domingo, 3 de abril de 2022

NO USARÁS LA PALABRA VERDAD EN VANO

Si no sabes para qué hablas” me decía mi padre con cierta frecuencia, provocando mi cabreo como respuesta sistémica. Habitualmente, algo parecido solemos decirnos unos a otros cuando no estamos de acuerdo con lo que nos dice un interlocutor al que suponemos completamente ignorante de lo que dice. Hablamos de todo, sepamos o no sobre aquello de lo que hablamos, hablamos porque somos humanos, el habla es lo que nos ha hecho humanos. El conocimiento viene de la experiencia, que incluye el habla, pero que no es lo mismo; la prueba es que podemos hablar sin conocimiento alguno de lo que se habla. Hablamos sin parar y, si calláramos del todo, dejaríamos de ser humanos, o sería porque estábamos muertos. “No calla ni debajo del agua”, decimos de alguien que habla y habla sin cesar y cuyo silencio agradecemos. Pero seamos compasivos, que ignorar no es lo mismo que engañar, nadie piense que quien no sabe de lo que habla lo esté haciendo con intención de engañar.

Lo cierto es que "verdad" es palabra y concepto problemático para el entendimiento entre conversadores humanos, que eso es lo que somos. La verdad no deja de ser lo que interpretamos acerca de nuestra particular comprensión o conocimiento de algo, que siempre será poco, en general, y bastante provisional cuando lo que "sí sabemos” con certeza es que solo aquello que es inmutable es ciertamente “verdad”, que de nada cambiante podemos afirmar que sea verdad definitiva.

Lo que nos habla la Ciencia (esa parte de la sociedad dedicada profesionalmente al “saber” mediante un método propio), lo que la Ciencia “sabe”, no es, pues, necesariamente verdad; no lo es cuando de lo que habla, su objeto, es cambiante. Menos aún lo es cuando, por esa misma Ciencia, sabemos con certeza que lo único realmente estable es precisamente el cambio mismo. Así, los científicos, y el resto de humanos, podemos decir hoy que la Tierra es redonda porque lo decimos en presente (es), pero si hubiéramos dicho ésto mismo hace no muchos años, hubiéramos sido tachados de ignorantes, de faltar a la verdad y hasta es muy posible que alguien nos hubiera dicho aquello de que ..si no sabes, para qué hablas.

Tampoco sabemos si podremos seguir diciéndolo a futuro, cuando también sabemos que lo más probable es que el planeta acabe hecho trozos informes, como un pedrusco cualquiera de esos que encontramos en cualquier campo, solo que éste flotando errante en el silencio de las esferas.

Deberíamos, pues, poner mucho cuidado en el uso que hacemos de la palabra verdad, todavía más  si la usamos con pretensión científica. A tal respecto, pudiera servirnos este nuevo mandamiento, más o menos científico, que propongo a mis congéneres: no usarás la palabra “verdad” en vano y nunca se te ocurra escribirla con letras mayúsculas”. Pero tampoco vayamos por eso a cortarnos, no, sigamos hablando y no nos agobiemos por buscar la verdad, contentémonos con lo que más se le parezca, por ejemplo, con aquello que sirva a la convivencia y sea lo más conveniente posible al común de las gentes, ¡eso sí que sería una ciencia de verdad!

 


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