Mientras escribo ésto, en el Ateneu de Barcelona, Miguel Riera, director de "El Viejo Topo" y Diego Fusaro (1) están presentando el libro del que es autor este último, títulado "Sinis Trash" (basura), con un subtítulo que adelanta la principal intención del libro: "Contra el neoliberalismo progresista", que también admite darle la vuelta: contra el progresismo neoliberal.
El propio título ya es confuso. Sinis pudiera referirse tanto al significado "cínico", como al personaje mitológico que fuera considerado como célebre malhechor, muy poderoso, con tanta fuerza que "doblaba árboles", pinos concretamente. A Sinis le dio muerte Teseo, el héroe mítico que fuera fundador de Atenas y matador de todo bandido o monstruo que se cruzara en su camino al trono, siendo su más célebre asesinato el del Minotauro en el Laberinto de Creta. Se dice de Teseo que su figura representaba al héroe civilizador y unificador...y por ahí debiera andar la cabeza de Diego Fusaro cuando le puso tal título a ese libro. Sinis de malhechor y cínico, Trash de basura. Téngase en cuenta que a partir del ejemplo de Teseo en el Ática, se sigue llamando "sinecismo" -de Sinis- al movimiento "civilizador y unificador" que lleva a la concentración de la población y a la fundación del Estado.
Sinopsis:
“Aquí, Diego Fusaro reprocha amargamente a la izquierda progresista posmoderna y neoliberal, ampliamente mayoritaria hoy entre las izquierdas, que tras abandonar a Marx, a Gramsci y a los trabajadores, dé cobertura y amparo al capitalismo global, que ya no ve como su principal enemigo. En efecto, hoy esa izquierda ya no tiene como objetivo la lucha contra el capital y la defensa de los de abajo, sino que, sumisamente, se somete a él, dividiendo a la clase a través de políticas identitarias y convirtiéndose de facto en la guardiana protectora del capitalismo realmente existente, escondido tras la máscara de la lucha por el progreso y la conquista de derechos de minorías, combate que la vieja izquierda llevaba a cabo en una lucha global contra el patriarcado y el capital. Hoy, para Fusaro, la izquierda realmente existente es objetivamente cómplice del capitalismo, habiéndose divorciado del pueblo, de los trabajadores, sustituyendo esa lucha por la consecución de un progreso perfectamente compatible con los postulados del vigente neoliberalismo, sin cuestionamiento real de las relaciones de poder hoy existentes.Sinistrash da cuenta de esta reconversión de la izquierda y reclama el retorno a la lucha contra el capitalismo depredador de nuestros días".
Recientemente "El Viejo Topo" ha anunciado la próxima publicación en castellano de un libro de Paolo Botta (2) titulado "Cos e l´stato" (qué es el Estado), que viene a ser complementario del anterior, porque abunda en la misma tesis de Fusaro en defensa del Estado-nación-presuntamente anticapitalista, un enfoque que resulta muy del gusto tanto de las extremas derechas de ultima hora, las trumpistas, como de esa parte de las izquierdas recicladas, neomarxistas y nacionalistas (rojipardas) que como el resto de las izquierdas residuales también se considera anticapitalista. Esta facción es la representada por el Viejo Topo en el solar del estado español, con el joven filósofo italiano, Diego Fusaro, de mascarón de proa.
Sinopsis:
"El ensayo de Paolo Botta «¿Qué es el Estado?» analiza con lucidez la crisis estructural del capitalismo contemporáneo y la redefinición del Estado como actor central en la regulación de los procesos económicos, sociales y tecnológicos del siglo XXI. El autor desarrolla una perspectiva original que entrelaza la crítica marxista, el análisis geopolítico y las reflexiones sobre las nuevas formas de socialismo, con especial énfasis en la experiencia china como paradigma alternativo a la crisis occidental.
Este ensayo es una obra fundamental para comprender las dinámicas sociopolíticas contemporáneas. El autor no se limita a comentar la crisis actual del Estado-nación, sino que emprende una exploración teórica radical de los conceptos de Poder, Política y Estado.
