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sábado, 11 de abril de 2026

DOS FUTUROS POSIBLES PARA LAS IZQUIERDAS (UNIDAS O NO)

 


Dentro del orden estatal/capitalista dominante, siempre habrá un futuro, por mínimo que sea, reservado para una o varias izquierdas, porque este hecho simbólico resulta fundamental para la apariencia democrática, para una mínima credibilidad popular y, en definitiva, para la supervivencia y reproducción del propio Orden.


Lo primero a subrayar respecto de la iniciativa de Gabriel Rufián, denominada mediáticamente como proyecto de unidad de las izquierdas, es lo erróneo del término “unidad”, ya que lo que en realidad persigue tal iniciativa es un objetivo mucho más modesto, que consiste en pactar una estrategia electoral común, de cara a un máximo aprovechamiento de las posibilidades que ofrece la ley electoral del estado español. Esta precisión es necesaria cuando en la actualidad los términos “izquierda” y “derecha” refieren básicamente a su significado como marcas corporativas que se disputan un mismo mercado político/electoral.



Cierto que en algunas de esa izquierdas perdura todavía un poso residual de nostalgia revolucionaria, algo así como un vago sentido de pulsión ética, justiciera y emancipatoria. Si se ha conservado y alimentado esta nostalgia ha sido por su eficacia propagandística en una parte del mercado electoral, a costa de una merma sustancial en su capacidad crítica respecto del sistema de dominación. No se olvide que este orden es hegemónico y que se viene produciendo y reproduciendo exitosamente desde hace milenios, en variadas formas de jerarquía social, gracias a un doble dispositivo de poder -económico y político-sobre la naturaleza y sobre la sociedad,   concretado y actualizado en las actuales instituciones del Capital y el Estado. Como vengo explicando, a pesar de su aparente "modernidad", este sistema es  muy viejo -ya que tiene la misma edad de la Historia (1)- y también muy simple en su esencia, con fundamento en los más básicos instintos de nuestra especie, los dirigidos a la supervivencia individual, que son los de propiedad y jerarquía, desplegados mediante el predominio de la fuerza bruta. Por eso que, sustancialmente, ésto no sea muy distinto a lo que sucede al interior de otras sociedades animales; y esta semejanza solo puede quedar disimulada mediante una costra superficial de sofisticación cultural y tecnológica, que distingue a la humana de otras especies también animales  sociales.

¿Cómo ser de izquierdas hoy, cuando ninguna de estas organizaciones se propone la emancipación humana, y solo aspiran a mejorar las condiciones de la dominación, pero no su eliminación?...¿Qué significa, pues, ser de izquierdas en el siglo XXI, cómo evitar la deriva conservadora de discursos originariamente revolucionarios y, por tanto, qué caminos seguir para volver a articular la crítica de la dominación con finalidad emancipatoria?...me hago estas preguntas en mi modesta condición de activista anónimo y práctico, preguntas que vienen a ser las mismas que desde el ámbito teórico/académico, se hacían Nancy Fraser y Luc Boltanski (2) en 2012, en el contexto de una conversación recogida en un pequeño libro titulado “Contra la izquierda conservadora” (3).

Hasta la revolución francesa las izquierdas no existían (4). En pasados tiempos se dieron formas distintas,  casi todas radicales o revolucionarias, de oponerse al orden dominante, y solo a partir de esa revolución, a finales del siglo XVIII, se empezó a hablar de “ser de izquierdas” en dos modos diferentes, uno liberal/socialista/reformista/moderado y otro radical/comunista/revolucionario, ambos con sus propias variantes, de inspiración liberal, marxista o anarquista. 

Ambas formas de izquierdas perduraron y convivieron, más o menos conflictivamente, hasta la disolución en 1991 del “estado comunista” de la Union de Repúblicas Socialistas Sovieticas (URSS), experiencia revolucionaria que devino en  un estado  inviable por sí mismo, no solo por su derrota política frente al bloque del “occidente capìtalista”, sino más bien por su propia naturaleza contradictoria, dado que Estado y Comunismo resultaron ser términos tan incompatibles como autoexcluyentes...claro que ésto lo sabemos ahora, a toro pasado, pero no lo podían saber entonces quienes por primera vez afrontaban aquella experiencia revolucionaria,  como algo “nuevo”, en modo de comunismo estatal.

