jueves, 25 de febrero de 2021

CONTROL CITY: DONDE NO HAY CAMPO NI AFUERAS

 

Referencias: Consejo Nocturno y The Rutherford Institute. Respectivamente: para una genealogía de la metrópoli y la trampa de la guerra contra el terrorismo interno. (1)


El Campo y las Afueras, si existen es como ficción literaria, un mito de otros tiempos. Por incompatibilidad, el estado global no permite su existencia. Es mejor entenderlo cuanto antes: no es por su seguridad (que dado su poder educativo y militar no corre peligro), es por el Control Social.

Metrópoli, capital del Estado. La sensación de vivir en un campo de concentración planetario tiene su máxima realidad en la Metrópoli. Ante una devastación total de las formas de vida, el eco que no deja de resonar en nuestro interior es: ¿a dónde huir? Habitar plenamente, arrancar territorios a la gestión mundial capitalista, construir comunas son los gestos revolucionarios de quien ha dejado de esperar, de quien no cree en las «soluciones» del urbanismo y otras ciencias de gobierno, porque sabe que la generación de mundos no es un problema, sino una necesidad vital que se asume o se delega al opresor. Constituirnos en fuerza histórica autónoma va de la mano de la destitución del estado de cosas presente, y viceversa.

El centro de la reflexión se ubica en la Metrópoli, espacio del capital por antonomasia en el siglo XXI. Como tal espacio, la Metrópoli impulsa el culto al crecimiento. Los nuevos «Jinetes del Apocalipsis» suman muchos más de cuatro: cambios climáticos, agotamiento genético, contaminación, colapso de las diversas protecciones inmunitarias, aumento del nivel del mar y cada año millones de refugiados que huyen.

La Metrópoli es la organización misma de los espacios y de los tiempos que persigue directa e indirectamente, racional e irracionalmente, el capital; organización en función del máximo rendimiento y de la máxima eficiencia posibles en cada momento.

Bajo la Metrópoli, los humanos experimentan constantemente una destrucción de todo habitar. Lo que ofertan los poderes metropolitanos es hacer intercambiables, como el resto de las cosas en el sistema mercantil de equivalencia, todos los lugares que podían guardar algún principio de habitabilidad. Lo que predomina bajo la Metrópoli es una condición generalizada de extranjería.

El individuo metropolitano no sabe hacer nada, provoca la imposibilidad, por tanto, del habitar y de toda praxis autónoma, en definitiva, del estar en el mundo. En un orden que no reconoce afuera alguno, el enemigo solo puede ser interno, lo cual exige un control generalizado y sin precedentes de todos aquellos lugares del continuum metropolitano que representan potencialmente una desestabilización, una falla, un ingobernable, es decir, todos los lugares.

Paradigma del habitar: si las críticas se centran solo en el aspecto económico del dominio capitalista, apenas se pueden percibir la proliferación de mecanismos de reestructuración del capital en múltiples dimensiones (la vida cotidiana, el sexo, el cuidado, la amistad, el agua, el transporte, etc.). La Metrópoli, esta especie de Imperio que se quiere incontestable, pretende anular toda perturbación, toda desviación, toda negatividad que interrumpa el avance infinito de la economía. Pero el Consejo Nocturno sostiene que «existe una constelación de mundos autónomos erigidos combativamente y en cuyo interior se afirma siempre, de mil maneras diferentes, una férrea indisponibilidad hacia cualquier gobierno de los hombres y las cosas (…)

Por tanto, la alternativa tiene que basarse en la ruptura con cualquier avatar del paradigma de gobierno en favor del paradigma del habitar. La política que viene está completamente volcada al principio de las formas-de-vida y su cuidado autónomo, antes que a cualquier reivindicación de «abstracciones jurídicas» (los derechos humanos) o económicas (la fuerza de trabajo, la producción).

El paradigma de gobierno hace de nosotros unos lisiados y nos separa de nuestra propia potencia. «Se trata por tanto de procurarse una presencia integra a partir de la cual podamos organizarnos para tomar de nuevo en nuestras manos cada uno de los detalles de nuestra existencia, por ínfimos que sean, porque lo ínfimo es también dominio del poder». Esto pasa por la fractura de las individualidades, pasa por el encuentro con los aliados y la conformación de un nuevo pueblo donde los afectos y los saberes autónomos expulsen de entre nosotros a todo «experto» en gobierno y biopolítica.

«Una potencia (…) es índice de sí misma, permanece siempre autónoma con respecto a cualquier forma de poder, no lo tiene como una norma para ser. (…). (…) se trata siempre de componer un tipo de actuar político que permanezca autónomo y heterogéneo, luchando cuerpo a cuerpo con la ley sin jamás cederle terreno, al mismo tiempo que persevera en la búsqueda de una salida fuera de sus arquitecturas categoriales».

Habitar es devenir ingobernable, es fuerza de vinculación y tejimiento de relaciones autónomas. Es necesario construir comunidad que tiene como norte la creación de poder popular. Con una doble vertiente: que sean iniciativas por fuera del mercado y del Estado; y que las gestionen los mismos miembros del movimiento de forma colectiva.

Devenir autónomos es entrar en contacto con todas las escalas y detalles de nuestras existencias. Habitar es un entrelazamiento de vínculos. Es pertenecer a los lugares en la misma medida en que ellos nos pertenecen. Es estar anclados. Habitar, antes que gobernar, entraña una ruptura con toda lógica productivista.

Las zonas de autonomía son «agujeros negros ilegibles para el poder, una constelación de mundos sustraídos a las relaciones mercantiles (…)». Autonomía absoluta supone que no se entablan relaciones con el Gobierno. Cambiar el mundo sin tomar el poder, sí, pero constituyendo una potencia.

La guerra contra el “terrorismo interno” es una trampa. Nos estamos deslizando rápidamente por una resbaladiza pendiente hacia una sociedad autoritaria en la que las únicas opiniones, ideas y discursos expresados son los permitidos por el gobierno y sus cohortes corporativas. Por supuesto, "terrorismo interno" es un comodín que, según convenga, se puede cambiar por "antigubernamental", "extremista" o "disidente", para describir a cualquiera que el celoso ojo policial sitúe en algún lugar del amplio espectro de cuanto se puede considerar "peligroso". Ya lo ves: todos estamos a punto de convertirnos en enemigos del Estado. En un déjà vu que refleja las consecuencias legislativas del 11 de septiembre y la consiguiente consolidación del estado de excepción, existe una creciente demanda de ciertos sectores para que se otorguen poderes al gobierno con el fin de erradicar el terrorismo "interno", y a la mierda la Constitución.

