lunes, 26 de agosto de 2019

TOQUE DE CAMPANAS

La de ayer fue una mañana de tañer campanas entre los pinos de Monte Royal (¿no será Monte Boyal?). Un niño, mas un grupo de más vecinas que vecinos, de las tierras de Aguilar de Campoo, aprendíamos historia, costumbres y usos de las campanas, así como los más comunes y antiguos toques, de la mano amiga de los campaneros villaltanos, los de Villota del Páramo.

Hoy, tras la placidez que le sigue a la tormenta que por la tarde caía por estos pagos, me apetecía retomar la lectura inacabada de un libro de Ramón Andrés. Al poco de empezar llego a un poema titulado “Campanas”, casualidad, sólo casualidad. El día de ayer transcurrió a toda velocidad y no tuve tiempo de pensar en la experiencia de esa mañana campanera. La falta de tiempo...es una sensación de desasosiego, que veo a mi alrededor y que yo tengo con demasiada frecuencia, ésta de que el tiempo nos falta y que por eso la reflexión es tan difícil en los tiempos que vivimos. Todo ello me traía el recuerdo de unas notas que hace meses apunté en mi cuaderno. Hablaba el poeta riojano, Ramón Andrés, con un pianista ruso, Arkadi Volodo, que decía algo sobre el tiempo y el desasosiego que acompaña a la modernidad, a propósito de lo difícil que es acceder a la belleza y a la verdad en el mundo actual, aunque él lo concretara en la música de Schubert:

No hay tiempo. Todo ha cambiado mucho. Ni los pianistas ni los oyentes tienen tiempo de pensar ni de detenerse en tal o cual detalle, que puede ser sustancial, revelador. Tenemos la cabeza en otro lugar. Los románticos viajaban en coche de caballos. ¿Cuántas semanas para ir de un país a otro, de una ciudad a otra? Podían pensar, reflexionar mientras viajaban. Ahora, en cuarenta minutos estás en otra ciudad, en otra cultura, sin darte apenas cuenta”
Hablaban de situaciones que comportan traslaciones en el tiempo, un tiempo físico, pero también moral (y no necesariamente religioso).
...Sí, Beethoven fue ante todo un hombre de extraordinaria fuerza, alguien enorme. Él pensaba que todo podía alcanzarse; era pura voluntad. Quería enfrentarse al destino y doblegarlo”.
A lo que añadía Ramón Andrés: “esta actitud forma parte de la épica romántica. Sin embargo, dando vueltas a estas cosas, tengo la impresión de que la épica romántica no responde a una épica moral y comunitaria, como en la Ilíada, sino a una épica personal, individualista, post-ilustrada, en la que el mundo es tan sólo un escenario y en el cual el único protagonista es el Yo”.

En fin, eso me pasaba por la cabeza mientras me llegaba el eco de las campanas de ayer. Creo que esta vez sí supe dónde y por quién doblaban. Y éste es el poema CAMPANAS (“Siempre génesis”, 2013-2015), de Ramon Andrés :

CAMPANAS

Vibran en la tierra y bajo ella,
en los años,
en los muros.
Nos oyen. Lo agudo y lo grave
de una conciencia, su doblar.
Un día regresará a sus ondas
la aleación de algo silenciado.
Son la luz más alejada del oído.
Toque de almas, la llamada a casa.
Toque de ángel o de gloria
si muere un niño;
campanas de difuntos:
si muere una mujer
(tres toques);
si un hombre muere
(dos toques).

Sonido grave, largo camino de bruma;
el cobre y el estaño viven de la pérdida.
La cuerda no es para el regreso,
lo que suena es un resto de creencia,
voz terminada, campanas de Amaiur
óigoos y no os veo;
lo dicho hasta hoy es escarcha,
resonancia y región,

Despertad, salid del hogar,
salid,
nadie oscurezca tras la ventana;
si muere un hombre
(dos toques),
si una mujer (uno más)

No cuelgan, flotan
en las torres mientras tú te hundes
en lo andado; pon la mano en tu frente,
se fruncen los árboles, no escuches,
piensa desde lo perdido;
tapa los oídos, échate, haz tú de senda
y sabrás el declive, lo sabrás, y las flores.

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