martes, 12 de mayo de 2026

VICENTE AMEZTOY, REALISMO Y TENSIÓN IRÓNICA


Ameztoy pintando en su estudio (foto de Sara Santos, El Correo)
y fragmento de un autorretrato de 1977 



Mi interés por la obra de Vicente Ameztoy, viene a cuento porque releyendo algunos textos de Marc Badal, que me interesan por su especial trato de la ruralidad y de las condiciones del desarraigo asociadas a la crisis terminal del campesinado, Marc Badal se refiere así a este pintor vasco: "en algunas obras de Vicente Ameztoy conviven inquietantes figuras humano-vegetales con elementos propios de la sociedad industrial, que irrumpen de forma casi violenta en el paisaje de fondo. Un contraste que nos traslada a la bisagra histórica y antropológica que supuso el fin del mundo campesino tradicional: el desplazamiento de una subjetividad que se construía a través del vínculo íntimo y simbiótico con el territorio, por una forma de vida ingrávida, moldeada por la racionalidad científico-técnica, recluida en un medio artificializado y autorreferencial. Partiendo de los territorios simbólicos que sugiere la pintura de Ameztoy, el proyecto explora tres dimensiones de esta transición civilizatoria: el surgimiento de una mirada y una forma de estar en el mundo desarraigada, el inevitable giro nostálgico asociado al sentimiento de pérdida que genera dicho desarraigo y las nuevas relaciones que, desde esta nueva condición, se establecen con el entorno".


[Poxpolinak (Arias Navarro)], 1977

Llama especialmente mi atención esta obra de Ameztoy...busco información al respecto y me entero de que fue mostrada en una exposición antológica dedicada a este artista por el Museo de Bellas Artes de Bilbao en 2020. En su descripción se decía que  "aborda la intrusión política y cultural en el País Vasco durante el tardofranquismo, utilizando la figura de Carlos Arias Navarro, presidente del gobierno en ese periodo. Muestra a figuras con trajes regionales vascos (Poxpoliñak) creados por la Sección Femenina con el rostro de Arias Navarro, superpuestas en un paisaje que incluye la refinería Petronor en Muskiz"...y que Ameztoy utiliza una técnica minuciosa para crear una imagen de "tensión irónica", combinando el realismo con elementos perturbadores o fantásticos...que, realmente, es lo que ha conseguido llamar mi atención. 

Aquí dejo una muestra de su obra. Es mi modesta contribución al conocimiento de un artista tan singular como Vicente Ameztoy. 



Sin título, 1975





Sin título, 1976



Sin título, 1976



La boca, 1979



Paraíso, 1997



Santa Eulalia, 1.999


De ahí que tenga una visita pendiente al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

PD.:
Copio esta breve, pero apasionada reseña biográfica sobre Vicente Ameztoy, de la que es autor  Jose Luis Merino:

Vicente Ameztoy (San Sebastián,1946-2001).
"Considerado el poeta del sueño y de la infancia perdida, ni en lo estrictamente creativo ni en lo personal es posible encontrar parecido alguno con el resto de los artistas del País Vasco, tanto del presente como del pasado.Él era una isla entre artistas. Fue un artista precoz. Poseía una mano muy bien dotada para la pintura. En sus jóvenes años vivió la vida con un vendavalesco frenesí. En ese tiempo probó la experiencia de pintar bajo la influencia de los alucinógenos, opiáceos y toda otra clase de drogas. Hizo cuadros enteros con ácidos lisérgicos. Todo le servía para colmar su arrebatadora pasión por el arte, a la vez que le ayudaba a explorar en su geografía interior. Únicamente le importaba el hecho artístico. No aspiró nunca a estar dentro de los circuitos comerciales, como tampoco movió un dedo por convertirse en un pintor de éxito. Por esa razón realizó pocas exposiciones individuales en su vida. En la década de los años 70 se prodigó excepcionalmente algo más. En los últimos veinte años de su vida, tan sólo expuso de manera individual en dos ocasiones, 1990 y 2000. Cabe calificar de muy significativas esas dos efemérides en el arte de Ameztoy. En la primera destacaba el esplendor de su certera mano, sobre todo en las obras fechadas en 1977. En esos trabajos surge una suerte de éxtasis, hasta el punto de que su alada mano le impele a querer desaparecer como persona para convertirse y llegar a ser la totalidad del lienzo, repleto de formas y colores. En esas obras, vividas en un estado de latencia extática, ahí es donde Ameztoy era incomparable. Respecto a las obras de Remelluri, se vislumbraba cómo el artista había perdido parte del dominio y seguridad de su mano, mas continuaba en posesión de la sutil e inteligente sensibilidad inherente en él desde muy temprana edad. Seguía siendo el artista isla, poseedor de un muy acreditado sello personal. Mientras vemos pasar de manera regular y velocísimamente a no pocas generaciones de jóvenes artistas vascos camino de la gloria del talonario y la ubicación apoltronada en museos localistas, cobra un valor especial la actitud que mantuvo en vida Vicente Ameztoy, ajeno al deseo de medrar a costa de perder independencia. La voluntad de querer ser pintor, por encima de todo, le llevó a alzarse como un pintor muy por encima de muchos otros. Su arte fue su refugio recurrente. Allí se percibe como una búsqueda hacia la cueva o fondo primigenio, que viene a ser el útero materno. No se trata de espantar y/o sorprender a nadie con esta aserción. Años atrás se lo dijimos y Ameztoy señaló estar completamente de acuerdo. Como aceptó el sentirse poseído por la abundancia de la flora, para refugiarse en la hierba, en los cloroplastos de los órganos de las plantas, en una imperiosa necesidad por volver a la infancia como quien busca con ansiedad una protección irrestañable. Todo su arte estuvo preñado de verdad. Era su imperiosa verdad". Jose Luis Merino

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