jueves, 30 de abril de 2026

PRIORIDAD HUMANA, CONTRA LA MEGAMÁQUINA (EL PENTÁGONO DEL PODER)



No es casualidad el auge simultáneo de la IA y del movimiento neofascista. La conveniencia de releer a Lewis Mumford

Estamos en medio de una peligrosa transición, de guatemala a guatepeor: vamos de la democracia representativa o imaginaria, hacia el predominio de democracias regidas por una inteligencia artificial e igualmente falsa y representativa. 

En los sistemas probabilísticos y estadísticos de la tecnología algorítmica y de procesamiento de datos, que es propia de la IA, no caben  ideas que pudieran cuestionar las estructuras del poder totalitario. Recuérdese que la IA, como la Internet y las Redes Sociales, son productos tecnológicos, mercancías destinadas a competir en los mercados  capitalistas del mundo, y que son propiedad de grandes corporaciones empresariales, todas ellas íntima y orgánicamente asociadas con las  estructuras del poder político-económico-militar de sus respectivos estados o imperios. Todas estas tecnologías propician y fomentan un radical empobrecimiento de las facultades mentales que son necesarias para formar un pensamiento complejo y realmente crítico, sin el que no es posible una  comprensión de nuestra sociedad, ni menos aún, un mínimo disenso.  

No es una coincidencia el auge de la IA y del movimiento neofascista, y todo ello  apunta a un mismo diagnóstico: estamos a merced de una megamáquina o aparato de dominación que viene funcionando desde hace unos 5000 años, coincidiendo con la institución -simultánea y asociada- de los "derechos" de propiedad y  esclavitud,  sobre la Tierra y sobre la Especie, que han evolucionado y se han desplegado hasta derivar en el actual sistema o megamáquina, de dominio totalitario a escala global. Esta megamáquina es el "pentágono del poder" concentrado que describiera Lewis Mumford (1): una alianza estructural y totalitaria entre la tecnología, el estado, la ciencia, el ejército y el capitalismo.



Lectores y escritores contra la Inteligencia Artificial 


La imagen anterior corresponde a los logos diseñados por Justin Clark, por encargo de Paul Kingsnorth, autor de "Against the machine" (Contra la máquina) para la campaña que éste promueve en contra de la Inteligencia Artificial. 

La megamáquina del algoritmo, los datos y la Inteligencia Artificial (IA)

"Aquí estoy, y aquí estamos todos, pero todo ha cambiado, y está a punto de cambiar aún más, más rápido y para siempre. Las historias seguirán contándose, por supuesto. Solo que sus autores tal vez ya no sean humanos.
Si la IA no nos mata, sin duda nos volverá incapaces de comprender la realidad.

Un profesor universitario que conozco hace que sus alumnos escriban sus trabajos a mano para evitarlo...otro me comentó recientemente que sus alumnos ya no pueden leer libros enteros, tienen que leerlos en fragmentos cortos porque no pueden concentrarse en una texto completo...esta es la pregunta más importante de todas: si las máquinas pueden investigar por nosotros, escribir nuestras historias, construir nuestras casas, pensar con mayor inteligencia que nosotros y todo lo demás, ¿cuál es nuestro papel?, ¿cuál es el sentido de la humanidad?"  
(de "Against the machine", de Paul Kingsnorth)



De izquierda a derecha: Dougald Hine y Paul Kingsnorth, 
autores del  Dark Mountain Project y el 
manifiesto Uncivilization.  


Portada del último libro de Paul Kingsnorth y de la segunda novela
de la saga de ciencia ficción "Guía del autoestopista galáctico",
de Douglas Adams.


Paul Kingsnorth es un escritor y pensador inglés que actualmente vive en Irlanda y que es conocido, además de por sus libros, porque en su dia fue subdirector de la revista  The Ecologist y cofundador del Dark Mountain Project (2).

