con división social,  lucha de clases y un orden social jerárquico y totalitario perfectamente incompatible con la democracia, además de una generalización de la guerra, autodestructiva y total, entre proletarios, entre  capitalistas y entre estados. 

Y, dado que el mal cuenta con tantas ventajas y posibilidades, es un auténtico suicidio darle alas institucionales... ¡pero qué aberración es esa que admite como "natural" y hasta como "pluralidad democrática" la presencia y prioridad del mal... ese instinto salvaje de propiedad territorial y reproductiva, más propio de las bestias, respetado por encima de la inteligencia propiamente humana, racional, ecológica y moral; es una completa aberración que tengan  prioridad la jerarquía sobre la democracia, el principio de  competencia basado en la propiedad y la fuerza, sobre los principios de cooperación,  solidaridad y ayuda mutua; o la prioridad de la guerra sobre la diplomacia....¿a qué viene hacerle el juego y la cama a la ley de la Entropía, esas ganas de violencia autodestructiva, ese ansia por adelantar el fin de la Historia, por acabar con nuestra especie...a qué viene tanta prisa suicida?  

domingo, 7 de junio de 2026

LA FLIPANTE INGENUIDAD (O NO) DE LOS CREYENTES



Aclaración:
en el título me refiero a los creyentes religiosos de todos los credos, también a los creyentes progresistas, de derechas y de izquierdas, y como no, a los tecnófilos, mayormente transhumanistas, que para mí son una especie de compendio o precipitado químico de religiosidad y progresismo. El adjetivo "flipante" es un anglicismo, cuyo significado entre los hablantes de la lengua castellana ya poco tiene que ver con su raíz inglesa original (to flip primero y luego flip out, concretado como "volverse loco" y traducido en la jerga juvenil como referencia a un estado de alucinación por efecto de las drogas); el caso es que, al final, el verbo flipar se ha quedado entre nosotros como sinónimo de alucinar, en cualquiera de sus grados, de modo que tiene un uso tan ancho y polivalente que vale para cualquier grado de asombro, entre la tontuna y la mística.

***

Acabo de enterarme: 
las plantas con flores no existieron hasta el Cretácico Medio, hace solo unos 100 millones de años; por eso que las criaturas del Jurásico, como los diplodocus, que habitaron la Tierra hace entre 145 y 201 millones de años, no  llegaron a conocer las flores, ni siquiera la hierba. Esto nunca lo hubiera sabido, ni imaginado, si no fuera porque hace unos días acabé de leer "Otros mundos.Viaje por los ecosistemas extintos de la tierra", un libro editado por primera vez en 2022, en Inglaterra, cuya autor es Thomas Halliday, científico e investigador que combina el conocimiento paleontológico tradicional y la moderna biología, dedicado al estudio de los patrones ecológicos y evolutivos de nuestro planeta, 

Así, pues, parece ser que por Aguilar de Campoo y sus entornos (ocupados a día de hoy por un castillo en ruinas, un gran pantano y un polígono industrial donde a diario se fabrican toneladas de galletas),   no  había flores ni hierba cuando por allí corrían los dinosaurios a orillas de  ríos que todavía no desembocaban en el Pisuerga, rìos a su vez  ocupados en devastar los relieves emergidos de los fondos oceánicos, de las Loras a  Brañosera. Por eso mismo, que tampoco en la película Jurassic Park debieran de haber figurado esos grandes bichos, clonados por antojo de un yanqui multimillonario -cómo no- correteando por idílicas y exuberantes selvas; no, de haberlo sabido a tiempo el director de esa película, un tal Steven Spielberg.

La verdad es que flipo con estas lecturas y con todas las que hablan de los orígenes de la Tierra y de la Vida, que por cierto, ahora sé que guardan entre sí solo una distancia temporal de apenas setecientos millones de años. 

Tanto si me detengo en observar la inmensidad de los cielos nocturnos o en admirar el revoloteo sincrónico de las nubes de vencejos, o de los bancos de peces, ante la grandiosidad, complejidad y minuciosidad de todo este Mundo,  lo mires por donde lo mires, macro o micro, en todas sus dimensiones, acabo pensando que no es de extrañar que haya tanta gente enganchada a mágicas y religiosas creencias, acerca del origen de la vida y del cosmos

Pasadas las prisas por disponer de una explicación suficiente, acabo por imaginar el ser y evolución de la materia viva,  como un compuesto de trama y urdimbre (o sea, lo que viene a ser un tapiz), tal como explica magistralmente la bióloga argentina Sandra Myrna Díaz, cuando afirma que "en el tapiz de la Vida hay barroquismo (mucha complejidad y biodiversidad) en la trama, pero no en la urdimbre", que no puede ser más simple, en referencia, sin duda, a la hipótesis científica de un océano primitivo, a modo de "caldo primigenio" o sopa química-prebiótica  en la que se formaron poco a poco los primeros ladrillos de la construcción celular y de la vida en todas sus formas. 

