jueves, 29 de octubre de 2026

ANTICAPITALISMO VERSUS NEOLÍTICO




Todo empezó en algún lugar del Creciente Fértil, en las verdes llanuras de Mesopotamia, aquel día en que un bruto hacendado neolítico  pusiera en práctica las ideas que comenzó a pensar tras abandonar su vida de cazador nómada y cercar un trozo del planeta Tierra para el cultivo de vegetales y la cría de ganados: "esta tierra, esta mujer y este esclavo, como la vida de todas las bestias que habitan al interior de los límites de esta hacienda, son de mi exclusivo dominio o propiedad...y  por eso (PORQUE SON MÍOS) puedo explotar sus cuerpos, e incluso matarlos, cuando yo quiera.
 



Hace ya muchos años que sostengo la teoría de que vivimos, a escala de especie, atascados en la Era Neolítica, fundamentalmente porque a partir de mi propio conocimiento y experiencia considero que, bien adentradas en este siglo XXI, nuestras sociedades siguen rigiéndose en lo esencial por los mismos principios estructurantes que conformaron la Era Neolítica a lo largo de los últimos diez milenios. Éstos principios son los de Propiedad individual y Jerarquía social, concretados operativamente en las dos principales instituciones neolíticas: el Patriarcado y el Estado -ambas relacionadas a su vez con un mismo instinto animal "propietarista", cuya trazabilidad puede seguirse en todos los periodos históricos  a través de esas dos instituciones, que siguen siendo las mismas  instituciones primitivas sobre las que pivota el  orden social -propietarista y jerárquico-  de nuestra especie,  de inequívoca matriz neolítica (urbana/patriarcal/estatista).  
Además, tengo muy claro que el "éxito" y predominio  histórico de las instituciones neolíticas, mantenido durante tantos milenios, es debido a  su "naturalidad" y "primitivismo", acordes con el básico instinto animal de propiedad territorial y jerarquía sexual/patriarcal. Por eso entiendo que la superación de estos básicos instintos es condición racional y previa para poder superar el tiempo del Neolítico, fatalmente devenido en atolladero evolutivo de nuestra especie...y sumidero existencial de otras muchas especies, por efecto de la nefasta repercusión planetaria de este orden social,  depredador en esencia y tan  insostenible como perfectamente indemocrático.


Si una “Era” es un periodo de tiempo que cuenta a partir de un hecho histórico muy sobresaliente, como el descubrimiento del átomo (Era Atómica), o el nacimiento de Jesús de Nazaret (Era Cristiana), la gran revolución que para la especie humana supuso el radical cambio en la forma de vida, de nómada a urbana, es el hecho que marca el inicio de la Era Neolítica en la que todavía estamos. Esto es así, porque diez milenios más tarde seguimos siendo una especie urbana, más que nunca; y, sobre todo, porque en este siglo XXI, como nunca antes, la vida de nuestra especie está determinada completamente y en su conjunto global, por los principios neolíticos de propiedad y jerarquía, como matriz estructural del orden global: propietarista en modo  capitalista y jerárquico en modo estatal de sociedad patriarcal y clasista. 


El nombre general que le corresponde a la ideología propiamente neolítica  es el de “propietarismo”, mientras que “capitalismo” es el nombre de su versión "moderna", a  partir de la Europa Moderna del siglo XV, con la colonización extractiva de los otros continentes y la virtualización de la moneda mediante la invención bancaria del pagaré y la letra de cambio; todo ello para el desarrollo del comercio oceánico y el tráfico de esclavos a escala global, obvio precedente del actual Mercado capitalista global. Para mí no puede ser más obvio que nuestra Era, como quiera que la nombremos, comenzó al menos ocho milenios antes del nacimiento del hijo del dios de los cristianos.


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A ver...que levanten la mano todos los anticapitalistas que estén a favor de una declaración unilateral de la Tierra y del Conocimiento como materia prima universal y Bienes de Uso Comunal, al margen de toda forma de dominio o propiedad, personal o colectiva, que solo es legítima  en el caso de los bienes materiales producidos a partir de dicha materia prima universal, mediante la intervención del trabajo humano, así como también es legítima en el caso de aquellos bienes que con este mismo origen son objeto de intercambio, donación o regalo. Y levanten la mano también todos aquellos anticapitalistas que estén a favor de una forma de convivir en modo simbioético y ecosocial, a partir de comunidades autoconstituidas como Ajuntamientos o Asambleas de Pares, en regimen político de democracias comunales integrales,  plenamente autónomas y soberanas,  libremente asociadas en solidarias redes confederales, para la convivencia local y global, el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales. 

Me lo veo venir...silencio (los anticapitalistas se lo están pensando)



Pienso que la mayoría de la gente podría levantar la mano sin apreciar contradicción alguna con su propia ideología política, fundamentalmente propietarista y jerárquica en abrumadora mayoría, según creo. Digo ésto, porque pienso que, aunque teóricamente, y de boquilla, se pueda ser anticapitalista al mismo tiempo que (por ejemplo) liberal, marxista, anarquista o fascista, me parece a mí que, de facto, ser anticapitalista es incompatible con la ideología jerárquico/propietarista que profesa la inmensa mayoría de la humanidad, al menos desde la gran revolución neolítica que supuso un radical cambió en nuestra forma de habitar la Tierra: de una manera nómada a otra en modo sedentario/urbano y "político" (de "polis", la ciudad devenida en Estado). 

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En estos días y sin proponérmelo, se me han juntado  las lecturas de dos grandísimos escritores que  de sí mismos dicen ser "anticapitalistas", uno es filósofo y marxista, y el otro es novelista y católico, y heterodoxos en ambos casos. Me refiero a Santiago Alba-Rico y a Juan Manuel de Prada. Concretamente, se trata de uno de los últimos artículos de JM de Prada, publicado en el ABC y muy difundido en las redes sociales, con el título de "Sexo y Propiedad"; y se trata del libro "La ciudad intangible: ensayo sobre el fin del Neolítico", publicado por primera vez en 2001, del que es autor Santiago Alba Rico. 

A simple vista, podría parecer que nada tienen que ver entre sí, pero yo he apreciado un gran vínculo intelectual entre ambos autores y sus respectivos escritos, más allá de la coincidencia en su común y pública manifestación de "anticapitalismo", que si llama la atención es por la aparente contradicción entre sus respectivas filias ideológicas, marxismo y catolicismo...si bien, recuérdese que hemos conocido a muchos católicos autodeclarados marxistas, y viceversa. Valgan como ejemplo los seguidores de la Teología de la Liberación como ejemplo de católicismo marxista,  y el caso de Louis Althusser como ejemplo de  marxismo católico. En el discurso de ambos escritores yo aprecio una misma nostalgia del Neolítico, aunque por diferentes razones. 

Ahora, por favor, fijaros en el texto destacado del citado artículo  de JM de Prada,  en el que éste autor dice que "los dos pilares en los que se basaba una vida digna -en referencia al Sexo y a la Propiedad- quedan arruinados, y el hombre, convertido en un consumidor bulímico". Ahí, sin duda se refiere a un tiempo "mejor para la dignidad humana", que necesariamente no puede ser otro que un tiempo pasado, que el escritor no concreta y que para mí es necesariamente "neolítico", por las razones que acabo de explicar.  Tiene, pues, JM de Prada, a propósito del Neolítico,  una idea muy positiva, fundada en su católica creencia  que considera al sexo y a la propiedad como fuentes de una dignidad humana ahora perdida junto a ese "mejor" tiempo pasado (neolítico).  Yo veo en esta consideración del sexo y la propiedad como fundamentos de la dignidad humana,  una "idea/espejo", perfectamente inversa a mi propia idea sobre la consistencia y plena actualidad del Neolítico, aunque sea en fase decadente y ojala que terminal. Ese tiempo neolítico,  que yo entiendo como un pasado/presente/contínuo,  a este "católico anticapitalista" le parece el mejor de los tiempos sin tener en cuenta que no podemos compararlo con ningún otro,  porque nunca hubo "otro tiempo", ninguno  sin la impronta y matriz neolítica del "sexo y la propiedad". 

Así que ese anticapitalismo de JM de Prada,  yo lo veo confuso...no sé si será muy católico, lo dudo, pero a mí  ese batiburrillo ideológico me parece propietarista y contradictorio...y nada anticapitalista. Hay que tener en cuenta  que JM de Prada tomó el título de "Sexo y propiedad" de un artículo de Chesterton (1874-1936), filósofo británico y católico, otro grandísimo escritor, que fue conocido como "príncipe de las paradojas". No pienso que haya una línea de causalidad directa  entre los instintos animales de "sexo y propiedad"  y el orden/social/global que conocemos por Capitalismo, más bien pienso que éstos  básicos instintos son las condiciones de posibilidad para el desarrollo posterior del Capitalismo en el modo de sistema/mundo (tal como lo define Immanuel Wallesteirn), un sistema al que hemos desembocado agónicamente en pleno siglo XXI. Hablamos de un orden sistémico y global que ha conseguido normalizar su permanente crisis y patología propietarista,  haciendo que su reproducción sea, paradójicamente: "relativamente estable y siempre cambiante". 


