martes, 6 de octubre de 2026

CASAS Y VIDAS BARATAS, CAPITALISMO LOW COST


"
Casas baratas" (1) para obreros, edificadas en Madrid por "La Constructora Benéfica"  (ilustración de 1883)



Arriba, a la derecha: imagen actual de la acampada en la plaza del Sol de Madrid, promovida por el Sindicato de Inquilinas. Arriba, a la izquierda y abajo: verso y reverso del  mismo "puto sistema", de casas y vidas baratas



Un buitre por ser pequeño no deja de ser un buitre 

La naturaleza del capitalista, como la del buitre, no depende de su tamaño, sino más bien de su vocación de animal parasitario, que le lleva a apropiarse del trabajo y hasta de las vidas ajenas y a transformar ese robo o apropiación de lo ajeno en propiedad (capital) privado, y éste en fuente de poder social,  económico y político, que desde la revolución propietarista del neolítico (2) viene siendo articulado y ejercido corporativamente por la clase de los propietarios en modo de "Estado". 

Desde aquel remoto origen neolítico que diera origen al Estado y a la Historia, este aparato estatal sigue siendo a día de hoy, cinco mil años después, el mismo dispositivo legal, burocrático y militar cuya razón de ser no es otra que la defensa de un ilegítimo "derecho" de  propiedad -individual o corporativa- sobre bienes  de producción ajena, sea ésta social (caso del Conocimiento) o natural (caso de la Tierra). Siendo la Tierra (bienes naturales/materiales) y el Conocimiento (bienes culturales/inmateriales),  la Materia Prima-Universal de todo proceso productivo  y reproductivo,  por su propia universalidad ambos son bienes de propiedad común o comunal, respectivamente propios del Común universal de las especies (caso de la Tierra) y del  Común  humano universal (caso del Conocimiento), lo que en ambos casos incluye al respectivo universo de individuos y generaciones, actuales y futuras. 
Por tanto, queda claro que un capitalista pequeño sigue siendo un capitalista. No se es "más o menos" capitalista, como no se es más o menos buitre.

Puta casa y puta vida, donde puta quiere decir precaria

Mantener un estado de precariedad permanente, en un segmento de la clase trabajadora, es  condición necesaria para el funcionamiento de la economía capitalista, que así dispone de un eficiente mecanismo de control sobre el "mercado" laboral. Esa reserva de trabajadores precarios le sirve al capital para abaratar los salarios y así mantener en modo creciente su tasa de beneficio capitalista.

Pero esta condición no es la única, ni la más importante, para la reproducción del orden capitalista, que no se explica sin la adhesión ideológica de la mayoría social. Ese es “el problema”: de la vivienda y también de la vida. 

La auténtica "tragedia de los comunes"

Por eso, me ponen de los nervios los anarquistas que reclaman la propiedad de la tierra para el campesino que la trabaja, "a condición de que sea pequeño el tamaño de la propiedad (del capital)". Se podrá decir que es un "robo menor", pero esa pequeña propiedad sigue siendo un delito de  robo (sea individual o colectivo) de una parte de la Tierra Común.  

Este pensamiento propietarista es el vínculo subterráneo que asocia al conjunto de ideologías estatales que denominamos "de izquierdas y derechas". Esto sí es la "tragedia de los Comunes", porque todas esas ideologías confunden trágicamente (al igual que la mayor parte de los anarquismos), lo que es un legítimo derecho  de propiedad con origen en el trabajo (junto al conocimiento, la técnica y la creatividad  humana),  con un ilegítimo derecho de apropiación  sobre el Procomún Universal que conforman  la Tierra y el Conocimiento, que son, por tanto,  "principio" y no "medio", en todo proceso productivo y reproductivo.  Ambas materias primas constituyen, pues, un conjunto inseparable de Bienes-Raíces inapropiables  en todas sus formas, materiales o inmateriales, que por su propia universalidad solo pueden ser racionalmente respetados y considerados como Bienes Comunalñes Universales. 