El resultado es una tesis audaz y bien argumentada: el Estado no está en decadencia, sino que simplemente ha reconfigurado su soberanía y protagonismo, a menudo ocultados tras las narrativas ideológicas de la globalización y el neoliberalismo. Todo el marco lógico, que culmina en el análisis de la estrategia estatal, incluyendo la de las diversas formas de socialismo, es admirablemente riguroso y de una relevancia sin precedentes".
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Como adelanto del libro he leído el artículo de Paolo Botta publicado en la revista "Rebelión" el pasado 20/12/2025 titulado "Del occidente en crisis al modelo chino: el camino socialista en el siglo XXI" En ese texto se dicen cosas como ésta:
“China representa una demostración concreta de la posibilidad de un socialismo del siglo XXI capaz de generar crecimiento, innovación y estabilidad” .
¿A qué suena muy familiar esta retahila del "crecimiento-innovación-estabilidad"?, ¿acaso no es la misma del discurso neoliberal?
El periodista italiano Gianbattista Cadopi, apologeta del ensayo escrito por Paolo Botta, dice del mismo que explica muy bien cómo el capitalismo no es igual en todas partes y que este libro de Botta lo demuestra: "el Estado ejerce sobre el modo de producción capitalista una influencia muy fuerte en virtud de su fisonomía homogénea. La pregunta crucial que surge es: ¿adopta el capitalismo formas diferentes en los distintos contextos políticos (y, por lo tanto, estatales) en los que se ve obligado a operar?. La respuesta es afirmativa. El ensayo enfatiza que el capitalismo, con un enfoque puramente liberal y antiintervencionista, no existiría como tal. La intervención estatal no es una anomalía, sino la condición sine qua non del sistema".
Esta última frase lo explica todo...pero no sirve de nada razonar con quienes no ven contradicción en pronunciamientos como éste...no, y no es porque yo piense que son mala gente. Me pasa lo mismo con la "buena gente" cristiana, esa que habla con imaginarios seres extraterrestres y hasta con estatuas de vírgenes y santos; y me pasa también con esa otra gente, que acostumbrada a llevar la contraria por sistema, cuando le das la razón también te lo discute.
En su día, me pasó con gente "de izquierdas", en aquellos tiempos en que se hablaba del "chavismo" y de su "revolución bolivariana", etiquetada como "el socialismo del siglo XXI", lo mismo que ahora -según Botta, Fusaro y El Viejo Topo- tendríamos que adjudicarlo al actual Estado chino, esa república popular, monárquica y comunista, que va camino de ser la primera potencia capitalista del siglo XXI. Todo así de clarito.
Incluso declarándome yo "comunalista" de tradición anarquista, tuve gran discusión con anarquistas venezolanos que en su día estuvieron apoyando un proceso "comunalista" tan falso como el creado verticalmente desde el Estado, por el gobierno de Chaves...¡no veían contradicción alguna en la formación de un "Estado Comunalista"!...no, porque en todo caso, decían, "aún así, eso es mejor que nada".
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A Marx le gustaba el capitalismo por su eficiencia económica en el desarrollo tecnológico y de la industria; imaginaba lo que eso sería en manos del proletariado; pero el Estado le gustaba poco, solo por el tiempo imprescindible; pensaba que tanto el Estado como el Capitalismo serían necesarios en los primeros tiempos de la revolución comunista, pero que a la larga, una vez consolidado el desarrollo capitalista bajo la dictadura del proletariado, sería necesario abolir el aparato del Estado, por ser éste incompatible con la desaparición de las clases y la emancipación humana (objetivo último de la revolución).
Sin embargo, no se sabe de ningún partido marxista, ni neomarxista, que a día de hoy suscriba tal intención de abolir el Estado, ni pronto ni a la larga. Como tampoco se sabe de ninguno que reclame la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, ni del trabajo asalariado, que serían las dos medidas más básicas de cualquier proyecto realmente anticapitalista.