Respecto al texto de Santiago Alba Rico, puedo estar de acuerdo solo en parte,  en lo que se refiere a la "ciudad intangible" (con el sentido de intocable), como "final del Neolítico": eso que yo interpreto como "intocable e inamovible sistema político: el de la neolítica Ciudad o Polis/Estado". Frente a  las pretensiones de democratizar el capitalismo, Santiago Alba Rico afirma que la tarea de un proyecto transformador debe aspirar  “a la trabajosa y delicada labor de desmontaje del Imperio romano, donde la primera transformación del mundo que debemos abordar es la de conservarlo”. Eso está muy bien como metáfora, pero me parece insuficiente lo de "desmontar el imperio romano", sería más ajustado a la realidad "desmontar el Sistema Propietarista del Estado Neolítico".

Santiago Alba Rico tiene identificado al Neolítico, no solo como etapa histórica, sino como “pensamiento matriz de la condición humana estructurada en torno al principio de subsistencia”. Según él, como respuesta a dicho principio de necesidad, el homo neolítico adopta una estrategia fundada en la novedosa idea del Poder (superación del estado de subsistencia o necesidad) a partir del novedoso principio de Propiedad como derecho natural de uso exclusivo sobre un trozo de la Tierra, lo que solo podía surgir de esa nueva forma de vida “estable” (de estabular, establo...), agrícola y urbana, algo impensable para un homo nómada que no siente la necesidad de propiedad más allá de los útiles personales y sus armas de caza. Mi pensamiento político, como el suyo, también es anticapitalista, pero ni católico ni marxista; yo soy demócrata/comunalista en inseparable y radical modo  contrario a la división social en clases y, por tanto, contrario a toda forma de constitución política en modo "Estado", que considero indemocrático  por su propia naturaleza jerárquica. Y soy radicalmente contrario a toda forma de propiedad que tenga por objeto  a la Tierra y al Conocimiento, a los que considero como Bienes Comunales Universales. 

Para mí, cada día que pasa me resulta más obvio que siguen siendo plenamente vigentes las dos principales ideas definitorias de la Era Neolítica:  la Propiedad (territorial/sexual) y  la Jerarquía social, económica, cultural y política (lo que es el Estado). Y por mucho que nos deslumbren y despisten las apariencias tecnológicas, ¿a que no es tan difícil ver que, pasados diez mil años, estos principios neolíticos siguen siendo los mismos a día de hoy, igualmente determinantes de nuestra primitiva forma de vida "neolítica". Desde que comencé a escribir en este blog, hace ya 16 años , (en 2010, año anterior al 15M), vengo sosteniendo que desde la gran revolución del Neolítico todas las sociedades humanas han sido dominadas por clases dominantes, mediante la  institución progresiva del Patriarcado (para la transmisión hereditaria de los derechos de propiedad), del Estado (para la defensa legal y militar de la propiedad) y del Sistema Capitalista de Producción y Mercado (para el comercio o intercambio de todo tipo de mercancías y propiedades). Y desde entonces no dejo de preguntarme ¿por qué somos tan poca gente las que, como yo, se manifiestan a favor de la declaración de la Tierra y el Conocimiento como bienes de propiedad comunal universal?... ¿y por qué, sobre los bienes materiales/naturales, y sobre los inmateriales bienes de la cultura, todo el mundo  quiere tener   "liberales" derechos de propiedad, mejor que derechos de uso?...digo yo que si toda persona dispusiera  de una vivienda con derecho de uso asegurado de por vida, ¿para qué querría tener, a mayores, un derecho de propiedad sobre esa vivienda?...¿qué poderoso misterio o fetichismo es ese de la propiedad?,  ¿para qué la propiedad, si no es para especular en los mercados y hacer de propietario/capitalista, aunque sea de un piso pequeño? 

Esta primitiva ideología propietarista es la que, a mi entender, sustenta el orden social/estatal que alarga la era del Neolítico hasta nuestros días, gracias a su respaldo social, a mayores de la fuerza propia del poderoso entramado institucional del Estado-nación-capitalista contemporáneo (patriarcado, trabajo asalariado, producción y mercado  capitalista...), pero incapaz de evitar su propio colapso, situándonos en un grave riesgo de extinción junto a otras muchas especies. 

La incertidumbre y pregunta crucial de nuestro tiempo  es si seremos capaces de superar el Neolítico a tiempo, ahora, aprovechando que por primera vez en la historia de la humanidad -y aunque sea de modo muy incipiente- hemos comenzado a tener una mínima conciencia ecosocial, de comunidad y de especie.  

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