domingo, 5 de julio de 2026

POR SAN PEDRO DE CANSOLES


Ahora ya sabemos de donde vienen los grandes camiones cargados con troncos quemados que pasan todos los días por delante de nuestra casa. Lo sabemos porque estuvimos allí, en San Pedro de Cansoles, pedanía de Guardo, hace unos días, justo en la víspera de su fiesta mayor. 
Este pueblo apenas llega a tener veinte habitantes fijos, de los que vivan allí todo el año. A mí me llamó siempre la atención esta población, por ser un enclave de referencia en las grandes rutas  de la transhumancia,  paso obligado para pastores y ganados que seguían la Cañada Occidental Leonesa, en sus trasiegos entre los altos puertos de Valdeburón (León) y las dehesas de Montemolín, al sur de Badajoz. 


Le debo a un amigo abulense, que anduvo muchos años de transhumancias, mi curiosidad por los topónimos; me decía que en su pueblo de la Sierra de Gredos, todos los árboles grandes y piedras de más de un metro, todas las fuentes y casi todo lo que asoma en el paisaje, tiene nombre propio, como las personas. La wikipedia vincula el topónimo "cansoles" con la expresión latina "el campo de sol", donde desde el siglo X tuviera importantes posesiones el Monasterio de Sahagún, cuando el lugar es mencionado en documentos de la época como "Santo Pedro de Campo Solís”, vale, pero yo apunto otra posibilidad, la de un orígen catalán, a partir de "can" como contracción de "ca" (abreviatura de casa) y "en", que quedaría con el significado de "casa de", aunque solo sea porque me recuerda mucho a cómo mi abuela Rosa, toresana ella, para eso mismo decía "en cá":  en cá Juan, can Joan, can-Soles.

Se sabe que en el año 26 a.C. una de las columnas del emperador Octavio Augusto estableció  su campamento por aquí, antes de  adentrarse en la Liébana, pero poco más sabemos hasta que a mitad del siglo XIX, en el diccionario del ministro progresista Pascual Madoz (Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar) se dijera de San Pedro de Cansoles que "su clima es bastante frío en el invierno por la mucha nieve que cae durante esta estación; las casas que lo componen, son de mediana fábrica, entre las cuales se encuentra la iglesia parroquial (San Pedro) servida por un cura párroco". Y acerca del terreno, se decía que "el término confina por N. con Valderrueda, por E. con Guardo, por S. con Calaveras, y por O. con Valcuende. Su terreno es de inferior calidad, sin embargo de lo cual  ofrece gran ventaja al pueblo la corta de roble de que abunda el monte, pues sacan de ellos labias de muy buenas dimensiones, sirviéndoles también para otros usos, puon (?): centeno, y cría bastante ganado lanar, cabrío, vacuno y de cerda, y alguno caballar y mular. Como el terreno es montuoso abriga muchos lobos, corzos, jabalíes y rebecos". 

Aprendo así que en el siglo XIX  el monte era mayormente de roble y no de pino, como el que se quemó por aquí en el gran incendio del año pasado...y también aprendo que, por entonces, a las tablas de roble se las llamaba "labias", y enseguida se me ocurre que pudiera ser por eso  que a quien tiene "muchas tablas" se le atribuya una gran "labia" y viceversa, que según la RAE labia es "verbosidad persuasiva y gracia al hablar". Tabla y labia, qué curioso..."velahí", que diría mi abuela Rosa.

Por San Pedro de Cansoles pasa una etapa del Camino Olvidado a Santiago de Compostela (que a mí nunca se me ocurrió caminar, no sé por qué), aunque sí estuvimos caminando por aquí hace dos o tres años, buscando la Cueva del Hierro o del Erre, que estaba bien escondida, por cierto. Es una ruta de senderismo asociada a leyendas de  brujas que datan del siglo XVI. Jaime García Reyero, el escritor de Alar del Rey, relata una tradición local referida a un proceso judicial seguido contra una docena de mujeres de San Pedro de Cansoles, acusadas de brujería, que fueron condenadas a la hoguera  en un auto de fe, en Valladolid, en algún momento del siglo XVI.
No sé a qué obedece ese lío en los topónimos ("Cueva del Hierro y/o del Erro"), pero cierto es que nos costó dar con ese agujero en la tierra, donde no me extraña que se celebraran aquelarres y otros eventos festivos. 


