viernes, 13 de octubre de 2017

EL ESTADO DE DERECHO, EN DEMENCIA SENIL



La democracia del Estado español es teóricamente plural, institucionalmente bipartita y facticamente un monopolio, porque el poder-poder es de las oligarquías financieras que, en primera instancia, tienen en las instituciones del Estado su brazo político-legal y en las fuerzas armadas su brazo resolutivo de última instancia.

El estatismo españolista se parte la cabeza dándole vueltas a si el estatismo catalanista ha declarado o no la independencia. Por ahora, tiene ventaja el estatismo catalanista, en esencia tan nefasto como el españolista, pero tengo que reconocerle como mucho más pacífico, inteligente y astuto que éste. Es precisamente su ambigüedad la que, de momento, está neutralizando el ansia de violencia del españolismo tradicionalista, que siendo genéticamente igual de totalitario, es menos instruido y  más cuartelero. Por eso prefiero que este pulso lo gane Puigdemont, sólo para que no haya muertos, no por otra cosa. Me interesa el empate, porque ahora la única victoria posible es la de la facción que tiene de su lado a la mayor fuerza bruta.

La pregunta de Rajoy es tan retórica como espero sea la respuesta de Puigdemnont. La diferencia es que la pregunta de Rajoy encierra, además, un defecto de provocación y prevaricación, porque la hace a sabiendas de cuál es la respuesta. La República Catalana ha sido políticamente declarada, no cabe duda, de igual modo que legalmente es pura ficción. Es lo mismo que sucede con la República del anuncio de IKEA, que ha sido declarada, que no tiene validez legal, pero cuya publicitaria existencia  es innegable.


Para mí, el problema tiene su semilla original en la ambigüedad existencial de eso que denominamos “España”, un misterio todavía sin desentrañar a pesar del paso de unos cuantos siglos, porque, veamos:

-Si España fuera un país, o sea un “paisaje”, un territorio, España sería la parte más grande de la península ibérica con el añadido de las islas más próximas a esta península. Pero España no es eso porque, por ejemplo, las ciudades de Ceuta y Melilla o las islas Canarias, siendo africanas también “son españolas”; y sin necesidad de ir tan lejos, el inglés Peñón de Gibraltar no es español siendo parte indudable de esa parte del territorio de la península ibérica denominado España. Luego, si Ceuta, Melilla, las Islas Canarias y el Peñón de Gibraltar “pertenecen” a España y a Inglaterra respectivamente, estando en Africa y en la península Ibérica, sólo podría ser así si “realmente” el Reino de España, como el de la Gran Bretaña, fueran países, territorios y no “otra cosa”.

-Si España fuera una nación, o sea, una “comunidad” nacida en un territorio, en donde quienes conviven (hayan nacido o no en él) “nacen” como comunidad, porque se comunican y se relacionan en el marco de un territorio común, de una lengua común y del acuerdo de unas normas comunes (democracia), libre y autónomamente acordadas por quienes habitan ese territorio y forman parte de esa comunidad o nación. Luego, está meridianamante claro que España tampoco es una nación, sino otra cosa, en la que no existe siquiera la básica comunidad de un territorio y una lengua común. Y, por tanto, sin al menos esos bienes comunes, no puede darse el tercero y principal, la democracia, ni puede, por tanto, “nacer” la comunidad. Podrá existir “otra cosa”, pero no una nación.


Así pues, no siendo un territorio ni una nación, lo que  denominamos como España (o lo que también muchos denominan como Cataluña), no es otra cosa que Estado y sólo Estado. Ese es “el problema” en su origen, que es y será irresoluble mientras sigamos siendo “Estado”  (individuos aislados, catalanes o españoles, sin comunidad, dominados por estructuras estatales) por voluntad ajena, mientras sigamos privados de lucidez conceptual y voluntad propia, sin ser Nación (comunidad). Hasta ahora, todos los pueblos, en algún momento de su historia, han querido ser naciones, pero sólo han llegado a ser lo que les han dejado ser, pueblos sometidos, Estados sin Nación.

Ni Cataluña ni ningún otro pueblo del mundo pueden nacer como comunidad, ser Nación, mientras no se independicen de todos los Estados, incluidos los propios. Por eso que sólo puedo entender el monumental follón y desvarío al que estamos asistiendo  como manifestación de una larga y colectiva enfermedad mental, caracterizada como estado de confusión, lo más parecido a una demencia senil, lo que hace de este momento algo tan contradictoriamente terrible como esperanzador, que nos obliga a soportar los efectos de la demencia, al tiempo que su asociada vejez nos anuncia que el desenlace está más cerca. 

Y si  algo de bueno hubiera en todo ésto, podría ser que mientras dure la astuta ambigüedad de Puigdemont y la torpeza estratégica de Rajoy, no pasaremos a las hostias, los ciudadanos seguiremos -al menos por algún tiempo-, soportando sólo la acostumbrada y cotidiana violencia del Estado.






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2 comentarios:

Loam dijo...

España es una entelequia alojada en un cuartel. Y ya se sabe cuales son y cómo se aplican, a la postre, las normas que rigen en un cuartel.

Anónimo dijo...

Algunas personas avispadas se mofan de los fundamentalistas catalanistas en Barcelona, donde han sufrido caceroladas noctunas de los fundamentalistas catalalistas, han declarado la independencia de,su bloque de Cataluña, en consulta referéndum de los vecinos del bloque diciendo que han votado millón y medio de individuos. También ponen con altavoces canciones de Manolo Escobar, himnos de España y guardia civil. Ésta respuesta jocosa encierra un importante nivel de conciencia de sus actores, ya que por un lado repelen la actitud fascista de los independentistas, intentándoles privar incluso del descanso lo que no es buen augurio de lo que vendría después. De ésta forma se pone en tela de juicio los Estados, cualquiera de ellos, tal vez los actores desconocen el ideario de una Sociedad comunal y Autogestionada, pero no son ajenos al «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer», Lo que conocemos como España, existe como hecho histórico hace por lo menos 300 años, así pues no se puede negar, y el único de podrá alterar su situación será los pueblos de la actual España, no una parte regional de su élite burguesa.