"Contra la máquina. Sobre la destrucción de la humanidad" (Against the machine, 2025)  es el último libro de Paul Kingsnorth, todavía no publicado en castellano. Su editora resume así su contenido: "este libro explica cómo una fuerza difícil de nombrar, pero que todos sentimos, está remodelando lo que significa ser humano". En palabras de su autor,  el libro  "es un análisis de la matriz tecnológico-cultural que nos envuelve a todos. Fruto de dos décadas de escritura y reflexión sobre tecnología, cultura, espiritualidad y política, busca ofrecer una perspectiva sobre cómo la cultura tecnoindustrial que denomino «la Máquina» ha asfixiado a la civilización occidental, está destruyendo la Tierra y nos está transformando a todos a su imagen y semejanza".

Ya en 2009, en el manifiesto (Uncivilization) del proyecto Dark Mountain (Montaña Oscura)  se cuestionaba la creencia en los mitos de la sociedad moderna y su idea de "progreso", advirtiendo sobre la fragilidad de la civilización ante el colapso medioambiental y social en ciernes, e instando a afrontar esta realidad sin sucumbir al fatalismo y sugiriendo que la propia noción de "progreso" debería ser reevaluada. Aún coincidiendo en la necesidad de tal reevaluación, lo cierto es que los autores del manifiesto no  proponen ninguna acción política, tan solo un lustroso y superficial "cambio cultural", una especie de "actitud positiva", para afrontar el inevitable  colapso de la civilización con "realismo", lo que no es sino un modo eufemístico de nombrar un propósito de adaptación al orden dominante, con sumisión y conformismo. 

Entre otras reseñas, encuentro una del New York Times que abunda en esta crítica, señalando que la obra fue duramente criticada, siendo sus autores tachados de nihilistas y catastrofistas. Refiere a un ensayo publicado  en The Ecologist (la revista que Kingsnorth ayudó a dirigir), en el que se compara a los autores y seguidores del Dark Mountain Proiect con los personajes complacientes de una novela de Douglas Adams titulada "El restaurante del fin del mundo", en la que los comensales disfrutan viendo la aniquilación de la vida, del universo y de todo lo demás, mientras disfrutan de un buen bistec.

Pierre Vandier, almirante de la OTAN y autor del artículo publicado por la revista
Le Grand Continent, acerca del papel de la IA en la guerra contemporánea

La megamáquina militar 

De vez en cuando leo la edición en castellano de la revista francesa Le Grand Continente. Hoy ha llamado mi atención un artículo que asocia la IA a la guerra, escrito por un estratega de alto rango al servicio de la OTAN: "La velocidad es la matriz del nuevo poder: hoy, la lógica de la guerra se reduce a un principio -hay que aprender más rápido que el adversario- y a una consecuencia estratégica: transformarse o estancarse". Escojo un fragmento del mismo, que me sirve de resumen y conclusión del mencionado escrito: 

"La IA condena a las organizaciones lentas y excesivamente burocráticas.Otorga a quien aprende rápido una ventaja exponencial sobre quien no aprende. No es una herramienta más entre otras. Es una prueba de supervivencia darwiniana. Una Alianza que domina este ciclo -aprender, experimentar, implementar- es una Alianza que renueva su ventaja de forma continua. Transformar no significa predecir la próxima crisis. Nadie puede hacerlo. Transformar significa desarrollar la capacidad de sobrevivir a ella y mantener la iniciativa. 

La OTAN cuenta con ventajas que ningún otro actor posee: treinta y dos naciones unidas por un tratado, una capacidad industrial sin parangón y décadas de interoperabilidad forjada a lo largo del tiempo. Estas ventajas son reales. Pero no bastan si la Alianza no se transforma al ritmo que impone la nueva naturaleza de la guerra. Esto significa invertir en capacidades, sin duda. Pero, sobre todo, invertir en la velocidad del aprendizaje colectivo. Reformar los ciclos de adquisición. Abrir las arquitecturas. Conectar la industria con el campo de batalla. Gestionar los datos como un activo estratégico compartido. Formar a combatientes capaces de aprender, no sólo de ejecutar. 

