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lunes, 22 de junio de 2026

PRIORIDAD RACIONAL (CON R)

 


Tengo muy claro que la dualidad bien/mal forma parte de la realidad sin cuestionar su existencia, tal como expresa este haiku:


Mientras el mal se hace presente,


en medio de la quietud de la noche


una nuez cae al lago y hace ¡pok!



* * *

No me aguanto las ganas de decir lo que pienso acerca  de esa prioridad nacional de la que tanto se habla en estos tiempos y  que, por lo que parece, de aquí en adelante convertirá al asunto migratorio en línea de frontera (la última)  entre izquierdas y derechas. Así queda, pues, el reparto ideológico/electoral de prioridades aparentes en el espectáculo mediático de la política: la nacionalidad como prioridad de las derechas y la clase social como prioridad de las izquierdas.

En general, se sabe que los grandes desplazamientos de poblaciones son connaturales a la historia de nuestra especie, como de otras muchas que durante cientos de miles de años han sido y siguen siendo nómadas, siempre por una de estas dos razones básicas (y a veces por las dos al mismo tiempo): para buscar alimento o para evitar a sus depredadores. Pues bien, sostengo que la actual problematización del fenómeno migratorio es  artificial y que está provocada por dos previas y muy arcaicas ideas, que marcaron el inicio y final del periodo Neolítico, me refiero a las ideas  de la "propiedad territorial" (originada por el proceso de sedentarización al inicio del Neolítico)  y la posterior idea del "Estado" como institución corporativa de las clases dominantes, de propietarios y gobernantes, responsables de institucionalizar el derecho de propiedad para su protección por el Estado (recuerdo al respecto que todo derecho es, en esencia, una concesión de privilegio dentro de una cadena jerárquica de poder). A mi entender, ambas ideas, la Propiedad territorial y el Estado jerárquico, han resultado ser muy malas ideas, quizá las peores desde que tenemos constancia y memoria histórica.

El núcleo del llamado "problema migratorio" no es la condición de migrantes, sino la  de  "nacionales"; tal problema tiene su origen en esa falsa idea de "comunidad nacional" (mejor estatal), a la que por costumbre denominamos "la nación", que  genera una división social, otra más, por razón de un supuesto derecho de "nacionalidad", o sea, por el hecho de ser  individuos "nacionales", nacidos en el territorio de un Estado, identificando éste con una idea de "comunidad" que es radicalmente falsa a la vez que perversa, en la que "lo común" o causa de comunidad, no es otra cosa que el propio aparato de la dominación, o sea, el Estado. 

La idea de un "natural" derecho de propiedad o de apropiación privada (en modo exclusivo y excluyente), sobre un trozo del planeta  Tierra, no tuvo nunca más legitimidad que el imperio de la fuerza como ley superior en el reino "natural". Ese instinto de propiedad territorial es uno de los más primarios que compartimos con otras muchas especies animales y, de todas formas, es hasta comprensible que los primeros humanos sedentarios, dedicados a la agricultura y el pastoreo, desde el comienzo del Neolítico entendieran como "natural"  un derecho de propiedad o apropiación en un mundo que les parecía infinito y cuyos habitantes humanos no llegaban a 5 millones...no podían imaginar que en tan solo tres mil años llegarían a ser 50 millones...y  10.000 millones (ahora) en un plazo de solo doce mil años...pero no es lógico, ni racional, para los humanos actuales, que sí tenemos conocimiento de la situación y conciencia de la historia.  

Ese inicial y natural derecho de propiedad territorial, desde el principio  se fue haciendo extensivo al conocimiento humano (religioso primero y luego científico), y  llegó a incluir a las vidas humanas, productivas y reproductivas, de hombres y mujeres pertenecientes a la  parte de la humanidad subordinada y desposeída. 

Como  derecho patriarcal y hereditario, desde el principio la propiedad operó como fuente de poder y jerarquía, haciendo que la división social del trabajo fuera  una simple división entre dos clases: una de propietarios y gobernantes y otra de gobernados y desposeídos. Tal derecho se ha significado a lo largo de la historia humana como el principal obstáculo para la evolución de nuestra especie en sentido plenamente racional, que yo entiendo como inteligencia ecológica y moral,  que muy bien podría ser la simbioética propuesta por el marxista Jorge Riechman, a salvo de la querencia  por la autoridad y el Estado, que es mayoritaria entre los marxistas (contraviniendo  el  pensamiento de Carlos Marx).  

Como directa causa para la privación sistemática de la autonomía  y dignidad que es atribuible a todo individuo humano sin excepción, la historia del derecho de propiedad nos lleva a concluir que  las relaciones de esclavitud y servilismo nunca hubieran sido posibles en ausencia de este perverso derecho; ni tampoco la precariedad y sufrimiento que su institución por el Estado arcaico ha comportado para la mayor parte de individuos y generaciones de nuestra especie, durante los últimos años de nuestra historia: nada menos que doce milenios de Propiedad, siete milenios de Estado y casi tres siglos de Nacionalidad. 

El Estado no tuvo la necesidad de inventar la Nación, como  simulacro de "comunidad", hasta llegar a la época de la revolución industrial, cuando entraron en crisis total las sociedades urbanas y campesinas, propiamente neolíticas, surgiendo de ellas una nueva clase social, industrial, obrera y proletaria.  En esa misma eṕoca, las renovadas clases  burguesas, dominantes y  titulares del nuevo Estado Moderno, se reconvertían también, hacia un modo empresarial, industrial, comercial y financiero,  y consiguieron neutralizar todas las rebeliones sociales debidas a la profunda crisis que experimentó aquella antigua sociedad campesina transmutada en industrial y proletaria.  La burguesía titular del Estado-Nación-Capitalista-Moderno hábilmente supo sustituir la relación de servilismo y esclavitud por un simulacro de "libre contrato", mediante trabajo asalariado. El desarrollo tecnológico que diera lugar al uso energético/industrial del carbón, la electricidad, el gas y el petróleo,  permitieron la aceleración de un desarrollo económico que en las sociedades más industrializadas favoreció  la aparición de una nueva clase media de trabajadores  asalariados con un notable incremento en su capacidad de consumo, y también de un Estado renovado y fortalecido, con más ingresos provenientes de impuestos, y cada vez más complejo en su estructura organizativa, que mediante la apertura de múltiples ministerios fue consiguiendo un control económico, cultural y social, que ha llegado a ser totalitario en la actualidad, en modo muy superior al de todos los Estados precedentes.

Podemos darle miles de vueltas al asunto migratorio, que siempre encontraremos a la Propiedad y al Estado metido en ésto, como en todo. A la altura de estos tiempos, el aparato de dominación que llamamos Estado, con sus más de siete milenios de antigüedad ha perfeccionado su hegemonía y omnipresencia en todas las sociedades humanas, de tal modo que  apenas queda algún íntimo y mínimo resquicio  en  nuestras vidas  que no esté, de alguna manera, intervenido por el Estado, pilotado por la clase propietaria. 

