domingo, 13 de septiembre de 2026

EL AYUNTAMIENTO COMUNAL COMO ESPACIO ECOSOCIAL PROPIO DE LA POLÍTICA EN SU MODO DE AUTOGOBIERNO (DEMOCRACIA) DEL COMÚN Y LO COMÚN




En el presente año se cumple el veinte aniversario de la muerte de Murray Bookchin (1921-2006), historiador, investigador, profesor universitario y activista político, pionero del movimiento ecologista e iniciador del paradigma ecosocial y de su forma política, el comunalismo. Hoy escribo ésto a modo de personal y modesto homenaje a su memoria  y a su obra, cuando se cumplen 20 años de su muerte, lo que me resulta perfectamente compatible con manifestar mis diferencias respecto de su teoría comunalista, debidas, principalmente, a que Murray Bookchin no pudo llegar a conocer antes de su muerte en 2006, todo lo que nosotros sí sabemos a día de hoy, todos los trascendentales acontecimientos de los que estamos siendo testigos las generaciones actuales, que no es exagerado afirmar que están marcando una inflexión histórica radicalmente nueva, que ya está teniendo graves e inmediatas repercusiones en la evolución general de nuestra especie. Me refiero, obviamente, a la crisis multisistémica que ya nadie pone en duda y que nos sitúa al borde del colapso global de la civilización, concretado en un conjunto de radicales cambios y alteraciones de dimensión global, que se presentan como evidentes e irreversibles, tales como el agotamiento de los combustibles fósiles que sostuvieron el espectacular desarrollo capitalista durante los dos últimos siglos, como la constatación de un acelerado proceso de degradación ecológica por un calentamiento global indiscutible, por una extinción masiva de especies y una devastación sistemática de la biodiversidad a cargo de un consumo ilimitado y patológico de los bienes naturales;  como la degradación del ideal comunitario, igualitario y democrático, que subyace a malas penas en el sustrato moral de todas las culturas, o el regreso y auge de los viejos totalitarismos del siglo XX...en definitiva, un endemoniado panorama ideológico y geopolítico, de brutalismo neofascista, que amenaza con desencadenar nuevas guerras y genocidios...y, para remate, la grave amenaza existencial que para nuestra especie supone la tecnología algorítmica de la denominada Inteligencia Artificial (IA), recién declarada como agente potencial de una probable extinción de nuestra especie...o sea, todo  un  escenario  hipercomplejo, de tintes apocalípticos, que nos aboca directamente a un  colapso global que avanza acelerado e imparable y que, por primera vez en la historia humana, hemos comenzado a percibir a escala global  con una incipiente, todavía, conciencia ecosocial y comunitaria o comunal, a escala de especie.

Ante todo ésto, entiendo que solo cabe pensar en una estrategia radical y urgente, con esa misma dimensión global y de especie, a la altura del grave riesgo existencial que pesa sobre las generaciones presentes y futuras, una estrategia que ni Murray Bookchin ni nadie pudo preveer, ni siquiera pensar, sin haber vivido todos estos acontecimientos de los que ahora  somos testigos. 

Por eso vengo dedicando estos últimos años a pensar la estrategia que creo más adecuada a la resistencia y superación del colapso global en el que estamos inmersos de manera irreversible. El colapso sucederá, porque ya está sucediendo. 

Tengo muy claro que el acontecer del tiempo presente es predeterminado  por el pensamiento dominante que precede a cada época y que, por eso -porque el presente no tiene otro arreglo posible que no sea tratar de achicar el agua en una barca llena de agujeros cada vez más grandes- ahora lo que toca es construir un pensamiento poderoso, capaz de sobrevivir a este colapso y superar al orden salvaje construido por el pensamiento que hoy sigue siendo dominante, esta Ilustración Oscura asentada, a diestra y siniestra, en las  instituciones originales del Capitalismo primitivo (sistema de apropiación o robo del "capital común universal" que forman la Tierra y el Conocimiento) y del Estado neolítico, éste como campo de batalla "ad hoc", en el que librar una lucha de clases permanente, sistémica e institucionalizada, donde la clase propietaria juega armada y con las cartas marcadas.  

Pus bien, esta novedad, la de una inédita conciencia humanista integral, a escala global y de especie, para mí es el fundamento estratégico  que puede desencadenar la revolución integral necesaria para subvertir y sobrevivir al orden bruto, propietarista y estatal, que desde su origen neolítico viene dominando el mundo a partir de los instintos animales más primarios, de propiedad (genética/territorial/cognitiva) y de jerarquía social sustentada en un  "derecho natural de propiedad" (natural con sentido de "salvaje"), cuya defensa ha justificado el  uso de la fuerza bruta al menos durante los últimos cinco milenios. 

Por todo eso, mi enmienda al paradigma ecosocial y comunalista es más estratégica que ideológica, no plantea una propuesta programática, para competir por el poder político, sino que presenta una propuesta prepolítica y global previa a toda constitución política: un básico pacto de especie, sobre los principios universales de convivencia simbioética integral -ecosocial y comunal- previos a la libre constitución de comunidades realmente democráticas, o sea plenamente autónomas y omnisoberanas, autoconstituidas y autogobernadas en asambleas comunitarias  de iguales y libremente asociadas en redes confederales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.  

Esta propuesta estratégica aúna dos poderosos antídotos frente a las instituciones del Orden dominante, contra la Propiedad capitalista  y contra  la Jerarquía estatal, que son, a mi entender: a) el principio  de responsabilidad simbioética universal (personal, comunitaria y de especie),  y b) el principio de convivencialidad comunitaria en regimen de democracia integral, ecosocial y solidaria a escala local y global

Antes  que un "programa" comunalista defiendo, como más prioritario  y estratégico,  un "pacto" convivencial-ecosocial, prepolítico y global al modo que he he denominado como Pacto Humano Básico, del Común y lo Común", fundamentado en esos dos principios, que considero tan básicos como universales. 

