jueves, 26 de enero de 2012

RE-EVOLUCIÓN EN LEGÍTIMA DEFENSA

"Caín huyendo ante la maldición de Jehová", c. 1880, pintura de
Fernand-Anne Piestre Cormon (1845-1924), museo de Orsay, París.
Re-evolucionar viene a significar “volver a evolucionar”, retomar la evolución, identificando los puntos fallidos, para corregirlos y reiniciarlos en la dirección correcta. El concepto, acuñado por el movimiento 15M, me parece muy interesante aplicado a la evolución de la sociedad humana; en la terminología clásica de la evolución científica, biológica, estaríamos en un campo regido por las leyes naturales de adaptación al medio, inmanejables y, por tanto, de imposible modificación. Así, pues, el concepto de re-evolución, referido a la evolución social implica, de entrada, el reconocimiento de ciertos errores en la evolución (social) que nos conducen en una dirección “incorrecta” y que, por tanto, debemos y tenemos que modificar. Es, sin duda, un concepto incluyente de claves morales y políticas, que nos emplaza a la acción a partir del reconocimiento de una frustración humana y universal. Una frustración que presupone el conocimiento actualizado de la dirección “correcta”, del  tipo de sociedad hacia el que deberíamos haber evolucionado. No sólo creo que casi todo el mundo lo sabe, sino que además creo que esa re-evolución es imparable: hacia una sociedad justa, igualitaria, respetuosa de la dignidad y libertad de cada individuo y respetuosa con el planeta que es nuestra hacienda común.


Si no fuéramos una especie racional y social, todas estas reflexiones carecerían de sentido, ni siquiera podríamos imaginar la posibilidad de una corrección del rumbo, simplemente nuestra evolución seguiría un proceso biológico, irracional,  de permanente adaptación al medio. ¿Cuáles serían, pues, los errores cometidos, aquellos desde los que debemos re-iniciar la evolución social de nuestra especie?... el  más antíguo, probablemente, sea el de haber construido comunidades cuyas relaciones entre individuos se han ido estructurando sobre principios de autoridad jerárquica,  no fundamentados en la autoridad que otorga la experiencia, el conocimiento o la edad, sino a partir de la imposición mediante el uso de la fuerza física o por otras formas violentas de dominio;  otro error, poco menos antíguo, y consecuencia quizás del anterior, es el de haber aceptado como normal la apropiación individual de los recursos comunes del planeta que compartimos, lo que ha supuesto una fuente permanente de dominio (poder) y desigualdad (injusticia), provocando una gestión egoísta, discrecional, caótica  e irresponsable, de los recursos  necesarios para la supervivencia de las comunidades humanas como para la continuidad de nuestra especie, abocándonos a los riesgos que ahora se nos presentan como un abismo cierto e inminente, que tenemos que sortear, sí o sí .
Se me ocurre que el error autoritario tiene su expresión más primigenia y brutal en la leyenda bíblica de los hermanos Caín (el primogénito, el agricultor) y Abel (el pastor, el hermano menor). Su expresión histórica ha sido expandida y continuada desde tiempos inmemoriales en un relato bélico permanente,  que identifica la violencia como método preferido para establecer el dominio de los unos, individuos y pueblos, sobre los otros; el dominio que se impone por la fuerza para constituir la autoridad, la apropiación que se convierte en propiedad (dominio, poder, violencia al cabo)…con el mito religioso siempre de por medio, un dios que todo lo justifica, que a todos es útil, que todos adoran, verdugos y víctimas, Caín y Abel; ese Yahavé que manifiesta su preferencia por Abel, el cazador desheredado, que provoca la envidia de Caín, el agricultor y primogénito que siente agredida su autoridad y amenazada la herencia de su padre… siempre por medio la propiedad,  el dominio, la envidia, la herencia, la desigualdad, el poder, la violencia en definitiva.
Sabemos que hubo un tiempo en que las pocas gentes que poblaban el planeta cubrían sus necesidades actuando de forma colaborativa, que eran nómadas, que consideraban a la Tierra entera como habitat propio y colectivo, que recolectaban frutos y cazaban animales con los que alimentarse comunitariamente, compartiendo lo que consideraban que les pertenecía en común. ¡Cómo podrían haber imaginado aquella gente su propio planeta al día de hoy, este paisaje superurbanizado, superpoblado, superdesarrollado, supertecnológico, superinjusto, superamenazado!…

