lunes, 13 de marzo de 2023

SUPERAR LA ANIMALIDAD PRIMARIA DEL PENSAMIENTO MODERNO, BURGUÉS Y PROLETARIO


¿Cómo no ver la correspondencia entre la lucha animal por el dominio sexual y la institución estatal del patriarcado, o entre el primario instinto animal de propiedad territorial y la institución del derecho a la propiedad de la tierra, del conocimiento y del gobierno, como a su concentración y acumulación capitalista?, ¿ y cómo no apreciar que el "éxito" de la civilización dominante  pudiera residir, precisamente, en su “naturalidad”. El predominio de lo que se ha dado en llamar “darwinismo social” es más que evidente en el orden social de la civilización estatal-capitalista y todo intento de reducción a su significación “científica” se derrumba ante la evidencia empírica de su amoralidad, intrínseca, institucional.

Está en juego una comprensión holística del devenir histórico de nuestra especie, la necesidad de una revolución epistemológica y hermenéutica, más cuando hoy sabemos lo que no pudieron saber las generaciones que nos precedieron, cuando a la luz de los últimos descubrimientos arqueológicos han quedado rotos todos los mitos y clichés que pesaban sobre las sociedades antiguas, previas a la civilización estatal-capitalista surgida hace cinco mil años en el Creciente Fértil, fijando la idea de aquellas sociedades como atrasadas y salvajes, en modo que sirviera a justificar el mito del Progreso como propio de la modernidad burguesa/proletaria.

Y sin embargo, hoy sabemos de aquellas sociedades antíguas lo que no pudieron saber las sociedades precedentes. Los últimas investigaciones y descubrimientos en el campo de la arqueología y la antropología han puesto al descubierto realidades sociales bien contrarias a los clichés asignados por las ciencias sociales de la Modernidad. Hoy sabemos que hubo grandes concentraciones urbanas con una organización social altamente igualitaria, en las que no se han hallado huellas de templos o palacios, ni de ningún otro rastro de la existencia de élites propietarias y gobernantes, mientras que sí hay rastro de edificios comunitarios y casas sin diferencias significativas. La idea moderna de idílicas democracias-directas, confinadas en pequeñas aldeas campesinas, ha sido desacreditada y hoy tenemos bien claro que hubo sociedades urbanas con antigüedad de más de cinco mil años, en Eurasia y en América, con democracias directas y más igualitarias que las actuales que solo han llegado a ser sucedáneas o representativas.

En el contexto de la expansión del conocimiento científico durante el Renacimiento, los intentos tradicionales de explicación filosófico-religiosa se volvieron cuestionables y ésto condujo al predominio de una filosofía positivista respecto de la interpretación científica de los hechos históricos, que no precisaba de apelar a explicaciones teológicas o metafísicas, como era práctica habitual hasta entonces. Pero ésto se quedó en pura intención filosófica, confrontada por una realidad de sentido contrario, como evidencia la naturaleza abstracta y metafísica, cuasi religiosa, de los nuevos mitos de la modernidad burguesa/proletaria, los del Estado, la Nación, la Propiedad, el Capital-dinero, o la creencia religiosa en la Tecnología y la Ciencia.

Si esa mentalidad positivista centraba su proyecto civilizatorio en una “sociedad del bien”, los hechos históricos han mostrado su perversión epistemológica, como han evidenciado las fracasadas revoluciones burguesas y proletaristas, que no han podido ocultar su voluntad totalitaria, economicista y depredadora. De ahí la mala fama que acompaña al positivismo y a su lógica universalista.

En el camino hacia una revolución integral  del conocimiento, tan necesaria como en los campos de la ética, la ecología, la política y la economía, hay que considerar como hitos fundamentales las ideas de científicos como Charles Darwin (1809-1882), Thomas Kuhn (1922-1966), Reinhart Koselleck (1923-2006) o Jacques le Goff (1924-2014).

En los ambientes intelectuales de la época de Darwin se discutían las ideas de superpoblación y competencia en la lucha por la vida, que defendiera Thomas Malthus en su “Ensayo sobre el principio de la población”, siendo decisiva su lectura para la formulación de la Teoría de la Selección Natural de Darwin. En pleno auge de esta teoría y tras muchas controversias iniciales, el concepto de selección natural fue trasladado a las relaciones sociales.

“La estructura de las revoluciones científicas”, escrita en 1962 por Thomas Kuhn marca un hito en la historia del Conocimiento; en su reflexión Kuhn llegó a concluir que los conceptos de Aristóteles no eran peores que los de Newton, solo diferentes. Con Khun se popularizó el término “paradigma”. Por otra parte, “La historia de los conceptosde Reinhart Koselleck es un riguroso instrumento hermenéutico para la interpretación de las fuentes históricas. La historia de los conceptos tiene como objeto “impedir la incorrecta aplicación al pasado de expresiones y conceptos de la vida jurídica del presente”, de modo que la historia conceptual sea considerada como crítica de la historia de las ideas.

Por otra parte, el medievalista Jacques Le Goff, representante de la Nueva Historia, exploró en profundidad una visión de la Edad Media alejada de romanticismos y otros anacronismos. Combatió los estereotipos predominantes en torno a la Edad Media, analizando esta época en sus fundamentales aspectos de tiempo, trabajo y cultura. Tiempo de la Iglesia, del mercado, del trabajo, de la cultura eclesiástica, de la tradición religiosa y del ritual simbólico del vasallaje, realizando una intensa y amplia aproximación histórica que comprende desde la descomposición del imperio romano hasta el Renacimiento, descubriendo así el espíritu ("mentalidad" según Le Goff) de una época que no fue ni tan uniforme ni tan oscura como suele presentarse.

Coincido plenamente con esta reflexión del líder kurdo Abdullah Öcallan: la Modernidad tiene precedentes, al contrario de lo que piensan la mayoría de las ciencias sociales...ya sean de izquierda, derecha o centro. Ningún intelectual de izquierda, incluido Karl Marx, dudó de la singularidad de la Modernidad o de que esta modernidad fuera europea.../...El socialismo real, por otra parte, a pesar de las afirmaciones en sentido contrario, nunca pensó en representar una modernidad diferente, ni teórica ni prácticamente. Aunque los portavoces del socialismo real a menudo afirmaban representar una nueva civilización, se referían al desarrollo y la competencia con el capitalismo en todos los ámbitos. Pensaban que estaban más cerca de las plantillas básicas y los pilares de la modernidad capitalista (el industrialismo, el Estado-nación y el capitalismo de Estado en sustitución del capitalismo privado) que del propio capitalismo, y por ello declaraban que su principal tarea era superar al sistema capitalista. Los experimentos socialistas reales, sobre todo en Rusia y China, demostraron rápidamente ser la sangre fresca que necesitaba la modernidad capitalista. El objetivo primordial de todos los movimientos de liberación nacional, considerado como la cima del éxito, era alcanzar lo antes posible a la modernidad dominante y lograr así una vida feliz. Nadie dudaba realmente de esta orientación teórica y práctica.

Sin embargo, si se examina el contenido y la forma de los últimos cuatrocientos años de modernidad dominante, no sólo llegaremos a la conclusión de que se trata de la manifestación más reciente de los tiempos (modernidades) de los cinco mil años de civilización. Al mismo tiempo, será fácil analizarlas cuando veamos que van de la mano y son eslabones de una cadena.Con mi defensa, tanto en este volumen como en los dos anteriores, intenté echar por tierra esta concepción de una modernidad universal singular y demostrar que siempre existe una alternativa a la modernidad dominante y que, a pesar de todos los intentos de suprimirla y disfrazarla, sigue existiendo en todas sus formas y contenidos como una cara de un par dialéctico de opuestos” (1).

Mi propia reflexión incluso va más allá en la búsqueda de precedentes, como ya dije al comienzo de este escrito, acerca de la sofisticada continuidad y actualización “moderna” de nuestros más primarios instintos animales, de dominio sexual y territorial, institucionalizados en formas sociales de jerarquía, como derecho “natural” al gobierno patriarcal (el Estado) y a la apropiación (capitalista) de la Tierra y el Conocimiento, los bienes comunales universales de los que depende nuestra existencia junto a la de todas las formas de vida.

De acuerdo con Öcalan en que siempre existió, en todas las latitudes, una realidad social más o menos rebelde y siempre opuesta al estado de dominación; de acuerdo en que no podría haber existido éste “Estado” sin la sociedad cotidiana del Común, de la ayuda y el cuidado mutuo en comunidad, sin una básica medida moral y ecológica del comportamiento humano. Sin esa sociedad básicamente comunitaria, oculta bajo el aparataje institucional y tecnológico de la economía convertida en política, no podría sostenerse el orden de la dominación. El problema no reside en su existencia, sino en la continuidad de su hegemonía, que ya tiene una antigüedad que va camino de superar los cinco milenios.

La clave puede consistir, a mi entender, en un cambio radical de paradigma científico o del conocimiento, que sea holístico y no compartimentado, que no separe los campos de la experiencia humana en ciencias Físicas y Sociales, como hace el pensamiento “moderno”. Dados los peligros y amenazas que se aceleran y estrechan sobre el próximo futuro de nuestra especie, necesitamos con extremada urgencia comprender que podemos seguir existiendo “naturalmente”, como animales racionales que han evolucionado a partir de un instinto singular, de conciencia ética y ecológica, que nos distingue del resto de animales y nos hace responsables de cuidar la diversidad y calidad del conjunto de la vida.

En el camino hacia ese nuevo paradigma, empecemos por comprender que en el pasado existieron otras y diferentes “modernidades”, y que siempre tenemos abierta la posibilidad de crear otras formas de vivir, y de organizarnos evitando el Capitalismo y el Estado,  que la actual modernidad ni es tan singular ni tan insuperable.El arqueólogo David Wengrow es autor, junto al antropólogo David Graeber, del libro “El amanecer de todo”. En este vídeo (con subtítulos en castellano) explica muy bien la  existencia de esas antiguas modernidades:

David Wengrow: https://youtu.be/8SJi0sHrEI4

Adjunto también, la versión en audio del libro El amanecer de todo

Nota:
(1) Del libro "Sociología de la libertad" (2008), de Abdullah Ocalan.Este libro es el tercer volumen de una obra de cinco volúmenes titulada "El Manifiesto de la Civilización Democrática". El objetivo general de los dos volúmenes anteriores consistió en aclarar lo que implicaba el poder y la modernidad capitalista. Aquí, Öcalan presenta su original tesis de la civilización democrática, basada en su crítica a la modernidad capitalista.


 

martes, 28 de febrero de 2023

REPENSAR EL FETICHE MODERNO DE "NACIÓN"


Gracias a mi relación personal con la gente de Abya Yala, me llega una videoconferencia de Rafael Bautista Segales  titulada “Pensamiento político y descolonización”, que enseguida suscitó mi interés y que recomiendo ver y escuchar atentamente, mediante este enlace: 

Conferencia de Rafael Bautista Segales

En marzo de 2022 dimitió de su cargo en el gobierno boliviano el escritor, pensador y filósofo boliviano Rafael Bautista Segales, considerado el hombre de confianza de David Choquehuanca (*). Ocupaba el cargo de director general de “Geopolítica del Vivir Bien y Política Exterior” de la Vicepresidencia y renunció, "desgastado", según sus propias palabras, por la “dictadura técnico-administrativa que no le ha permitido continuar la ejecución de proyectos de soberanía hídrica, alimentaria, medicinal y energética".

En su carta de renuncia venía a reconocer que "el laberinto burocrático que creíamos inicial, pero que ha resultado infinito", ha recortado su novedosa experiencia a nivel de la Vicepresidencia. Afirma que nada de ese trabajo fue valorado por “la mezquina y torva mirada de la burocracia convertida en poder desnudo e instrumento de dominación y represión continua”. (Fuente: periódico digital “El insurgente”, Bolivia, 2022).

En su conferencia, Rafael Bautista Segales hace un buen diagnóstico de la situación y lo explica muy bien, lástima que cuando entra a esbozar su propuesta estratégica no pueda evitar incurrir en grave contradicción con su previo y propio diagnóstico. Su propuesta estratégica es perfectamente contradictoria cuando apuesta por un “nuevo” Estado-Nación indígena, manteniendo el mismo fetiche -el de “nación”- inventado por los modernos Estados precisamente para destruir las comunidades convivenciales, incluidas las indígenas. Aún gobernado por una mayoría, fuera indígena o feminista, cualquier Nación-Estado no podría dejar de ser lo que siempre ha sido y es: el fetiche instrumental inventado por el Estado burgués-moderno para la dominación. 

Confiar en ese milagro es tan ilusorio como esperar que el patriarcado desaparezca mediante un parlamento nacional-estatal con mayoría de mujeres. El Estado no puede ser otra cosa que instrumento de dominación y la “Nación” es su fetiche por excelencia. Su disipación es condición necesaria para la superación del paradigma burgués de la Modernidad que propone Rafael Bautista Segales. Es condición  necesaria para todo proyecto revolucionario orientado hacia la descolonización-emancipación de la existencia humana, en todas las latitudes de la Tierra común; lo que es perfectamente compatible con la natural diversidad de culturas y formas de organizar la propia vida y soberanía de las comunidades humanas. 

Superar el fetiche de la “Nación”, propio del sistema estatal-mercantil de dominación, creado por el pensamiento “moderno”, es la última frontera a derribar en el camino hacia la construcción del nuevo paradigma integral de la emancipación humana, necesariamente ético, ecológico y comunitario a escala glocal... ¿pero tánto cuesta imaginar la democracia en su genuina forma comunitaria-directa-convivencial? , ¿la ayuda mutua y la solidaridad entre las comunidades humanas en modo de libre asociación, mancomunada y/o confederada, conservando la plena autonomía de personas y comunidades sin necesidad de sometimiento a ningún aparato estatal?, ¿por qué habría de ser imposible un pacto glocal, entre personas y comunidades, para declarar a la Tierra y al Conocimiento humano como Procomún de uso universal, por la vida en general y por la especie humana en particular?...¿y a qué viene seguir promoviendo esa idea  moderna de una "comunidad nacional", tan extraña a los pueblos y tan propiamente burguesa?

Con todo mi afecto, le digo a Rafael BS que  la revolución comunitaria, integral y glocal, necesaria para superar la distopía patológica en la que estamos atrapados, precisamente consiste  en impedir la destrucción de las comunidades a cargo de ficticias "comunidades nacionales" de creación estatal, para poder llegar así a glocalizar nuestra relación simbiótica con la Tierra común,  a la vez que la empatía entre humanos. Este es el nuevo paradigma que me atrevo a resumir como proyecto de un mundo procomún de la vida...en el que yo soy si Tú eres.

Nota:

(*)David Choquehuanca Céspedes es dirigente sindical y político boliviano de origen aimara. Es el vicepresidente de Bolivia desde el 8 de noviembre de 2020, tras vencer en las elecciones presidenciales con el 55 % de votos en tándem con Luis Arce como presidente, abanderado por el MAS-IPSP. Anteriormente, fue ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia entre enero de 2006 y enero de 2017, durante el primer, segundo y tercer gobierno de Evo Morales. Entre 2017 y 2019 también ejerció como secretario general de la alianza ALBA (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América es una organización internacional de ámbito regional, fundada en 2004 por países de América Latina y el Caribe, con énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en ideologías de izquierda).



 

sábado, 25 de febrero de 2023

AS BESTAS MODERNAS


Ya dije que el éxito del pensamiento burgués, o moderno, consiste en una sistemática y hábil inversión de conceptos. 

Si aspiras a ocupar el lugar de tu jefe, tienes que hacer tu campaña cantando las maravillas de la empresa moderna e innovadora, abierta a la participación democrática de los empleados, poniendo a parir al viejo modelo de la empresa autoritaria, tienes que mostrar públicamente lo progresista, demócrata y moderno/a que tú eres, y así tu jefatura tendrá un buen seguro por una larga temporada, al menos mientras perdure tu imagen de empresario/a moderno/a en la memoria de tus empleados y empleadas. Y si planeas asesinar a alguien, lo mejor que puedes hacer, previamente, es adularle públicamente, preparar con tiempo tu coartada. Algo parecido es lo que hizo Napoleón, y mira, le valió ser emperador absoluto en contra del absolutismo y en nombre de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la República.

Así, con ese inteligente truco, te puedes permitir el lujo de tener una sirvienta guatemalteca a la que tratarás como amiga, porque lo haces para ayudarla, y a la que no contratarás, ni asegurarás, para no humillarla, porque tú eres su amigo, un igual, generoso, progresista y muy moderno. O puedes ser una ejecutiva tan capacitada y eficiente como cualquier machito-ejecutivo-prototipo del patriarcado capitalista, pero tú no, tú tendrás buena conciencia siempre que ejerzas tu patriarcado en defensa del derecho a la igualdad de las mujeres, como conquista tuya, de tu moderna liberalidad y tu feminismo.

Aunque no lo parezca, estoy hablando de “as bestas”, también de la película, cuyo interés, más que en la historia que cuenta, reside en los comentarios e ideas que suscita. La película ha gustado mucho a los ecologistas modernos, partidarios de las energías renovables aunque sospechen que no son renovables, pero que las defienden a condición de que no jodan un imaginario paisaje “rural-natural”, que no existe. Y les ha disgustado a los neorrurales y modernos defensores de un medio social-rural  igualmente imaginario, campesino y tradicional, que tampoco existe. Por lo tanto, me parece a mí que con estos precedentes se trata de una discusión bastante estéril en el fondo, que genera una forzada polarización de opiniones, muy artificial y no menos imaginaria, pero que resulta bien útil al principio moderno de inversión conceptual... ¡qué buen truco! , no me extraña que haya sido exitoso por más de tres siglos.

Según la ONU, los campesinos son responsables del 80% del alimento producido en el mundo y, sin embargo, también es la población más propensa a sufrir hambre. En Europa solo el 25% de la población habita las zonas rurales. En el Estado español, el 15,9% estaba censada en municipios rurales en 2020. Estos municipios suponen el 82,0% del total y ocupan el 84,0% de la superficie estatal.

Menos de un 4% de la moderna población rural europea es profesionalmente campesina, el resto es perfectamente moderna, dedicada a los mismos oficios que las poblaciones urbanas, de servicios, burocracia y comerciales, con la única diferencia de una mayoritaria presencia de gente mayor, masculina y pensionista, contaminada igualmente de  la urbana modernidad, con sus mismas dependencias del Estado y sus mismos hábitos urbanos, de consumo mercantil y cultural. 

Yo he visto igual solidaridad vecinal en pueblos que en ciudades, pero solo en casos de accidente o catástrofe, y cuando la gente está realmente jodida; pero solidaridad no es comunidad, le falta mucho, lo es solo en modo prepolítico. ¿De qué población rural-tradicional estamos hablando, si no existe?, ¿de la medieval y relativamente asamblearia y comunal; de la que vivió en los industriosos siglos XIX y XX, dispuesta a emigrar en cuanto pudiera; de la europea de los años que siguieron a las dos primeras guerras mundiales; o hablamos de la sociedad rural de los años de la posguerra civil española? Me lo aclaren.

La población rural-tradicional no sobrevivió a la Modernidad, hace mucho que no existe porque emigró o fue emigrada, que viene a ser lo mismo. El desarrollismo económico del Estado franquista, desplegado a partir de los años sesenta y luego la política agraria de la UE, la PAC, era para eso, para "modernizar" los pueblos y campos españoles y europeos, instaurando un modelo de explotación agropecuaria industrial y comercial, dejando tras de sí un rastro de casas molineras deshabitadas y tierras bien baratas, a precio de saldo muy tentador para los modernos negocios del comercio alimentario, del turismo rural-escénico, de los campos de golf y deportes de aventura, como para el negocio inmobiliario dedicado a la construcción de chalets adosados para pijos con jardín, en parcelas próximas a las oficinas y fábricas de la moderna metrópoli...y es que el mundo moderno es burgués (urbano) y no existe otro mundo. 

Y no es de ahora, que ya hace mucho que lo es, gracias a la masiva repoblación de las ciudades con emigrantes campesinos que, por cierto, ha sido reactivada en los últimos años, promovida por los modernos Estados y Mercados de la globalización. Inmigración como negocio, sí, pero con diferente intención: ahora es para desviar el cabreo de las clases medias en la decadencia del Estado de Bienestar capitalista, para contener los salarios con mano de obra barata, para utilizar a los nuevos emigrantes como sospechosos y presuntos competidores en la lucha por el trabajo y la supervivencia, arrojados al mercado como chivo expiatorio, para distracción de las masas urbanas modernas, as bestas.

El paisaje rural que muestra la película engaña con o sin querer, contribuye al exitoso mecanismo de inversión conceptual: el sucedáneo por el original, es decir, cuando el imaginario construye la realidad. Genera polarización y una confusión perfecta, bien palpable en los comentarios que provoca esta película. La sociedad rural retratada en "As bestas", con su bestialidad, con el odio por el extranjero que transpira, con su miserable peseterismo, súbitamente vuelto ecologista, partidario de ecológicas energías que ni son ecológicas ni renovables, oculta en su reverso la patética modernidad de una sociedad rural fosilizada, no menos sumisa, corrupta y moderna que la urbana, solo que bien escenificada tras la tramoya de un salvaje escenario “rural-natural”. Todo muy bien interpretado y al inverso modo moderno. Lo sé porque vivo allí y porque yo mismo llegué impulsado por la imagen idílica de mis abuelos campesinos, Rosa y Nicolás.




lunes, 20 de febrero de 2023

Sí, TODO POR HACER

 

Lo hecho ya pasó y no tiene arreglo, como no sea a presente y a futuro. Es en el Por Hacer donde podemos aplicar las enseñanzas del pasado, es ahí donde, como dice Karlos Luckas, “nos encontramos en una especie de torbellino que no termina de cuajar en una senda común de acumulación de fuerzas revolucionarias”, aunque yo precisaría: "capaces de cambiar el rumbo de los acontecimientos".

Y en esa inercia del torbellino estamos atrapados, añado yo, en modo que resulta fácil precipitarse y meter la pata "revolucionaria". Respecto a la necesidad de una nueva teoría de la revolución, añado la de incorporar a ésta una permanente sospecha escéptica, acerca de su factibilidad. La experiencia histórica así lo demuestra y demanda. De tener una idea del mundo que queremos, ésto ya implicaría un juicio del mundo que no queremos. Supongamos que fuera el de la decadente época en que vivimos, esta modernidad tardía que nos aboca a un futuro que presentimos más que peligroso, como un perverso proceso hacia la artificialización de la existencia humana.

Necesitaríamos, pues, saber cómo abortar este proceso, cómo empezar a construir la  nueva época de ese otro mundo mejor, una teoría y una estrategia, un proyecto factible, que tuviera efecto demostrativo que lo hiciera creíble. Por eso que la mejor estrategia será aquella que, en congruencia con el deseo (la teoría), se proponga a sí misma como anticipación terapéutica, reparadora y demostrativa, efectiva para la sanación  del viejo y patológico mundo moderno. Si se piensa, como a mi me sucede, en los males del mundo moderno-contemporáneo como grave patología de la Modernidad, la entendamos como burguesa o proletaria, a continuación estamos obligados a explicar en qué consiste esa  patología, antes de atrevernos a proponer una revolución integral como terapia alternativa y realmente curativa. Ni conspiracionismos ni curanderismos. Para mí esa patología es, en resumida esencia,  consecuencia de disociar la ética de la ecología y la política...pero ¿cuándo sucedió ésto y por qué?, y ¿por qué este divorcio es tan enfermizo, tan crónico y terminal en definitiva?