Considérese también que todos los territorios estatales son in-estables por definición, sujetos a cambios constantes, como demuestra la historia de todos ellos, sea por razones tan  azarosas como el resultado de guerras entre Estados, o por razones tan caprichosas como unos matrimoniales acuerdos de anexión territorial, mediante casamientos entre familias de reyes... incluso como resultado de acuerdos comerciales, o por simples transacciones de compra/venta. Por ejemplo, que me expliquen su nacionalidad, si pueden, la gente de esas generaciones  nacidas en la península de Crimea, que de jóvenes fueron rusos, ucranianos de mayores y que llegados a la vejez han vuelto a ser rusos...que me digan cuál es su verdadera "nación", si  Rusia, Ucrania o Crimea...o si no es la de quienes hablan su misma lengua materna. 

En contra de todos los nacionalismos, personalmente tengo mi propia idea de nación, que en sentido estricto es un concepto con significado cultural y prepolítico, que refiere a nuestra condición como individuos pertenecientes a  una misma comunidad de hablantes, la de todos los que se comunican mediante  el uso de una misma lengua aprendida de sus madres. Cada individuo es nativo o nacional de esa concreta comunidad, cultural y prepolítica, de la que comenzamos a formar parte desde el nacimiento, cualquiera que sea el territorio donde hayamos nacido. De ahí, por ejemplo que en el Estado Español se hable de la existencia de varias naciones y nacionalidades; y que la denominada "nacionalidad española" en realidad no concierna a todos los nacidos en el territorio de ese Estado;  por ejemplo,  no concierne a quienes no sean hablantes nativos de la lengua castellana (mal llamada española). El uso político de los términos "nación" o "nacionalidad" me parece a mí que es un abultado error conceptual, por mucho que la costumbre lo acabe disimulando. El sentido tradicional de nacionalidad como relación de pertenencia a una (presunta) "comunidad nacional"  es una completa falacia, con origen en un razonamiento defectuoso, que emplea el adjetivo nacional en lugar de "estatal", que es lo propio. Así, pues, tengo muy claro que los más de 500 millones de hablantes que nos entendemos mediante la lengua castellana como primera o materna lengua, pertenecemos a una misma nación cultural, que sí es  una comunidad real, y prepolítica. 

* * *

Esta pasada noche, a través de la radio  escuché una frase de José Saramago que me quitó el sueño, dicha por Pilar del Río (la escritora y traductora que le acompañara  hasta su fallecimiento en 2010). Venía a decir que "donde hay una fábrica de armas, inmediatamente surge una fábrica de conflictos". 

Y eso me ha llevado a seguir indagando acerca de lo que yo considero como principio de prioridad moral, que a mi entender comporta, implícito,  el mismo principio de responsabilidad del que se ocupara en profundidad Hans Jonas y que ahora, en estos  hipertecnológicos tiempos que corren,  metidos de lleno en una crisis sistémica de dimensión global, cargada de grandes peligros y directas amenazas a la biodiversidad, y más concretamente, a la  reproducción de nuestra propia especie,  imperiosamente exige de nosotros una ética cuasi agónica, dedicada a extremar la prevención del mal y su evitación en lo posible. Se sabe que a su muerte, en 2010, José Saramago dejó escritas veinte cuartillas para una próxima novela para la que había pensado el título de "Alabardas". Gracias a esas notas rescatadas por una editorial para la publicación de esta inacabada novela, sabemos de las últimas  preocupaciones de Saramago, además de conocer cómo surgió la idea/origen de ese libro, a partir de la inquietud que le produjo este dato:  nunca ha existido una huelga en una fábrica de armas. 

Con eso y con la anécdota relatada por André Malraux -acerca de una bomba no explotada, durante la guerra civil española-  Saramago comenzó a escribir la historia de un tal Artur Paz Semedo, obrero en una fábrica de armas, y la de su esposa, una mujer pacifista. Yo no he leído ese libro, pero por las referencias que tengo,  lo que Saramago cuestiona en esas páginas es la ausencia de discernimiento y de conciencia,  que pone en evidencia la banalidad del mal. El personaje central de la novela, que lleva una vida cómoda y rutinaria, completamente ajeno al sufrimiento que el producto de su trabajo en la fábrica de armas causará a miles de kilómetros, experimenta una profunda crisis de conciencia en el momento en que le da por reflexionar el modo en que su trabajo contribuye a una inevitable y endiablada espiral  de guerra y pobreza, donde quienes reciben las balas casi siempre son gente pobre y trabajadora, como él. Leo en una reseña:

"Lo que le desasosegaba, era que un puñado de individuos anónimos, sin caras, sin nombres, o con el nombre que él decide dar a su protagonista póstumo, el de Artur Paz Semedo, fuesen capaces de levantarse cada mañana, tomarse su tostada, con aceite, con foie gras, pronunciado fuagrás, con mermelada, con mantequilla, o incluso con manteca colorá, beberse luego, a sorbitos o de un solo sorbo, según las prisas, el café, este también en consonancia con los gustos propios, con leche, manchado, solo, con o sin azúcar, e irse a trabajar a una fábrica de armas, un lugar en el que, por definición, se fabrican instrumentos que luego se usan, normalmente a cientos o miles de kilómetros, para matar a otros seres humanos, hombres, mujeres, niños, ancianos, algunos de los cuáles habrán desayunado su propia tostada, o su propio café, pero serán, seguramente, los menos, pues siendo la guerra causante de pobreza, o a veces consecuencia de ella, es probable que muchos de esos seres humanos, de esos hombres, de esas mujeres, de esos niños y ancianos, reciban la bala con el estómago vacío, pasando de una muerte a la siguiente".

* * *


Mi conclusión (provisional) 

Donde haya un Estado, necesaria e inevitablemente, a su lado siempre crecerá una industria o fábrica de desigualdad y división social, de lucha de clases y guerra contínua. No soy tan ingenuo como para creer que sea posible una total erradicación del mal, ni pronta, ni definitiva, pero sí que está en nuestras manos evitar la institucionalización de algunos males, al menos los dos más principales y sistémicos: 1) el derecho de propiedad sobre los bienes comunales universales (Tierra y Conocimiento), que origina el sistema capitalista y, en consecuencia, la depredación y devastación sistemática de la biodiversidad; y 2) la institución indemocrática del Estado, responsable de generar  una desigualdad sistémica, con división social,  lucha de clases y un orden social jerárquico y totalitario perfectamente incompatible con la democracia, además de una generalización de la guerra, autodestructiva y total, entre proletarios, entre  capitalistas y entre estados. 