Boca de la Cueva del Erro



Está algo chamuscada la talla en madera que hay cerca de la iglesia, la que representa al Santiago peregrino señalando la dirección del Camino Olvidado, que se salvó de las llamas, de milagro, igual que le pasó a la iglesia y a unas cuantas casas del pueblo. La magnífica fuente no ha parado de dar agua, pero, la verdad es que no apetece beberla, no sea que arrastre cenizas procedentes del terrible incendio que asoló todo el campo circundante, todos los páramos, vallejos y ribazos. Por encima de la fuente, en una de las calles vemos a un grupo de gente montando un tenderete y cuerdas con banderitas de colores, suponemos que para la fiesta de mañana, día grande del patrón del pueblo, 29 de junio, San Pedro, a pesar de todo. Un coche aparcado allí al lado, muestra una pegatina que reclama la necesidad de justicia, reparadora de aquel desastre, en aquel verano de 2025 que la vecindad del lugar nunca  podrá  olvidar.


          Mural en el Centro Joven de Guardo. Pintado por Sara M. Vargas


Parte del mural, que incluye la frase tópica de "El pueblo salva al pueblo".
Foto a principios del siglo XX (1), con vecinos de un pueblo de la Montaña Palentina.

En recuerdo del incendio hay un mural pintado en Guardo, capital del muncipio, por Sara M. Vargas, quien,  ante la duda, lo tituló de dos maneras: "El pueblo salva al pueblo" y "Los dioses en los que yo creo", porque, según manifestó en un periódico local: "muestra con corazón y mucho color, la esperanza frente a una desgracia que no ha podido acabar con esa naturaleza, ni con esas gentes que tras secarse las lágrimas han gritado bien alto que con ésto también podemos". 

Es el mural más grande que Sara ha realizado hasta el momento; está  inspirado en "El nacimiento de Venus" de Botticelli, y representa a Céfiro, dios del viento, y a Cloris, la diosa de la naturaleza,  tratando de salvar un paisaje al que amenazan las inmensas llamas de un incendio. No puedo por menos que averiguar por qué pudo elegir este motivo de la mitología griega y leo en el "Breve diccionario de mitología grecolatina" de Germán Flores, que "Céfiro y Cloris son dos divinidades de la mitología griega, cuyos nombres en la mitología romana eran Favonio y Flora. Forman la pareja mitológica que representa el florecimiento, la brisa suave y la llegada de la primavera. Cloris fue secuestrada por la divinidad de los vientos, Céfiro, quien la tomó por esposa y le entregó el imperio de las flores. Tuvieron dos hijos y Cloris se mantenía eternamente joven. En su honor se celebraban fiestas, en las que las mujeres jóvenes cantaban y bailaban. Cloris ayudó a Hera (diosa del matrimonio) a escapar del Olimpo y la albergó en uno de sus templos. Cuando Cloris le pidió a Hera que recogiera la flor más hermosa de su jardín, y Hera la tomó entre sus manos, la florecilla se transformó en Ares, el dios de la guerra"...¡vaya, cómo no iba a aparecer Ares y la guerra en esta historia del gran incendio de  San Pedro de Cansoles! 

Integrada en ese gran mural figura la frase "El pueblo salva al pueblo", así escrita, con omisión del adjetivo "solo" que suele ir delante casi siempre. Se me ocurre que pudiera ser intencionada esta omisión, para dejar abierta la posibilidad de que alguien más, aparte del propio pueblo, pueda intervenir en la salvación de San Pedro de Cansoles. Ya fue bien polémica esta expresión con motivo de la tragedia que sucediera en Valencia, en 2024, durante aquellas inundaciones que causaron más de doscientos muertos, cuando los medios y partidos de la derecha recurrieron a esta frase para atacar al gobierno de Pedro Sánchez, y los correspondientes de la izquierda salieron enseguida a refutarla tajantemente: ¡no, no es el pueblo, es el Estado!...todo ello, para entrar en contradicción y volverle, una vez más, a regalarle la razón a las derechas, porque: ¿no habíamos quedado en que el Estado es el Pueblo y Hacienda somos Todos?...pues eso, que un año después, salgo a la puerta de casa y sigo viendo pasar reatas de camiones y camiones de árboles quemados, muertos, procedentes de San Pedro de Cansoles.   

Nota:

(*) Fragmento de una fotografia en blanco y negro, del blog de Froilán de Lózar www.origenes.blogspot.com. Tomada en una boda celebrada a principios del siglo XIX en un pueblo de la Pernía, comarca de la Montaña Palentina. Autor de la foto: César González, molinero y vecino del pueblo. 

No hay comentarios: