martes, 17 de marzo de 2026

LOS EQUÍVOCOS DEL COMÚN Y LO COMÚN

 


 "Nada sabemos de los seres que amamos, salvo la necesidad de su presencia" 

(Cristina Peri Rossi, 1984, La nave de los locos)

 

Entiendo el adjetivo "equívoco" referido a algo que puede interpretarse en varios sentidos, lo que acaba produciendo dudas, ambigüedad y confusión. Su antónimo "inequívoco" refiere a algo que tiene un significado único y evidente,  que produce claridad y certeza. 

No  confundo lo equívoco con el mal, que en principio nada tienen que ver. Así, lo equívoco puede ser compatible con la ignorancia, y también con la inocencia. Sin embargo, con frecuencia acabamos dando por ciertos algunos conceptos que intencionada e intrínsecamente son equívocos, solo por razón de adaptación o conveniencia, a veces por no discutir, para favorecer la convivencia y para no llegar a las manos, no pocas veces. 

Sucede, por ejemplo, con la cuestión religiosa, cuando tragamos el relato de la Creación  a sabiendas de que es Dios quien debe su existencia a la imaginación de homo sapiens...y sin que valgan justificaciones del tipo "como desconocíamos el origen de las cosas, tuvimos que inventarlo" (a Dios)...¡y por Dios!, que no se moleste la buena gente que es creyente, quienes se toman muy en serio el mandato de "amarás al prójimo como a tí mismo", que a mí eso es lo que realmente me importa, y me da igual de donde proceda tal mandamiento, si de un dios o de una conciencia.

Pero tendrán que reconocerme la preexistencia de un bien y de un mal  que ya andaban a la gresca por todo el mundo, intuyo que mucho antes de la humana invención de Dios.  Y en ésto sí podemos tener alguna certeza, tal como que la idea del bien y del mal solo pudo darse entre simios humanos, no en otras especies, y que tuvo que ser a partir del momento en que una pequeña tribu de homo sapiens, conversando en torno al fuego llegaron a convenir un primer rudimento de ley moral, acerca del bien y del mal como formas opuestas de comportamiento: lo que sirve a la convivencia y a la reproducción de la vida, por un lado; y por otro, lo que sirve a impedirla, a modo de guerra, y cuyo fin primordial es el de hacer daño, incluso con el fin de matar a un prójimo de sangre si es catalogado como "enemigo"...ay, esa pulsión cainita, casi siempre por razones de  envidia o celo, si no es -como veremos durante el correr de la historia- por causa de comercio y mercancía. Tal es la cara y cruz del simio que somos, por esa singularidad humana que consiste en tener conciencia de las consecuencias, trascendencia,  que nos hace tan libres como responsables. 

¿Cómo explicar, entonces, el predominio en nuestra especie de ese “irresponsable” individuo medio que puebla la Tierra, producto de las sociedades estatales...cómo, para que podamos tener localizado el punto donde quedó truncada la evolución “racional” de nuestra especie?, ¿dónde fue que quedamos atascados, obligados como el resto de animales a seguir la salvaje ley "natural/estatal" de la fuerza, la que rige la vida de las bestias al interior de las selvas?

No obstante, contracorriente, mantengo mi tesis radical de la homofilia, esa tendencia de los animales de mi especie a establecer vínculos de proximidad con sus semejantes...y a partir de ahí, como dijera el poeta asturiano Pablo Ardisana: "todo lo que no sea amor es mercancía". Amor, pues, podría ser el nombre genérico de esa tendencia al vínculo social, que no es sino ganas de proximidad, de conversación y de encuentro, ganas que pueden llevar, incluso, al apareamiento o cópula de los cuerpos.