A partir del fracaso de la revolución soviética  solo sobrevivió una forma de “ser de izquierdas”, la reformista o liberal/socialista, de tal modo que en la actualidad, ser de izquierdas supone aceptar el marco mental del orden dominante, estructurado en torno a la fusión de los dos principales dispositivos de la dominación, Estado y Capitalismo. Si puedo decir ésto es porque no se sabe de ninguna izquierda que a día de hoy se proclame revolucionaria, y menos  “al completo”, o sea, enfocada en la emancipación humana y radicalmente opuesta al sistema estatal/capitalista que ha logrado hacerse hegemónico a escala mundial. 

Así constatamos que las izquierdas autodeclaradas anticapitalistas son generalmente proestatistas en su grado más conservador o socialdemócrata, defensoras de un estado tutelar y protector , al que denominan "estado de bienestar", mientras que las izquierdas antiestatistas, aunque no se declaren procapitalistas lo son de facto cuando no cuestionan el sistema de explotación del trabajo asalariado, ni la propiedad privada de los medios de producción, ni el mercado  capitalista como forma única de la economía. 

Sé que hay quien piensa que presentarse con un programa auténticamente de izquierdas sería electoralmente suicida. Y es cierto, pero eso viene a confirmar mi tesis acerca de la degradación sistémica que aqueja a las izquierdas y que, aunque justificada por un continuado fracaso histórico, no ha podido ser más evidente a partir de la disolución de la revolución soviética.  

En lo que coinciden todas las variantes de las izquierdas conservadoras es en un mismo relajo y dejación democrática, todas incapaces de imaginar formas de democracia integral y auténtica,  la democracia como sistema de autogobierno o autonomía plena de las comunidades humanas;  democracia  no solo como "procedimiento participativo" (que acaba siendo un paripé "representativo"), sino como un fin en sí mismo, es decir: con pleno respeto por el igual valor y dignidad que corresponde a la vida de cada uno de nuestros prójimos,  y no como mera apariencia participativa. Esto es  radicalmente incompatible  con la pulsión emancipadora que, a mi entender, es  propiamente humana, ontológica y prepolítica por tanto...  que trasciende a la moderna sociedad burguesa, dividida en partidos y clases enfrentadas en una permanente disputa (lucha de clases), claramente escorada a favor de las élites y corporaciones que detentan la propiedad (mediante empresas) y el gobierno (mediante partidos).   

Tampoco sé de ninguna izquierda que reclame la naturaleza comunal (como bienes comunales universales), tanto del Conocimiento humano (conjunto de saberes, ciencias y culturas humanas), como  de la Tierra (conjunto material del planeta que habitamos). Bienes del Conocimiento y de la Tierra que respectivamente corresponden a la comunidad humana en su conjunto y a la comunidad  de la vida (conjunto de especies animales y vegetales). Todos los demás  comunales, materiales e inmateriales, como bienes y servicios, son derivados de éstos principales y necesariamente han de ser objeto de producción comunitaria a escala presencial/convivencial (doméstica, vecinal o paisana/bioterritoroial),  todos producidos mediante libre trabajo comunitario, personal o cooperativo. Porque sin bienes comunales, toda comunidad carece de sentido y solo es posible en un sentido figurado o ficticio, tal como sucede con las comunidades "nacionales" creadas por los Estados. 

Las dos formas de izquierdas que sobreviven comparten una misma naturaleza reformista; por ejemplo, los partidos Psoe y Podemos son distintos solo en el grado de su reformismo, pero es obvio que ambos partidos no se proponen acabar con el orden estatal/capitalista, y que solo pretenden mejorarlo más o menos. Todas las izquierdas son hoy reformistas y residuales, todas en franca decadencia, lo que también tiene una lectura positiva, que explica su decadencia por causa de su "mala deriva", liberal y conservadora.

En resumidas cuentas, entiendo que las izquierdas tienen dos futuros posibles, que necesariamente, en todo caso, pasan por reconocerse históricamente como "parte izquierda" del orden dominante:

-Un primer futuro consiste en aceptar el rol de oposición permanente, e intentar sobrevivir a su propia decadencia  mediante el logro ocasional de mejoras en "derechos", que no son sino graciosas concesiones del orden dominante, aprovechando la experiencia de las izquierdas en  su oficio histórico como oposición crónica o sistémica.