De ser así, aquél útero común nos hermana a todos los seres vivos...pero ¡qué difícil de imaginar es que a partir de tan poca cosa haya podido derivar la inmensa diversidad y belleza  de la vida!...replicada de continuo en miles de millones de individuos pertenecientes a cientos de miles de especies, organizadas en muy diferentes reinos, que se extinguen y suceden tomando el relevo a cada cambio brusco del clima, y a cada catástrofe que sacude al planeta, sea en forma de grandes tsunamis o de fuegos  procedentes de las estrellas, incluso de otras galaxias, cuando no del interior mismo de la Tierra.  No me extraña que todo ésto le parezca posible solo como milagro, a la mayor parte de nuestra especie, a este animal humano-medio que somos los homo sapiens que nos hemos pasado más de 300 mil años mirando  con temor a los cielos nocturnos, soñando con paraísos fértiles, repletos cuarteles de caza  e ilimitadas praderas de pasto para las manadas y rebaños...un animal muy singular -el único consciente de su propia debilidad y de su próxima muerte-, y por eso forzado durante tantos años a ganarse la compasión y  favor de los dioses, entrando así en ese estado de creencia religiosa y alucinada, como terapia. 

Solo cuando los humanos hemos visto nuestro planeta de lejos, a través de los ojos de los astronautas, hemos empezado a tener cierta conciencia común, global y de especie. Ni siquiera pasó cuando cayó la primera gran bomba atómica sobre la ciudad de Hirosima. Este nuevo sentimiento común lo estamos ganando bastante después de haber perdido la conciencia  de clase-social-subordinada, desposeída, gobernada y  ninguneada al detalle, una a una, en la dignidad de cada persona ninguneada; toda una conciencia humana perdida, al menos  en esta parte cristiana y occidental del Mundo-mercado...precisamente ahora, que la IA acaba de declarar la obsolescencia (programada) de la clase trabajadora. 
 
* * *

Qué fácil de explicar y qué difícil de entender lo simple y compleja a la vez que puede ser la realidad, incluida la vida, toda reunida en esa metáfora de la trama y la urdimbre. Qué difícil cuando todavía no hemos digerido los grandes descubrimientos de la Física cuántica, respecto de una realidad compuesta de objetos, materia cuya existencia resulta imposible sin ese inmenso océano Vacío o salsa inmaterial que los contiene y relaciona creando múltiples vínculos entre ellos (incluidos nosotros), unos vínculos tan inasibles  como invisibles, que por la costumbre de los siglos tendemos a imaginarlos, todavía,  como  natural criatura de los dioses...¡alucinante! 

En 1945, en plena guerra mundial, un científico ruso de nombre Vernadsky daba esta respuesta a la pregunta por "el ser" de la vida: "los seres vivos son entes que retrasan (todo lo que pueden), el momento en el que llegan a su estado de máxima entropía" (que no es sino la muerte). Después, todos los ecologistas y progresistas de derechas y de izquierdas, le echaron la culpa de todos los males, incluyendo la devastación de la biodiversidad y el cambio climático, al "Hombre": un ser concretamente abstracto y perfectamente inexistente por tanto, tal como hiciera el grandísimo escritor Miguel Delibes: 

"El hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro". Todos los progresismos acabaron pensando más o menos lo mismo, y puede que fuera por eso que la clase sometida fuera perdiendo conciencia de sí, a cada negociación sindical, en cada mínimo incremento salarial y a cada pacto con la patronal.  

* * *

Recurro, pues, al verbo flipar  para expresar mi propio asombro o pasmo, el que siento frente a esa triada de  ingenuos y alucinados creyentes (religiosos, políticos progresistas y tecnófilos), que  entre todos suman la inmensa mayoría de la humanidad sometida al gobierno de  la Propiedad,  calculo que no menos de las tres cuartas partes de los casi 10 mil millones de humanos que ahora mismo habitamos este mundo. 

La ingenuidad de las izquierdas y derechas progresistas solo es comparable a la de los transhumanistas, cuyo flipe tecnológico es también tecnocrático. Su tecnofilia les lleva a creer que no tardando habrá un reparto general de prótesis cerebrales unisex, cargadas con un completo software de la felicidad, con su SIA (superinteligencia artificial) incorporada, junto a un implante de memoria externa y expandida, además de un recambio de cuerpos sanos y esbeltos, enteramente disponibles para quienes lo necesiten...y por supuesto, un asiento seguro para 10.000 millones de terrestres, en las naves de Elon Musk que habrán de llevarnos a Marte para evitar ser torrefactados aquí, en el planeta Tierra, por un sol achicharrante. 