La historia no espera a las organizaciones que dudan. Nunca avisa. Sólo constata, a posteriori, cuáles han sabido transformarse y cuáles han desaparecido, aniquiladas por la derrota. Transformarse o fracasar. No hay una tercera opción". 
(Almirante   Pierre Vandier, Comandante Supremo Aliado de Transformación de la OTAN) 


Un sondeo interno del PP apuntala su pacto con Vox


La megamáquina capitalista y estatal, nacional y/o global (imperial)

En un periódico de edición "nacional", el presidente del PP, señor Feijóo, se reafirma en el pacto con Vox y también en la vinculación de la "prioridad nacional" al arraigo, porque una encuesta al respecto de esta cuestión  revela que "no solo no nos penaliza, sino que nos permite pescar en el votante más centrado del PSOE"Si Feijóo dice ésto es porque los resultados de dicha encuesta revelan que un 40% de los votantes socialistas ven bien la "prioridad nacional".


Para los escasos creyentes que resistimos ante el dogma ideológico estatal/capitalista,  el término "nacional" equivale a "estatal"; y ésto de la "prioridad nacional" solo tiene un significado discriminatorio y profundamente antidemocrático, lo que es perfectamente normal para un orden social  estructurado jerárquicamente en base a un sistema de clases sociales inmersas en una  lucha de clases permanente y sistémica. Así, lo "nacional" tiene una doble correspondencia: refiere  al territorio geográfico en el que se libra la lucha de clases, un territorio cuya propiedad se reparte entre las clases dominantes y su propio aparato burocrático/militar del "Estado", al tiempo que refiere también al espacio social creado artificialmente  como "falsa comunidad" nacional.
Me parece a mi que a la máquina  "nacional", resultante de la alianza capital/estado  le importa poco la raza, el sexo o el lugar de nacimiento de los individuos y comunidades a los que explota y parasita. Más bien le importa solo su potencial utilidad o "rentabilidad"; si su trabajo sirve o no al beneficio de la cuenta capitalista, sea como productores o consumidores, por la doble vía de la explotación laboral y  de la recaudación de impuestos. Toda esa operativa, básicamente financiera, no es sino una gigantesca transferencia de riqueza al interior de las sociedades "nacionales", siguiendo siempre la misma dirección, de abajo hacia arriba: de los desposeídos a los propietarios, de los subordinados a los jefes, de los gobernados a los gobernantes.  La llamada globalización solo es tecnológica y financiera, y nunca dejó de ser una fase expansiva del mismo sistema de dominación, siempre asistida y tutelada por el aparato burocrático, y militar en esencia, propio de cada Estado "nacional". 

Frente a toda esta distopía, mi conclusión (provisional, como siempre), se resume en un llamamiento  práctico y de urgencia:

Aunque seamos cuatro gatos, es muy urgente que nos asociemos cuanto antes quienes pensamos que la primera prioridad de nuestra especie es asegurar su propia reproducción, eliminando la amenaza existencial que representa la  "megamáquina" y creando condiciones de vida humana con plena  dignidad, autonomía.  De ahí mi insistente propuesta de un Pacto Ecosocial Integral, a escala individual, comunitaria y de especie, que al menos  incluya:
1.La imperiosa necesidad de un inmediato y general desarme unilateral de nuestras sociedades.
2. Un mismo e ineludible compromiso, personal y comunitario, de respeto y cuidado por la dignidad y calidad de cada vida humana, sin excepción alguna.  
3. La declaración de la Tierra y el Conocimiento como Bienes Comunales Universales. 
4. Nuestro compromiso existencial con el deber de cuidar de los equilibrios ecológicos de los que depende la continuidad y reproducción de todas  las formas de vida, incluida la humana. 
5. Nuestra voluntad de existencia autónoma y emancipada, mediante la autoorganización social en modo convivencial y comunitario, en ayuntamientos comunales autoconstituidos en modo de asamblea de iguales, en regimen de democracias integrales, autogestionadas y plenamente autónomas, libremente asociadas  en solidarias redes confederales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.