No parpadees o te perderás el juego de manos. Esta es la parte complicada de las triquiñuelas del Estado profundo, te mantiene atento al juego de manos mientras los rufianes están limpiando tu billetera. Sigue el mismo patrón que cualquier otra "crisis" convenientemente utilizada por el gobierno como excusa para expandir sus poderes a expensas de la ciudadanía y a expensas de nuestras libertades.[…] El estado de emergencia, versión maquiavélica del gobierno para la gestión de la crisis que justifica todo tipo de tiranía gubernamental en nombre de la así llamada 'seguridad nacional'. Esta es la toma de poder que se esconde a plena vista, oscurecida por las maquinaciones políticas de la élite moralista. […] Deberíamos preguntarnos si cualquier corporación, agencia gubernamental o entidad que represente la fusión de ambas, ha de tener el poder de amordazar, silenciar, censurar, regular, controlar y erradicar por completo las llamadas "ideas peligrosas" o "extremistas". Este poder unilateral de amordazar la libertad de expresión representa un peligro mucho mayor que el que podría suponer cualquier supuesto extremismo de derecha o de izquierda. Se equivocan, pues, quienes suponen que has de hacer algo ilegal, como desafiar la autoridad gubernamental, para ser señalado como sospechoso, etiquetado como enemigo del Estado y encerrado cual peligroso criminal. Todo lo que realmente necesitas hacer es utilizar ciertas palabras "inadecuadas". Ya se han sentado las bases, la trampa está tendida, sólo se necesita el cebo adecuado.

Con la ayuda de ojos y oídos automatizados, un creciente arsenal de software, hardware y técnicas de alta tecnología, la propaganda gubernamental insta a los ciudadanos (2) a convertirse en espías y soplones. Así, en las redes sociales y mediante software de detección de conducta, los agentes gubernamentales han urdido una intrincada telaraña de evaluaciones de amenazas y de detección de comportamiento, destinada a atrapar enemigos potenciales del Estado. Los tecnócratas que dirigen el Estado de Vigilancia ni siquiera tienen que esforzarse en monitorear lo que dices, lo que lees, lo que escribes, a dónde vas, cuánto gastas, a quién apoyas y con quién te comunicas. Ahora, mediante la Inteligencia Artificial, las computadoras realizan el rutinario trabajo de rastrear Internet, las redes sociales, los mensajes de texto y las llamadas telefónicas en busca de comentarios potencialmente subversivos, todo lo cual se registra, documenta y almacena cuidadosamente para usarlo en tu contra en el día, a la hora y lugar que el gobierno decida. Por ejemplo, la policía de las principales ciudades estadounidenses ha estado utilizando tecnología predictiva que les permite identificar a personas o grupos de personas, con más probabilidades de cometer un delito en una comunidad determinada. A continuación, se informa a dichas personas de que sus movimientos y actividades están siendo supervisados de cerca y de que cualquier actividad delictiva, cometida por ellos o asociada a ellos, será duramente sancionada. En otras palabras, la carga de la prueba se invierte: tú eres culpable antes de que se te dé la oportunidad de demostrar que eres inocente. Sin embargo, hurga bajo la superficie de este complejo aparato estatal de control policial y encontrarás que el verdadero propósito de este 'anticiparse al crimen' no es la seguridad, sino el CONTROL.


Notas:

(1)

Consejo Nocturno no es un autor, colectivo u organización. Su existencia —en la órbita del Partido Imaginario o del comité invisible— es solo «de ocasión»: sus miembros se limitan a reunirse en momentos de intervención, porque la intervención es un modo consecuente de escritura que conciben a la altura de esta época.  

El Instituto Rutherford es una organización sin ánimo de lucro con sede en Charlottesville, Virginia, EE.UU., dedicada a la defensa de las libertades civiles y los derechos humanos. Su lema es "nuestro trabajo es hacer que el gobierno cumpla las reglas de la Constitución".

(2)

Ciudadanos estadounidenses en el texto original.


martes, 23 de febrero de 2021

DIEZ MINUTOS ANTES DE ARROJARNOS AL VACÍO

 

Pienso que estaremos mayoritariamente de acuerdo en que el instinto de supervivencia es el más superior de los instintos, al que sirven todos los demás. Nutrir nuestro cuerpo, protegernos de las inclemencias del clima y de las amenazas externas, junto con la cooperación y la reproducción, tanto sexual como social, han sido las necesidades básicas para la supervivencia de nuestra especie sapiens, la única superviviente entre los homínidos. Esas necesidades son los imperativos de ese instinto superior y propio de un homínido inteligente, sí, pero no olvidemos que la inteligencia no es lo que nos diferencia de las demás especies, ya que todo organismo vivo tienen esa misma facultad en mayor o menor grado: lo mismo una bacteria que un cactus o una ballena. La medida de nuestra inteligencia es la de nuestra capacidad de supervivencia, que no es sólo de la especie, ni sólo de cada individuo.

Pues bien, de ser ésto así y si tenemos en cuenta que convivimos con especies que llevan habitando la Tierra desde hace cientos de millones de años - mucho antes que nosotros, que somos una especie recién llegada-, no parece que sea tanta nuestra inteligencia como pensamos, no cuando hemos llegado a un punto en el que presentimos como cierta la probabilidad y proximidad de la extinción de nuestra especie, ahora cuando sólo hace diez mil años que dejamos de vagar por la tierra, cazando animales y recolectando frutos que llevarnos a la boca.

Sabemos de individuos humanos que sacrificaron sus vidas por otros, sabemos que hubo comunidades enteras que optaron por el suicidio para no verse esclavizadas o humilladas en su derrota ante ejércitos enemigos y sabemos de individuos que eligieron el suicidio como mejor opción personal, para concluir con una penosa existencia. Sin embargo, no sabemos de individuos no humanos, ni de especies, que hallan hecho uso de tal libertad. Ni bacterias, ni cactus, ni ballenas. ¿Es, pues, la autoextinción una opción propia y exclusivamente humana? Ante las evidencias, no parece caber otra conclusión. ¿Pudiera ser que ahora, a comienzos de este revuelto siglo XXI, la inteligencia de nuestra especie esté valorando la alternativa de autoextinción, su suicidio, como mejor opción, contraviniendo el instinto de supervivencia que es común a todas las especies?

No lo sabemos, pero sí que esta duda tiene algún fundamento, digamos que “racional”, mejor que inteligente. Miro a mi alrededor y algo más allá, y lo que veo es una sociedad a veces dando vueltas sobre sí misma, y a cada poco con la vista perdida en el vacío, la misma confusión y la misma mirada que imagino en un individuo que ha decidido arrojarse desde lo alto de un puente o un edificio, dentro de diez minutos.