-Y el más improbable de los futuros posibles solo podrá ser a largo plazo y a condición de comenzar ahora, antes de que el colapso del sistema sea irreversible. Consiste en decidirse a superar las propias contradicciones, empezando por imaginar otro “marco mental”, realmente diferente, contrario y alternativo al orden estatal/capitalista y, en consecuencia, afrontar su propia disolución como "parte izquierda" del orden dominante, para pasar a autoorganizarse en comunidades convivenciales al margen y en paralelo a las instituciones estatalcapitalistas, en modo de comunidades autoconstituyentes de democracias auténticas e integrales, en modo de autogobiernos comunitarios plenamente autónomos y soberanos,  libremente asociados en redes confederales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.

Leo en Viento Sur que "en el discurso más superficial, la idea de crisis queda limitada al campo de lo electoral, como si la mediación entre los partidos políticos y la sociedad fuera única y principalmente la urna y ésta flotara sobre un vacío social compuesto por individualidades dispersas. En una versión más desarrollada de esta idea, la crisis estaría creada o como mínimo alimentada por la desaparición de la vida interna de los partidos, sus carencias democráticas y una lucha de egos que impediría el establecimiento de pactos. La crisis se vuelve así autoexplicativa: un fenómeno que surge de las tripas de los partidos y que tiene una consecuencia electoral, donde sociedad/votantes y organizaciones/representantes políticas mantienen una relación de otredad e incomprensión mutua". Eso está bien, pero me parece muy insuficiente esta explicación, como cualquier otra que pase por alto la excepcionalidad del momento histórico en que vivimos, cuando nos enfrentamos a riesgos existenciales, por primera vez a escala de especie, lo  que nos obliga a pensar políticamente, también por primera vez, en modo integral y a escala glocal, en términos de comunalidad universal,   desde la escala comunitaria  bioterritorial (presencial y convivencial), hasta  lo global, a escala de especie.

Notas:

(1) Insisto en recordar que la Historia es una creación estatal,  que tiene la  misma edad del Estado, de aproximadamente algo más de cinco mil años.

(2) Nancy Fraser es profesora de Filosofía y Política en la New Schol for Social  Research, intelectual y militante feminista, autora de numerosos libros, entre ellos: "¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico" y "Escalas de justicia; Fortunas del Feminismo y Disputas feministas: Un intercambio filosófico". Y Luc Boltanski, sociólogo que trabajó durante años con Pierre Bourdieu,  fue director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, y fue impulsor de la nueva corriente denominada sociología pragmática y autor de libros como: "La producción de la ideología dominante", "El nuevo espíritu del capitalismo"  y "De la Crítica. Compendio de la Sociología de la emancipación".

(3) “Contra la izquierda conservadora”.  Una crítica radical del capital sin nostalgia estatista. Debate presentado por Philippe Corcuff. Editado en castellano por Editorial Clave Intelectual, en 2019.

(4) Las dos principales facciones ideológicas de la Asamblea francesa fueron jacobinos y girondinos. Los jacobinos, más radicales, pretendían una república centralizada, apoyada por las clases populares. Y los girondinos, más moderados, defendían el liberalismo económico y el federalismo.

domingo, 29 de marzo de 2026

HABAS NO CONTADAS


Por lo que tengo entendido, la expresión "habas contadas" proviene de la antigua costumbre de votar para decidir sobre algún asunto, usando para ello habas blancas y negras; también se utiliza para indicar que una cantidad es exacta y generalmente escasa, además de referir a algo que estando  bien claro  no admite discusión.

Hoy escribo ésto a modo de conversación con el último escrito de Marga Mediavilla en su blog "Habas contadas" , donde se pregunta "Y ahora ¿qué hacemos?". Y antes que nada, aclaro que desde hace unos cuantos años sigo con mucho  interés ese blog y que, en general estoy muy de acuerdo con lo que ahí se dice, si bien, cada vez que lo leo me suele pasar lo mismo que con los escritos de Jorge Riechmann y con los de otros ecosocialistas de igual tradición marxista: que mis reparos tienen que ver con lo que omiten y no con lo que dicen. Aclaro que yo comparto con ellos una misma "visión" ecosocialista, pero que sigo la estela que iniciara Murray Bookchin, de tradición anarquista, quien, por cierto, conviene recordar que fue el primer ecosocialista. 