Notas: 

(1) El proyecto Dark Mountain es una red global de escritores, artistas y pensadores fundada en 2009 por Paul Kingsnorth y Dougald Hine, centrada en un manifiesto de 2008 titulado Unicivilization, que cuestiona las narrativas de la civilización industrial, reconociendo el colapso ecológico y el cambio climático.
(2) Lewis Mumford (Flushing, Queens, nacido en la ciudad de Nueva York, el 19/10/1895, y fallecido en Amenia, estado de Nueva York, el 26/01/1990). Un tanto olvidado durante las últimas décadas, su obra es reconsultada actualmente a medida que crece la preocupación por  el avance imparable de la IA y el movimiento neofascista. Sus obras más consultadas son:  Técnica y civilizaciónEl mito de la máquina,  Técnica y evolución humana, El pentágono del poder y La ciudad en la historia. 

lunes, 20 de abril de 2026

VIVIR MIENTRAS VALGA LA PENA

 




Voy, pues, a seguir, hay que decir palabras, mientras las haya, hay que decirlas, hasta que me encuentren, hasta que me digan…Eso decía Samuel Becket (1906-1989) al final de su libro "El innombrable". Y en su último libro, de título "Sobresaltos", escrito con más de ochenta años y publicado un año antes de su fallecimiento,  como resumen y  conclusión a su vida y oficio de escritor dejaba dicho que "la palabra es lo único y lo último que sostiene la desintegración del yo". 

Había ganado el Nobel de Literatura en 1969, según se dijo en el acto de entrega, "por su escritura, que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza y elevación en la indigencia moral del hombre moderno", En ese acto, Becket ahorró las palabras, solo agradeció el reconocimiento, guardó silencio y no pronunció ningún discurso....y lo entiendo perfectamente, más ahora, que voy camino de esas  edades en las que se tiene una cierta intuición acerca de lo descolocado que anda nuestro yo por este mundo, con ese mismo sentimiento que refiriera Samuel Becket, algo así como una oscuridad de la existencia,  que en sus palabras  es "la relación truncada entre sujeto y objeto que caracteriza al mundo moderno desde que no existe ninguna garantía trascendental que asegure esa relación, un Dios, por ejemplo". 

Beckett exploró la oscuridad y el desamparo del individuo acosado por esa falta de relación,  exploró esa quiebra del vínculo con la existencia y con el propio mundo, que a los humanos nos deja tirados y desvalidos ante la intemperie de la nada. Lo hizo con un lenguaje crudo, sin fe alguna en el posible poder compensatorio de la escritura (que no deja de ser una forma de ficción). Pensaba que un mundo sin sentido solo puede ser representado mediante un lenguaje que contenga ese sinsentido junto a la confusión que de él resulta...lo entiendo, porque me está pasando algo muy parecido. 

Ese último texto, "Sobresaltos", es un libro corto y lleno de melancolía por el peso de la vejez y por la ausencia de los amigos que van desapareciendo. Es  una reflexión sobre el presentimiento de Samuel Becket acerca del final de su existencia como un lento proceso de desintegración del yo, que además del cuerpo incluye también la memoria y los vínculos con todo "lo otro", eso que nombramos como "el mundo", ese Algo que presentimos  como una ley de la entropía a domicilio y adelantada a la general del Universo. Escribió "Sobresaltos" a modo de balance personal de su trayectoria como escritor, a la altura de lo que sus críticos y biógrafos han dado en nombrar como "poética del despojamiento", en virtud de la cual su pensamiento y su escritura se atienen a lo que consideraba esencial, que no era sino esa inmensa y solitaria desnudez en la que se sentía abandonado el anciano escritor a medida que presentía el final de sus días, llegando a dudar si su confusión no sería reflejo de un delirio, crecido en esa estrecha distancia que hay entre lucidez y locura. 