No tengo modo de saber lo que piensa la especie, sí es que piensa, bastante tengo con saber lo que yo pienso. Pienso en sobrevivir lo más y mejor posible y por eso cada día me ocupo de comer, de cuidarme de las inclemencias y amenazas externas, de cooperar lo más posible con aquellos congéneres que tengo a mano, de intentar comprenderme junto al mundo que me rodea, como también, en su momento me ocupé en tener descendencia. Nada extraordinario, más o menos lo mismo que hacen cada día los miles de millones de individuos sapiens que poblamos la Tierra. Pero no me es suficiente, necesito morirme de otra manera, más descansado, sabiendo que mis nietos también tendrán descendencia y que en su madurez podrán sentir, como yo, que la vida ha merecido la pena.

Pienso que estamos en ese momento previo en el que nos toca pensar y decidir lo que haremos dentro de esos diez minutos: si dejarnos caer o reiniciar nuestro instinto más animal, ya que el racional parece resuelto por la opción del suicidio.

Quizá valdría con sólo pensar ésto: el sistema de sociedad en el que vivimos sólo puede sobrevivir en modo proeugenésico. Y si voluntariamente nos suicidamos los sobrantes, eso es preferible a que las autoridades se vean obligadas a matarnos, que siempre estará mal visto. 

Es un sistema que recién es consciente de no dar más de sí, en ello ha desperdiciado varios siglos  y sólo ahora se ha dado cuenta y, por eso, está ensayando su propio reseteo. Por fin sabe que no puede seguir agotando la escasa materia prima de la que se nutre. No con la carga de una población que se acerca a los diez mil millones de individuos de él dependientes. Sabe que ya no podrá dar trabajo y mantener a tantos millones de esclavos y sirvientes. Tiene que hacer algo. Y lo único que le cabe en su racional cabeza es hacer lo que ya hizo otras veces: acabar con los sobrantes; y ahora, a mayores, conservar para sí lo que queda de naturaleza y tener preparado el salto tecnológico que, combinando genética, inteligencia artificial y robótica, asegure al menos la continuidad del sistema como nueva especie de individuos-máquina, por fin liberados del lastre que supone la rústica, sumisa y enfermiza condición humana.

Y como el presupuesto no da ni para mantener a una mínima parte de sobrevivientes, tampoco habrá que preocuparse, que ya está reservada una parcela en Marte, aunque sólo sea para esos pocos campeones de la selección natural, los más listos y “racionales”. Todo sea por la supervivencia de la nueva especie heredera de la sapiens, la  machina-economicus...pero no corramos, vayamos paso a paso, que si todo va como está previsto, lo que ahora toca es el Green New Deal: liberalismo verde, capitalismo ecológico como nunca antes y estatalcorporativo como siempre...vamos a flipar, colegas, en estos próximos diez minutos. 

Atentos a la jugada.

jueves, 4 de febrero de 2021

DE LA ZEKA A LA MEKA Y BIZEBERSA

 

Aunque la Real Academia de la Lengua Española fue creada en 1713, la inauguración del palacio que es su actual sede, se celebró el 1 de abril de 1894, bajo la presidencia de la reina regente María Cristina, a quien acompañaba su hijo Alfonso XIII, aún menor de edad. Esta obra del arquitecto Aguado de la Sierra, se convirtió en la primera casa pensada y construida expresamente para la institución. Las reuniones iniciales se celebraron en el palacio del fundador, el marqués de Villena, ubicado en la madrileña plaza de las Descalzas Reales. 

 

Según la Norma, tendría que escribir ceca, meca y viceversa, en ese orden y con esa ortografía; pero he pensado que si alardeamos de que esta lengua en la que hablamos y escribimos, el castellano, es rica y fácil de aprender “porque es muy regular y, además, escribimos como hablamos”, quiero mostrar que ésto no es cierto. Que podría ser pero no es.

En el diccionario se dice que “andar de la ceca a la meca” es ir de un sitio para otro, de acá para allá, sin objeto preciso y determinado, o sea, sin saber para qué, a lo tonto. El caso es que , por separado, ceca es palabra de orígen árabe que significa “casa donde se fabrica la moneda”; y meca hace referencia a la ciudad sagrada de los musulmanes, la Meca. No se necesita ser doctor en filología para, al menos, intuir el sentido de esa expresión: deambular alocadamente entre antípodas, en este caso representadas por los mundos de la materia y del espíritu, presuntamente incompatibles. De ahí, en consecuencia, que escriba zeka, meka y bizebersa, con este orden y ortografía: para que ponga lo mismo que pronuncio y ahorrarme el trecho baldío que se extiende entre lo dicho y lo hecho.

 

Corrían los últimos años cincuenta y entre las anécdotas y chascarrillos que nos contaba mi padre cuando regresaba de Francia tras acabar la temporada de la remolacha, recuerdo una que de mayor volví a escuchar como chiste popular, referida a la lengua francesa (aquella lengua que tanto me fascinaba en boca de mi padre). Él lo contaba como si fuera eso, un comentario o chascarrillo, y no un chiste; decía algo así: si será raro el francés que al queso - que se ve que es queso - lo llaman fromâge... qué idioma más raro, las palabras no tienen que ver con lo que significan y, además, ¡se escriben de manera completamente distinta a como se pronuncian!. Claro que mi padre lo decía en broma, pero pasados unos años de aquello, estando ya en el PREU (curso preuniversitario), recuerdo que pensando en estas “fallos” del francés, descubrí que algo parecido también le pasaba a la lengua en la que yo hablaba y escribía, el castellano. Y hasta hice algún trabajo escolar al respecto, como en un intento de arreglar aquellos defectos ortográficos, gramaticales y semánticos. Pero pasó al olvido aquella pretensión juvenil, pensé que “si ésto no eran capaces de arreglarlo tantísimos profesores y catedráticos de la lengua como hay - ni siquiera los de la Real Academia (1) - sería porque no tenía arreglo”. Y ahí quedó todo, en el olvido. 

Más tarde, me fui dando cuenta de que si el castellano parecía tener normas tan rígidas, sin embargo esas normas resultaban muy flexibles a la hora de integrar una avalancha de neologismos procedentes del inglés, mucho más a medida que se multiplicaba la penetración cultural del imperio económico estadounidense y, con éste, de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Acordaros de la W, tan solitaria en los viejos diccionarios, apenas para nombrar a un rey godo, un tal Wamba, y pensad en la Web de hoy. 

Hubo unos años donde la controversia y confusión en el uso de la lengua llegó al paroxismo con el empleo del género, recuérdense las muchas bromas al respecto: “jóvenes y jóvenas, soldados y soldadas, etc”. Pues bien, sigo pensando que no hay por qué dar por hecho que una lengua tan funcional y hermosa como la castellana tenga que cargar con esos fallos “estructurales”, y que éstos son más bien debidos a rigideces mentales que a la propia estructura del idioma. De ahí que haya actualizado aquel juvenil intento de evolución del castellano, en el sentido de su defensa y mejora. No me harán caso, pero ahí queda.

