sábado, 11 de abril de 2026

LAS IZQUIERDAS (UNIDAS O NO) Y SUS DOS FUTUROS POSIBLES

 


Dentro del orden estatal/capitalista dominante, siempre habrá un futuro, por mínimo que sea, reservado para una o varias izquierdas, porque este hecho simbólico resulta fundamental para la apariencia democrática, para una mínima credibilidad popular y, en definitiva, para la supervivencia y reproducción del propio Orden.

Lo primero a subrayar respecto de la iniciativa de Gabriel Rufián, denominada mediáticamente como proyecto de “unidad de las izquierdas”, es lo erróneo del término “unidad”, ya que lo que en realidad persigue tal iniciativa es un objetivo mucho más modesto, que consiste en pactar una estrategia electoral común, para un máximo aprovechamiento de las posibilidades que ofrece la ley electoral del estado español. Esta precisión es necesaria cuando en la actualidad los términos “izquierda” y “derecha” refieren básicamente a su significado como marcas corporativas, que sirven para la competencia entre organizaciones políticas que se disputan la clientela dentro de un mismo mercado político/electoral.

Cierto que en las izquierdas perdura todavía un poso residual de nostalgia revolucionaria, en sentido de pulsión ética hacia la emancipación. Si se ha conservado y alimentado esta nostalgia ha sido por su eficacia propagandística y a costa de una merma sustancial en su capacidad de crítica del sistema de dominación. No se olvide que este orden es hegemónico y que se viene produciendo y reproduciendo exitosamente ya desde los inicios de la Historia (*), gracias a un doble dispositivo de poder absoluto, devenido con el paso del tiempo en las actuales instituciones sistémicas, estado y capitalismo, con origen en los más básicos instintos animales de nuestra especie, los dirigidos a la supervivencia individual, que son los de propiedad y jerarquía, desplegados mediante el predominio de la fuerza bruta. Sustancialmente, ésto no es distinto a lo que sucede al interior de otras sociedades animales, y esta semejanza no puede ser ocultada tras la sofisticación cultural y tecnológica que distingue a nuestra especie de otras, también animales e igualmente “sociales”.

¿Qué significa, pues, ser de izquierdas en el siglo XXI, cómo evitar la deriva conservadora de discursos originariamente revolucionarios y, por tanto, qué caminos seguir para volver a articular la crítica de la dominación con la finalidad de la emancipación?...me hago estas preguntas en mi modesta condición de activista/práctico, que vienen a ser las mismas que en 2012, desde el ámbito teórico/académico, se hacían Nancy Fraser y Luc Boltanski (**) en el contexto de una conversación recogida en un pequeño libro titulado “Contra la izquierda conservadora” (***).

En pasados tiempos se dieron formas distintas,  casi todas radicales o revolucionarias, de oponerse al orden dominante, y solo a partir de la revolución burguesa del siglo XVIII se empezó a hablar de “ser de izquierdas” en dos modos diferentes, uno socialista/reformista y otro comunista/revolucionario, ambos con sus propias variantes, de inspiración marxista y/o anarquista. 

Ambas formas de izquierdas perduraron y convivieron, más o menos conflictivamente, hasta la disolución en 1991 del “estado comunista” de la Union de Repúblicas Socialistas Sovieticas (URSS), experiencia revolucionaria que devino en  un estado  inviable por sí mismo, no solo por su derrota política frente al bloque del “occidente capìtalista”, sino más bien por su propia naturaleza contradictoria, dado que Estado y Comunismo resultaron ser términos tan incompatibles como autoexcluyentes...claro que ésto lo sabemos ahora, a toro pasado, pero no lo podían saber entonces quienes por primera vez afrontaban aquella experiencia revolucionaria,  como algo “nuevo”, en modo de comunismo estatal.

A partir de esa fecha ya solo sobrevivió una forma de “ser de izquierdas”, la reformista, de tal modo que en la actualidad, ser de izquierdas supone aceptar el marco mental del orden dominante, estructurado en torno a la fusión de los dos principales dispositivos de la dominación, Estado y Capitalismo. Si puedo decir ésto es porque no se sabe de ninguna izquierda que a día de hoy se proclame revolucionaria, y menos  “al completo”, o sea, enfocada en la emancipación humana y radicalmente opuesta al sistema estatal/capitalista que ha logrado hacerse hegemónico a escala mundial. 

Así constatamos que las izquierdas autodeclaradas anticapitalistas son generalmente proestatistas en su grado más conservador o socialdemócrata, defensoras de un estado tutelar y protector , al que denominan "estado de bienestar", mientras que las izquierdas antiestatistas, aunque no se declaren procapitalistas lo son de facto cuando no cuestionan el sistema de explotación del trabajo asalariado, ni la propiedad privada de los medios de producción, ni el mercado  capitalista como forma única de la economía. 