La contradicción irresoluble de las izquierdas, políticas y sindicales, respecto del trabajo asalariado y su relación con  la propiedad de la vivienda 

Los principales sindicatos y partidos de izquierdas acaban de anunciar su apoyo a la huelga general propuesta inicialmente por el Sindicato de Inquilinas, promotor de la revuelta de las "acampadas por el derecho a la vivienda". Dicen los líderes sindicales que esa huelga ha de servir para reclamar mejores salarios, para que la clase trabajadora pueda tener acceso real a la compra o alquiler de una vivienda y así, hacer efectivo el derecho a la vivienda que exhibe obscenamente la Constitución española de 1978. 

Esa reclamación, que  parece tan  lógica, a mí me parece que encierra una trampa letal para el conjunto de la clase trabajadora, si al mismo tiempo  olvida reclamar la desaparición del trabajo asalariado, de las clases sociales y de la propia clase asalariada (un olvido acostumbrado que ya es constituyente de todas las izquierdas integradas). Es así, porque la relación salarial es de dominio y poder, que no desaparece por tener un mejor salario. Y porque esta "mala relación" es responsable de generar la división social y  por eso, también es el principal nutriente del estado de Guerra General (entre individuos, entre clases y entre estados) que nos aboca aceleradamente hacia el colapso de nuestra especie. Ese es el "Estado" natural y propio de las sociedades propietaristas, todas estatales y  capitalistas, que a día de hoy son todas. 

Así, lo que las izquierdas hacen es potenciar la misma ideología propietarista que entiende la vivienda como una mercancía más, como algo que se compra y se alquila en un Mercado capitalista necesariamente especulativo, por su propia naturaleza parasitaria, entre depredadora y carroñera. 

"El problema" de la vivienda simboliza perfectamente el triunfo  global de la ideología propietarista, modernamente interpretada como "liberal" 

Esta ideología  ha logrado inocular en el individuo medio de la sociedad de masas contemporánea una idea de libertad directamente asociada a la idea de propiedad, que  explica muy bien el contínuo éxito reproductivo del Estado/protector de la propiedad a lo largo de cinco milenios, y también  la potencia publicitaria del moderno orden "liberal" del Estado,  que más propiamente deberíamos denominar "Propietariado", en el que los ricos son más libres que los pobres, los propietarios de las empresas  son más libres que sus empleados,  los caseros rentistas son más libres que sus inquilinos, los que pueden comprar cultura y conocimiento son más libres que los que no pueden hacerlo,   y los gobernantes son más libres que los gobernados...obviamente, como vemos a diario y como sabe todo el mundo. 

La vida parasitaria del casero rentista es el prototipo ideal de vida pequeño/capitalista. Imagina: tener un capital suficiente en forma de casas de alquiler para poder vivir de la renta, a costa del trabajo ajeno de los inquilinos y sin dar palo al agua. Este casero rentista, buitre grande o pequeño,  en activo o jubilado, como todo buitre necesita  un ecosistema propio y adecuado a su finalidad parasitaria. Pues bien, el Estado es ese ecosistema ideal para la reproducción del  orden capitalista en todas sus variantes depredadoras y/o carroñeras.

Como arte o como ciencia, es una puta vergüenza el arte de la arquitectura, tanto de la vivienda como del urbanismo,  en su modo único de diseño capitalista. 

De propiedad o de alquiler, todas las viviendas tienen un mismo diseño, orientado a favorecer el aislamiento social de sus moradores y a propiciar la mínima relación comunitaria entre viviendas, básicamente reducida ésta al pago común del gasto de la luz y la limpieza, del portal y la escalera.  Así, la vida en un piso en propiedad, dentro de un bloque, es la mejor forma de  vida capitalista a la que puede aspirar todo inquilino del Estado que viva de su trabajo. Mejor y más libre en calidad de  pequeño propietario... y aún mucho mejor en la doble calidad de propietario y rentista.   