Y, dado que el mal cuenta con tantas ventajas y posibilidades, es un auténtico suicidio darle alas institucionales... ¡pero qué aberración es esa que admite como "natural" y hasta como "pluralidad democrática" la presencia y prioridad del mal... ese instinto salvaje de propiedad territorial y reproductiva, más propio de las bestias, respetado por encima de la inteligencia propiamente humana, racional, ecológica y moral; es una completa aberración que tengan  prioridad la jerarquía sobre la democracia, el principio de  competencia basado en la propiedad y la fuerza, sobre los principios de cooperación,  solidaridad y ayuda mutua; o la prioridad de la guerra sobre la diplomacia....¿a qué viene hacerle el juego y la cama a la ley de la Entropía, esas ganas de violencia autodestructiva, ese ansia por adelantar el fin de la Historia, por acabar con nuestra especie...a qué viene tanta prisa suicida?  

jueves, 30 de abril de 2026

PRIORIDAD HUMANA, CONTRA LA MEGAMÁQUINA (EL PENTÁGONO DEL PODER)



No es casualidad el auge simultáneo de la IA y del movimiento neofascista. La conveniencia de releer a Lewis Mumford

Estamos en medio de una peligrosa transición, de guatemala a guatepeor: vamos de la democracia representativa o imaginaria, hacia el predominio de democracias regidas por una inteligencia artificial e igualmente falsa y representativa. 

En los sistemas probabilísticos y estadísticos de la tecnología algorítmica y de procesamiento de datos, que es propia de la IA, no caben  ideas que pudieran cuestionar las estructuras del poder totalitario. Recuérdese que la IA, como la Internet y las Redes Sociales, son productos tecnológicos, mercancías destinadas a competir en los mercados  capitalistas del mundo, y que son propiedad de grandes corporaciones empresariales, todas ellas íntima y orgánicamente asociadas con las  estructuras del poder político-económico-militar de sus respectivos estados o imperios. Todas estas tecnologías propician y fomentan un radical empobrecimiento de las facultades mentales que son necesarias para formar un pensamiento complejo y realmente crítico, sin el que no es posible una  comprensión de nuestra sociedad, ni menos aún, un mínimo disenso.  

No es una coincidencia el auge de la IA y del movimiento neofascista, y todo ello  apunta a un mismo diagnóstico: estamos a merced de una megamáquina o aparato de dominación que viene funcionando desde hace unos 5000 años, coincidiendo con la institución -simultánea y asociada- de los "derechos" de propiedad y  esclavitud,  sobre la Tierra y sobre la Especie, que han evolucionado y se han desplegado hasta derivar en el actual sistema o megamáquina, de dominio totalitario a escala global. Esta megamáquina es el "pentágono del poder" concentrado que describiera Lewis Mumford (1): una alianza estructural y totalitaria entre la tecnología, el estado, la ciencia, el ejército y el capitalismo.



Lectores y escritores contra la Inteligencia Artificial 


La imagen anterior corresponde a los logos diseñados por Justin Clark, por encargo de Paul Kingsnorth, autor de "Against the machine" (Contra la máquina) para la campaña que éste promueve en contra de la Inteligencia Artificial. 

La megamáquina del algoritmo, los datos y la Inteligencia Artificial (IA)

"Aquí estoy, y aquí estamos todos, pero todo ha cambiado, y está a punto de cambiar aún más, más rápido y para siempre. Las historias seguirán contándose, por supuesto. Solo que sus autores tal vez ya no sean humanos.
Si la IA no nos mata, sin duda nos volverá incapaces de comprender la realidad.

Un profesor universitario que conozco hace que sus alumnos escriban sus trabajos a mano para evitarlo...otro me comentó recientemente que sus alumnos ya no pueden leer libros enteros, tienen que leerlos en fragmentos cortos porque no pueden concentrarse en una texto completo...esta es la pregunta más importante de todas: si las máquinas pueden investigar por nosotros, escribir nuestras historias, construir nuestras casas, pensar con mayor inteligencia que nosotros y todo lo demás, ¿cuál es nuestro papel?, ¿cuál es el sentido de la humanidad?"  
(de "Against the machine", de Paul Kingsnorth)



De izquierda a derecha: Dougald Hine y Paul Kingsnorth, 
autores del  Dark Mountain Project y el 
manifiesto Uncivilization.  


Portada del último libro de Paul Kingsnorth y de la segunda novela
de la saga de ciencia ficción "Guía del autoestopista galáctico",
de Douglas Adams.


Paul Kingsnorth es un escritor y pensador inglés que actualmente vive en Irlanda y que es conocido, además de por sus libros, porque en su dia fue subdirector de la revista  The Ecologist y cofundador del Dark Mountain Project (2).

"Contra la máquina. Sobre la destrucción de la humanidad" (Against the machine, 2025)  es el último libro de Paul Kingsnorth, todavía no publicado en castellano. Su editora resume así su contenido: "este libro explica cómo una fuerza difícil de nombrar, pero que todos sentimos, está remodelando lo que significa ser humano". En palabras de su autor,  el libro  "es un análisis de la matriz tecnológico-cultural que nos envuelve a todos. Fruto de dos décadas de escritura y reflexión sobre tecnología, cultura, espiritualidad y política, busca ofrecer una perspectiva sobre cómo la cultura tecnoindustrial que denomino «la Máquina» ha asfixiado a la civilización occidental, está destruyendo la Tierra y nos está transformando a todos a su imagen y semejanza".

Ya en 2009, en el manifiesto (Uncivilization) del proyecto Dark Mountain (Montaña Oscura)  se cuestionaba la creencia en los mitos de la sociedad moderna y su idea de "progreso", advirtiendo sobre la fragilidad de la civilización ante el colapso medioambiental y social en ciernes, e instando a afrontar esta realidad sin sucumbir al fatalismo y sugiriendo que la propia noción de "progreso" debería ser reevaluada. Aún coincidiendo en la necesidad de tal reevaluación, lo cierto es que los autores del manifiesto no  proponen ninguna acción política, tan solo un lustroso y superficial "cambio cultural", una especie de "actitud positiva", para afrontar el inevitable  colapso de la civilización con "realismo", lo que no es sino un modo eufemístico de nombrar un propósito de adaptación al orden dominante, con sumisión y conformismo. 

Entre otras reseñas, encuentro una del New York Times que abunda en esta crítica, señalando que la obra fue duramente criticada, siendo sus autores tachados de nihilistas y catastrofistas. Refiere a un ensayo publicado  en The Ecologist (la revista que Kingsnorth ayudó a dirigir), en el que se compara a los autores y seguidores del Dark Mountain Proiect con los personajes complacientes de una novela de Douglas Adams titulada "El restaurante del fin del mundo", en la que los comensales disfrutan viendo la aniquilación de la vida, del universo y de todo lo demás, mientras disfrutan de un buen bistec.