Un ejemplo bien simple, para el posible arreglo de la confusión que genera la rigidez de la Norma: pronunciamos zerezo y escribimos cerezo...¿no es ésto una contradición gratuita? No sé si llamarlo arbitrariedad o descuido en el cuidado de la lengua, por parte de quien es responsable de darle brillo y esplendor, que somos nosotros, los que hablamos en castellano. Desde luego que no se trata de un fallo estructural de la lengua, intrínseco e irremediable, porque no es cierto que el castellano no pueda resolver esos fallos. Frente a quienes creen que la lengua no se toca y que se defiende a ultranza, obedeciendo lo que impone la Norma hecha costumbre eterna, yo pienso que el castellano admite mucha mejora y para bien: de la comunicación, del propio idioma y de su futuro.

Son muchos los ejemplos en los campos ortográfico y gramatical, pero hay que imaginar lo que puede sucedernos si nos metemos en  semántica, en lo que las palabras significan, asunto que se ocupan de "fijar" los diccionarios. Sirva a modo de simple ejemplo la palabra “democracia” (que, por cierto, la escribimos con C pero la decimos con Z, democrazia), que en la actualidad tiene "establecido" su significado en los diccionarios, con un concepto distinto y hasta contrario al original, que en realidad corresponde a otra palabra, “oligocracia”, o gobierno representativo, o sea, gobierno no directo, no autogobierno, no del “demos” o pueblo, sino  “gobierno de una élite o grupo que representa (o no) al pueblo”. Pues sí, sí, ésto es lo que pasa, ésta es la Norma, inexactitud y confusión cuando no manipulación, en no pocos casos.

Antes que se me olvide: sin representar a nadie, sólo a mí mismo, le pido a los hablantes de esta lengua castellana, repartidos por el mundo, que dejen de llamar “español” al castellano, por razón de precisión y verdad, por evitar una confusión que no es tan gratuita ni necesaria como pudiera parecernos. En el territorio ibérico (realidad concreta, geográfica y social) y más concretamente  en esa parte que llamamos España, se hablan no menos de cuatro lenguas maternas y es, por tanto, una grave imprecisión y confusión utilizar el adjetivo calificativo “español” para nombrar a una de esas lenguas, la castellana. 

El “español” es un idioma ficticio, de una “nación” igualmente ficticia, creada históricamente por una estructura totalitaria (el Estado Español), invento y producto de élites dominantes (oligocracias). Sucede aquí, en España, como en Francia o en la Cochinchina, pero eso no es consuelo.



Nota:

(1) La Real Academia Española (RAE) se creó en Madrid en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga (1650-1725), marqués de Villena, quien fue también su primer director. Tras algunas reuniones previas, en julio de ese mismo año, se celebraron, en la propia casa del fundador, las primeras sesiones de la nueva corporación. El 3 de octubre de 1714 quedó aprobada oficialmente su constitución mediante una real cédula del rey Felipe V. En 1715 la Academia, que en sus orígenes contaba con veinticuatro miembros, aprobó sus primeros estatutos, a los que siguieron los publicados en 1848, 1859, 1977 y 1993.

Después de considerar una serie de propuestas para decidir su lema, la institución, en «una votación secreta, eligió el actual: un crisol en el fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor”. La RAE, cuyo principal precedente y modelo fue la Academia Francesa fundada por el cardenal Richelieu en 1635, se marcó como objetivo esencial desde su creación la elaboración de un diccionario de la lengua castellana, “el más copioso que pudiera hacerse”, así como de una gramática y una poética. Ese propósito se hizo realidad con la publicación del Diccionario de autoridades, editado en seis volúmenes, entre 1726 y 1739. La primera edición en un solo tomo, a la que siguieron otras veintidós hasta la fecha, se publicó en 1780. La Orthographia española de la Academia apareció en 1741 y en 1771 se publicó la primera edición de la Gramática de la lengua castellana.  (Fuente: Asociación de Academias de la Lengua Española)

 

martes, 26 de enero de 2021

DESCONFIANZA NO ES TERRAPLANISMO (2)

 

Dos portadas: Del Informe 2021 del Foro Económico Mundial sobre los riegos globales (1) y del libro "Manual para detectar la impostura científica" (2), del biólogo Emilio Cervantes (3)

 

Desde hace tiempo, habitualmente me asomo al facebook un par de veces a la semana, como mucho. Esta vez me he encontrado con una cantidad inusual de comentarios y con reacciones que me avisan de haber tocado alguna fibra muy sensible en una parte de quienes llegan a leer algo más que el titular de lo que ahí escribo. Antes que nada, quiero aclarar que el texto que utilizo de referencia en mi artículo proviene de medios políticos afines al movimiento zapatista, con los que mantengo buenas relaciones a pesar de algunas discrepancias, más estratégicas que de principios, pero que son bien compatibles con la amistad y con mi propia autonomía de pensamiento. Me disculparán que me extienda en la respuesta y que lo haga en bloque. 

Hacer un cálculo especulativo sobre el efecto negativo, ¡y hasta peligroso!, que en la opinión pública pueda tener hablar sobre desconfianza en el relato oficial de la pandemia, es un gesto radicalmente político, en el sentido más sectario o faccioso del término “político”. Defiendo que ante todo poder político la desconfianza es por sí misma una medida de sentido común, de salud mental y autonomía personal. Puedo llegar a entender que desconfiar del poder político sea considerado “opcional” en el contexto faccioso en el que sucede la política, y que cada hijo de vecino opte por depositar su confianza en quien quiera, lo entiendo pero no lo comparto, porque esa confianza política implica una grave dejación de libertad y responsabilidad, pero es que en el plano del conocimiento científico, el de la Ciencia, la desconfianza es consustancial a su propia definición y método. La confianza, sí es ciega y no es entre iguales, hace inviable todo avance del conocimiento, niega el método científico con el que la ciencia justifica su propia autoridad. Ni en el contexto científico, ni menos aún en el plano político, estoy dispuesto a entregar mi confianza. Me ha llevado mucho tiempo, porque es muy incómodo, pero a día de hoy tengo muy claro que sólo estoy dispuesto a depositar mi confianza en mis iguales, nunca en quien ejerza una posición de poder sobre mí, sea político, científico o sea el mismísimo Verbo divino.

De haber sido otro el color político del actual gobierno, puedo imaginar cuál sería la “lógica” desconfianza de quienes hoy me la desprecian, aunque ese hipotético gobierno estuviera igualmente guiado por los mismos expertos científicos. Hasta puedo imaginar que contaría con su adhesión y apoyo si se diera tal circunstancia. Solo espero que si fracasan las medidas contra esta pandemia no me atribuyan parte de la culpa. 