Pensando en ésto, me parecía a mí que esta distorsión de la realidad viene a ser  algo así como una enfermedad literaria, muy propia de escritores profesionales, que de tanto imaginar acaban colocando a la ficción en el lugar de la vida. 

"Soy un discurrir de arena que resbala/ entre la duna y los guijarros/ la lluvia del verano llueve sobre mi vida/ sobre mí vida mía que me persigue y huye/ y tendrá fin el día del comienzo/ caro instante te veo/ en el retroceder de este telón de bruma/ donde ya no deberé pisar estos largos umbrales movedizos/ y viviré lo mismo que una puerta/ que se abre y se vuelve a cerrar." (De Poemas en francés, 1947-1949). 

Siendo los humanos los únicos animales que sabemos que vamos a morir, la verdad es que la vida se nos pasa intentando ignorar que lo sabemos. Y abrumados por el roce de esa sombra  que los viejos sentimos  en la nuca como un aliento que nos sigue a todas horas, parece imposible cualquier forma de reconciliación con nuestros límites. No solo los viejos, también  los enfermos crónicos, los desamados, los despreciados, y todos los suicidas en potencia. 

Pero hay algo fundamental en lo que no coincido con Becket, algo que me aparta de la melancolía que rezuma su obra, repleta de andrajosos personajes marginales, vagabundos  menesterosos y ancianos casi siempre. Y quiero explicarlo, si puedo: me refiero a eso que hoy, en este preciso momento histórico  en que empezamos a tener una mínima conciencia común, con origen en los grandes peligros y carencias que nos acechan a escala global y de especie, a mi la melancolía me parezca un lujo sobrante, y hasta un exceso algo burgués, propio de gente ociosa y aburrida, que en vez de vivir, invierte su tiempo en entretenimientos literarios o políticos. 

Así, pues, de Becket yo salvo su poética del despojamiento, pero solo como punto de partida que pudiera servirnos a escala personal y de especie, para una comprensión que siendo compasiva de la desnudez humana,  nos haga resistentes a la melancolía, esa  moderna enfermedad de los cuerpos que no encuentran compañía, ni siquiera un mínimo reconocimiento...y que, por eso, con total indiferencia, lo mismo hacen Literatura que organizan Genocidios o Viajes a la Luna.





2

Hasta que valga la pena vivir es el título común de dos libros cuya respectiva autoría corresponde a dos escritores chilenos,  Constanza Michelson y Alvaro Inostroza Bidart. Con toda seguridad ese título estuvo inspirado por los numerosos grafitis callejeros que aparecieron en las paredes de Viña del Mar (Chile), y también en las pancartas que encabezaron las revueltas durante el estallido social que allí tuvo lugar, en octubre de 2019. 

Del libro de Constanza Michelson, que incluye nada menos que ocho ensayos, he leído una crítica que me anima a leerlo, porque ve su mejor propuesta en que "el amor no es realmente emancipador si no se acompaña de una intuición política...¿cómo reinventar el amor sin caer en el escollo del individualismo?"; y añade esta frase  que refiere a Samuel Becket sin quererlo: "la fragilidad es una forma de pensar una ética laica que nos sostenga y nos permita ponernos de rodillas afuera de los templos". 

Del libro de Alvaro Inostroza Bidart solo sé que son treinta y dos poemas, que dialogan con imágenes fotográficas de las revueltas  y que, según dice su editora, podrían resumirse en dos versos con los que yo estoy en radical desacuerdo:  “toda vida debe caber/ en la Constitución de la República”.

sábado, 11 de abril de 2026

DOS FUTUROS POSIBLES PARA LAS IZQUIERDAS (UNIDAS O NO)

 


Dentro del orden estatal/capitalista dominante, siempre habrá un futuro, por mínimo que sea, reservado para una o varias izquierdas, porque este hecho simbólico resulta fundamental para la apariencia democrática, para una mínima credibilidad popular y, en definitiva, para la supervivencia y reproducción del propio Orden.


Lo primero a subrayar respecto de la iniciativa de Gabriel Rufián, denominada mediáticamente como proyecto de unidad de las izquierdas, es lo erróneo del término “unidad”, ya que lo que en realidad persigue tal iniciativa es un objetivo mucho más modesto, que consiste en pactar una estrategia electoral común, de cara a un máximo aprovechamiento de las posibilidades que ofrece la ley electoral del estado español. Esta precisión es necesaria cuando en la actualidad los términos “izquierda” y “derecha” refieren básicamente a su significado como marcas corporativas que se disputan un mismo mercado político/electoral.



Cierto que en algunas de esa izquierdas perdura todavía un poso residual de nostalgia revolucionaria, algo así como un vago sentido de pulsión ética, justiciera y emancipatoria. Si se ha conservado y alimentado esta nostalgia ha sido por su eficacia propagandística en una parte del mercado electoral, a costa de una merma sustancial en su capacidad crítica respecto del sistema de dominación. No se olvide que este orden es hegemónico y que se viene produciendo y reproduciendo exitosamente desde hace milenios, en variadas formas de jerarquía social, gracias a un doble dispositivo de poder -económico y político-sobre la naturaleza y sobre la sociedad,   concretado y actualizado en las actuales instituciones del Capital y el Estado. Como vengo explicando, a pesar de su aparente "modernidad", este sistema es  muy viejo -ya que tiene la misma edad de la Historia (1)- y también muy simple en su esencia, con fundamento en los más básicos instintos de nuestra especie, los dirigidos a la supervivencia individual, que son los de propiedad y jerarquía, desplegados mediante el predominio de la fuerza bruta. Por eso que, sustancialmente, ésto no sea muy distinto a lo que sucede al interior de otras sociedades animales; y esta semejanza solo puede quedar disimulada mediante una costra superficial de sofisticación cultural y tecnológica, que distingue a la humana de otras especies también animales  sociales.

¿Cómo ser de izquierdas hoy, cuando ninguna de estas organizaciones se propone la emancipación humana, y solo aspiran a mejorar las condiciones de la dominación, pero no su eliminación?...¿Qué significa, pues, ser de izquierdas en el siglo XXI, cómo evitar la deriva conservadora de discursos originariamente revolucionarios y, por tanto, qué caminos seguir para volver a articular la crítica de la dominación con finalidad emancipatoria?...me hago estas preguntas en mi modesta condición de activista anónimo y práctico, preguntas que vienen a ser las mismas que desde el ámbito teórico/académico, se hacían Nancy Fraser y Luc Boltanski (2) en 2012, en el contexto de una conversación recogida en un pequeño libro titulado “Contra la izquierda conservadora” (3).

Hasta la revolución francesa las izquierdas no existían (4). En pasados tiempos se dieron formas distintas,  casi todas radicales o revolucionarias, de oponerse al orden dominante, y solo a partir de esa revolución, a finales del siglo XVIII, se empezó a hablar de “ser de izquierdas” en dos modos diferentes, uno liberal/socialista/reformista/moderado y otro radical/comunista/revolucionario, ambos con sus propias variantes, de inspiración liberal, marxista o anarquista. 

Ambas formas de izquierdas perduraron y convivieron, más o menos conflictivamente, hasta la disolución en 1991 del “estado comunista” de la Union de Repúblicas Socialistas Sovieticas (URSS), experiencia revolucionaria que devino en  un estado  inviable por sí mismo, no solo por su derrota política frente al bloque del “occidente capìtalista”, sino más bien por su propia naturaleza contradictoria, dado que Estado y Comunismo resultaron ser términos tan incompatibles como autoexcluyentes...claro que ésto lo sabemos ahora, a toro pasado, pero no lo podían saber entonces quienes por primera vez afrontaban aquella experiencia revolucionaria,  como algo “nuevo”, en modo de comunismo estatal.

A partir del fracaso de la revolución soviética  solo sobrevivió una forma de “ser de izquierdas”, la reformista o liberal/socialista, de tal modo que en la actualidad, ser de izquierdas supone aceptar el marco mental del orden dominante, estructurado en torno a la fusión de los dos principales dispositivos de la dominación, Estado y Capitalismo. Si puedo decir ésto es porque no se sabe de ninguna izquierda que a día de hoy se proclame revolucionaria, y menos  “al completo”, o sea, enfocada en la emancipación humana y radicalmente opuesta al sistema estatal/capitalista que ha logrado hacerse hegemónico a escala mundial. 

Así constatamos que las izquierdas autodeclaradas anticapitalistas son generalmente proestatistas en su grado más conservador o socialdemócrata, defensoras de un estado tutelar y protector , al que denominan "estado de bienestar", mientras que las izquierdas antiestatistas, aunque no se declaren procapitalistas lo son de facto cuando no cuestionan el sistema de explotación del trabajo asalariado, ni la propiedad privada de los medios de producción, ni el mercado  capitalista como forma única de la economía. 

Sé que hay quien piensa que presentarse con un programa auténticamente de izquierdas sería electoralmente suicida. Y es cierto, pero eso viene a confirmar mi tesis acerca de la degradación sistémica que aqueja a las izquierdas y que, aunque justificada por un continuado fracaso histórico, no ha podido ser más evidente a partir de la disolución de la revolución soviética.  

En lo que coinciden todas las variantes de las izquierdas conservadoras es en un mismo relajo y dejación democrática, todas incapaces de imaginar formas de democracia integral y auténtica,  la democracia como sistema de autogobierno o autonomía plena de las comunidades humanas;  democracia  no solo como "procedimiento participativo" (que acaba siendo un paripé "representativo"), sino como un fin en sí mismo, es decir: con pleno respeto por el igual valor y dignidad que corresponde a la vida de cada uno de nuestros prójimos,  y no como mera apariencia participativa. Esto es  radicalmente incompatible  con la pulsión emancipadora que, a mi entender, es  propiamente humana, ontológica y prepolítica por tanto...  que trasciende a la moderna sociedad burguesa, dividida en partidos y clases enfrentadas en una permanente disputa (lucha de clases), claramente escorada a favor de las élites y corporaciones que detentan la propiedad (mediante empresas) y el gobierno (mediante partidos).   

Tampoco sé de ninguna izquierda que reclame la naturaleza comunal (como bienes comunales universales), tanto del Conocimiento humano (conjunto de saberes, ciencias y culturas humanas), como  de la Tierra (conjunto material del planeta que habitamos). Bienes del Conocimiento y de la Tierra que respectivamente corresponden a la comunidad humana en su conjunto y a la comunidad  de la vida (conjunto de especies animales y vegetales). Todos los demás  comunales, materiales e inmateriales, como bienes y servicios, son derivados de éstos principales y necesariamente han de ser objeto de producción comunitaria a escala presencial/convivencial (doméstica, vecinal o paisana/bioterritoroial),  todos producidos mediante libre trabajo comunitario, personal o cooperativo. Porque sin bienes comunales, toda comunidad carece de sentido y solo es posible en un sentido figurado o ficticio, tal como sucede con las comunidades "nacionales" creadas por los Estados. 

Las dos formas de izquierdas que sobreviven comparten una misma naturaleza reformista; por ejemplo, los partidos Psoe y Podemos son distintos solo en el grado de su reformismo, pero es obvio que ambos partidos no se proponen acabar con el orden estatal/capitalista, y que solo pretenden mejorarlo más o menos. Todas las izquierdas son hoy reformistas y residuales, todas en franca decadencia, lo que también tiene una lectura positiva, que explica su decadencia por causa de su "mala deriva", liberal y conservadora.

En resumidas cuentas, entiendo que las izquierdas tienen dos futuros posibles, que necesariamente, en todo caso, pasan por reconocerse históricamente como "parte izquierda" del orden dominante:

-Un primer futuro consiste en aceptar el rol de oposición permanente, e intentar sobrevivir a su propia decadencia  mediante el logro ocasional de mejoras en "derechos", que no son sino graciosas concesiones del orden dominante, aprovechando la experiencia de las izquierdas en  su oficio histórico como oposición crónica o sistémica.

-Y el más improbable de los futuros posibles solo podrá ser a largo plazo y a condición de comenzar ahora, antes de que el colapso del sistema sea irreversible. Consiste en decidirse a superar las propias contradicciones, empezando por imaginar otro “marco mental”, realmente diferente, contrario y alternativo al orden estatal/capitalista y, en consecuencia, afrontar su propia disolución como "parte izquierda" del orden dominante, para pasar a autoorganizarse en comunidades convivenciales al margen y en paralelo a las instituciones estatalcapitalistas, en modo de comunidades autoconstituyentes de democracias auténticas e integrales, en modo de autogobiernos comunitarios plenamente autónomos y soberanos,  libremente asociados en redes confederales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.

Leo en Viento Sur que "en el discurso más superficial, la idea de crisis queda limitada al campo de lo electoral, como si la mediación entre los partidos políticos y la sociedad fuera única y principalmente la urna y ésta flotara sobre un vacío social compuesto por individualidades dispersas. En una versión más desarrollada de esta idea, la crisis estaría creada o como mínimo alimentada por la desaparición de la vida interna de los partidos, sus carencias democráticas y una lucha de egos que impediría el establecimiento de pactos. La crisis se vuelve así autoexplicativa: un fenómeno que surge de las tripas de los partidos y que tiene una consecuencia electoral, donde sociedad/votantes y organizaciones/representantes políticas mantienen una relación de otredad e incomprensión mutua". Eso está bien, pero me parece muy insuficiente esta explicación, como cualquier otra que pase por alto la excepcionalidad del momento histórico en que vivimos, cuando nos enfrentamos a riesgos existenciales, por primera vez a escala de especie, lo  que nos obliga a pensar políticamente, también por primera vez, en modo integral y a escala glocal, en términos de comunalidad universal,   desde la escala comunitaria  bioterritorial (presencial y convivencial), hasta  lo global, a escala de especie.

Notas:

(1) Insisto en recordar que la Historia es una creación estatal,  que tiene la  misma edad del Estado, de aproximadamente algo más de cinco mil años.

(2) Nancy Fraser es profesora de Filosofía y Política en la New Schol for Social  Research, intelectual y militante feminista, autora de numerosos libros, entre ellos: "¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico" y "Escalas de justicia; Fortunas del Feminismo y Disputas feministas: Un intercambio filosófico". Y Luc Boltanski, sociólogo que trabajó durante años con Pierre Bourdieu,  fue director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, y fue impulsor de la nueva corriente denominada sociología pragmática y autor de libros como: "La producción de la ideología dominante", "El nuevo espíritu del capitalismo"  y "De la Crítica. Compendio de la Sociología de la emancipación".

(3) “Contra la izquierda conservadora”.  Una crítica radical del capital sin nostalgia estatista. Debate presentado por Philippe Corcuff. Editado en castellano por Editorial Clave Intelectual, en 2019.

(4) Las dos principales facciones ideológicas de la Asamblea francesa fueron jacobinos y girondinos. Los jacobinos, más radicales, pretendían una república centralizada, apoyada por las clases populares. Y los girondinos, más moderados, defendían el liberalismo económico y el federalismo.