Pierre Vandier, almirante de la OTAN y autor del artículo publicado por la revista
Le Grand Continent, acerca del papel de la IA en la guerra contemporánea

La megamáquina militar 

De vez en cuando leo la edición en castellano de la revista francesa Le Grand Continente. Hoy ha llamado mi atención un artículo que asocia la IA a la guerra, escrito por un estratega de alto rango al servicio de la OTAN: "La velocidad es la matriz del nuevo poder: hoy, la lógica de la guerra se reduce a un principio -hay que aprender más rápido que el adversario- y a una consecuencia estratégica: transformarse o estancarse". Escojo un fragmento del mismo, que me sirve de resumen y conclusión del mencionado escrito: 

"La IA condena a las organizaciones lentas y excesivamente burocráticas.Otorga a quien aprende rápido una ventaja exponencial sobre quien no aprende. No es una herramienta más entre otras. Es una prueba de supervivencia darwiniana. Una Alianza que domina este ciclo -aprender, experimentar, implementar- es una Alianza que renueva su ventaja de forma continua. Transformar no significa predecir la próxima crisis. Nadie puede hacerlo. Transformar significa desarrollar la capacidad de sobrevivir a ella y mantener la iniciativa. 

La OTAN cuenta con ventajas que ningún otro actor posee: treinta y dos naciones unidas por un tratado, una capacidad industrial sin parangón y décadas de interoperabilidad forjada a lo largo del tiempo. Estas ventajas son reales. Pero no bastan si la Alianza no se transforma al ritmo que impone la nueva naturaleza de la guerra. Esto significa invertir en capacidades, sin duda. Pero, sobre todo, invertir en la velocidad del aprendizaje colectivo. Reformar los ciclos de adquisición. Abrir las arquitecturas. Conectar la industria con el campo de batalla. Gestionar los datos como un activo estratégico compartido. Formar a combatientes capaces de aprender, no sólo de ejecutar. 

La historia no espera a las organizaciones que dudan. Nunca avisa. Sólo constata, a posteriori, cuáles han sabido transformarse y cuáles han desaparecido, aniquiladas por la derrota. Transformarse o fracasar. No hay una tercera opción". 
(Almirante   Pierre Vandier, Comandante Supremo Aliado de Transformación de la OTAN) 


Un sondeo interno del PP apuntala su pacto con Vox


La megamáquina capitalista y estatal, nacional y/o global (imperial)

En un periódico de edición "nacional", el presidente del PP, señor Feijóo, se reafirma en el pacto con Vox y también en la vinculación de la "prioridad nacional" al arraigo, porque una encuesta al respecto de esta cuestión  revela que "no solo no nos penaliza, sino que nos permite pescar en el votante más centrado del PSOE"Si Feijóo dice ésto es porque los resultados de dicha encuesta revelan que un 40% de los votantes socialistas ven bien la "prioridad nacional".


Para los escasos creyentes que resistimos ante el dogma ideológico estatal/capitalista,  el término "nacional" equivale a "estatal"; y ésto de la "prioridad nacional" solo tiene un significado discriminatorio y profundamente antidemocrático, lo que es perfectamente normal para un orden social  estructurado jerárquicamente en base a un sistema de clases sociales inmersas en una  lucha de clases permanente y sistémica. Así, lo "nacional" tiene una doble correspondencia: refiere  al territorio geográfico en el que se libra la lucha de clases, un territorio cuya propiedad se reparte entre las clases dominantes y su propio aparato burocrático/militar del "Estado", al tiempo que refiere también al espacio social creado artificialmente  como "falsa comunidad" nacional.
Me parece a mi que a la máquina  "nacional", resultante de la alianza capital/estado  le importa poco la raza, el sexo o el lugar de nacimiento de los individuos y comunidades a los que explota y parasita. Más bien le importa solo su potencial utilidad o "rentabilidad"; si su trabajo sirve o no al beneficio de la cuenta capitalista, sea como productores o consumidores, por la doble vía de la explotación laboral y  de la recaudación de impuestos. Toda esa operativa, básicamente financiera, no es sino una gigantesca transferencia de riqueza al interior de las sociedades "nacionales", siguiendo siempre la misma dirección, de abajo hacia arriba: de los desposeídos a los propietarios, de los subordinados a los jefes, de los gobernados a los gobernantes.  La llamada globalización solo es tecnológica y financiera, y nunca dejó de ser una fase expansiva del mismo sistema de dominación, siempre asistida y tutelada por el aparato burocrático, y militar en esencia, propio de cada Estado "nacional". 

Frente a toda esta distopía, mi conclusión (provisional, como siempre), se resume en un llamamiento  práctico y de urgencia:

Aunque seamos cuatro gatos, es muy urgente que nos asociemos cuanto antes quienes pensamos que la primera prioridad de nuestra especie es asegurar su propia reproducción, eliminando la amenaza existencial que representa la  "megamáquina" y creando condiciones de vida humana con plena  dignidad, autonomía.  De ahí mi insistente propuesta de un Pacto Ecosocial Integral, a escala individual, comunitaria y de especie, que al menos  incluya:
1.La imperiosa necesidad de un inmediato y general desarme unilateral de nuestras sociedades.
2. Un mismo e ineludible compromiso, personal y comunitario, de respeto y cuidado por la dignidad y calidad de cada vida humana, sin excepción alguna.  
3. La declaración de la Tierra y el Conocimiento como Bienes Comunales Universales. 
4. Nuestro compromiso existencial con el deber de cuidar de los equilibrios ecológicos de los que depende la continuidad y reproducción de todas  las formas de vida, incluida la humana. 
5. Nuestra voluntad de existencia autónoma y emancipada, mediante la autoorganización social en modo convivencial y comunitario, en ayuntamientos comunales autoconstituidos en modo de asamblea de iguales, en regimen de democracias integrales, autogestionadas y plenamente autónomas, libremente asociadas  en solidarias redes confederales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.