En "El mal o el drama de la libertad" (1997), decía Rudger Safrinsky que "el mal no es ningún concepto; es más bien un nombre para lo amenazador, algo que sale al paso de la conciencia libre y que ella puede realizar. Le sale al paso en la naturaleza, allí donde ésta se cierra a la exigencia de sentido, en el caos, en la contingencia, en la entropía, en el devorar y ser devorado, en el vacío exterior, en el espacio cósmico, al igual que en la propia mismidad, en el agujero negro de la existencia. Y la conciencia puede elegir la crueldad, la destrucción por mor de ella misma. Los fundamentos para ello son el abismo que se abre en el hombre" (aquí se refería Safrinsky al abismo de la libertad). 

Estando muy de acuerdo con Safrinsky, sin embargo me permito añadir que siendo inevitable el juego de la libertad en las relaciones personales, privadas o prepolíticas,  donde el mal juega con clara ventaja, dado que tiene de su lado el poderío físico de la fuerza bruta, sin embargo, hay un campo de lo social, el de la política o democracia, donde se podría impedir que el mal campara a sus anchas, ocupando el lugar del "soberano" (el Común o comunidad de los iguales)...pero, claro, para eso necesitamos tener "el mal social" bien identificado y no metido en el oscuro limbo de "lo equívoco". 

Tal es el caso de la institución legal del  aparato “Estado” a cargo de las clases dominantes, como alianza de propietarios y gobernantes, y como organización propiamente jerárquica e indemocrática;  o el caso del  "derecho" de impunidad por el delito de robo o apropiación de la Tierra Común y también del Conocimiento Humano; que son nuestros comunales universales, por básica conciencia racional y ecosocial. No hay justificación ninguna para la permisividad "liberal" o "democrática" con el delito social más básico, esa falsificación de la democracia que impide "por sistema" un mínimo respeto por la igual dignidad de cada individuo. Sin ese  básico respeto por el prójimo, ¿cómo reclamar respeto para nuestra propia dignidad personal?

Yo no lo veré -que por mi edad no estaré aquí para verlo-, pero tengo la certeza de que en una o dos generaciones por delante será "normalizada" la necesidad de abolición de los sistemas sociales estatales (indemocracias), los que tienen su fundamento en los instintos animales más salvajes: de depredación y acumulación capitalista, de organización social clasista, patriarcal/machista  y totalitaria,  y con un metabolismo económico inequívocamente antiecológico, fundado en el robo y acumulación de los bienes comunales universales, materiales e inmateriales,  Tierra y Conocimiento. 

Queda por delante, pues, acabar con esos equívocos que oscurecen la comprensión de "el Común" como sujeto soberano de la política o democracia y "lo Común" como su objeto y materia prima, integrado por los bienes comunales al completo:  tanto los universales ya mencionados, como los producidos comunitariamente, mediante el trabajo personal y comunitario. Este es el reto para una "nueva ilustración" dedicada a esclarecer esos equívocos, a fin de acabar con esa totalitaria ambigüedad, relativista del bien y del mal, tan cutre y grosera, tan del gusto de las Academias no científicas como de las "izquierdas" del propio Sistema, con su ilusoria  pretensión de hacer compatible su finalidad emancipatoria original con el sistema de dominio estatal/capitalista. Imposible soplar y sorber al tiempo.

Denle los Partidos y las Academias todas las vueltas que quieran a este asunto, que siempre nos quedará el poso de certeza que sentenciara mi apreciado poeta asturiano, Pablo Ardisana, cuando afirmaba que es mercancía todo lo que no tienda al amor,  como querencia propiamente humana por todo vínculo social  que ayude al  cuidado de la vida, a su reproducción y al gozo de la existencia, o sea, en resumen: todo aquello que constituye la versión concreta e  inequívoca del  "bien común".