Por resumirlo, vengo observando que lo que en general evitan los ecosocialistas alineados en esa corriente de pensamiento, es toda mención a la "Propiedad" y al "Estado". En sus escritos es muy dificil encontrar esos dos términos y por eso me dan a entender que pasan por alto la trascendencia que tienen ambas instituciones en la construcción del orden social dominante, porque, ¿cómo obviar que la Propiedad, en cualquiera de sus formas es un factor condicionante para el equilibrio ecológico de los ecosistemas y determinante para su sostenibilidad?... y que  desde hace más de cinco mil años, el Estado es el aparato de poder del que se sirven las oligarquías dominantes  para su pleno dominio sobre la naturaleza y las sociedades, el dispositivo responsable  de todas las formas históricas de la explotación sin límite de los bienes naturales como del trabajo humano, y también responsable de la división social mediante la organización jerárquica de la sociedades, todo lo cual convierte a todo Estado, sin excepción, en una indemocracia sistémica, perfectamente incompatible con el más básico ideal de democracia. 

Con la experiencia y el conocimiento histórico del que disponemos las actuales generaciones -acerca de lo que es el orden dominante como alianza estatal/capitalista- resulta increíble y muy desconcertante el retraso evolutivo que acumulan nuestras sociedades. A mi entender, tiene la culpa de tal retraso evolutivo el pensamiento reformista de las izquierdas residuales que sobrevivieron al fracaso de la revolución socialista-soviética y que, como vengo diciendo desde hace años,  cumplen la función de "tapones", integrando al sistema estatal/capitalista toda energía social que asome la cabeza y tenga una mínima pulsión revolucionaria.

Por supuesto que, como dice Marga Mediavilla, "tenemos que empezar a adaptarnos a un mundo sin petróleo. Deberíamos habernos preparado para ésto hace décadas porque se sabía, las señales eran muy evidentes, pero apenas lo hemos hecho"...y también por supuesto que tenemos que adaptarnos a la adversas condiciones del cambio climático que ya han comenzado a cambiar nuestras formas de vida, y al decrecimiento, no como opción sino por necesidad,... y por supuesto que deberíamos tener en cuenta que todo ésto sucede a escala global y de especie, lo que sin darnos cuenta es una gran novedad histórica que, sin duda, acabará generando consecuencias de igual escala. 

Denota una gran ingenuidad política la creencia ecosocialista que no pasa de soluciones meramente ecológicas o científicas, como si el "Gran Problema" de la humanidad se redujera a la supercrisis energética y climática que atravesamos, como si no hubieran causas previas, políticas e históricas por tanto. No me extraña el desasosiego que nos inunda y que veo más justificado cuando no se alcanza a intuir siquiera una explicación realmente científica a esta crisis sistémica, que ya sentimos como un aliento mortal en la nuca. 

A mí me parece que nos está sucediendo algo muy parecido a lo de ese proverbio oriental que dice:  "cuando el sabio señala con el dedo a la luna, el necio fija su mirada solo en el dedo", que viene a ser toda una metáfora sobre los variados y contradictorios empleos de la ciencia,  más como distracción superficial que como auténtico conocimiento. 

Si Marga Mediavilla lleva veinte años investigando y dándole vueltas al asunto de las energías, por mi cuenta yo llevo otro tanto indagando la manera de hincarle el diente comunal al Sistema...y creo estar muy cerca de poder hacer una propuesta pronto y públicamente. Se trata de un pacto social-prepolítico, ecosocial y comunal, a escala local y global, sobre el común como democracia real (convivencial, simbioética y bioterritorial) y lo común como conjunto de bienes comunes (materiales e inmateriales, naturales y producidos, universales y comunitarios).  Una "democracia real" que, además de procedimiento, es un fin en sí mismo, que consiste en una libre asociación confederal de democracias reales, autoconstituidas en modo autogobierno (democracia directa) en ayuntamientos o asambleas comunales, bioterritoriales y convivenciales, de vecindades y de paisanías. Y lo común o bienes comunales, universales y comunitarios, que incluyen al conjunto de bienes que conforman el mundo material que tenemos en común con el resto de especies, junto a los bienes inmateriales que conforman el conocimiento propiamente humano, ese conjunto de saberes, ciencias  y culturas, producidas y transmitidas socialmente entre individuos y generaciones;  además de los bienes y servicios comunales que podemos producir comunitariamente, mediante trabajo personal y cooperativo, en comunidades convivenciales y productivas (domésticas, vecinales y paisanas). Pues en eso estamos. 

