jueves, 28 de abril de 2022

EL APOCALIPSIS SEGUN FRANCO BERARDI

 


Franco Berardi, “Bifo”, piensa la realidad, la reflexiona, la interpreta y luego propone qué hacer. No se queda pensando, es un filósofo de la acción reflexionada. Dice algo en lo que estoy muy de acuerdo: que las pantallas nos apartan del mundo, que nunca estuvimos más informados, ni nunca peor, que la sobreabundancia de información, la infoxicación, nos impide pensar, reflexionar, interpretar la realidad, y que por eso no sabemos qué hacer ni a donde ir, y que en esa tesitura somos impredecibles, podemos tirar en cualquier dirección, como le sucede a cualquiera que se sienta perdido en medio de una densa niebla, sin referencias en el paisaje. Bifo es, como muchos de nosotros, hijo de los sesenta, cuando la consigna era “socialismo o barbarie”. Pero lo que resultó de aquello fue el triunfo de la barbarie; el socialismo que naciera de las luchas obreras y feministas no fue capaz de mantener su posición, cedió ante la barbarie neoliberal, de la que fueron cómplices los gobiernos socialdemócratas.

Lo inevitable por lo general no sucede, porque prevalece lo impredecible”, es frase atribuida a John Keynes, que Franco Berardi repite como un mantra. Dice que es fácil ver sucediendo ya lo inevitable, una Tercera Guerra Mundial con apariencia de lucha entre potencias imperialistas y en realidad como una extendida guerra civil global, que enfrenta a clanes financieros, movimientos políticos y creencias religiosas, en un contexto en el que la democracia y la opinión crítica no valen nada, al lado de la cultura identitaria, de la rabia y la depresión, que  expresan muy bien el triunfo histórico de la barbarie.

En uno de sus últimos libros, Respirare. Caos y poesía” (Prometeo Libros, Buenos Aires, 2020), Bifo insiste en algo que también a mí me obsesiona, acerca del triunfo del pensamiento abstracto, conspiranoico, simplista y descerebrado al cabo, que abre los caminos a la brutalidad del fascismo postmoderno:

La abstracción ha ganado terreno en el pasado reciente. La financiarización de la economía es la prueba más evidente de esta expansión del reino de la abstracción. La sumisión creciente de la vida a la abstracción está provocando un contragolpe: la vida reacciona contra la abstracción, y ese regreso a lo vital toma la forma de una reafirmación agresiva de la identidad, sea nacional, religiosa, racial. El retorno del cuerpo descerebrado, distanciado de la razón universal y de la empatia corpórea, se manifiesta como una reaparición del fascismo postmoderno a escala mundial.

Hay dos tendencias técnicamente interconectadas y culturalmente distintas: una se basa en la hipertrofia del cerebro sin cuerpo, en la inervación de la red digital en el sistema neural; la otra, en la explosión demente del cuerpo descerebrado, en el frenesí identitario que está devastando el orden político de la civilización humana. Al haber perdido la fe en la universalidad de la razón y sin tener acceso a la esfera de las decisiones (la democracia real)(1), la población se aferra a las identidades imaginarias que se asientan en la mitología de la nación, de la raza y de la identidad. Es así como el orden abstracto del sistema de control coexiste y se entrecruza con el Caos de la mente hiperestimulada de la metrópolis global”.

Su último libro es “La segunda venida: neorreaccionarios, guerra civil global y el día después del Apocalipsis” (Caja Negra, Buenos Aires, 2021). Este libro invita a prepararnos para cuando acontezca lo imprevisto. “No dejemos de pensar –nos dice Bifo– porque puede que lo impredecible pronto requiera ser pensado, y ese es nuestro trabajo: pensar en tiempos de trauma apocalíptico”

La idea de que el mundo pueda cambiar para mejor parece enterrada cuando ha pasado un siglo después de la revolución comunista. Pero el hecho de que ya nada vaya a salvarnos no debería verse como una fatalidad: si este mundo está muerto, entonces puede aparecer otro que nos saque de esta existencia de zombis. La segunda venida para la que tenemos que predisponer nuestras mentes es la de un comunismo otro, sin Estado, que tendrá muy poco que ver con el de 1917. Podemos concebir el Apocalipsis como una metáfora comunista o del Común, como yo prefiero decir para no caer en equívocos: la metáfora de un posible despliegue convivencial de nuestro potencial creativo, de la mente y de la solidaridad humanas.

Que nadie espere a reaccionar cuando llegue el Apocalipsis, porque ya estamos metidos en él, lo que es “es” y no tiene vuelta de hoja. Lo que ahora toca es interpretarlo y comprenderlo para no seguir filosofando sobre todo y sobre nada. Lo que ahora hace falta es juntar reflexión y propuesta, ya no vale seguir especulando sobre posibles evasiones. Como Franco Berardi, detesto a los filósofos y a los poetas que no se mojan.

 

Nota: (1) El paréntesis aclaratorio es mío.


 

 

 

 

 

 

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