Solo ahora empezamos a tener consciencia de las consecuencias que acarrea ser la especie propietaria de la Tierra. Ahora que somos más de ocho mil millones de individuos y la mayor parte vive hacinada en colosales aglomeraciones urbanas, cuando asistimos a la reducción masiva de la biodiversidad y vemos agotarse las fuentes de energía que sirvieron al espectacular progreso atribuido a la Modernidad capitalista, y apenas empezamos a atisbar su lado oscuro, junto a los enormes peligros que amenazan el futuro de nuestra especie, precisamente como consecuencia,  insisto, de nuestro "éxito evolutivo". Por eso que ha llegado el momento de cuestionar este éxito en profundidad y a escala entropológica-global o de especie,  más allá de  identidades particulares, de razas y clases sociales, de pueblos, culturas o naciones-estado; porque siendo global el Problema, teniendo como causa última  un concepto global de la evolución humana, como Progreso en modo de crecimiento y consumo  sin límites de la naturalezaparece obvio que  de ser posible una solución ésta no podrá ser parcial ni superficial, sino integral y global, es decir, a escala de especie.

Acostumbramos a situar el lugar alcanzado por la evolución humana a gran distancia, en un nivel superior y diferente al del resto de  animales, pero ésto es muy cuestionable en cuanto observemos que instintos tan primarios y comunes a todos los animales, como los de territorialidad y jerarquía, siguen determinando la conducta y  organización social de nuestra especie como  las de otros  animales. Y que su diferencia solo es aparente tras su sofisticación. Sin embargo, acostumbramos a poner por delante nuestro más especial instinto -ético, decimos- que supuestamente nos distingue como especie singular. Supuestamente quiere decir teóricamente, porque en la práctica, el balance de nuestra evolución histórica deja mucho que desear, porque sigue mostrando la prevalencia de nuestros instintos animales más primarios, de territorialidad y jerarquía. Lo que no cambia porque nos refiramos a ellos metafóricamente como "derechos", que de hecho sirven a perpetuar los instintos animales de territorialidad y jerarquía. Incluso hemos llegado a consagrarlos en el frontispicio universal con el título de  Derechos Humanos, tal es la inversión conceptual  que, por inercia y costumbre, el  significante sucedáneo  acaba por hacerse familiar entre nosotros, e incluso a determinar lo que es "la  realidad".

A base de repetir mil veces la palabra ética no se consigue que el comportamiento acabe siendo ético. Solo es cierto para una ínfima parte de la especie. Solo vagamente, nos referimos a ese  instinto ético por el que tenemos conocimiento y conciencia  del mundo y de nosotros mismos, por el que deberíamos  sentir la carga de responsabilidad derivada de nuestro personal comportamiento en sociedad y naturaleza. Ningun otro  animal ha llegado a desarrollar ese instinto, nos consta que en el planeta que habitamos  no hay nadie que posea tal conocimiento de sí y del mundo, del que pudiera emanar ese instinto ético, nadie a quien pudiera pesarle la carga de responsabilidad  que conlleva tal instinto.

Pues bien, viendo a donde hemos llegado, es evidente lo débil que todavía es, de hecho, nuestro instinto ético, tanto como para permitir una evolución humana tan irresponsable y tan abandonada al dominio de nuestros primarios instintos animales de territorialidad (propiedad) y jerarquía (gobierno). Eso ha beneficiado solo a aquellos individuos con el poder de  imponerlos como "natural" norma y costumbre. Son los que pudieron hacerse con la propiedad de la Tierra y el Conocimiento a la par que con el dominio sobre las condiciones de existencia de individuos y comunidades. Son los protagonistas de una Historia por ellos escrita. Su derecho de propiedad y gobierno siempre lo creyeron  “natural”, y hasta "sagrado", por analogía con la ley natural que veían gobernar la  Naturaleza, donde sobrevive mejor el individuo mejor adaptado a esa ley de la competencia, o de  la selección natural, que Charles Darwin elevara a categoría científica al meter a nuestra especie en el mismo saco de la evolución general de las especies. Pero,  ¿no es la ley de la propiedad y del mercado capitalista la mejor expresión de esa ley natural?, y ¿no es la organización estatal de las comunidades humanas la más clara expresión del orden jerárquico que sigue imperando al interior de nuestra especie?, es que ¿no es cierto que aquel individuo que no se acomode a esta Ley será marginado, cuando no perseguido o anulado en alguna forma?