Antes de llegar aquí, abrumados por el rastro de sangre que causa el  ejercicio violento del  poder, hemos ensayado la Intermediación, todavía estamos en ello, como subterfugio para  institucionalizar el ejercicio del poder por medios pacíficos, en un intento de erradicar la violencia explícita. Y es ahora, quizá todavía a tiempo, cuando hablamos de re-evolución, cuando nos damos cuenta de que no es sino el propio poder (dominio, propiedad), el manantial inagotable del  fratricidio universal (de la injusticia, de la desigualdad) la fuente original de la propia violencia.
Hablamos de la intermediación del Estado, creado para defender la propiedad y el  ejercicio del poder  al amparo (subterfugio) de sus leyes y con la apariencia de justicia que éstas le otorgan; hablamos de estados feudales, soviéticos, capitalistas, dictaduras militares, hablamos del Estado, de la propiedad, del poder, del dominio, hablamos de violencia.
Hablamos de la intermediación  en forma de representación política de los individuos, del secuestro de la autonomía que les es propia a cada uno de ellos y ellas, de la que se han apropiado los partidos en las democracias estatales y parlamentarias o  “el partido” en las otras falsas democracias ensayadas, llamadas populares, estatales al cabo. 
Hablamos de la intermediación en la producción de bienes y servicios, la que establece el trabajo asalariado, el dominio (poder) de unos individuos sobre otros, del  individuo o grupo de individuos propietarios  de los medios de producción (la empresa), sobre otros individuos a su vez obligados a vender su trabajo a cambio de un salario, para poder sobrevivir, convertido su conocimiento y su esfuerzo en mercancía,  como perfecto icono de su propia  miseria, de su condición de individuo desposeído (no propietario), aquél  al que no hace mucho llamábamos esclavo.
Y hablamos también de la  poderosa intermediación del lenguaje, manipulado por el poder del Estado, propietario  intelectual  de la semántica, violencia al cabo; la interesada semántica que nos hace llamar “democracia” (gobierno del  demos, de la comunidad) a otra cosa que  no es sino el gobierno de la oligarquía  titular (propietaria) de la Intermediación; que nos lleva a denominar “opinión pública” a lo que dicen y escriben en los medios de masas  los propietarios de los mismos, llamar “pueblo” a la lista del  censo electoral, llamar “trabajadores” a los esclavos, “consumidores” a los clientes y  “contribuyentes” a los súbditos.

Voy  concluyendo:
a) Puede que no andemos tan despistados quienes desde el pasado mayo nos juntamos  a la intemperie, en muchas plazas de barrios, pueblos y ciudades del mundo; puede que estemos  aprendiendo el significado del verbo re-evolucionar.
b) Tenemos la certeza  de que la Intermediación (propietarios, políticos, financieros, rentistas, empresarios, inversionistas, mediáticos y todas las subclases que se reparten el  poder del Estado) constituyen una especie irremediablemente condenada a la extinción. Tenemos un sueño compartido y toda la esperanza depositada en esa certeza.
c) La re-evolución debería ser racional y, por tanto, pacífica, a los intermediarios les corresponde  colaborar pacíficamente en el empeño, ser  conscientes de que la re-evolución es para ir a mejor, tener muy presente que  la violencia sólo es justificable en caso de legítima defensa (nunca lo olviden).
d) Puede que esté cerca el día de la  re-inauguración de la ciudad de Nod, ésta donde vivimos, ésta donde todavía Caín sigue matando a Abel.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente publicacion. Yo busqué de pronto algo en gogle sobre lo que vengo pensando desde hace ya algunos años...Lo llamé :
La re evolución.
Se me ocurrió un dia que asi tenia que ser. La manera correcta de cambiar al mundo. Y que bueno que llegué aquí.