* * *

Pero de eso trataré más adelante, en cuanto termine de editar el libro que estoy preparando sobre dicho Pacto. Ahora y aquí quiero centrarme en uno de los aspectos fundamentales del paradigma comunalista desarrollado por Murray Bookchin, el dedicado a la "espacialidad comunal", ese espacio democrático y propio de la política que M.B identificaba con el municipio, tal como han seguido haciendo otros muchos comunalistas, confundiendo comunalismo y municipalismo libertario, según creo, lo que intentaré justificar a continuación. 

Defiendo que el espacio político propiamente democrático es el del "país" como el propio de la comunidad bioterritorial de convivientes que comparten un "pais-aje" común, y no el del municipio, que corresponde a la demarcación administrativa perteneciente a un Estado, heredada del sistema territorial del imperio romano. Defiendo que la comuna o ayuntamiento comunal es ese espacio ecosocial en el que suceden las relaciones e interacciones entre personas convivientes y su propio medio ecosocial, compartiendo unas condiciones de vida que conciernen al común de personas convivientes, vecinas y paisanas. Más allá de esos límites de la paisanía (*), de ámbito comarcal o regional, podrá haber diplomacia y buenas relaciones, incluso podrán practicarse unas intensas relaciones intercomunitarias,  de fraternidad y solidaridad, pero no es posible una democracia real, no donde la distancia impide que se tengan relaciones y asuntos que conciernan al común, esas condiciones de projimidad y convivencialidad que solo pueden darse en las comunidades autoconstituidas en modo de asamblea de iguales, como Ayuntamientos Comunales, en el regimen de autogobierno plenamente autónomo y soberano que es el propio de una democracia auténtica. 

En las sociedades campesinas de la antigüedad y del medievo -incluso hasta la revolución industrial- pudo pensarse que dicho espacio fuera el del "municipio", tal como lo definiera el imperio romano, eso era perfectamente lógico en sociedades campesinas que producian lo  suficiente para cubrir sus necesidades básicas, además de comerciar sus excedentes en mercados que fueron de proximidad al menos hasta entrado el siglo XV europeo, el de las colonizaciones europeas tras el saqueo de medio mundo, que propiciaron un incipiente comercio global junto a la novedosa virtualización financiera del dinero y de la economía capitalista en su conjunto. 

Pero en las sociedades estatales plenamente industriales y capitalistas de los siglos IX y XX todo cambió radicalmente: el espectacular desarrollo tecnológico de la industria y el comercio, su internacionalización con base en la nueva naturaleza virtual/financiera del capital financiero, y en el uso masivo de una energía fósil (a base de carbón y petróleo) que parecía inacabable, en un sistema industrial progresivamente deslocalizado en función del interés capitalista... todo eso fue convirtiendo a nuestras sociedades en "productoras especialidadas e insuficientes", tecnológica y financieramente muy dependientes de los centros del poder económico que han llegado a concentrar todo el poder político, llegando a instrumentalizar a los Estados-Nación para acabar de sustraer a las sociedades toda posibilidad de comunidad (que no sea la irreal y abstracta "comunidad nacional") y todo intento de participar en las decisiones políticas que afectan a sus vidas, restando, en el mejor de los casos, solo una  mínima posibilidad de democracia parlamentaria, ficticia o representativa. 

El medio ecosocial y comunal propio de nuestro tiempo es el "país": ese espacio o comarca natural, "el pais-aje común", que no es sino el campo propio de la relaciones humanas de projimidad o convivencialidad, que son de vecindad (ámbito urbano) y de paisanía (ámbito interurbano y territorial); el "país" es el campo propicio para la autonomía y el autogobierno (democracia) de las comunidades humanas, en el contexto global contemporáneo,  el propio de una libre y solidaria asociación para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales, como principal medida estratégica capaz de superar el colapso en ciernes, y de extinguir la totalitaria  hegemonía del sistema-mundo estatal/capitalista.  

Nota:

(*) Concibo el ámbito bioterritorial o paisano como el conjunto de vecindades o poblaciones de un mismo país o comarca natural, libremente asociadas y autoconstituyentes de su propia autonomía/soberanía, en modo de Ajuntamiento Comunal o Comuna, cuyos límites más óptimos entiendo que son los bioterritoriales que se corresponden con los límites de las cuencas hidrográficas, y no los "históricos" límites estatales, casi siempre fruto de los avatares, contratos matrimoniales o políticos, cuando no de las disputas territoriales entre familias y  entre dominios señoriales, de origen feudal -eclesiásticos, militares o civiles- de las clases dominantes. Así, pues, entiendo esos límites condicionados, por este orden: a) a la voluntad soberana de las comunidades autoconstituyentes; b) a la dimensión ecosocial de una economía suficiente, que necesariamente será producida ecológicamente y mediante trabajo comunitario y libre, ni servil ni asalariado; y c) condicionado a una delimitación geográfica estable y no contingente, que sea tan precisa y concreta como es la delimitación de las cuencas hidrográficas.

PD: 

Recomiendo leer el siguiente texto, publicado en la web del Instituto Transnacional de ecología social (TRISE), titulado "La importancia de la espacialidad en el proyecto político de Bookchin"del que es autor Yavor Tarinski, y que él mismo leyó en el Homenaje Internacional a Murray Bookchin que tuvo lugar el pasado 30 de julio de 2026, organizado por el colectivo alemán Netzwerk für Kommunalismus (Red para el Comunalismo).

 

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