Flipo, de verdad, por tanta ingenuidad, que no puedo explicar sin  mediación  de alguna sustancia alucinógena...antes de  continuar, describiré el perfil básico que le asigno a cada una de las categorías de creyentes a las que vengo refiriéndome: 

1) Creyentes religiosos: personas como el papa León XIV, que esperan la resurrección de la carne y, por tanto, la existencia de otra vida supuestamente mejor, para después de ésta; y que en esa espera mantienen relaciones  y conversaciones virtuales con imaginarios seres inmateriales y extraterrestres, y hasta con sus artísticas representaciones gráficas o escultóricas, de profetas, santos, vírgenes y dioses.

2) Creyentes políticos:  personas como Gabriel Rufián, que esperan la imposible resurrección de una clase trabajadora, rebelde y revolucionaria, ya extinguida. O como Alberto Nuñez Feijoo, que cree que con el capitalismo hemos llegado al fin de la Historia, y que -como Gabriel Rufián- todavía piensa que el capitalismo, no siendo el mejor de los mundos, sí es el único mundo posible...y que en el peor de los casos siempre tendrá un arreglo...que para eso están el Algoritmo y el Estado.

3) Creyentes tecnófilos: personas como Nick Bostrom, que esperan llegar muy pronto a convertirse en seres posthumanos, algo así como una nueva especie de individuos mediomáquinas, que dispondrán de capacidades físicas e intelectuales mucho mayores que las que tenemos los simplones humanos actuales. Pienso hasta qué punto ha calado ésta paranoia de la tecnofilia y el transhumanismo en las jóvenes generaciones de nativos digitales, lo pienso cada vez que oigo decir eso de "¡eres un máquina!"

En general, las opciones de mejoramiento humano que contempla el  transhumanismo, incluyen la ampliación del tiempo de vida, la eliminación de sufrimientos innecesarios, la erradicación de enfermedades, así como el incremento de las capacidades  físicas, intelectuales y emocionales...¿pero quién no va a querer estas mejoras?...pero es que sucede que en el mismo paquete te meten la colonización planetaria y la creación de máquinas superinteligentes, junto a desarrollos tecnológicos capaces de alterar  la condición humana en profundidad, sin olvidar que este pensamiento transhumanista  también se propone el diseño ad-hoc de un nuevo modelo único  de sociedad cibernética.

Observo un perfil común a esos tres tipos de creyentes: como  tales, todos ellos son individuos "esperantes", individuos en espera de "algo" que todavía no existe, pero que existirá próxima y necesariamente para cumplir su expectativa de una mejor vida, en función de sus  particulares deseos y creencias, sean religiosas, políticas o tecnológicas. Personalmente, hace bastantes años que dejé de ser esperante y creyente, que ya no espero ninguna forma de salvación o redención, y no es porque me queden un par de telediarios por vivir...no, es porque hace tiempo  decidí  empezar a pensar por mí mismo,  especialmente en las tres materias a las que vengo refiriéndome -religión, política y tecnología-, que a mi entender son la mayor causa de las patologías que nos aquejan en este azaroso siglo. No por eso dejan de interesarme los avances del Conocimiento científico, especialmente de la historia y de las ciencias, naturales y sociales, pero rehuyendo en lo posible toda afiliación precipitada, o puramente emocional, que por propia experiencia he podido comprobar que acaba en doctrinaria y retrógada militancia...sí, porque te reduce y te deja  como detenido en un tiempo muerto,  lo que es mucho peor en estos malos tiempos, en los que más necesitados estamos  de estar bien espabilados y a la par del devenir de los tiempos, echándole una ojeada al horizonte y al retrovisor, al tiempo y cada poco.

Intento, pues, autoinmunizarme lo más que pueda, lo que no es fácil en medio de esta pandemia global de sectarismo  que envenena la convivencia  en el final de Nuestra Era (de la Propiedad Privada). Por eso que sigo la estela humanista y ecosocial, que yo interpreto a mi manera,  a partir del pensamiento ecológico y comunal de Murray Bookchin (de inspiración anarquista) y del pensamiento poético y simbioético de Jorge Riechman (de inspiración marxista).  Si bien, necesito matizar que del anarquismo  tradicional y sus fobias antiestatales, me sobra su total carencia de pensamiento estratégico; y del marxismo  tradicional y sus fobias anticapitalistas me sobra su filia por la dirigencia autoritaria y centralista, me sobra el partido. Quieras o no, por experiencia histórica sabemos que sus respectivas biografías, anarquistas y marxistas, suelen acabar en  respectiva querencia por la Propiedad y el Estado...que una cosa lleva a la otra, como el roce lleva al cariño. 

