En el título me refiero a los creyentes religiosos de todos los credos, también a los creyentes progresistas, tanto liberales como socialistas, y como no, a los creyentes tecnófilos, mayormente transhumanistas, que para mí son una especie de compendio o precipitación de los anteriores.
***
Acabo de enterarme: las plantas con flores no existieron hasta el Cretácico Medio, hace solo unos 100 millones de años; por eso que las criaturas del Jurásico, como el diplodocus, que habitaron la Tierra hace entre 145 y 201 millones de años, no llegaron a conocer las flores, ni siquiera la hierba. Esto nunca lo hubiera sabido, ni imaginado, si no fuera porque hace unos días acabé de leer "Otros mundos.Viaje por los ecosistemas extintos de la tierra", un libro editado por primera vez en 2022, en Inglaterra, cuya autor es Thomas Halliday, científico e investigador asociado del departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Birmingham, donde se ocupa del estudio de los patrones ecológicos y evolutivos de nuestro planeta, combinando el conocimiento paleontológico tradicional y la moderna biología.
Así, pues, parece ser que por Aguilar de Campoo y sus entornos, ocupados a día de hoy por un castillo en ruinas, un gran pantano y un polígono industrial donde a diario se fabrican toneladas de galletas, no había flores ni hierba cuando por allí corrían los dinosaurios a orillas de ríos que todavía no eran el Pisuerga, a su vez ocupados en devastar los relieves de las Loras y Brañosera. Por eso mismo, tampoco en la película Jurassic Park debieran de haber aparecido esos grandes bichos, clonados por antojo de un multimillonario, correteando por idílicas y exuberantes selvas, no, de haberlo sabido a tiempo el director de esa película, un tal Steven Spielberg.
La verdad es que flipo con estas lecturas y con todas las que hablan de los orígenes de la Tierra y de la Vida, que por cierto, guardan entre sí solo una distancia temporal de apenas setecientos millones de años.
Tanto si me detengo en observar la inmensidad de los cielos nocturnos o en admirar el revoloteo caótico de cientos de pequeñas mariposas, ante la grandiosidad, complejidad y minuciosidad de todo este Mundo, no es de extrañar la creencia religiosa de tantísima gente en un posible origen mágico, o divino, del Cosmos y de su parte viva sobre todo, lo mires por donde lo mires, macro y micro, en todas sus dimensiones.
Pasadas las prisas por disponer de una explicación rápida y suficiente, acabo imaginando el origen y evolución de la Materia, tanto inerte como viva, como un compuesto de trama y urdimbre (o sea, lo que es un tapiz), tal como explica magistralmente la bióloga argentina Sandra Myrna Díaz, cuando afirma que "en el tapiz de la Vida hay barroquismo (mucha complejidad y biodiversidad) en la trama, pero no en la urdimbre" (que no puede ser más simple), en referencia, sin duda, a la hipótesis científica de un océano primitivo, a modo de "caldo primigenio" o sopa química-prebiótica en la que se formaron poco a poco los primeros ladrillos de la construcción celular y de la vida toda; lo que de ser así, a todos los seres vivos nos hermana como descendientes de un mismo origen común y bien simple...¡pero qué difícil de imaginar es, que a partir de tan poca cosa pudiera surgir y derivarse la inmensa variedad y belleza de la vida!, replicada de contínuo en miles de individuos y especies de diferentes reinos, que se extinguen y suceden tomando el relevo a cada brusco cambio climático, o a cada catástrofe en forma de grandes olas-tsunamis, o fuegos procedentes de las estrellas, incluso de otras galaxias, cuando no del interior mismo de la Tierra. Parece imposible de imaginar un origen tan simple, para una especie humana que ha pasado la mayor parte de su existencia mirando a los cielos con temor, soñando un paraíso más duradero y buscando merecer el favor de los dioses.
Solo cuando los humanos hemos visto nuestro planeta de lejos, a través de los ojos de los astronautas, hemos empezado a tener cierta conciencia de especie, lo que ha sucedido bastante después de haber perdido la conciencia de clase, al menos la obrera, en esta parte occidental del mundo capitalista.
Qué fácil de explicar y qué difícil de entender lo simple y compleja que puede ser la realidad, incluida la Vida, todo al mismo tiempo, con esa metáfora de la trama y la urdimbre, cuando todavía no hemos digerido los grandes descubrimientos de la Física Cuántica, respecto de una realidad compuesta de objetos materiales cuya existencia ya se sabe que resulta imposible sin el inmenso vacío o salsa inmaterial que los envuelve y vincula entre sí, mediante una relación tan inasible como invisible, y que por costumbre de siglos solo podemos imaginar como producto mágico de los dioses, todavía.