La desconfianza ante todo poder político no sólo es una medida de salud mental y sentido común, además es, como ya dije, inherente al método científico, por lo que la desconfianza está mucho más justificada si es despreciada desde ese ámbito científico, porque en éste es hipótesis obligada, camino a explorar y a tener siempre en cuenta, a no ser que el proceso sea de naturaleza no científica, política por ejemplo. Ésto es muy difícil de aceptar, lo sé, desde el paradigma dominante y su relato oficial. 

Pero, ¿cómo no desconfiar cuando el relato científico - su discurso comunicativo- coincide con el político?, ¿cómo que la pandemia y la política son planos distintos?, es como decir que la economía no tiene que ver con la política. ¿Quién puede decir, sin sonrojo, que el modelo de medicina hoy dominante es exclusivamente científico, que no está infectado por intereses económicos y políticos?, ¿cómo no desconfiar cuando se afirma que todas las medidas políticas se toman con subordinación al criterio de los expertos “científicos”?...de unos concretos científicos, que sin rubor han contribuido a fijar en la opinión pública la idea, tan contraria a la ciencia, de que este coronavirus y todos los virus son “bichos” y son “malos” (4). Habrá quien justifique esta barbaridad científica como mentira piadosa, “para que lo pueda entender el público ignorante y no se relaje su obediencia durante la pandemia”. No sé qué es peor. 

¿Dónde estaba esta ciega confianza en la ciencia moderna y su tecnología, cuando nos oponíamos al despliegue de la energía nuclear o de las aplicaciones industriales de la investigación genética (contra los transgénicos)?

Quede bien claro que aciertan quienes sospechan que mi intención es la de promover la desconfianza, pero fallan si piensan que esa intención es oculta, porque para mí la desconfianza en el poder es un principio tan ético como científico. Y hasta me atrevo a decir que tan ecológico como político (5). 

Si no fuera por el interés general y la gravedad de la situación, le dedicaría más tiempo a refutar los gratuitos ataques personales. Tiene toda la razón uno de los comentaristas cuando afirma que no se puede frivolizar con los muertos en esta pandemia. Tan de acuerdo estoy que por eso reclamo no sólo investigación y transparencia -si no política, sí al menos científica-, reclamo justicia y castigo por las muertes no provocadas por la pandemia sino por la gestión no científica y nulamente ética de la misma, así como por las muertes provocadas por mala gestión y por mala praxis médica, por el abandono de las personas mayores y de la gente con  enfermedades crónicas y graves, por ejemplo, de todos los enfermos oncológicos que dejaron de ser detectados y tratados a tiempo (¡¿dónde está esa estadística?!), por centrar los recursos  en el control de la gente sana y, en definitiva, por la burda subordinación a la agenda económica capitalista,   por su coincidencia con la misión eugenésica que le es consustancial a este sistema, ¿o hay quien lo duda todavía?.

Y a propósito de tal agenda, éste es mi mensaje al bando de los ingenuos negacionistas-conspiracionistas : no busquen intenciones ocultas, ni grupos masónicos en la sombra, no pierdan más tiempo y energía, dejen de prestarse al juego haciendo de tancredos útiles. Si el darwinismo produjo el creacionismo, ustedes, conspiranoicos y negacionistas, son el producto útil al afirmacionismo que hoy, a todos, nos manda callar y confiar a ciegas.

A todos recomiendo una dosis de realidad, como por ejemplo: leer el último informe del Foro Económico Mundial, publicado a principios de este año 2021. Dedicado a los riesgos globales; es su propio análisis y previsión, basada en la generalización de las tendencias puestas de manifiesto en esta pandemia. No puede ser más tremendo, es una verdadera e histórica confesión de incompetencia sistémica, que ya no tienen reparo en confesar, no al menos mientras tengan asegurada su propia supervivencia, bien ligada ésta a la acumulación/concentración de capital y poder, nada que ver con la vida de la gente. La pandemia del covid19 se desvela como el desastre perfecto para el capitalismo del desastre. En ese informe, éste es, resumido, el cuadro de sus previsiones a corto, medio y largo plazo, que debajo he traducido: 

Riesgos a corto plazo (0 a 2 ños): Enfermedad infecciosa- Crisis de subsistencia-Meteorología extrema-Medidas de ciberseguridad-Desigualdad digital.

Riesgos a medio plazo (3 a 5 años): Estallido de la burbuja de activos-Ruptura de la infraestructura informática-Inestabilidad de precios-Choque de materias primas/productos básicos-Crisis de la deuda.

Riesgos a largo plazo (5 a 10 años): Armas de destrucción masiva-Colapso del Estado-Pérdida de biodiversidad-Avances tecnológicos adversos-Crisis de recursos naturales.

Que la perspectiva de la Humanidad a diez años tenga como principal riesgo el desarrollo de guerras nucleares y la descomposición de potencias globales, evidencia hasta qué punto el mantenimiento del sistema se asocia al desarrollo de la barbarie… incluso entre la propia clase dirigente.

 

Notas:

(1) El Foro Económico Mundial dice de sí mismo: "El Foro involucra a los líderes políticos, empresariales, culturales y otros líderes de la sociedad para dar forma a las agendas globales, regionales y de la industria. Fue establecido en 1971 como una fundación sin fines de lucro y tiene su sede en Davos, Ginebra (Suiza). Es independiente, imparcial y no está vinculado a ningún interés especial. El Foro se esfuerza en demostrar el espíritu empresarial en el interés público mundial, al tiempo que mantiene los más altos estándares de gobernanza. La integridad moral e intelectual está en el centro de todo lo que hace. Nuestras actividades están moldeadas por una cultura institucional única, fundada en la teoría de las partes interesadas, que afirma que una organización es responsable ante todas las partes de la sociedad. La institución combina y equilibra cuidadosamente lo mejor de muchos tipos de organizaciones, tanto del sector público como del privado, organizaciones internacionales e instituciones académicas. Creemos que el progreso se logra al reunir a personas de todos los ámbitos de la vida que tienen el impulso y la influencia para hacer un cambio positivo".

(2) El autor, Emilio Cervantes, hace un análisis del libro de Darwin "Sobre el origen de las especies"  a partir de la crítica del mismo por Pierre Flourens (1794-1867), biólogo y médico considerado uno de los fundadores de la neurobiología experimental. La ilustración es de P. Gustave Doré, dibujo para la edición en 1861 de "Inferno", primer poema de la Divina Comedia de Dante. La leyenda dice: "En  medio de esta nuestra vida mortal, me encuentro descarriado en un bosque sombrío". 