Notas: 

(1) El proyecto Dark Mountain es una red global de escritores, artistas y pensadores fundada en 2009 por Paul Kingsnorth y Dougald Hine, centrada en un manifiesto de 2008 titulado Unicivilization, que cuestiona las narrativas de la civilización industrial, reconociendo el colapso ecológico y el cambio climático.
(2) Lewis Mumford (Flushing, Queens, nacido en la ciudad de Nueva York, el 19/10/1895, y fallecido en Amenia, estado de Nueva York, el 26/01/1990). Un tanto olvidado durante las últimas décadas, su obra es reconsultada actualmente a medida que crece la preocupación por  el avance imparable de la IA y el movimiento neofascista. Sus obras más consultadas son:  Técnica y civilizaciónEl mito de la máquina,  Técnica y evolución humana, El pentágono del poder y La ciudad en la historia. 

jueves, 4 de diciembre de 2025

EL MAÑANA QUEDA ANULADO


De morir ahora, diría: "¿eso fue todo?", o "no he acabado de comprenderlo", o también: "resultó un tanto ruidoso" (Kurt Tucholsky, 1890-1935)


La frase que me sirve para titular esta entrada, en realidad  corresponde al primer capítulo de "Ahora", el panfleto del Comité Invisible publicado en castellano en 2017 por la editorial Pepitas de Calabaza y que así comienza:

"Todas las razones para hacer una revolución están ahí. No falta ninguna. El naufragio de la política, la arrogancia de los poderosos, el reinado de lo falso, la vulgaridad de los ricos, los cataclismos de la industria, la miseria galopante, la explotación desnuda, el apocalipsis ecológico...no se nos priva de nada, ni siquiera de estar informados sobre ello. Clima: 2016 bate un record de calor, titula Le Monde, ahora ya como casi todos los años. Todas las razones están reunidas, pero no son las razones las que hacen las revoluciones; son los cuerpos. Y los cuerpos están delante de las pantallas".

Sin duda que se quedaron cortos los anónimos autores de ese panfleto. Puedo entenderlo, porque en la fecha  en la que lo escribieron faltaban tres años para la pandemia del Covid19, aún no habían comenzado las guerras de Ucrania y Gaza, y por entonces solo se intuía el tsunami neofascista que a día de hoy se extiende por todo el mundo desde que tuviera lugar la primera victoria electoral (en el mes de enero de 2017) del impresentable presidente republicano de los EEUU, el supermillonario empresario capitalista  Donald Trump.

 

 * * * 


La desaparición del deseo y del tiempo: a lo que sigue la desaparición de sí mismo.

Sí, estoy muy de acuerdo en eso, la revolución hoy necesaria no es posible mientras los cuerpos estén a otra cosa, en las pantallas...el antropólogo francés David le Breton (*) afirma en su libro "La desaparición del deseo" que "si hubiera que señalar a un único culpable de la desaparición del deseo, no dudaría en apuntar al asesino más deseado del mundo: el teléfono móvil. Y, con él, a sus cómplices inmediatos: las redes sociales e internet. Una sobredosis digital tan invasiva como letal". Y explica muy bien cómo el teléfono móvil contribuye decisivamente a liquidar el deseo humano, advirtiendo que "nos adentramos en una sociedad fantasmal donde, incluso en las calles, los ojos se clavan en las pantallas, en un gesto de adoración perpetua"..."Nunca hemos comunicado tanto, pero nunca hemos hablado tan poco entre nosotros".

En los años 90, con Internet y luego la generalización de los teléfonos "inteligentes" vimos acelerarse una gran acumulación de nuevas tecnologías, que no ayudaron a reducir el tiempo de trabajo, ni el cansancio o la tensión asociadas al mismo, sino que en realidad contribuyeron a incrementarlos. Todo ello está produciendo una escasez de tiempo  y el sentimiento de estar atrapados en una "carrera contra el tiempo" que no para ni cuando estamos agotados, teniendo la sensación de estar corriendo en una cinta sin fin que nunca se detiene, ni cuando estamos más agotados. Nos esforzamos en ganar tiempo, sólo para descubrir que cada vez tenemos menos tiempo.

Desaparecer de sí

Este es el título del último libro de David Le Breton, donde dice que "en un mundo marcado por las obligaciones, las exigencias, los compromisos, la apariencia, por la búsqueda frenética de sensaciones, surge el deseo de ausentarse. El individuo no cesa de renacer nunca. Cambia para seguir siendo el mismo. Y puede llegar a sentir la tentación del abismo, o al menos la de desaparecer, la de ser alguien distinto o, a la inversa, multiplicarse".

Es frecuente que a veces tengamos ganas de incomunicarnos, de no querer ni siquiera participar en el presente, sin proyectos ni deseos, prefiriendo ver pasar la vida desde una orilla, como algo ajeno...son ganas de ausencia que afectan cada vez a más mujeres y hombres corrientes, un deseo de desconexión y de hacernos invisibles. Es algo que nos deja fuera del tejido social, al menos por un tiempo, pero que, paradójicamente, experimentamos como una necesidad, para seguir viviendo. Esas ganas de desaparecer es un sentimiento muy contemporáneo, que llevado a su extremo explica el incremento del suicidio en la adolescencia, tal como analiza muy bien David le Breton en el libro de referencia. Me impactó especialmente lo que dice al respecto: "los jóvenes no buscan en el alcohol la euforia de la borrachera, sino el coma etílico para dejar de estar presentes".

 

Nada piensa quien nada espera (o des-espera)

Pensar no se lleva, ahora más bien se vocea, se llora o se berrea, porque ante la acelerada actualidad que nos pasa de continuo por encima, no se está en disposición de esperar nada,  el poco tiempo del que disponemos tan solo nos da  para una reacción emocional instintiva, primaria, que como mucho comporta una respuesta escueta, condensada en unos pocos caracteres...y así, el tipo humano medio, el cliente habitual de las redes sociales y los massmedia, tiende a ser un típico bocazas, alguien que no esperando nada, lo quiere todo de inmediato y por eso prescinde de toda necesidad de reflexión (no hablemos de  pensamiento estratégico). Lo que hace este bocazas se parece mucho a lo que hacen los recién nacidos cuando sienten hambre, que solo sienten y solo atienden a su instinto animal más primario, no esperan, y por eso no piensan,  su única urgencia  es la de comer cuanto antes; en esa des-esperación  solo les sale llorar o berrear, y viéndose en su absoluta precariedad y soledad no pueden esperar, ni tampoco pensar.

Tras el nacimiento, y conforme se va desarrollando la capacidad de pensar a lo largo de los  meses y años siguientes, a la par irá creciendo la capacidad de espera. Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que nuestra capacidad de pensar está directamente relacionada con las capacidades de espera y elección, ante el apremio de nuestros instintos animales más primarios. Al fin y al cabo, la vida es estar siempre esperando cosas, sea a corto plazo o a largo; y cuando se van consiguiendo, enseguida aparecen nuevas razones: para pensar y seguir esperando. 

A pesar de la que está cayendo,  intuyo que vamos siendo algo más de cuatro gatos quienes pensamos que nuestras sociedades no podrán continuar durante muchos años con su actual inercia autodestructiva, la que nos organiza jerárquicamente (por razas, sexos y clases sociales), en  identidades divisorias y aislantes, en sumisas multitudes de espectadores/clientes adictos al espectáculo tecnológico, en sociedades ruidosas e infoxicadas, privadas de tiempo para la reflexión y la conversación, como también para el silencio...porque así, ¿qué alternativa puede imaginarse, cuando nada se piensa, porque nada se espera...cuál que no sea la de llorar o berrear o, aún peor, el gobierno imperial de los bocazas? 