En 1945, en plena guerra mundial, un científico ruso de nombre Vernadsky daba esta respuesta a la pregunta por el ser de la vida: "los seres vivos son entes que retrasan (todo lo que pueden), el momento en el que llegan a su estado de máxima entropía", que no es sino la muerte. Después, todos los ecologistas y progresistas de derechas, le echan la culpa de todos los males al Hombre (un ser absurdo, por inexistente y concretamente abstracto), como hiciera el grandísimo escritor Miguel Delibes: "el hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro". Para los ecologistas y progresistas de izquierdas, la culpa de todo corresponde a la clase dominante, la que gobierna cuando no gobiernan ellos, la que acumula el Capital (otra abstracción, que concretamente no es otra cosa que el beneficio procedente de la apropiación de la Tierra Común mediante alguna forma de violencia, y de parasitar el trabajo ajeno...pero yo creo que aún teniendo bastante más razón que Miguel Delibes, todavía éstos no son conscientes de hasta qué punto son responsables de ayudar y sostener al mismo Sistema que es responsable de la sexta extinción en marcha, el mismo que nos lleva, directamente y a toda prisa, hacia la extinción de nuestra propia especie. Y muy probablemente, esa puede ser la causa de la práctica extinción de las izquierdas ecologistas y progresistas, esa complicidad con la entropía del Sistema; por lo que me atrevo a vaticinar que tras la extinción de las izquierdas y contando solo con su parte derecha, el Sistema de la Propiedad y la Dominación (o par estado/capitalismo) podrá sostenerse por muy poco tiempo.
* * *
Como se sabe, flipar es un verbo muy polivalente, que vale para significar un estado de alucinación bajo el efecto de alguna sustancia estupefaciente, y también me sirve a mí para expresar el asombro o pasmo que siento cuando pienso en esa trilogía de ingenuos y recalcitrantes creyentes religiosos, políticos y tecnófilos, esos que suman entre todos no menos de las tres cuartas partes de los humanos que habitamos este mundo.
Pienso que la mayor de las ingenuidades corresponde al tipo "político", que a día de hoy es más propia de las izquierdas autoetiquetadas como "progresistas", cuya ingenuidad solo es comparable a la de los transhumanistas, cuyo flipe y tecnofilia les hace creer que no tardando habrá un reparto general de prótesis cerebrales cargadas con un completo software de la felicidad, con su SIA (superinteligencia artificial) incorporada, junto a un implante de memoria externa y expandida, además de un recambio de cuerpos sanos y esbeltos, enteramente disponibles para quienes lo necesiten...y por supuesto, un asiento seguro en las naves de Elon Musk que habrán de llevarnos a Marte para evitar ser torrefactados aquí, en el planeta Tierra, por un sol achicharrante.
En estos casos, "flipar" es para mí un estar como asombrado, o pasmado más bien, por tanta ingenuidad, que no puedo explicar sin la decisiva mediación de una ignorancia sistémica, histórica y acientífica, de la que yo mismo no he podido librarme hasta hace bien poco. Antes de continuar, describiré el perfil básico que le asigno a cada una de estas tres categorías de creyentes:
1) Creyentes religiosos: personas como el papa León XIV, que esperan la resurrección de la carne y, por tanto, la existencia de otra vida supuestamente mejor, para después de ésta; y que en esa espera mantienen relaciones y conversación con imaginarios seres inmateriales y extraterrestres, y hasta con sus representaciones gráficas o escultóricas (de profetas, santos, vírgenes y dioses).
2) Creyentes políticos: personas como Gabriel Rufián, que esperan la imposible resurrección de una clase obrera rebelde y revolucionaria ya extinguida (a la par que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas); o como un tal Alberto Nuñez Feijoo, que cree que con el capitalismo heos llegado al fin de la historia, y que -como Gabriel Rufián-todavía piensa que el capitalismo, si no es el mejor de los mundos, sí es el único mundo posible...y que en el peor de los casos siempre tendrá arreglo...oye, que para eso está la Tecnología y el Estado.
3) Creyentes tecnófilos: personas como Nick Bostrom, que esperan llegar muy pronto a convertirse en un ser posthumano, algo así como una nueva especie de seres mediomáquinas que dispondrán de capacidades físicas e intelectuales mucho mayores que las que tenemos los simplones humanos actuales (pienso hasta qué punto ha calado ésta paranoia del transhumanismo en los jóvenes nativos digitales, lo pienso cada vez que les escucho decir eso de "¡eres un máquina!").