(3) Emilio Cervantes es biólogo, científico titular del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca. Encabeza así su blog "Biología y pensamiento" : La buena ciencia no teme a la historia. La biología es la ciencia de la vida; pero, .....la vida, impredecible e indefinible, escapa como agua del cesto de la ciencia".(www.madrimasd.org/blogs/biologia_pensamiento/)

(4) ¿Cómo podemos esperar rigor científico de lo que nos dicen los expertos que asesoran a los gobiernos en la pandemia, cuando desde la propia clase científica se reconoce un profundo desacuerdo acerca de lo que es un virus? Desde hace décadas subyace en la comunidad científica un debate  acerca de si los virus son una forma de vida o son sólo materia orgánica que interactúa con los seres vivos. Sí es cierto que aunque no exista un consenso científico absoluto, se tiende a no considerar a los virus como estructuras biológicas vivas. Se asemejan, porque tienen genes, se multiplican, tienen una estructura compleja y evolucionan, sim embargo, existen contundentes contraargumentos, porque al carecer de una célula no pueden cumplir las funciones vitales que definen la vida, como metabolismo, homeostasis, irritabilidad, desarrollo, reproducción, adaptación y autopoiesis. Son entidades mucho más simples que una célula, compuestas de un tipo de ácido nucleico (ARN o ADN) y proteinas, en estado inerte. De acuerdo con la teoría celular los virus no son organismos vivos y por eso la inmensa mayoria de científicos los excluyen de los sistemas de clasificación biológica. Sin embargo, y a pesar de este consenso, en la propia definición del  National Human Genome Research Institute se afirma que los virus "necesitan" infectar células y usar sus componentes para hacer copias de sí mismos...como dice el biólogo Máximo Sandín: "la atribución de una "necesidad" a una partícula inerte se enmarca en el esquema mental de las delirantes afirmaciones que no nos cansamos de oír a los expertos en los medios de comunicación, sobre las estrategias, la maldad, las intenciones de los perversos virus".

Máximo Sandín es doctor en Ciencias Biológicas y en Bioantropología ,ahora jubilado, fue profesor de Evolución Humana y Ecología en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Recomiendo leer sus artículos sobre los virus y la covid-19 en su blog "Somos bacterias y virus", donde aduce argumentos tan inquietantes como éste:  

"Si el SARS CoV2 era sospechoso (más bien imputado), éste se puede calificar de procesado y declarado culpable de manipulación tecnológica y social, porque su descripción es prácticamente la narración de cómo se fabrican en laboratorio los virus “quimera”. Pero ¿de qué nos quieren convencer? ¿De qué mentes brillantes salen estas “explicaciones científicas”? ¿Cómo se pueden ensamblar espontáneamente en la Naturaleza fragmentos de virus de aves, cerdos, humanos y “de otros mamíferos”? Aquí les voy a ahorrar un comentario humorístico porque el tema es lo suficientemente indignante como para bromear. ¿De qué hablan cuando especulan con “descendencia genética” y “linajes” de virus? ¿De reproducción sexual o asexual de los virus? Resulta, (al menos a mí me resulta) incomprensible que científicos que saben qué son y cómo son los virus utilicen estos argumentos. Si intentamos buscar una posible explicación, tal vez sea que no se puede esperar que alguien comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda. Hay otra alternativa, pero es mucho peor: Que lo comprendan. Que sepan lo que están haciendo. Ellos sabrán los motivos".

 (5) Por supuesto que todo ésto tiene que ver con Ética y Ecología. Como dice Adrián Almazán al hablar de su reciente libro "La batalla por las ideas tras la pandemia", es imposible comparar, sin desesperarse, la imagen de la crisis que ofrecen los medios de masas con la que ofrecen las publicaciones científicas. De su anterior libro ("La economía política del desastre"), el propio autor dice que "pretendía ganar adhesiones ecologistas, mostrando la inevitabilidad de un colapso ecosocial catastrófico", pero reconoce que "el intento era muy complicado habida cuenta del carácter negacionista de nuestra ortodoxia cultural". En "La batalla por las ideas tras la pandemia" dice que ha sido más explícito, "identificando esa cultura medioambiental ortodoxa y poniendo de relieve su desconexión con los hechos y con cualquier interpretación sensata del principio de precaución. La intención no es tanto la de ganar adhesiones -que también, claro- como la de explicar por qué la vaga adhesión ambientalista de la cultura de masas es en el fondo una adhesión a la devastación ambiental".Atención, pues, a la agenda en marcha, la del Green New Deal, la del liberalismo verde que nos invita a abandonar todo proyecto de transformación social y a admitir que, para hacer frente a la grave crisis ecosocial en curso, de la que forma parte esta pandemia, lo que necesitamos es  contribuir a engrasar la  maquinaria de las democracias liberales capitalistas, nada de desconfianza, a callar pues, que este problema de la pandemia y de la crisis sistémica que la envuelve, nada tiene que ver con el Capitalismo ni con el Estado, porque es culpa de la Naturaleza, incluida la naturaleza humana.   



jueves, 21 de enero de 2021

DESCONFIANZA NO ES TERRAPLANISMO

 

 

Si la verdad necesita imponerse por decreto y a la fuerza, desconfiar de esa verdad es de sentido común, lo más natural y lógico. Acusar de terraplanismo a todo aquel que desconfía de la versión única/oficial, además de inmoral, es una burda maniobra que no favorece la causa de la verdad, no si esa versión  es la única que se permite expresar, no si se ocultan otras versiones, si se hurta el debate. La democracia, creo yo que  se la juega más en la deliberación que en la votación, es en la libertad de expresión donde tiene su prueba del algodón. Se niega la democracia si se impide la deliberación y la libre expresión  de las ideas. Aún es de mayor bajeza moral utilizar los canales de propaganda oficial  para ridiculizar a la disidencia presentándola como un sólo bloque, representado por la versión "friki" de la misma, mientras que se oculta e invisibiliza a quienes mejor pudieran representar la pluralidad de la disidencia. Es, además de inmoral, políticamente perjudicial para quienes creen defender “la verdad”, porque así están favoreciendo que el debate público quede confinado en el mentidero de las redes sociales, en las que calculan que “como todo es mentira, la verdad acabará resplandeciendo”...en los canales oficiales, claro: en la opinión pública creada por el poder mediático.

Desde Guatemala me llega un texto que, procedente de Uruguay (La Libertad Press), ya es viral en los países de habla latina y que viene a expresar una queja universal por el agresivo y burdo ataque a la libertad de expresión que caracteriza al manejo de la opinión pública durante la Pandemia, que por las evidencias que vemos, tiene  interpretación  y dimensión tan única y global como la propia Pandemia. Esto dicen por allí:

TENGO DERECHO A DESCONFIAR (AUNQUE ESO TE MOLESTE)

Si se mueren 23 ancianos en Noruega tras recibir una supuesta vacuna contra el COVID-19, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si varios políticos en todo el mundo, ante cámaras, simulan aplicarse una vacuna y al hacerle zoom al video descubren que la jeringa no tenía aguja, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si hay autoridades que ignoran los códigos de la UNESCO, los de ética médica y la Constitución de sus países, para sugerir que vacunarse debe ser obligatorio, tengo derecho a oponerme, aunque eso te moleste.

