martes, 2 de junio de 2026

ESTE PERRO SEMIHUNDIDO

Perro semihundido

"Perro semihundido" es el título de un cuadro de Francisco de Goya y Lucientes, pintado durante su retiro en la finca conocida como Quinta del Sordo, en una fecha comprendida entre 1820 y 1823. Forma parte de un conjunto de catorce escenas conocido como "pinturas negras", con las que Francisco de Goya decoró las paredes de un par de habitaciones de esa casa de campo situada en las afueras de Madrid, junto al río Manzanares. Originalmente estuvo pintada con técnica mixta sobre revestimiento mural que luego fue trasladado a un lienzo de tamaño 131.5 x 79.2 cm. El cuadro tiene su particular historia y una imagen oculta. Me interesa más que nada por lo que no se ve, que son dos pájaros, objeto de la mirada del perro, que fueron borrados  en el traslado de la pintura desde la pared a un lienzo; son dos pájaros a los que el perro observa como ensimismado, agazapado tras un talud del terreno, un par de pájaros volanderos, cuya invisible presencia explica la resignada y deseante mirada del perro, animal terrestre donde los haya. 

Ésto se sabe porque hubo un fotógrafo francés, de nombre Jean Laurent, que en 1873 hizo una foto del cuadro original, que fue incluida por primera vez en el catálogo del Museo del Prado en 1.900 (el mismo año en que fue derribada la casa de la Quinta del Sordo). He ahí una pequeña muestra de la importancia de la historia y de su conocimiento. Sin los cuales no tendríamos una explicación mínimamente ajustada a la realidad de un mundo siempre cambiante, que se disuelve a cada instante, en un consumo incesante de tiempo, imposible de acumular (como si fuera dinero, propiedad o capital). Será por eso que lo llamamos tiempo en vez de "vida", su nombre auténtico

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La mirada que soy entorna la puerta, atisba el vacío y el cielo en ruinas: no hay otro aquí, en este plato vacío, sino yo, devorando mis ojos y los tuyos.

Pido públicamente perdón por fusilar estos versos, que pertenecen a  fragmentos de poemas propios de Blanca Varela, la grandísima poeta peruana, palabras que cuentan un sentimiento de amor y abandono que comparto, en comunidad de bienes que nada tiene que ver con ese misterioso y absurdo derecho de propiedad  sobre lo que es inmaterial e inasible (sea conocimiento, palabra o sentimiento), sino  más bien con nuestra primitiva y común condición natural, de animal comunal, humanidad deseante, esa que somos, la que se pasa la vida mirando pájaros a buenas horas: cuando ya no están, ni siquiera en el cuadro.