Diego Fusaro ataca a ese progresismo multicultural que congracia bien con el neoliberalismo globalista y que se etiqueta a sí mismo de anticapitalista, sin vergüenza y con la boca pequeña, en flagrante contradicción con sus políticas identitarias, claramente liberales, que le hacen el caldo gordo al sistema financiero global y a su depredadora dinámica crecentista. Hace bien Diego Fusaro en reclamarle a esa izquierdas acomodaticias un retorno a la defensa de los desposeídos y más débiles, y a la lucha contra el capitalismo "verde y depredador" de nuestros días. Ahí acierta, pero no puedo estar más en desacuerdo con "la solución" que propone: un "sistema oximorón" de socialismo estatal, marxista/nacionalista y capitalista al modo comunista del Estado chino, cuyo modelo no es menos aberrante que el del progresismo neoliberal al que desprecia llamándole trash, basura.
En la imaginación de estas izquierdas no cabe una sociedad sin clases, no pueden pensar que la democracia pudiera ser un fin en sí misma, algo más que mero trámite o procedimiento. A pesar de los más de cinco milenios que cumple el aparato de dominación que llamamos "Estado", todavía andamos preguntándonos, como Paolo Botta: qué cosa es ese "aparato". No ven, no pueden ver, la relación directa, cosanguínea, entre patriarcado-derechos de propiedad y herencia-capìtalismo y Estado. Son: feministas, ecologistas y socialistas estatales, anticapitalistas de boquilla, cínicos reclamantes de un buen capitalismo y de otro mundo (estatal) mejor. Cargados con ese batiburrillo ideológico, saturado de incongruencias tan básicas, ese barullo de partidos y facciones de partidos escindidos a su vez de otros partidos, es lo más parecido a lo que popularmente siempre se entendió como un vendimiar sin saber para quien, o un andar por el mundo como pollo sin cabeza.
Por ejemplo, no hay ninguna facción de esas izquierdas progresistas que cuestione la Carta Universal de los Derechos Humanos, que como caballo de Troya, esconde en su interior el "derecho" a la apropiación privada y en parcelas del planeta Tierra (lo que incluye la biosfera al completo) y ya, de paso, esconde también el "derecho" a la apropiación privada del Conocimiento y del Trabajo humano, productivo y reproductivo. Ni siquiera desde el ecologismo radical se cuestiona este derecho, haciendo gala de una clamorosa ignorancia científica: como si la propiedad privada de la tierra fuera compatible con una gestión sostenible, realmente ecosocial y democrática; o como si la propiedad de la tierra no fuera un factor tan determinante del desastre ecológico como lo es el calentamiento global, la contaminación o la depredación y devastación sistemática de la biodiversidad.
Ni siquiera lo entiende esa facción "de izquierdas" que está más cerca de comprender la relación directa entre propiedad privada, capitalismo y totalitarismo, me refiero a ese ingenuo anarquismo que históricamente reclama "la propìedad de la tierra para quien la trabaja"...¡como si fuera deseable una forma de capitalismo obrero, a condición de ser "pequeñocapitalismo"!. Diganme si ese no es el mismo pensamiento "de derechas" que exalta el ideal del "capitalista honrado, de origen humilde, hecho a sí mismo a base de mucho trabajo".
Pues eso.
Notas:
(1) Diego Fusaro es un filósofo italiano que se autodefine como pensador marxista y es conocido por su crítica mordaz al neoliberalismo progresista y a las políticas reales de la Unión Europea. Es una figura controvertida, situada por algunos críticos como difusor de teorías "rojipardas", y como un anticapitalista radical por otros.Ha publicado en El Viejo Topo: Marx idealista; Todavía Marx; Filosofía y esperanza; La farmacia de Epicuro; Europa y el capitalismo; Odio la resiliencia; El nuevo orden erótico; Defender lo que somos.
(2) Paolo Botta es doctor por la Universidad Complutense de Madrid y Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba. Además, diplomado en Estudios Avanzados por la Universidad Complutense de Madrid y diplomado en Lengua Árabe por el Centro Educacional de Lengua Árabe para extranjeros del Ministerio de Educación Superior de la República Árabe de Egipto. Es Investigador principal de la carrera de docente investigador científico de la Universidad de la Defensa Nacional, Investigador Senior (no residente) del Institute for Global Studies (Roma, Italia).