Si casualmente los protocolos pasan por evitar hacer autopsias, como para establecer de manera precisa las causas de muerte, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si hay un estímulo económico internacional para que los gobiernos hagan tests PCR y para vacunar, como en Francia, que se le pagará 5,4 euros a los médicos por cada vacuna, veo un claro conflicto de intereses entre el plano comercial y el sanitario, entre el interés personal y el bienestar general, y tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si cambian la definición de pandemia para ajustar un relato donde no estamos viendo una tasa de mortalidad exultante ni diferente a la que siempre hubo, ni estamos viendo vecinos que salen en ambulancias todos los días, ni gente muriendo de COVID-19 en las calles, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si dicen que el problema no es la mortalidad, sino la posibilidad de que se desborden los centros de terapia intensiva, y luego aparecen imágenes donde esos CTI con supuesto riesgo de colapso resulta que estaban vacíos, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si la OMS presidida por un acusado de terrorista, tras haber financiado y otorgado armas al Ejército de Liberación De la Gente de Tigray en Etiopía (Ejército de Liberación, ¿te suena?) felicita a China y Venezuela por su manejo de la pandemia, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si tras publicar las estadísticas de COVID del día, aparecen familiares de fallecidos a decir "mi papá se murió de un infarto, no se murió de COVID, ¿por qué mienten?", tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si me tratás de ignorante, alegando que se debe confiar en los expertos, y aparecen expertos a decir que los protocolos son exagerados y se está manipulando a la gente con información que no se ajusta a sus conocimientos, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si primero aseguran que es una idiotez usar tapabocas "porque se pueden agotar para el personal médico", y luego somos idiotas quienes no lo usamos, es decir que somos idiotas de cualquier modo dependiendo de qué humor se levanten las autoridades, y yo no creo ser un idiota, tengo derecho a desconfiar, aunque eso a vos te moleste.

Si anuncian que "la curva va a ser mayor en invierno", y luego se retractan diciendo que "no es un virus estacional", me queda la sensación de que la ciencia pasa por investigar, confirmar, y recién ahí hacer afirmaciones, en vez de asegurar tanto una cosa como la opuesta en cuestión de días. Eso no es ciencia, y los desinformadores, los irresponsables, no seríamos los que desconfiamos, serían los que manejan nuestra vida sin evidencias, y tenemos ese derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si dicen que hay que testear asintómaticos, y luego el CDC dice que no, tengo derecho a desconfiar, aunque eso a vos te moleste.

Si hacen tests PCR a 35 ciclos, y científicos calificados (como el que los inventó) manifiestan que ese test no es fiable, porque en realidad lo útil son los tests serológicos, tengo derecho a desconfiar, aunque eso te moleste.

Si el abogado alemán Reiner Fuellmich, que trabajó en el escándalo de Volkswagen y también en el de Deutsche Bank, pretende llevar a la Justicia a la OMS y al científico que sugirió los tests PCR para manejar la situación, y dice que además está en duda que su título lo habilite para trabajar como científico, tengo derecho a desconfiar, aunque eso a vos te moleste.

Si aseguran en varios lugares que "desapareció la gripe", yo tengo derecho a sospechar que están haciendo pasar casos de gripe como Coronavirus. La misma gripe que todos los años ya ha terminado lamentablemente con la vida de pacientes con otras afecciones y/o de edad avanzada. Han hecho pasar casos de accidentes de tránsito por COVID-19, perfectamente podrían hacer lo mismo con otras enfermedades respiratorias que -repetimos- siempre han estado ahí y siempre han ocasionado muertes, aunque te moleste que lo digamos y desconfiemos.

Si conozco más médicos y personal de enfermería indispuesto a vacunarse y con reticencias sobre la pandemia, que pacientes de COVID-19, tengo derecho a desconfiar, aunque eso a vos te moleste.

Si mañana permiten autopsias, y esos médicos y científicos no alineados con la narrativa oficial, dijesen que se equivocaron, y que el COVID-19 es un mal que amerita los protocolos, el tapabocas, vacunar, y paralizar la economía a nivel mundial, yo estaría dispuesto a aceptar que mi desconfianza no tenía fundamentos. Podría cambiar de opinión, porque lo único que me interesan son los datos transparentes y reales. Pero si en vez de fundamentos recibo hostilidad gratuita, sigo desconfiando, aunque a vos te moleste. No me importa que te moleste, para mí no significa nada tu opinión si carece de argumentos. Es más, sería un adelanto que adquieras plena conciencia de lo siguiente. Yo no tengo que creerte, no tengo obligación, por mucho que te frustre que no piense como vos querés dictar.

El 100% de lo anterior está respaldado en artículos de prensa. Antes de insultar, o creer que nos hacés cambiar de opinión o que "ganaste la discusión" calificándonos de "ignorantes" (como si eso fuera una evidencia en el sentido contrario a una afirmación), ese mismo tiempo que ibas a emplear para eso, molestate en utilizarlo para corroborar la información y escuchar la otra campana, porque de lo contrario tenemos derecho a bloquearte y lo vamos a hacer, y en la medida que se incrementen los ataques, vamos a incrementar la publicación de datos, porque tenemos derecho, aunque eso a vos te moleste. Si querés vivir en un país donde no haya derecho a opinar distinto, hacer preguntas, demandar que se respete la Constitución, donde se reprima y coarten libertades a la gente porque sí, andate a Cuba o Venezuela, o esperá tranquilo que se implemente el sistema comunista chino en todo el mundo, mientras vos acusás de comunistas a los que están denunciándolo. (La Libertad Press)

 

PD.: Solo un par de apuntes al respecto:

En este mensaje que corre desde México a la Argentina, entiendo que cuando dicen "comunismo" se refieren al sistema capitalista del gobierno "comunista" de la República Popular de China, cuya "eficiencia" es mirada con gran envidia desde nuestro "libre y democrático" mundo. Ya no se puede mentar casi nada sin ponerle comillas.

No es del todo cierto que el aparato de propaganda desplegado en esta Pandemia Global (probablemente el más colosal de la historia) califique de "comunistas" a quienes lo denuncian, más bien, su calificativo es el de "negacionistas" y/o "populistas" (según el caso), con lo que construyen un saco en el que caben todos los que no entran en el saco oficial, el del afirmacionismo, cuyo programa oficial ya es el del Foro Económico Mundial, el  Green New Deal que promete una "reforma verde" del capitalismo, una especie de alianza global en la que caben "progresistas" de todo tipo, desde neoliberales y neomarxistas,  a nacionalistas y globalistas, pasando por ecologistas, feministas, la banca y, por supuesto, amazon y microsoft...esa especie de mesianismo tecnológico basado en la creencia de que la ciencia y sus innovaciones tecnológicas sabrán resolver la crisis sistémica en la que estamos sumidos (desigualdad y cambio climático incluidos), sin necesidad de cambiar los fundamentos  del sistema, o sea, lo que viene a ser su esperanza y promesa de una pirueta imposible: conjugar capitalismo con ética, con naturaleza y con democracia...y a la vista del panorama presente, yo añadiría conjugar "capitalismo con supervivencia". 