martes, 17 de marzo de 2026

LOS EQUÍVOCOS DEL COMÚN Y LO COMÚN

 


 "Nada sabemos de los seres que amamos, salvo la necesidad de su presencia" 

(Cristina Peri Rossi, 1984, La nave de los locos)

 

Entiendo el adjetivo "equívoco" referido a algo que puede interpretarse en varios sentidos, lo que acaba produciendo dudas, ambigüedad y confusión. Su antónimo "inequívoco" refiere a algo que tiene un significado único y evidente que produce claridad y certeza. 

No  confundo lo equívoco con la maldad, que en principio nada tienen que ver. Lo equívoco puede ser compatible con la ignorancia y también con la inocencia. Sin embargo, con frecuencia acabamos dando por ciertos algunos conceptos que son equívocos, intencionada o intrínsecamente; lo hacemos solo por razón de conveniencia, a veces por no discutir, para favorecer la convivencia y para no llegar a las manos, no pocas veces. 

Sucede, por ejemplo, con la cuestión religiosa, cuando tragamos el relato de la Creación  a sabiendas de que es Dios quien debe su existencia a la imaginación de homo sapiens...y sin que valgan justificaciones del tipo "como desconocíamos el origen de las cosas, tuvimos que inventarlo" (a Dios)...y ¡por Dios!, que no se moleste la buena gente que es creyente, quienes se toman muy en serio el mandato de "amarás al prójimo como a tí mismo", que a mí eso es lo que realmente me importa, y me da igual de donde proceda tal mandamiento, si de un dios o de una conciencia.

Pero tendrán que reconocerme la preexistencia de un bien y de un mal  que ya andaban a la gresca por todo el mundo, intuyo que mucho antes de la humana invención de Dios.  Y en ésto sí podemos tener alguna certeza, tal como que la idea del bien y del mal solo pudo darse entre simios humanos, no en otras especies; y que tuvo que ser a partir del momento en que una pequeña tribu de homo sapiens, conversando en torno al fuego llegaron a convenir un primer rudimento de ley moral, acerca del bien y del mal como formas opuestas de comportamiento; lo que sirve a la convivencia y a la reproducción de la vida, por un lado; y por otro, lo que sirve a impedirla, a modo de guerra, y cuyo fin primordial es el de hacer daño, incluso hasta llegar a matar a un prójimo de sangre si es tomado por "enemigo"...ay, esa pulsión cainita, casi siempre por razones de  envidia o celo, si no es -como veremos durante el correr de la historia- por causa de comercio y mercancía. Tal es la cara y cruz del simio que somos, por esa singularidad humana que consiste en tener conciencia de las consecuencias, trascendencia,  que nos hace tan libres como responsables. 

¿Cómo explicar, entonces, el predominio en nuestra especie de ese “irresponsable” individuo medio que puebla la Tierra, producto de las sociedades estatales y mercantiles...cómo, para que podamos tener localizado ese punto donde quedó truncada la evolución “racional” de nuestra especie?, ¿dónde fue que quedamos atascados, obligados como el resto de animales a seguir la salvaje ley "natural/estatal/mercantil" de la fuerza bruta, la misma que rige la vida de las bestias al interior de las selvas?

No obstante, mantengo a contracorriente mi radical tesis de la homofilia, esa tendencia de los animales de mi especie a establecer vínculos de proximidad con sus semejantes...a partir de ahí, como dijera el poeta asturiano Pablo Ardisana, "todo lo que no es amor es mercancía"...Amor, pues, podría ser el nombre genérico de esa tendencia al vínculo social, que no es sino ganas de proximidad, de conversación y de encuentro, ganas que pueden llevarnos, incluso, al apareamiento o cópula de los cuerpos.