 ***

 

PD.: Valgan como ejemplo de nociones equívocas, términos como  "política", "nación", "democracia", "soberanía" y "ecología" :

*Política: concepto que a mi entender solo es inequívoco si refiere a los asuntos comunes de los habitantes convivientes en la "polis", que actualizada a las condiciones históricas actuales -necesariamente ecosociales-, no corresponde a la “ciudad”, ni al “municipio”, sino al “país” como “paisaje común” o espacio bioterritorial, de proximidad convivencial.  Con límites pactados por las propias comunidades que son convivientes en una misma geografía común, a partir del vínculo ecosocial y simbioético resultante de las relaciones sociales, personales y comunitarias: domésticas, vecinales y paisanas. Inequívocamente, entiendo el “país” como el ámbito ecosocial y propio de la política y, por tanto, de la democracia. A partir de ahí, caben múltiples formas de libre asociación, mancomunada o confederal, para el intercambio, la cooperación y la ayuda mutua en todas las escalas territoriales, con respeto a la plena autonomía/soberanía política de cada “comunidad paisana” (el Ayuntamiento Comunal, que yo digo).  

*Nación:  la expresión "nación sin Estado" es un oximorón, algo que no puede ser y que además es imposible, porque el Estado es, necesariamente, la condición previa, existencial, de toda "nación". Por algo se dice Estado-Nación y no Nación-Estado. Asistimos al predominio de un equívoco e ilusorio significado, de origen propiamente estatal, como “comunidad nacional” o "pueblo soberano", algo que a día de hoy carece de existencia propia, siendo solo producto de la voluntad de las clases dominantes que son titulares de cada Estado. No se sabe de ninguna "comunidad nacional que fuera constituyente de un Estado, más bien tenemos constancia de todo lo contrario. Y bien que lo siento por los nacionalistas, que la mayoría son buena gente, del tipo “Gabriel Rufíán”, o del tipo de mis amigos palestinos, a los que les deseo Democracia, pero nunca un Estado. (2)

*Democracia y Soberanía: su equívoco parte de una interpretación oscura y confusa del “demos” (pueblo), a la vez como sujeto y objeto de gobierno, lo que sabemos que es tan irracional como imposible, porque no puede ser al mismo tiempo. No puede ser más equívoco, ni más cínico, el concepto de soberanía en las democracias estatales o “representativas”, en las que ni los individuos, ni las comunidades son "constituyentes", en las que ni siquiera pueden participar, aunque fuera simbólicamente, en la deliberación y toma de decisiones, algo que se pareciera mínimamente a una soberanía real y no imaginaria o representativa. 

*Ecología: con un uso  ordinario que no puede ser más equívoco, ni menos científico, cuando se emplea generalmente con burda ignorancia de la "propiedad de la Tierra" como factor determinante y sistémico del desequilibrio ecológico y la consiguiente devastación de la biodiversidad que compromete la sostenibilidad o viabilidad de nuestra especie. Porque no es la Tierra como planeta lo que corre peligro, como dice la propaganda idiota...no, porque el peligro de extinción lo corre nuestra especie y todas las que pueden extinguirse a nuestro lado de seguir esta deriva irracional, absurda, autodestructiva. 

Notas:

(1) Cuando ésto escribo, es día de elecciones en esta región equívocamente "autónoma" de Castilla y León. Un oportuno momento para recordar lo que dijera Emma Goldman al respecto del voto:  "si el voto sirviera para algo, ya estaría prohibido".

(2) "No le deseo un Estado a nadie", tal como  reza el título de un libro colectivo firmado por Santiago López Petit, Tomás Ibáñez, Miguel Amorós y Corsino Vela, ...yo, además, con mis propias razones. No, porque desde la fundación del primer Estado, allá por el año 3.200 antes de nuestra era, no se sabe de ningún Estado (aunque fuera como excepción)  que no fuera una forma de dominio sobre las sociedades y sobre la naturaleza toda, de la que siempre, invariablemente, es titular inequívoco la misma alianza delictiva integrada por sacerdotes/propietarios/ mercenarios, actualizada a cada época, fraguada originalmente en las religiosas y jerárquicas sociedades campesinas,  primero del Neolítico y luego del Medievo.


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