Este es el desafio al que estamos emplazados:  la política no puede limitarse a un ejercicio administrativo y de control de la vida, sino que está obligada a cuestionar y resistir activamente contra las estructuras del Poder que la reducen a mera biología domesticada y controlable. Nada justifica la necesidad de vivir aisladamente, encerrados en nuestras pobres individualidades, condenados a vivir clasificados y estabulados en granjas urbanas, con nuestra existencia reducida a una  permanente competencia y lucha por la supervivencia, entre individuos, sexos, clases, empresas,  mercados y naciones/estado.

En esta encrucijada evolutiva, como especie disponemos de conocimiento y experiencia histórica suficiente para entender que ninguna de las ideologías políticas procedentes de la Modernidad  burguesa está a la altura de los singulares desafíos de la época en que vivimos. Cierto que ninguna generación de las precedentes pudo saber lo que hoy sabemos nosotros, que  nunca antes nuestra especie tuvo a mano tecnologías tan avanzadas y que, además, nunca como ahora se dio la posibilidad de una mínima conciencia global, a escala de especie. Es en esta encrucijada, en un   contexto histórico tan singular y tan agónico como distópico,  cuando nos convendría, pienso yo,  ponernos en espera activa de un futuro mejor, comenzando por pensar en lo que ahora -como individuos y como especie- nos es más urgente y esencial: en cómo salir de ésta.

 

* * *

 

Y ahora, por favor, que levanten una mano los "communitas" presentes en esta sala...nadie... o ni caso...han debido entender otra cosa, quizá algo así como "comunistas"...¿o es que el auditorio está lleno de "inmunitas"?

Las palabras en latín "communitas" e "immunitas" refieren a conceptos filosóficos y  políticos acerca de la organización de la vida en común, son dos modos de entender la relación entre las personas y el cuerpo social, que entendemos como polos opuestos o dialécticos, sobre todo a través de la obra del filósofo italiano Roberto Esposito.

"Communitas" proviene de cum (con) y munus (con el significado de don: deber u obligación), que implica una relación entre los miembros de una sociedad, por la que éstos comparten un "munus", una obligación mutua. No se trata de una propiedad que se posee (como un territorio), sino que es una relación de radical coexistencia y de identidad abierta, del individuo hacia el otro y plural. Asi, la comunidad se define por este "tener en común una obligación mutua".

"Immunitas" proviene de munus (carga u obligación), con el prefijo privativo in- (no). Significa estar exento de la obligación del munus (ya sea personal, fiscal o civil). Representa la protección y la negación de esa deuda compartida que define a la communitas. Es un mecanismo de defensa que busca preservar al individuo o al cuerpo social de los riesgos que son  inherentes al "estar-en-común", riesgos como  el contagio, la violencia o la pérdida de identidad. El paradigma inmunitario busca neutralizar las amenazas mediante la exclusión o el control, como se ve en los sistemas jurídicos, políticos y también en los biológicos mediante el uso de vacunas. 

La política del Orden Dominante (estatal/nacional/capitalista/moderno) está dominada por el paradigma inmunitario, según argumentara Roberto Esposito; y es así, porque la comunidad (communitas), para este Sistema implica una exposición y  un riesgo muy radical, del que necesita protegerse mediante dispositivos inmunitarios. En resumen: mientras que la communitas supone exposición a una vulnerabilidad compartida por razón del munus,  la immunitas supone la exención de esa exposición mediante mecanismos de  aislamiento y control, a modo de vacunas que suponen la liberación de  la obligación comunitaria (del munus), una especie de "privilegio" que mantiene al individuo aislado de la comunidad.

Tal como yo lo entiendo, el Sistema que organiza el aislamiento social del individuo, que le deja  inerme, desvalido y solo ante el poder de la clase dominante, se sostiene no solo por la fuerza de su estructura legal/militar, sino también y sobre todo con fundamento en su primitiva y salvaje ideología que fija la Propiedad junto a la Fuerza Bruta como fuentes de Libertad, una ideología que tiene una antigüedad neolítica y que todavía es  compartida por la mayoría de nuestra especie, que aspira a vivir con la misma libertad que exhiben aquellos humanos que, por herencia o por mérito propio, llegan a formar parte de la clase dominante integrada por propietarios y gobernantes. 

Pero, si pienso que este Sistema tiene sus días contados, es precisamente porque advierto claros síntomas de que la ideología estatalista que lo sostiene (tanto en su versión neoliberal como socialdemócrata),  comienza a disiparse por efecto de su propia entropía. De ello, la prueba más sólida es el auge de los  movimientos neofascistas e hipernacionalistas que vemos extenderse por todos los continentes como una plaga, buscando irracionalmente el repliegue nacionalista de los capitalismos locales, ahora que ven como la Globalización Capitalista, en su crisis terminal  ya no da más de sí.

 

Nota:

 (*) David Le Breton (1953), nacido en Le Mans, es sociólogo y antropólogo, profesor en la Universidad de Estrasburgo,  miembro del Laboratorio Interdisciplinar de Estudios Culturales y del Instituto Universitario de Francia. Es autor de numerosos ensayos y libros  como "Antropología del cuerpo y modernidad", "Antropología del dolor" o "El silencio". Ha publicado también numerosos artículos en revistas y obras colectivas. Es uno de los autores contemporáneos más destacados en materia de estudios antropológicos. En castellano han sido publicados, por la editorial Siruela, sus libros: "Elogio del caminar", "La sociología del cuerpo", "Caminar la vida" y "Desaparecer de sí". 

En 2023 publiqué en este mismo blog un texto con referencias a una de sus libros más leídos, "Elogio del caminar":

https://blognanin.blogspot.com/2023/10/del-escalar-o-caminar-montanas.html

domingo, 28 de septiembre de 2025

SER CONTEMPORÁNEOS

 

 

Contemporáneo es quien percibe la oscuridad de su época (Giorgio Agamben)

  

¿Qué es ser contemporáneos? fue la pregunta que guió uno de los seminarios de filosofía que Giorgio Agamben (1) dictó en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia. En su definición de lo contemporáneo, plantea que se trata de una particular relación personal con el propio tiempo en que se vive, y que contemporáneo es quien teniendo la mirada fija en ese tiempo, más que sus luces percibe sus sombras.