En "El mal o el drama de la libertad" (1997), decía Rudger Safrinsky que "el mal no es ningún concepto, sino más bien es un nombre para lo amenazador, algo que sale al paso de la conciencia libre y que ella puede realizar. Le sale al paso en la naturaleza, allí donde ésta se cierra a la exigencia de sentido, en el caos, en la contingencia, en la entropía, en el devorar y en el ser devorado, en el vacío exterior, en el espacio cósmico, al igual que en la propia mismidad, en el agujero negro de la existencia. Y la conciencia puede elegir la crueldad, la destrucción por mor de ella misma. Los fundamentos para ello son el abismo que se abre en el hombre" . Aquí, sin duda, se refería Safrinsky al abismo de la libertad. 

Estando muy de acuerdo con Safrinsky, sin embargo me permito añadir que siendo inevitable el juego del bien y del mal en las relaciones personales, privadas o prepolíticas,  donde el mal juega con clara ventaja, dado que tiene de su lado el poderío físico de la fuerza bruta, sin embargo, hay un campo de lo social, el de la política o democracia, donde podríamos impedir que el mal campara a sus anchas ocupando el lugar del "soberano"...pero, claro, para eso necesitamos tener "el mal político" bien identificado y no metido en el oscuro limbo de "lo equívoco". 

Tal es el caso de la institución legal del  aparato “Estado” por las clases dominantes, como alianza de propietarios y gobernantes, y  organización social propiamente jerárquica e indemocrática;  o el flagrante caso del  "derecho" de impunidad para el delito de robo -en cualquiera de sus formas- de la Tierra Común y también del Conocimiento Humano, que juntos  son nuestros comunales universales, aunque solo fuera por una básica razón de conciencia ecoética. Y no hay justificación alguna para la permisividad con un delito social tan básico como la falsificación de la democracia, que impide "por sistema" el mínimo respeto por la igual dignidad de cada individuo. Sin ese  básico respeto por el prójimo, ¿cómo reclamarlo para nuestra propia dignidad personal?

Yo no lo veré, que por mi edad no estaré aquí para verlo, pero tengo la certeza de que en  dos o tres generaciones será "normalizada" la necesidad de abolición de las indemocracias, de todos los sistemas estatales  que tienen su fundamento en los instintos animales más salvajes, de propiedad territorial y reproductiva, de insaciable depredación y acumulación capitalista, de organización jerárquica, clasista, patriarcal e inequívocamente totalitaria...y también, en el mismo paquete,  resultará necesario un cambio radical en nuestro metabolismo social, otra forma de vivir acorde con el principio de racionalidad social, ética y ecológica, comenzando por un pacto comunal global a partir de la Declaración  de la Tierra y el Conocimiento como Bienes Comunales Universales.

Queda por delante, pues, acabar con esos equívocos que oscurecen la comprensión de "el Común" (como asamblea de iguales y sujeto soberano de la política o democracia), y "lo Común" como su objeto y materia prima, integrada por los bienes comunales al completo:  tanto los universales (Tierra y Conocimiento), como los producidos comunitariamente, mediante el trabajo personal y comunitario. 

Nada menos, éste es el reto para una "nueva ilustración" dedicada a esclarecer esos equívocos, a fin de acabar con la totalitaria ambigüedad del relativismo moral, grosero y cutre, que es tan del gusto de los Partidos apolíticos y de las Academias acientíficas. Y toca una reconversión radical de las "izquierdas", todas inequívocamente afines al Orden dominante del que forman su parte ilusoria,  con la imposible  pretensión de hacerlo compatible con su finalidad emancipatoria.

Denle, Partidos y Academias, todas las vueltas que quieran a este asunto, que siempre nos quedará el poso de certeza que sentenciara mi apreciado Pablo Ardisana, cuando decía con tanta rotundidad lo mal que se llevan el amor y la mercancía. Porque es inequívoco el amor como querencia propiamente humana hacia todo vínculo social  que ayude al  cuidado de la vida, a su reproducción y al gozo de la existencia, o sea y en resumen: querencia por todo aquello que constituye la versión concreta e  inequívoca del  "bien común".

 ***

 

PD: Valgan como ejemplo de nociones equívocas, términos como  "política", "nación", "democracia", "soberanía" y "ecología" :

*Política: concepto que a mi entender solo es inequívoco si refiere a los asuntos comunes de los habitantes convivientes en la "polis", que actualizada a las condiciones históricas actuales -necesariamente ecosociales-, no corresponde a la “ciudad”, ni al “municipio”, sino al “país” como “paisaje común” o espacio bioterritorial, de proximidad convivencial.  Con límites pactados por las propias comunidades que son convivientes en una misma geografía común, a partir del vínculo ecosocial y simbioético resultante de las relaciones sociales, personales y comunitarias (domésticas, vecinales y paisanas). Inequívocamente, entiendo el “país” como el ámbito ecosocial y propio de la política y, por tanto, de la democracia. A partir de ahí, caben múltiples formas de libre asociación, mancomunada o confederal, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales, con respeto a la plena autonomía/soberanía política de cada “comunidad paisana” (el Ayuntamiento Comunal, que yo digo).  

*Nación:  la expresión "nación sin Estado" es un oximorón, algo que no puede ser y que además es imposible, porque el Estado es, necesariamente, la condición previa, existencial, de toda "nación". Por algo se dice Estado-Nación y no Nación-Estado. Asistimos al predominio de un equívoco e ilusorio significado, de origen propiamente estatal, nación como “comunidad nacional” o "pueblo soberano", algo que carece de existencia propia, siendo solo producto de la voluntad de las clases dominantes que son titulares de cada Estado. No se sabe de ninguna "comunidad nacional que fuera constituyente de un Estado, más bien tenemos constancia de todo lo contrario. Y bien que lo siento por los nacionalistas, que la mayoría son buena gente, del tipo “Gabriel Rufíán”, o del tipo de mis amigos palestinos, a los que les deseo Democracia, pero nunca un Estado. (2)

*Democracia y Soberanía: su equívoco parte de una interpretación oscura y confusa del “demos” (pueblo): a la vez como sujeto y objeto de gobierno, lo que sabemos que es tan irracional como imposible, porque no puede ser al mismo tiempo. No puede ser más equívoco, ni más cínico, el concepto de soberanía en las democracias estatales o “representativas”, en las que ni los individuos, ni las comunidades son "constituyentes", y en las que ni siquiera pueden participar, aunque fuera simbólicamente, en la deliberación y toma de decisiones, algo que se pareciera mínimamente a una soberanía real y no fuera solo imaginaria o representativa. 

*Ecología: que tiene un uso  ordinario que no puede ser más equívoco, ni menos científico, cuando se emplea generalmente con burda ignorancia de la "propiedad de la Tierra" como factor determinante y sistémico del desequilibrio ecológico y la consiguiente devastación de la biodiversidad que está comprometiendo la sostenibilidad y viabilidad de nuestra especie. Porque, no es la Tierra como planeta lo que corre peligro, tal como dice la propaganda idiota...no, porque quien corre peligro de extinción es nuestra especie y todas las que pueden extinguirse arrastradas, de seguir esta deriva irracional, absurda, autodestructiva. 

 

Notas:

(1) Cuando ésto escribo, es día de elecciones en Castilla y León, esta región del Estado español, equívocamente incluida como  "comunidad autónoma". Momento bien oportuno para recordar lo que dijera Emma Goldman al respecto del voto:  "si el voto sirviera para algo, ya estaría prohibido".

(2) "No le deseo un Estado a nadie", tal como  reza el título de un libro colectivo firmado por Santiago López Petit, Tomás Ibáñez, Miguel Amorós y Corsino Vela, ...yo, además, lo suscribo con mis propias razones. No se lo deseamos a nadie, porque desde la fundación del primer Estado, allá por el año 3.200 antes de nuestra era, no se sabe de ningún Estado, aunque fuera como excepción,  que no fuera un sistema de dominio sobre las sociedades y sobre la naturaleza toda. Siempre, sin excepción, del Estado es titular inequívoco la misma alianza delictiva integrada por sacerdotes/propietarios/ mercenarios, actualizada a cada época, pero inequívocamente fraguada en las religiosas y jerárquicas sociedades campesinas  del Neolítico y luego del Medievo.