De verdad que asusta la palabra "trans-humano", tanto como el concepto que contiene. En general, las opciones de mejoramiento humano que contempla el pensamiento transhumanista, incluyen la ampliación del tiempo de vida, la eliminación de sufrimientos innecesarios, la erradicación de enfermedades, así como el incremento de las capacidades físicas, intelectuales y emocionales...¿quién no va a querer estas mejoras?...pero sucede que en el mismo paquete te acaban metiendo la colonización espacial y la posibilidad de crear máquinas superinteligentes, junto a desarrollos tecnológicos capaces de alterar la condición humana en profundidad, sin olvidar que este mismo pensamiento transhumanista se propone también el diseño de nuevos modelos de instituciones sociales, económicas, culturales y políticas.
Hay un perfil común a los tres tipos de creyentes, que a mí me parece más que evidente: como tales creyentes, todos ellos son individuos "esperantes", gente en espera de "algo" que todavía no existe, pero que existirá próxima y necesariamente solo para cumplir su expectativa de una mejor vida, en función de sus respectivas creencias, sean éstas religiosas, políticas o tecnológicas. Personalmente, hace mucho que dejé de ser creyente, o esperante, ya no espero ninguna forma de redención, y no es porque sea consciente de que me quedan un par de telediarios por vivir...no, es porque hace ya unos cuantos años decidí pasar a pensar por mí mismo, al menos en aquellas materias que comparto con mis iguales, pero especialmente en las tres antes citadas -religión, política y tecnología-, causantes a mi entender de las mayores y más abundantes patologías. Sin que por eso dejara de interesarme por el avance del Conocimiento científico, especialmente del histórico y social, pero rehuyendo en lo posible toda afiliación precipitada, o puramente emocional, que por mi propia experiencia he podido comprobar que acaba en doctrinaria, paralizante y retrógada militancia; sí, porque te reduce y te deja estancado, como detenido en el tiempo, lo que es mucho peor en estos malos tiempos, en los que más necesitados estamos de ir a la par del histórico devenir de los tiempos, pero echándole una ojeada, cada poco, al horizonte y al retrovisor.
Y también (muy importante), me pasa que intento inmunizarme lo más que pueda, en medio de esa pandemia global de sectarismo que envenena la convivencia en esta era terminal de la globalización consumista, que impide toda forma de comunidad auténtica, todo mínimo despliegue de inteligencia evolutiva y propiamente humanista, que yo interpreto a mi manera, a partir de la estela ecosocial/anarquista/comunalista que nos dejara Murray Bookchin, en buena compañía del principio de ética simbiótica o simbioética, recién elaborada y propuesta por el humanista-marxista Jorge Riechman. Si bien, matizo que del anarquismo (fobia al Estado) me sobra su total carencia de orientación estratégica, y del marxismo (fobia al Capital) me sobra su querencia por la dirigencia, el partido y el centralismo que, quieras o no, siempre será querencia de la Propiedad y del Estado, que una cosa lleva a la otra, tal como el roce lleva al cariño.
* * *
Si será simple la realidad, que TODO lo que existe es comunal como el amor humano y universal, comunal como la Tierra y el Conocimiento, comunal o mercancía, querencia y amor de todas formas, tal como en su día anunciara Pablo Ardisana (1940-2017) (*), el poeta de LLanes, que aunque solo fuera por eso ya es mi poeta de cabecera: "todo lo que no es amor es mercancía".
Nota:
(*) Pablo Ardisana nació en Hontoria (Llanes) en 1940 y ye un poeta de vocación tardía. El so primer llibru: Armonía d’anxélica sirena publícalu en 1986, con cuarenta y seis años, cuando los autores más mozos de la segunda Xeneración del Surdimientu (nacíos na década de los 60) empiecen a dase a conocer. A esti poemariu van siguilu:
Rosamaría (1987), Azul mirar d’amor (1989) y Una luz inesperada (1991). Practicante d’un versu cenciellu y breve, que busca tanto la eufonía de la palabra como la emotividá, Ardisana anda a caminar peles intemporales siendes estétiques del romanticismu y d'un ciertu modernismu. Nos sos poemes recrea’l sentir amorosu sobre’l paisaxe más cercanu y construi una de les voces más personales de les actuales xeneraciones lliteraries asturianes.
PD:
"Creo recordar que Pedro Abelarso y el doctor Marañón vinieron a decir, más o menos, que la amistad es cosa más grande que Dios". Así comienza un breve texto de Pablo Ardisana, de 1992, cuya lectura recomiendo a mis amigos, porque habla de la amistad (que no deja de ser amor) en unos tiempos en los que se suele decir que "si quieres un amigo, cómprate un perro": LAS PALABRAS DE LA TRIBU:Escritura y habla

No hay comentarios:
Publicar un comentario