Así, desde fechas que no podemos fijar en el calendario de la historia humana, en las que alguien dijera “esta tierra es solo mía y de mi descendencia”, “yo soy el que más sabe y el que más puede" y, por tanto, "yo soy el que manda”... siempre se dio un pulso desigual al interior de las comunidades, entre  primarios instintos  y el singular instinto ético, exclusivo del animal humano. Si repasamos la parte última de la Historia, veremos que durante milenios fueron una mínima excepción aquellos momentos  de los que podamos decir que primara el instinto ético sobre los   de territorialidad y jerarquía. Hasta ahora, nadie podrá negar que la historia humana  ha sido una sucesión de gobiernos propietarios y jerárquicos, sustentados en última instancia por su fuerza bruta, siempre sin más pausa que aquellos momentos de recambio, de un Soberano por otro, fuera monarquía o república,  estado o  imperio; o bien por  paréntesis derivados de su propia decadencia y corrupción interna. Y cuando ésto sucedió, como ocurriera tras la descomposición del imperio romano, la autonomía de las comunidades campesinas y sus prácticas comunales y democráticas, durante el medievo feudal, siempre fueron incompletas, limitadas autonomías, siempre tuteladas por los  poderes nobiliarios y eclesiásticos, propietarios de la tierra y del conocimiento, como del gobierno y destino de las gentes. Siempre, al igual que ahora, el instinto ético acabó siendo domesticado,  siempre subordinado a los de propiedad y jerarquía, siempre a expensas de la voluntad de un Soberano, expropiado, como  los comunales y las democracias de los medievales concejos campesinos, siempre usados por el Soberano como graciosas concesiones, o fueros...y eso en el mejor de los casos.Y todo a cambio de un supuesto pacto con el Soberano: de sumisión, a cambio de su promesa de seguridad y orden. 

Alrededor del siglo XV se inició un cambio que  determinaría el futuro "moderno" de nuestra especie, al menos hasta el presente. El punto de inflexión fue sin duda la conquista europea de nuevos territorios en desconocidos continentes, gracias a los avances tecnológicos de la navegación y la milicia. La colonización-expropiación   de nuevos territorios generó un mundo nuevo, con nuevas y modernas clases sociales, según la nueva división de la propiedad y del trabajo, clases y subclases, de siervos, esclavos, terratenientes, comerciantes, artesanos, artistas, literatos, filósofos, banqueros, científicos...un comercio global de mercancías y el auge de una población burguesa que entraba en competencia  con la vieja clase “noble y eclesiática” dominante hasta entonces; y poco después, entrara en competencia interna  con la clase campesina recién devenida en proletaria,  obligada a vivir de la venta de su trabajo a poco de ser desposeída de sus propias tierras y ver cercadas las comunales, recién iniciada la revolución industrial  en la Europa del siglo XVIII.

La rebelión de esta nueva y gran clase burguesa, concentrada en las nuevas ciudades industriales, no tardó en producirse como sucesión de revoluciones liberales, sea en modo cultural, político o industrial, caso de la Ilustración, la revolución Francesa o la industrial  iniciada en Inglaterra, entrando en directa competencia con nobles y eclesiáticos, en nombre de la libertad y contra el Antiguo Régimen feudal de los gobiernos absolutistas. Se inauguraba así la época Moderna, en cuya fase tardía estamos, todavía. No se entenderá el éxito de aquella rebelión burguesa y su duración de más de tres siglos, sin comprender cual fue el mecanismo conceptual empleado, al que llamaron “el imperio de la razón” y que, básicamente, consistía en una ingeniosa inversión conceptual de significantes, como los de libertad, progreso y democracia. Véase, si no,  cómo en la misma Francia revolucionaria, el levantamiento contra el regimen absolutista devino al poco en un regimen republicano no menos totalitario, simulado tras un velo parlamentario de apariencia asamblearia o democrática. Y véase cómo fue fijado el moderno concepto de “progreso” como nueva religión cívica, que en teoría abría las puertas de la Historia a la igualdad de las clases sociales, mediante un presunto derecho de acceso universal a la propiedad y al consumo; a la libertad económica como derecho ejercido en un  mercado supuestamente “libre”; a la democracia como asamblea política de ciudadanos presuntamente iguales...o sea: todo un artificio conceptual basado en la presunción de unos derechos humanos universales, que fueron y siguen siendo el armazón del imaginario liberal-burgués de la Modernidad. 

La investigación del historiador y filósofo alemán Reinhart Koselleck (1923-2006), en torno a la historia de los conceptos, aclara muy bien cómo muchos conceptos que hoy nos parecen fijos, en realidad cambiaron de significado a lo largo de la historia, a la medida del interés y deseo de las élites dominantes en cada momento, que acabaron imponiéndolos por fuerza,  de ley o  de costumbre.

