Nos equivocamos si pensamos que el actual Orden dominante a escala mundial (me refiero al sistema estatal/capitalista) es algo distinto a lo que parece: un campo de batalla, que en las últimas décadas, tras la Guerra Fría, fue tomando la apariencia de un Mercado Único Global en el que, como en cualquier calle comercial, compiten a un tiempo estados nacionales y corporaciones multinacionales, lo que produce, lógicamente, enemistades y alianzas, con continuas crisis y desajustes, conformando un permanente estado de guerra comercial/militar cada vez más híbrida, habiendo llegado a un punto de complejidad y confusión en el que resulta difícil distinguir entre ambas formas de guerra.
Pero a un nivel previo y más básico, sabemos que al interior de las sociedades se libra otra guerra mucho más antigua y cotidiana, cuerpo a cuerpo, en forma de "lucha de clases", fácil de identificar con el sistema ideológico que denominamos "liberalismo" y que tenemos muy bien interiorizada, naturalizada y perfectamente institucionalizada mediante el cauce estatal de los partidos y sindicatos: son las "democracias liberales".
Así, la idea burguesa de "libertad" asociada a la de propiedad (liberalismo) se convirtió en principal argumento ideológico de la revolución social, burguesa, iniciada en el siglo XVIII. Y, efectivamente, durante más de "dos siglos de estados liberales" hemos podido comprobar que los humanos más "libres" y a los que mejor les va en la lucha de clases, son aquellos que acumulan más "capital" en forma de propiedades y/o de cargos "públicos" (todos políticos o estatales.
Téngase muy en cuenta que el Sistema dominante, incluso en sus formas más "liberales" es necesariamente apolítico, en el sentido de que por su propia naturaleza libertaria/individualista niega la política como espacio social y la primacía del interés general y común, impidiendo por sistema la existencia de comunidad, anteponiendo el interés y la voluntad individuales, para cuyo ejercicio reserva la denominación de "derechos y libertades". Incluso en su forma más liberal, además de negar la política, el Sistema es también necesariamente indemocrático, porque impide la participación de las personas en el gobierno de las cosas y de los asuntos que les conciernen directamente. La forma estructural de "Estado", le es consustancial al Sistema de dominación en todas sus formas, incluso en las más liberales, por la necesidad que tiene del monopolio en el uso de las Fuerzas (militares y policiales), las que constituyen la "razón" del Estado desde su milenario orígen neolítico.
Todo para defender un "sagrado" derecho de propiedad o apropiación, sobre aquellos bienes, materiales e inmateriales, que por su propia naturaleza son "comunales universales", me refiero a la Tierra misma y al Conocimiento humano; o que siendo producidos mediante trabajo comunitario, son bienes que pertenecen en común a la comunidad productora, como bienes de uso. Fundado en tales principios, el Sistema de dominio sobre la naturaleza y la sociedad, solo puede existir como "Estado": un aparato de poder que es corrupto en sí mismo, que necesariamente es apolítico e indemocrático por su propia naturaleza totalitaria y jerárquica, clasista, depredadora y propietarista/capitalista en todas sus formas históricas.
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El actual auge de los movimientos reaccionarios de ultraderecha apunta a una forzada metamorfosis del Sistema; esos movimientos neofascistas ni son, ni pueden ser "antisistema", como se dice con gran ligereza. No pueden serlo porque lejos de criticar o de oponerse al Estado, más bien son su confirmación más primaria y más extrema.Lo que está sucediendo es una metamorfosis forzada, porque el Sistema no encuentra otra salida para la crisis terminal a la que ha llegado tras topar con sus límites energéticos y materiales. Ahora que su Crecimiento empieza a ser imposible, ésto supone un grave peligro existencial para un Sistema que en los dos últimos siglos, de capitalismo industrial y financiero, sostuvo su éxito sobre la abundancia de energías fósiles y sobre la ficticia ilusión de un Crecimiento Perpetuo.
Ahora sabe que sin crecimiento, y ante la previsión de una radical reducción de la producción y el consumo, existe un elevado riesgo de insumisión social generalizada. De ahí su imperiosa necesidad de adelantarse y librar una batalla cultural ("metapolítica") preparatoria de los nuevos tiempos que ya tenemos encima. Necesita una absoluta mayoría ideológica, y eso justifica esta radical y acelerada metapolítica o "guerra cultural".
Además de un clima cultural preparatorio del colapso capitalista ya iniciado, el Sistema o Estado neofascista va a necesitar de un radical control demográfico, de un método eugenésico urgente, eficiente y lo más sutil posible, para reducir la población mundial drásticamente, porque en la próxima fase decreciente, la economía capitalista ya no podrá generar plusvalías, ni impuestos suficientes para mantener el "beneficio capitalista" de las clases propietarias y/o gobernantes, ni tampoco podrá financiar el "Estado de Bienestar" que sirvió para contentar a las clases medias. No, ese impensable en un mundo superpoblado y con varios miles de millones de individuos que resultan obsoletos para el Sistema, sobrantes e inservibles en la "nueva normalidad" neofascista y neofeudal, organizada en tres bloques de repúblicas imperiales (CHiNA-USA-RUSIA), aliadas con un puñado de grandes corporaciones o Señoríos Multinacionales, que sin miramiento alguno van a disputarse lo que vaya quedando de Mundo, en una batalla hipertecnológica, algorítmica, final.
La confrontación que ahora tiene lugar al interior del Orden estatal/capitalista mundial, no excluye ninguna forma de guerra, tampoco la
nuclear. En esta guerra generalizada y total (Tercera Guerra Mundial), la ideología nada tiene que ver, como no sea a modo
de pretexto, como "guerra cultural", por mucho que se empeñen los analistas
académicos y/o mediáticos. No, porque los tres bloques
imperiales comparten un mismo núcleo ideológico, heredado de la época de
la Modernidad y su revolución industrial/liberal/burguesa.Los Tres Imperios comparten un mismo fundamento o principio constituyente, que podemos resumir en sus propios términos como: una imperiosa necesidad de estructura jerárquica y clasista, bajo el dominio o propiedad de un estado policial/militar dirigido por una clase superior, dotada de razón y fuerza suficientes para evitar la natural inclinación humana hacia el caos y la anarquía ("con la misma inercia que siguen las bestias en su estado natural").
De ahí la justificación de un falso Pacto Social, inventado por las
élites propietarias y gobernantes, un pacto por el que -supuestamente- los súbditos renunciamos a
nuestra libertad, a cambio de la seguridad y protección que nos brinda
el Estado.
La sostenibilidad de este Orden está en grave riesgo, lo saben, y por eso andan buscando una salida por la izquierda y por la derecha. La salida por la izquierda ya ha fracasado en su intento reformista, básicamente socialdemócrata; su proyecto de Democracia Estatal con "capitalismo del bueno" (verde, sostenible, distributivo, feminista y renovable) ha resultado un fiasco, además de inviable cuando se ha llegado al límite de los recursos fósiles que hicieron posible la extensión global del dominio capitalista. La IE (Inteligencia Estatal) sabe que a partir de ahora los desórdenes sociales van a intensificarse y a multiplicarse a medida que las economías de mercado se vayan enfriando en un forzado e inevitable “decrecimiento”, que acabará siendo insoportable, como siempre, para las clases sociales más bajas, acostumbradas a la escasez, pero que será aún más insoportable para una aburguesada clase-media-trabajadora-sindical-occidental, que aunque pueda soportar una merma en sus “derechos y libertades”, no tragará fácilmente con retroceder en el nivel de ingresos y su capacidad de consumo.
En la guerra total que ahora se libra, los actuales imperios de Rusia y USA están inmersos en un acelerado y radical proceso de transmutación o metamorfosis, dirigido a imitar al “exitoso” regimen imperial de la República Popular de China, cuyo sistema de gobernanza neomedieval no puede ser más innovador: una república monárquica y comunista con una economía hipertecnológica, feudal y capitalista.
Sin duda, China es el modelo al que quieren ir las élites que gobiernan esta desquiciada parte occidental de nuestro mundo, guiadas por las respectivas monarquías de Donald Trump y Vladimir Putin. Ambas monarquías tienen su mirada puesta en la disciplinada monarquía comunista de la República Popular de China, gobernada por el poderoso Partido Comunista, donde "comunista" viene de “común" partido único. Su exitoso modelo de gobernanza neomedieval, consiste en una alianza sistémica entre la monarquía comunista y las grandes corporaciones capitalistas, tecnológico-financieras, que funcionan ad-hoc, como eficientes señoríos feudales. Al igual que en el medievo, estos señoríos (algunos con un PIB mayor que el de muchos Estados), lo mismo cooperan que compiten con el poder central del imperio, cuyo soberano, a fin de cuentas, no deja de ser uno de los suyos.
Tanto
en su variante occidental como en la oriental, el Sistema está agotado
en su forma económica-capitalista, por haber topado con los límites de
la energía fósil que le sirviera de motor y fundamento en su eclosión
global, tecnológica y financiera que siguió a la Segunda Guerra Mundial.
Y también considero que está agotado en su forma política de "Estado",
porque tras cinco milenios de experiencia, también ha topado con su
límite histórico: su "indemocracia" es el máximo al que puede llegar, ya
no da para más y ya solo puede intentar una réplica de su momento
medieval, de dominio más sólido y duradero. En sus planes, la fe en la
Tecnología sustituye ventajosamente a la fe religiosa de las sociedades
campesinas del Medievo, cuya fe siempre fue proclive a la herejía. De
nuevo, la fuerza militar y el derecho de pernada vuelve a ser el
Derecho primero y superior por excelencia. El poder aliado de las
grandes corporaciones tecnológicas, industriales y financieras, le
otorga consistencia a una "nueva economía" feudal. Y para completar el
esquema del imperio neomedieval, solo falta asegurar la sumisión
mayoritaria de las clases subalternas, lo que espera tener asegurado
mediante la poderosa tecnología que permite el control algorítmico de
las voluntades.
La fiabilidad científica de tal diagnóstico y previsión, acerca de un masivo y contagioso conflicto social a corto plazo, es lo que viene acelerando la metamorfosis o cambio de pellejo del Orden dominante en su parte occidental (euroamericana y euroasiática). Eso justifica que estemos ahora mismo en medio de una “batalla total” que comenzó siendo cultural o “metapolítica”, de la que tiraron los populismos a derecha e izquierda del Sistema, tras copiar a Gramsci por la izquierda: me refiero al éxito de un marxismo cultural, más académico que político, al que siguieron otros fallidos intentos en 2011: la Primavera Árabe, el 15m español y el Occupy Wall Street.
El rebote que siguió a ese continuado fracaso de "salida por la izquierda", explica el auge que ahora nos parece imparable, de la extrema derecha. El inmediato futuro es suyo, de momento, de esas clases medias-trabajadoras, que ahora están ganando todas las elecciones en el mercado electoral de las indemocracias estatales y capitalistas. Esta es su verborrea vociferante hecha carne, la de esas masas “obreras” educadas en la teoría marxista de clases, al mismo tiempo que en un estilo de vida pequeñoburguesa. Nunca quisieron acabar con el trabajo asalariado, solo querían un convenio mejor, con más vacaciones y mayor salario. Son esas gentes que hace muy poco eran,“de natural” internacionalistas y fieles votantes socialistas o comunistas, que de modo no menos natural ahora están transmutando, a toda prisa, hacia un exaltado fervor nacionalista, xenófobo, conservador, bocazas y mal educado, al modo neofascista que en Occidente han reinventado las élites estatales propietarias de la Tierra y titulares del Estado...están probando a ver cómo salen del Atasco en el que nos han metido.
Todo ello está sucediendo en el contexto de una espectacular batalla tecnológica y mediática, que más que cultural o metapolítica, a mi me parece una extensión radical de la lucha de clases que está en la base de nuestras sociedades y que ahora se libra en medio de una fase crítica del Orden dominante, para adaptarse a estos nuevos tiempos, en los que los Estados-Nación se resisten a su disolución en el saco de un imperio y el conjunto de la economía capitalista amolda las nuevas tecnologías y su IA a su propia finalidad depredatoria y acumulativa, en un contexto ecosocial altamente inestable e imprevisible, determinado por una aguda crisis climática, por una grave merma de la biodiversidad y, sobre todo, por una crisis energética que busca una salida para el mantenimiento de una economía, como la capitalista, que en sus dos últimos siglos estuvo asentada sobre un sistema productivo absolutamente dependiente del petróleo, una energía fósil que hoy está en fase terminal y cuya sustitución por energías "renovables" es absolutamente inviable sin una radical metamorfosis del Sistema en su conjunto.
Las generaciones actuales, las que asisten a la espectacular batalla cultural o metapolítica que está ganando el movimiento reaccionario de ultraderecha, van a poder comprobar en carne propia las nefastas consecuencias de este auge. Y lo harán, por primera vez, a escala de especie...no solo a nivel personal, de clase o de nación. Y en ésto consiste, a mi entender, la gran novedad del excepcional momento histórico que estamos viviendo.
Es muy importante saber que la
nueva dimensión imperial del Estado va a tener su máxima debilidad en el terreno de lo
local/presencial, que es ese concreto espacio ecosocial y convivencial en el que los individuos y las comunidades, jugando en campo propio pueden hacerse más fuertes frente a las instituciones estatales. Saber ésto tendrá una enorme utilidad estratégica, incluso a corto plazo, porque solo en ese espacio comunitario-convivencial es donde
la política va ser posible como democracia real. Solo por ahí cabe la oportunidad de cortarle los pies al Capital y al Estado, ahí es donde las próximas generaciones dispondrán de la mejor posibilidad para lograr la definitiva expropiación y disolución del Estado y su sistema de dominación.
Respecto de las izquierdas del Sistema: si ya no sirven, si se han inmolado en apenas una década, disipadas en su propia confusión ideológica, si ya no existen porque ellas mismas cavaron su propia tumba, lo mejor será celebrar su entierro con los honores básicos, e inventar algo nuevo.
Y a toda esa mezcla neofascista, de gente patriota, de clase media-trabajadora y a última hora metida a "ultra-antisistema", a esa gente que hoy se siente "ganadora" bajo el soplo favorable del todopoderoso Donal Trump, les digo muy seriamente que van a flipar mucho, pero que mucho, cuando se enteren de que su patriótica "unidad de destino en lo universal" está en la China.








