lunes, 16 de noviembre de 2020

NO ME GUSTA CUANDO VOTAS, XQ HACIÉNDOTE VISIBLE ESTÁS COMO AUSENTE


 

Retrato prepandemia de la vieja Normalidad (texto de un Comité Invisible, acerca de la imaginaria insurrección, que por entonces “se veía” venir): 

 La conminación generalizada a «ser alguien» sustenta el estado patológico que hace necesaria esta sociedad. La conminación a ser fuerte produce la debilidad a través de la cual se mantiene, hasta el punto de que todo parece adquirir un aspecto terapéutico, incluso trabajar, incluso amar. Todos los «¿Qué tal?» que se intercambian en una jornada hacen pensar en una sociedad de pacientes que se toman mutuamente la temperatura.

La sociabilidad ahora está hecha de mil pequeños nichos, de mil pequeños refugios donde uno se mantiene caliente. Donde siempre se está mejor que en el intenso frío de afuera. Donde todo es falso, pues todo es un pretexto para calentarse. Donde nada puede acontecer porque uno está secretamente ocupado en tiritar junto a los demás. Pronto esta sociedad no se sostendrá más que por la tensión de todos los átomos sociales hacia una ilusoria curación. Es una central que extrae su energía de un gigantesco embalse de lágrimas siempre a punto de desbordarse”. 

 

Eso decía aquel autodisuelto Comité Invisible que nos precediera. Puro nihilismo, anarquista y muy bonito, pero nada práctico. Pero no es ésta la única razón que ahora justifica la fundación de un Partido Invisible (PI)

Aquella fue una profecía con trampa, como todas las que auguran y sentencian finales previsibles, que siempre conocemos si reducimos el “siempre” a solo una parte, concretamente al pasado. Así, la insurrección “siempre estuvo viniendo", siempre tuvimos por delante una “revolución pendiente” y siempre su desbordante energía fue desviada en “otra misma" dirección o propósito, siempre contrario al original. Con esa trampa, toda revolución, incluso toda evolución, es imposible. La historia ya no daría más de sí, sólo cabría un presente pluscuamperfecto y contínuo, como profetizaron Fukuyama y luego Margaret Thatcher. Nada quedaría por hacer, sino dejarnos llevar por la inmutable corriente   de los estáticos tiempos estatales y su infalible Ciencia Estadística

Pero lo experiencialmente cierto es que sin conocer la mayor parte del Siempre -esa que llamamos futuro-, hay que ser muy ignorantes o muy interesados, como ambos personajes citados, para atreverse a aventurar futuros fijos.  Lo que sí podemos hacer es imaginar, diseñar, pactar y practicar, para que los inciertos futuros se parezcan lo más posible a nuestros mejores deseos.

Como radicales disidentes de toda religión profética, ahora fundamos, sin acto ni fecha de inauguración,  un Partido Invisible (PI), alegal y anacional, siguiendo la exitosa tradición de nuestro ancestral enemigo, el Estado. Una pacífica red, sí, pero tan invisible como el terrorismo de Estado. Sólo que sin necesidad de afiliación, sin dirigentes ni presupuesto y, por tanto, sin necesidad de pagar cuotas, nóminas y sobornos. Autoorganizados y todos  igualmente constituyentes, libres, combativos e invisibles, para que el Estado nunca sepa quién le golpea, guardando  cara y esperanza, para que no nos las rompan.

Ante la Nueva Normalidad o Verdad Revelada (la experto-estatal),  a modo de básica prevención popular, fundamentada en la experiencia histórica, tenemos la empírica sospecha de que es la mala vida que llevamos lo que provoca la Enfermedad y que los virus acuden a ella como los bomberos a un incendio y las moscas a la mierda, sin que eso les haga responsables de la enfermedad, del incendio o de la mierda. Es en la mala vida donde hay que buscar al agente responsable de la Enfermedad: en la comida basura y en la medicina industrial, en el aislamiento social que nos procuran las  masas nacionales, en los múltiples suicidios, ecocidios y genocidios normalizados cada día en las Noticias; en la devastación erótica que nos hace infértiles y en el trabajo asalariado que nos hace tan esclavos como idiotas; en las cárceles empresariales y escolares donde se doma al individuo “salvaje”, en la carencia de empatía y comunidad...buscad ahí, donde se condimentan los futuros convenientes, donde se llama autonomía a la libertad condicional, en la olla donde se cuecen nuestros futuros, en el negocio y en el ocio tecnológico-político-comercial y en las democracias de cartón piedra.

Sabed que anunciaremos nuestro programa y estrategia principalmente mediante hechos. Y cuando sea de palabra, lo será en asamblea. ¿Y por escrito?... como mucho en octavillas y de mano en mano. Entonces, ¿cómo reconocernos y saber quiénes somos? Sencillamente: somos todos los  invisibles que, ocultos o no detrás de la mascarilla, ni se la ponen ni se la quitan sólo porque lo mande el BOE. Así sabremos quiénes somos, pero no el Estado. ¿Y mientras?... estaremos ocupados en preparar la insurrección que queremos y ninguna otra, sea ésta a la medida o de encargo. Pero esta vez sin ofrecer la mejilla para luego ser crucificados, como de costumbre. 

A ver si así esta vez nos da resultado, teniendo en cuenta la novedad y oportunidad de los tiempos, el cambio radical de circunstancias y que a la fuerza ahorcan. Ánimo y a ello, que si el universo es la hostia, nosotros no somos menos.

 



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