La revolución burguesa creó las condiciones para la “modernización” del antíguo sistema de dominio feudal, lo actualizó, creando una versión ilustrada o moderna de sí misma: el moderno Estado-Nación, conforme a los instintos de propiedad territorial y gobierno jerárquico,  perfectamente acorde a su mercantil y competitiva visión del mundo, llevada a la práctica como economía  (capitalismo) propia de las sociedades modernas. La burguesía  atinó a modernizar  el viejo concepto romano de República   adaptado a su modo “liberal-burgués”, es decir, perfectamente compatible con la apropiación y explotación, industrial y comercial, de la naturaleza y del trabajo humano, sin límites. Fue sin duda una revolucionaria recreación histórica que triunfó y sigue haciéndolo hoy en  día, sin que encontremos mejor explicación para ello que la sumisión voluntaria de la mayoría social. Su justificación teórica está contenida en “El contrato social”, el libro que escribiera Jean Jacques Rousseau a mediados del siglo XVIII, donde el autor teorizaba sobre filosofía política, estableciendo la necesidad de un supuesto “contrato social”, entre dos entes tan abstractos como la Sociedad y el Estado, un contrato imaginario como garante de la libertad e igualdad de los súbditos-ciudadanos bajo la protección y el poder del "nuevo" Estado-Nación. Acababa de ser inventado un nuevo concepto, el de "Nación" equivalente a Pueblo. Si al Viejo Regimen feudal le bastaba la propiedad del territorio,  el Estado moderno quería, además, un Pueblo-Nación unido en la sumisión al Estado.  

El pensamiento ilustrado hizo una exitosa pirueta conceptual, para, en nombre de los Derechos Humanos  fundar un "orden teóricamente nuevo” cuyas instituciones estaban pensadas, precisamente, para impedir esos derechos y perpetuar la servidumbre y desigualdad, así como para disolver toda forma de comunidad que no fuera la artificial “comunidad nacional” de factura estatal. Es la misma pirueta que hace todo Estado cada día,  en nombre de la libertad, para adoctrinar a niños y jóvenes en escuelas y universidades estatales, públicas y privadas; y a la población general a través de los aparatos culturales y mediáticos con los que cuenta todo Estado moderno; o cuando en nombre de la paz, se financia "públicamente" la fabricación y comercio de armas de guerra, se equipan y entrenan ejércitos  "nacionales" para guerras estatales, siempre territoriales y comerciales.

Solo ahora, cuando empezamos a ser conscientes de lo pequeño que se nos ha quedado el planeta para la enorme masa de humanos que lo habitamos, ahora que vemos agotarse las fuentes de energía que han permitido el espectacular crecimiento de nuestra especie y que experimentamos directamente los devastadores efectos de un modelo de progreso basado en la depredación sistemática de la biodiversidad y de las fuentes de energía, sólo ahora llegamos a percibir las consecuencias del mal uso de la Tierra y del Conocimiento humano, que ponen al descubierto sus verdaderas causas, como a sus responsables.

Se podrá especular y polemizar cuanto se quiera, con todo tipo de argumentaciones históricas, filosóficas, científicas y políticas, pero será imposible convencerme de que podremos salir del "torbellino" en el que estamos atrapados, sin empleo a fondo de nuestro instinto ético, y sin una nueva teoría-concepto de la propiedad y del gobierno, que sea radicalmente contraria a la teoría burguesa hoy dominante. Es absurdo pensar en soluciones mágicas a la crisis global,  pensar que se puede acabar con la desigualdad sistémica, regenerar la biodiversidad o revertir el cambio climático, manteniendo el derecho de apropiación -privada o colectiva – sobre la Naturaleza y sobre el Conocimiento, tan  imposible como absurdo mientras perdure el orden jerárquico-estatal que rige sobre las sociedades humanas, haciendo irresponsables y asociales a los individuos sometidos.

Por eso que hierran quienes crean que hemos llegado al fin de la Historia, tanto quienes sueñan la utopía tecnológica-transhumana, como los agoreros que auguran la inevitabilidad del próximo colapso y la extinción de nuestra especie. Hierran porque ningún futuro está determinado, cuando ni siquiera alcanzamos a imaginar ese “otro mundo mejor” que queremos, cuando no tenemos elaborada una básica teoría integral de ese nuevo mundo, cuando todavía no alcanzamos a concebir nuestras vidas como autónomas, cuando carecemos de una mínima experiencia de autogobierno en auténticas democracias, si todavía no nos cabe en la cabeza que podemos vivir mejor con menos cachibaches superfluos y liberados de artificiales necesidades, si todavía no sabemos cómo autoorganizarnos para la convivencia, ni cómo revertir la tecnología para que juegue a favor de la vida y no en contra, si seguimos ignorando quién es el verdadero Soberano, cuando no haciendo la vista gorda ante  quién o qué gobierna nuestras vidas; si ni siquiera llegamos a imaginar cómo compartir nuestros bienes comunes, de la Tierra y del Conocimiento, si todavía estamos lejos de querer asumir la responsabilidad que tenemos en el equilibrio ecológico y en el cuidado de la vida toda, y en especial de la humana vida ...entonces, ¿a qué viene eso de que estamos llegando al fin de la Historia?, ¿qué sentido tiene esta tristeza nihilista que campa a sus anchas por el mundo, la desidia y el pesimismo, cuando sabemos que todo  comienza y cambia cada nuevo día, qué sentido tiene tergiversar el concepto de sumisión atribuyéndole el significado de "civilización", qué sentido cuando queda tanto  Por Hacer?