Sé que hay quien piensa que presentarse con un programa auténticamente de izquierdas sería electoralmente suicida. Cierto, pero eso viene a confirmar mi tesis acerca de la degradación sistémica que aqueja a las izquierdas y que, aunque justificada por un continuado fracaso histórico, no ha podido ser más evidente a partir de la disolución de la revolución soviética.  

En lo que coinciden todas las variantes de las izquierdas conservadoras es en su mismo relajo y dejación democrática, todas incapaces de imaginar formas de democracia integral y auténtica,  la democracia como sistema de autogobierno o autonomía plena de las comunidades humanas;  democracia  no solo como "procedimiento participativo", que acaba siendo un paripé "representativo", sino como un fin en sí mismo, es decir: con pleno respeto por el igual valor y dignidad que corresponde a la vida de cada uno de nuestros prójimos,  y no como mera apariencia participativa,  radicalmente incompatible  con la pulsión emancipadora que, a mi entender, es prepolítica y propiamente humana...  que trasciende al conjunto de la moderna sociedad burguesa, dividida en partidos y clases enfrentadas en una permanente disputa -lucha de clases- claramente escorada a favor de los individuos y corporaciones de propietarios (empresas) y gobernantes (partidos).   

Tampoco sé de ninguna izquierda que reclame la naturaleza comunal, tanto del Conocimiento humano (conjunto de saberes, ciencias y culturas humanas), como  de la Tierra (conjunto material del planeta que habitamos), como bienes comunales universales, que respectivamente corresponden a la comunidad humana en su conjunto y a la comunidad  de especies (animales y vegetales). Todos los demás  comunales, materiales e inmateriales, como bienes y servicios, son derivados de éstos principales y necesariamente han de ser objeto de producción comunitaria a escala convivencial (doméstica, vecinal o paisana),  todos producidos mediante libre trabajo comunitario, personal o cooperativo. Sin bienes comunales, toda comunidad carece de sentido y solo es posible en sentido figurado o ficticio, tal como sucede con las "comunidades nacionales" creadas por los Estados. 

Las dos formas de izquierdas que sobreviven comparten una misma naturaleza reformista; por ejemplo, los partidos Psoe y Podemos son distintos solo en el grado de su reformismo, pero es obvio que ambos partidos no se proponen acabar con el orden estatal/capitalista, y que solo pretenden mejorarlo más o menos. Todas las izquierdas son hoy reformistas y residuales, todas en franca decadencia, lo que tiene una lectura positiva, que explica su decadencia por causa de su inercia conservadora. 

En resumidas cuentas, entiendo que las izquierdas tienen dos futuros posibles, que necesariamente, en todo caso, pasan por reconocerse históricamente como "parte izquierda" del orden dominante estatal/capitalista:

-Un primer futuro consiste en aceptar el rol de oposición permanente, e intentar sobrevivir a su propia decadencia  mediante el logro ocasional de mejoras en "derechos", que no son sino graciosas concesiones del orden dominante, aprovechando la experiencia de las izquierdas en  su oficio histórico como oposición crónica o sistémica.

-Y el más improbable de los futuros posibles, solo podrá ser a largo plazo, y consiste en decidirse a superar sus propias contradicciones, empezando por imaginar otro “marco mental”, realmente diferente, contrario y alternativo al orden estatal/capitalista y, en consecuencia, afrontar su propia disolución como "parte izquierda" del orden dominante, para pasar a autoorganizarse en comunidades convivenciales al margen y en paralelo a las instituciones estatalcapitalistas, en modo de comunidades autoconstituyentes de democracias auténticas e integrales, en modo de autogobiernos comunitarios plenamente autónomos y soberanos,  libremente asociados en redes confederales, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales.

Notas:

(*) Insisto en recordar que la Historia es una creación estatal,  que tiene la  misma edad del Estado, de aproximadamente algo más de cinco mil años.


(**) Nancy Fraser es profesora de Filosofía y Política en la New Schol for Social  Research, intelectual y militante feminista, autora de numerosos libros, entre ellos: "¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico" y "Escalas de justicia; Fortunas del Feminismo y Disputas feministas: Un intercambio filosófico". Y Luc Boltanski, sociólogo que trabajó durante años con Pierre Bourdieu,  fue director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, y fue impulsor de la nueva corriente denominada sociología pragmática y autor de libros como: "La producción de la ideología dominante", "El nuevo espíritu del capitalismo"  y "De la Crítica. Compendio de la Sociología de la emancipación".

(***) “Contra la izquierda conservadora”.  Una crítica radical del capital sin nostalgia estatista. Debate presentado por Philippe Corcuff. Editado en castellano por Editorial Clave Intelectual, en 2019.

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