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Junto a otros notables expertos en historia antigua, el alemán Christian Meier (1929) ha explicado que fue en la Atenas del siglo de Pericles (V a.C.) cuando tuvo lugar un cambio trascendental en el modo de definir la pertenencia social de los individuos. Si hasta entonces (el momento histórico que coincide con el orígen de la Democracia en Atenas) los individuos se incluían en la ciudad/estado (la polis) mediante su status social y, por tanto, con una gran diversidad de condiciones al interior de la misma clase dominante, constituida por “hombres libres”: grandes propietarios, comerciantes, campesinos, militares, sacerdotes, artistas, filósofos….con este nuevo modo de participación social (democracia) surgía el concepto de “ciudadanía” para definir esta especial relación social que denominamos como “política”. Pero siempre conviene recordar que ya en sus orígenes esta “política” de la democracia excluía de participar a las mujeres, a los extranjeros, a los sirvientes y a los esclavos, que constituían la mayoría de la población ateniense. Esta restringida participación “popular” tenía efecto en instituciones como la Ecclesia (la asamblea popular), la Bulé (o “consejo de los 500”) y la Heliaia (tribunal de justicia). En estas instituciones los cargos públicos eran temporales y. en su mayor parte, elegidos por sorteo.

Comparto con Giorgio Agamben que la vida humana no es política por sí, sino más bien pre-política, o mejor todavía, "impolítica". Y que lo político (de “polis”, ciudad) corresponde al orden de lo excepcional: eso que etimológicamente significa “excluir algo e incluirlo mediante su exclusión misma”. Por eso que la vida, impolítica por sí, sea excluida de la ciudad y mediante esta exclusión va a ser incluida y politizada...así, debe ser politizada para convertirla en fundamento del sistema político (el estado-nación-moderno).

Agamben ha definido muy bien el nivel estructural del “estado de excepción”, como la operación subterránea del poder que produce y articula la vida humana como “nuda vida”, esa cosa extraña que no hay que confundir con la vida natural, porque solo es la vida escindida de sí misma e incluida orgánicamente -ésto es la biopolítica- en el sistema de dominación.

Siguiendo la estela del filósofo romano, sostengo que en el mundo contemporáneo ”el estado de excepción”, que siempre fue una suspensión temporal, ahora está integrado como norma, se ha vuelto permanente e institucional, perfectamente integrado en el funcionamiento ordinario del poder político. El estado de excepción es, en palabras de Agamben, “la matriz oculta del orden político contemporáneo”, en el que la vida misma se convierte en objeto del poder.  

Oculta es, por ejemplo, la verdadera propiedad estatal de las tierras y demás “propiedades” incluidas al interior de las fronteras de todo Estado. Porque, sea cual sea la titularidad “legal” de las mismas, el Estado tiene reservado para sí un excepcional poder de expropiación -igualmente “legal”- sobre cualquier propiedad, lo que justifica mediante un supuesto “interés público” que solo puede ser determinado por el propio Estado, lo que da pie a erigirse en “propietario absoluto”, al tiempo que representante y defensor supremo de un "interés público” que de este modo queda perfectamente identificado con el interés del Estado.

Estos poderes absolutos, de excepción y expropiación, que definen al estado-nación-moderno, constituyen ese oscuro espacio de indeterminación entre la democracia y el absolutismo, tal como lo viene proponiendo Agamben (aunque éste lo refiere solo al estado de excepción): “Occidente ha construido un estado de excepción que no es una dictadura, sino un espacio vacío de derecho, un vacío jurídico, es decir, una zona de anomia en la cual todas las determinaciones jurídicas son desactivadas”, algo que viene a ser como una perversa e íntima solidaridad entre democracia y totalitarismo.

Pues bien, además del estado de excepción, yo añado también el “poder de expropiación”, vengo haciéndolo desde que estuve convencido de que el exclusivo derecho de propiedad, ejercido sobre la Tierra y el Conocimiento humano (lo que en su conjunto yo considero "comunales universales"), es la cuestión nuclear del orden político dominante, ya desde sus remotos orígenes neolíticos, que así extiende su excepcional y absoluto derecho de apropiación sobre todas las formas de vida, incluyendo la vida humana, lo que Foucault denominara “biopolítica”.

Nunca mejor que con ocasión de la última pandemia, hemos podido ser testigos directos, a escala de especie, del excepcional poder absoluto del estado-nación-moderno. Pienso que nuestras sociedades todavía no son conscientes de la real trascendencia histórica, de alcance universal, que tuvo la gestión del estado de excepción durante la pandemia de la Covid19, por la generalidad de los Estados. Ni tampoco es percibida todavía la conexión, que a mi entender se da, entre aquel estado de excepción generalizado y el auge actual del totalitarismo de extrema derecha en sus variantes neo-demo-fascistas. Estoy seguro de que en los próximos años se tendrá la perspectiva histórica suficiente, que pondrá en claro que esta coincidencia no es casual, por mucho que se quiera soslayar por quienes en su día se plegaron sumisamente a la burda aplicación del estado de excepción: a grosso modo o manu militari, pasando por encima de todo debate político y científico, en flagrante contradicción con los propios principios liberales del Sistema, y burlando tanto el método científico como el democrátrico.

Al respecto de esta pandemia, pienso que Agambén acertó en calificar al estado de excepción aplicado entonces como puro y ciego totalitarismo estatal, al tiempo que se equivocó, a mi entender, cuando calificó a la covid-19 como una gripe normal. En aquellos momentos de confinamiento, con la distancia social como norma, que acabó marcando mi propia vida en modo que nunca pude imaginar, me interesó mucho la “filosofía del contacto” que iniciara Agamben con una conferencia publicada a principios de 2020 en el sitio web de la editorial “Quodlibet”, que comenzaba así:

Dos cuerpos están en contacto cuando se tocan. ¿Pero qué significa tocarse? ¿Qué es un contacto? Giorgio Colli ha dado una aguda definición afirmando que dos puntos están en contacto cuando están separados sólo por un vacío de representación. El contacto no es un punto de contacto, que en sí mismo no puede existir, porque cualquier cantidad continua puede ser dividida. Se dice que dos entes están en contacto cuando no se puede insertar ningún medio entre ellos, es decir, cuando son inmediatos. Si entre dos cosas se establece una relación de representación (por ejemplo: sujeto-objeto; marido-mujer; amo-siervo; distancia-cercanía), no se dirá que están en contacto; pero si se pierde toda representación, si no hay nada entre ellas, entonces y sólo entonces se podrá decir que están en contacto”. Es una explicación con alto riesgo de abstracción, contra el que el propio Agamben propuso volver al punto de partida para interrogar a “ese sentido más humilde y terrenal que es el tacto”.

Así, continuaba esa conferencia diciendo que “mientras que con la vista no podemos ver nuestros ojos y con el oído no podemos percibir nuestra facultad de oír, con el tacto tocamos nuestra propia sensibilidad, al tocar y ser tocados. El contacto con otro cuerpo es, por lo tanto, a la vez y en primer lugar también contacto con nosotros mismos”.