 

 

lunes, 11 de enero de 2021

LA OMS, DE VIAJE A WUHAN

 

 

Los padres se preguntan por qué los ríos son amargos, cuando ellos mismos han envenenado la fuente. J.Locke


Esta mañana puse la radio a las siete, mientras desayunaba, y la primera noticia que dan es que un comité de la OMS viajará próximamente a China, concretamente a Wuhan, para investigar el origen del virus causante de la pandemia. Repaso el tiempo que ha pasado, más de un año desde que allí comenzara la cosa y pienso que igual es un poco tarde para averiguar eso. La misma noticia dice que el grupo de comisionados, todos reconocidos científicos expertos, del más alto nivel, se van a encontrar  allí con notables impedimentos por parte de las autoridades chinas, según prevee la propia OMS en su comunicado; parece ser que al gobierno chino no le hace mucha gracia esa anunciada visita. La OMS estaba obligada a realizar esta investigación para no dejar sueltas en el aire las muchas acusaciones acerca de su dependencia financiera de la República Popular de China. Pero no me cuadran esos impedimentos a priori,  que parecen incomprensibles, a no ser que estuvieran avisando a la opinión pública   de que no van a encontrar nada por culpa de la tradicional opacidad del gobierno chino. Veremos.

Doy por hecho que se trata de una noticia más, sólo de trámite, a añadir a la fabulosa historia de esta pandemia que vivimos como espectadores de una película de ciencia-ficción, una de esas historias “reales” que a priori nadie te creería, que todos pensarían que es "de película", si no fuera porque algunos han visto enfermos y hasta muertos, en su casa o bien cerca. En ese contexto literario, de ciencia-ficción, me permito dar una pista a los investigadores de la OMS para que empiecen por algo, que menos es nada y más ya saben ellos que no van a encontrar, como no sea el cuerpo disecado de un pangolín. Se trata de que lean el libro que yo leí antes de que la OMS declarara la pandemia. Si de ahí no extraen alguna pista, les aseguro que al menos tendrán entretenimiento. Lo primero que sorprende del libro al que me refiero es que fuera escrito antes de ver todo lo que hemos visto. Es una novela que no lo parece, se titula Crónica del creador del virus SARS-CoV-2: la historia real de un arma para desestabilizar el mundo”, su autor es Winston Canaris, aunque sospecho que este nombre es un alias colectivo, un modo de firma tras la que está un grupo de escritores "anónimos". En el propio libro pone que los derechos de autor pertenecen a Mariano Garcia-Abril Goyanes que, indagando, resulta ser un empresario que ejerce en la provincia de Valladolid y que estrenó su curriculum empresarial ejerciendo de administrador solidario de la empresa Symbiosis Strategy & Management Consulting SLL...no me digan que la propia historia del libro no es ya la base de una verdadera historia de ciencia-ficción.

Más que una novela, parece la autobiografía del supuesto científico chino creador del virus del Covid 19. Yo lo leí en e-book, ya digo, hace casi un año y, por tanto, el autor no podía saber todo lo que estaba ocurriendo y, menos, lo que vendría después. Reconozco que durante la lectura me costaba discernir entre  realidad y ficción, tal es la verosimilitud de la narración. Del libro se han dicho cosas como éstas:

-"Escrita con brillantez, con tremenda verosimilitud y un ritmo que te va atrapando magistralmente en una inquietante trama, la novela nos hace reflexionar sobre todo lo que estamos viviendo y nos hacer ver la realidad desde otras perspectivas." - Elplacerdelalectura.com y Librosyliteratura.es

-"Se publicarán miles de páginas sobre el coronavirus: tesis, estudios científicos, ensayos, guiones y novelas... Pero seguramente ninguna de ellas tendrá el prodigio de la navegación por un río tan turbulento entre el sueño y la vigilia, entre la verdad y la falsedad, entre la realidad y la conspiración, como la presente obra." - Forolibro.com

Quien sea Winston Canaris monta su relato a modo de  autobiografía que le envía el creador del virus (un tal Li Yun), que quiere permanecer en el anonimato. Así lo justifica el autor del libro en la introducción:

¿Son ciertas estas memorias que recibí de un oscuro virólogo que proclamaba ser el creador de un virus? ¿Fue diseñado el SARS-CoV-2? ? La respuesta es hasta cierto punto secundaria, pues la Naturaleza lo habría logrado antes o después como tantas veces a lo largo de la historia de la humanidad. Lo crucial es lo que ahora representa: un nuevo concepto más insidioso y dañino que la más febril de las armas biológicas concebidas por la ciencia-ficción. Lo perturbador es lo que su creador supo ver: que la arrogancia y complacencia de la ciencia podían ser puestas de rodillas; que la apuesta correcta no consistía en esparcir la muerte con un virus extremadamente letal, sino desencadenar la respuesta desproporcionada, caótica y autodestructiva de un mundo que daba demasiadas cosas por sentadas. Lo que se cuenta, aun si no fuese veraz, funciona como una moderna fábula acerca de nuestra sociedad. El virólogo, un investigador casi siempre absorto, vuelca sus vivencias subjetivas y limitadas: una infancia marcada, el olvido como obsesión, sus motivaciones e intuiciones, una Naturaleza que cree que le inspira e impulsa, el proceso de creación de un nuevo modelo de virus y los recuerdos en torno a quienes apoyaron y financiaron el desarrollo del virus. El lector encontrará en estas páginas desmesura, soberbia y codicia en un mundo siempre regido por la chapuza, el azar y la improvisación, donde sus protagonistas se ven superados. Esta es la crónica de Li Yun, pionero de una estirpe de virólogos chinos; el primer cazador de virus cuya obra podría abrir paso a una estremecedora era de armas biológicas que, confundidas con zoonosis, se propaguen sin hacer saltar tempranamente las alarmas epidemiológicas debido a su sigilo, al acierto de combinar una altísima infecciosidad y una limitada virulencia".

No sé si los investigadores de la OMS, de leer este libro, encontrarían en sus páginas alguna pista o inspiración para sus investigaciones, pero tienen asegurado gran entretenimiento para esos largos días que tienen por delante, allí en Wuhan.

Pueden leerlo tranquilamente, tanto afirmacionistas como negacionistas y conspiranoicos, todos ellos disfrutarán de la lectura, unos porque se quedarán tranquilos sabiendo que esa historia es sólo literatura de ciencia-ficción y los otros porque fliparán con su realismo.