Quienes
ahora claman contra la próxima entrada en vigor de la Ley de Bases de Regimen Local
y el ataque que, según ellos, supone esta ley contra la autonomía municipal y
especialmente contra el mundo rural, parecen no haberse enterado todavía de que la
extinción del mundo rural se halla en su fase final de ejecución, ya desde
hace muchísimos años; tampoco de que esta ley no es sino un remate coherente para un proceso planificado y
sistémico, en este caso dirigido a la extinción del mundo rural, pero integrada en un plan global
de extinción de toda idea que, aún remotamente, pudiera parecerse a la autonomía o, lo que es lo
mismo, a la democracia.
Pero
no seamos ilusos, impedir la ley no va a salvar una autonomía que ni existe ni
existió nunca, porque nunca pasó de ser una aspiración utópica, asociada a la
de la propia Democracia. Impedir la ley, sin cambiar los fundamentos del
sistema capitalista, será otra vez un esfuerzo inútil, que no servirá para recuperar un medio rural que ya no tiene
lugar en el sistema capitalista si no es como pieza marginal del mercado.