Queramos o no, vivimos en casas que aunque estén construidas aisladamente y en la más absoluta soledad de los campos, no se libran de formar parte del censo inmobiliario de un Estado...como nosotros, todos los contribuyentes, seamos inquilinos o propietarios. Tan es así que nuestra forma de vivir está necesariamente condicionada por el diseño de la vivienda, por ese arte de la arquitectura aislacionista y propietarista que es la oficial en este mundo-Estado en que vivimos... muchos de alquiler y  de milagro. 

Además, en su inmensa mayoría, ni los propietarios de las casas, ni los inquilinos,  son conscientes de que esas casas, caras o baratas,  en las que vivimos son todas estatales, sean de propiedad o de alquiler. Incluso las chabolas y los palacios son estatales, sí, porque aunque no se diga, todo lo que está construido sobre el territorio de un Estado, al igual que el propio territorio, es estatal, propiedad del Ente. Es así porque desde siempre el Ente estatal tiene reservado para sí un poder de expropiación que, de facto, le convierte  en el auténtico propietario del territorio comprendido al interior de sus fronteras, incluyendo  todo lo que ahí se construye, todo lo que se produce y todo lo que se mueve, dentro, por encima y por debajo de los limites del Ente. 

Cómo será la cosa, que hasta nosotros, los habitantes del territorio estatal, los denominados "nacionales", también somos una pertenencia del Estado, lo sepamos o no, como parte obligatoria de una Comunidad Nacional  conformada por quienes porten un mismo Documento Nacional de Identidad. Porque "nacional" no es solo la Policía o la Selección de Fútbol, no, nacionales somos todos, caseros o inquilinos, todo aquel al que el Estado tenga a bien darle un DNI.
Y si el Estado habla de Comunidad Nacional no es gratuitamente, sino porque sabe que el sentimiento de comunidad es muy propio de la naturaleza social de nuestra especie. Y que nos gusta mucho hacer cosas en comunidad,  hasta para cometer delitos; ahí están, por ejemplo, la camorra napolitana, la mafia siciliana, o cualquier consejo de administración de cualquier Banco o de cualquier Empresa capitalista. 

Y es que somos simios, propietarios o inquilinos,  básicamente sociales y comunitarios. 


Notas:

(1) Casas baratas” es el término por el que se conoce un tipo de vivienda “obrera”, que comenzó a construirse en España a finales del siglo XIX y principios del XX, bien con ayudas oficiales o préstamos de bajo interés, con destino a la clase trabajadora que llegaba a las ciudades procedente de las zonas rurales. La primera ley específica denominada de Casas Baratas, data de 1911, bajo el reinado de Alfonso XIII, siendo José Canalejas presidente del Consejo de Ministros del gobierno liberal (que lo fue desde febrero de 1910 hasta su asesinato en noviembre de 1912). 

Hubo también un tipo de "casas baratas" propiamente minero, construidas por las propias empresas en bloques denominados “cuarteles”, de casas con una tipología muy similar, de una o dos plantas y situadas muy cerca de la explotación minera. Las hubo gestionadas en modo cooperativo, y también hubo una modalidad de alquiler con opción a compra. Tras la guerra civil, ya en el franquismo, ese término fue sustituido por la figura de “viviendas protegidas” o de “protección oficial”, que ha pervivido hasta ahora. Sin ir más lejos, a escasos 4 kilómetros del pueblo en el que vivo hay un barrio de “casas baratas” que se conserva habitado en su totalidad y que en origen fue propiedad de la empresa minera que operaba en este valle de Mudá. en la Montaña Palentina. También en otras muchas poblaciones mineras de España surgieron este tipo de viviendas, que en muchos casos han sobrevivido a la azarosa historia de la clase obrera empleada en la industria minera.


(2) La revolución propietarista tuvo que producirse necesarimente en las sociedades sedentarias, agrícolas y urbanas del Neolítico, porque tanto la propiedad de la Tierra, como del Conocimiento, eran conceptos inexistentes e  impensables.