Y es que, lo que entendemos por "realidad", como urdimbre no puede ser más sencilla, ni más variada y compleja como trama. Y llegado aquí no puedo por menos que recurrir una vez más a la inteligencia poética (IP) del asturiano  Pablo Ardisana (1940-2017),  mi poeta de cabecera, el de Llanes:  "todo lo que no es amor es mercancía".

Nota: 

(*) Pablo Ardisana nació en Hontoria (Llanes) en 1940 y ye un poeta de vocación tardía. El so primer llibru:  Armonía d’anxélica sirena publícalu en 1986, con cuarenta y seis años, cuando los autores más mozos de la segunda Xeneración del Surdimientu (nacíos na década de los 60) empiecen a dase a conocer. A esti poemariu van siguilu:

Rosamaría (1987),  Azul mirar d’amor (1989) y  Una luz inesperada (1991). Practicante d’un versu cenciellu y breve, que busca tanto la eufonía de la palabra como la emotividá, Ardisana anda a caminar peles intemporales siendes estétiques del romanticismu y d'un ciertu modernismu. Nos sos poemes recrea’l sentir amorosu sobre’l paisaxe más cercanu y construi una de les voces más personales de les actuales xeneraciones lliteraries asturianes.


PD: 

"Creo recordar que Pedro Abelarso y el doctor Marañón vinieron a decir, más o menos, que la amistad es cosa más grande que Dios". 
Así comienza un breve texto de Pablo Ardisana, de 1992, cuya lectura recomiendo a mis amigos, porque habla de la amistad (que no deja de ser amor), en unos tiempos en los que se suele decir que "si quieres un amigo, cómprate un perro"LAS PALABRAS DE LA TRIBU:Escritura y habla

martes, 2 de junio de 2026

ESTE PERRO SEMIHUNDIDO

Perro semihundido

"Perro semihundido" es el título de un cuadro de Francisco de Goya y Lucientes, pintado durante su retiro en la finca conocida como Quinta del Sordo, en una fecha comprendida entre 1820 y 1823. Forma parte de un conjunto de catorce escenas conocido como "pinturas negras", con las que Francisco de Goya decoró las paredes de un par de habitaciones de esa casa de campo situada en las afueras de Madrid, junto al río Manzanares. Originalmente estuvo pintada con técnica mixta sobre revestimiento mural que luego fue trasladado a un lienzo de tamaño 131.5 x 79.2 cm. El cuadro tiene su particular historia y una imagen oculta. Me interesa más que nada por lo que no se ve, que son dos pájaros, objeto de la mirada del perro, que fueron borrados  en el traslado de la pintura desde la pared a un lienzo; son dos pájaros a los que el perro observa como ensimismado, agazapado tras un talud del terreno, un par de pájaros volanderos, cuya invisible presencia explica la resignada y deseante mirada del perro, animal terrestre donde los haya. 

Ésto se sabe porque hubo un fotógrafo francés, de nombre Jean Laurent, que en 1873 hizo una foto del cuadro original, que fue incluida por primera vez en el catálogo del Museo del Prado en 1.900 (el mismo año en que fue derribada la casa de la Quinta del Sordo). He ahí una pequeña muestra de la importancia de la historia y de su conocimiento. Sin los cuales no tendríamos una explicación mínimamente ajustada a la realidad de un mundo siempre cambiante, que se disuelve a cada instante, en un consumo incesante de tiempo, imposible de acumular (como si fuera dinero, propiedad o capital). Será por eso que lo llamamos tiempo en vez de "vida", su nombre auténtico

* * *

La mirada que soy entorna la puerta, atisba el vacío y el cielo en ruinas: no hay otro aquí, en este plato vacío, sino yo, devorando mis ojos y los tuyos.

Pido públicamente perdón por fusilar estos versos, que pertenecen a  fragmentos de poemas propios de Blanca Varela, la grandísima poeta peruana, palabras que cuentan un sentimiento de amor y abandono que comparto, en comunidad de bienes que nada tiene que ver con ese misterioso y absurdo derecho de propiedad  sobre lo que es inmaterial e inasible (sea conocimiento, palabra o sentimiento), sino  más bien con nuestra primitiva y común condición natural, de animal comunal, humanidad deseante, esa que somos, la que se pasa la vida mirando pájaros a buenas horas: cuando ya no están, ni siquiera en el cuadro.