Es así como mediante el tacto se genera algo parecido a un sujeto, que en los demás sentidos solo está supuesto en modo abstracto. Esto me pareció muy importante: nos experimentamos a nosotros mismos por primera vez cuando al tocar otro cuerpo, tocamos a la vez nuestra propia carne”. Por eso que en caso de abolir todo contacto, si se impusiera entre nosotros la norma de distancia social, no solo perderíamos la experiencia de otros cuerpos, sino, sobre todo, perderíamos toda experiencia de nosotros mismos: nuestra carne, nuestro propio cuerpo. Sí, porque en esta visión humanista del contacto humano, el sujeto es creado por la afección que recibe por su relación con otro cuerpo-sujeto. Se trata, pues, de una ontología radicalmente diferente: “si hubiera un sujeto de lo político sería aquel que es afectado por la relación entre los cuerpos”. 

*** 

Del pensamiento de Agamben me interesan mucho sus reflexiones acerca de la revolución como “poder destituyente”, que él define no como una forma de abolición o de acción, sino como “la construcción de una forma-de-vida”. Se trata de la destitución de las obras del poder, de desobrarlo, no simplemente de su abolición. Si fuéramos capaces de pensar un poder como potencia puramente destituyente, llegaríamos tal vez a romper la dialéctica entre poder constituyente y poder constituido que ha sido, como ustedes saben, la tragedia de la Revolución”. De todas las revoluciones, hasta ahora, añado yo por mi cuenta.

Argumenta Agamben que “el poder denominado democrático se funda de hecho en la ausencia del  pueblo. Podríamos llamarlo "ademia", ausencia del demos o pueblo. La democracia que tenemos enfrente es algo que se tiene a través del mecanismo ridículo de la representación, que ha capturado la ademia, la ausencia del pueblo en su centro”. Y continúa: la verdadera anarquía no es nada más que la destitución de la anarquía del poder. Y es por ésto que nos sea tan difícil pensar la anarquía como autogobierno, porque al pensarla vemos lo que el poder hizo de ella: una guerra de todos contra todos, un puro desorden…”

A propósito de la construcción de una forma-de-vida destituyente, dijo Agamben que Tiqqun había desarrollado esta definición de manera muy interesante en tres tesis: 1) La unidad humana no es el cuerpo o el individuo, sino la forma-de-vida. 2) Cada cuerpo es afectado por su forma de vida como por un "clinamen", una atracción, un gusto. 3) Mi forma de vida no se relaciona con lo que yo soy, sino con cómo soy lo que soy. Y añadía Agamben, como esclarecimiento y a mayores de la definición de Spinoza (de los seres singulares como “modos” del ser), que  esta sustancia del ser no es más que sus modificaciones, su Cómo.

El “arjé” (del griego) refiere a ese principio fundamental o sustancia primordial de la cual se creía que todo lo que existe se origina y de la cual depende para su existencia. Según pienso, los filósofos presocráticos buscaban inútilmente este arjé para explicar el origen y la naturaleza del Universo, entendiendo que es el elemento que permanece a pesar de los cambios y que sirve de fundamento para toda la realidad. Así, tomando por ejemplo a filósofos presocráticos, Tales de Mileto creía que el arjé, como principio de todo, era el agua; Heráclitó pensó que era el fuego y Pitágoras pensó que el número es el fundamento de todo lo que existe.

A propósito del orígen o arjé, es digno de mención el pensamiento de Orígenes Adamantius (más conocido como Orígenes de Alejandría) (2) y su doctrina denominada “origenismo”, que afirmaba la preexistencia de las almas, anterior a la creación del Universo, y su evolución mediante la encarnación (tomando un “cuerpo”), teoría que fue rechazada por la Iglesia en el Concilio de Constantinopla, tachada como herejía. Según Orígenes, la “vida”, como proceso de encarnación, fue el modo de castigo divino por el pecado original de desobediencia, una especie de proceso disciplinario necesario para restaurar su original estado angélico o espiritual. Es este concepto de la vida como encarnación y castigo disciplinario lo que hace de Orígenes un filósofo contemporáneo del tiempo que le tocó vivir, a caballo de los siglos II-III, en plena decadencia del imperio romano. A diferencia de los filósofos cristianos de su época, Orígenes no pensó en un infierno eterno como castigo, más bien argumentaba que al final de los tiempos, todos se salvarían, incluso el mismo Satanás, considerando al infierno una fantasía humana contradictoria con el Evangelio.

Y antes que Orígenes, en el siglo previo a nuestra era, Tito Lucrecio Caro (99-55 a. C.) en su poema “de rerum natura” (de la naturaleza de las cosas) rechazaba las posiciones platónicas y pitagóricas acerca de la reencarnación y la inmortalidad del alma, entendiendo la muerte como “el fin de la capacidad de percepción”.

La idea religiosa de un Apocalipsis con Juicio Final se ha hecho contemporánea en modo de Colapso y Crisis sistémica. Pero no hay que olvidar su persistencia a lo largo de la historia humana. El mismo Agamben pone como ejemplo la carta del arquitecto del renacimiento florentino Filippo Brunelleschi, quien vivió de 1377 a 1446, en la que escribiera: «vivimos en una época en que todo se derrumba. En ninguna parte hay un talento a la vista». 

Así que la idea de vivir en un “permanente fin de los tiempos” parece ser una constante idea religiosa, concretamente cristiana, consistente en distribuir a la gente -tras el juicio final- según su grado de sumisión a la ley divina: unos al cielo y otros al infierno. Para ilustrarlo, Agamben ponía el ejemplo de un Santo Tomás para quien una de las grandes alegrías del paraíso consiste en disfrutar del castigo de los pecadores, poniendo este “entretenimiento celestial” en relación con el éxito actual del cine sanguinolento o “gore”. Y yo añado también a todos los espectáculos especializados en catástrofes, apocalipsis y distopías de todo tipo.

Parece que toda esta Cultura del Colapso sirviera de preparación a un futuro próximo en el que, como los portentosos indicios que ya contemplamos a diario en medios y redes sociales,  nos van  acostumbrando a la banalidad orgánica del mal, biopolíticamente atados a un  Estado habitual de  excepción y expropiación permanente...una sistémica y sostenible lucha de clases, crisis, colapso...distancia social y ausencia de comunidad al cabo. O sea, como en la pandemia.

Notas:

(1) Giorgio Agamben (Roma, 1942) es un filósofo contemporáneo, que acaba de cumplir 82 y que,como nosotros, está siendo testigo de la decadencia del último gran imperio, a caballo de los convulsos siglos XX-XXI: el imperio del occidente euroamericano, que con toda seguridad será mucho más efímero que el romano y que pasará a la Historia etiquetado como cristiano (como el imperio romano), además de liberal-burgués, colonial y capitalista.

(2) Orígenes Adamantius (Alejandría, c. 184-c. 253) fue un filósofo, cristiano y hereje, que vivió a caballo de los siglos II-III de nuestra era, siendo testigo directo del comienzo de la decadencia del imperio romano que fundara Augusto César en el 27 a.C. y que colapsaría en pleno siglo V, cumpliendo así cerca de 500 años de existencia.