jueves, 9 de marzo de 2017

DISPAREN SOBRE EL MACHISMO, ¿RESGUARDEN AL CAPITALISMO?





Hoy es 9 de marzo, ya no es el Día Internacional de la Mujer, hoy seguramente que sean otros temas los que atraen la atención de las masas televidentes. Hoy es un buen día, como cualquier otro, para reflexionar sobre ello al margen de la compulsiva corriente mediática que determina lo que es y no es correctamente político.

Ya publiqué mi reflexión al respecto en un artículo que titulé Todos los días son 8 de marzo, pero es obligado seguir haciéndolo todos los días, dada la trascendencia que ello tiene en nuestras vidas (cualquiera que sea nuestro sexo), como en la agenda del poder dominante, que ha encontrado en la “cuestión de la mujer” un filón más con el que perfeccionar su exitosa estrategia de Estado dedicada a profundizar en la división y enfrentamiento entre las clases populares.


Recurro hoy al pensamiento de dos mujeres cuyo feminismo está bien acreditado a lo largo de su obra y trayectoria vital, en España y Argentina respectivamente: Lidia Falcón y Zenda Liendivit. Recomiendo la lectura del último artículo de Lidia Falcón en el diario Público de ayer, en el que alerta y muestra su preocupación sobre las perversiones que hoy acechan al movimiento feminista, así como de uno de los artículos de la serie “Disparen contra el machismo”, publicado en la revista Contratiempo, en los que Zenda viene reflexionando acerca de la más preocupante de las perversiones a mi entender: la que es maquinada desde el poder y sus instituciones.


¿Ustedes saben lo que son las TERF? No se sientan ignorantes, yo tampoco lo sabía hasta hace dos días. TERF, acrónimo de trans exclusionary radical feminist, resulta que somos nosotras. Sí, las feministas de siempre, las que reclamamos desde hace 200 años libertad, igualdad, solidaridad. Ese término se lo han inventado un grupo de transexuales, apoyadas al parecer por otro grupo de LGTB, que siguiendo la teoría queer ─aquella que dice que no nacemos con una pretedeterminación de sexo sino que a lo largo de la vida escogemos variablemente el que queremos─ han decidido que ni el sexo, ni la edad, pueden ser definitorios.

Para resumir lo que está llenado páginas de webs, de Facebook, de WhatsApps, incluso de libros: una puede ser mujer u hombre, según lo decida en el momento en que así lo desee, y una y uno, igualmente. Y si esta transformación ya era conocida, e incluso amparada por las leyes, pero implicaba someterse a los cambios físicos que acompañan a las características de cada sexo, ahora no. Ahora todo el mundo es un transformista y puede serlo por la mañana o por la tarde, este fin de semana o el mes que viene. Y del mismo modo escoge en cada momento la edad que desea. No es preciso tener, o pretender, la apariencia física correlativa al sexo que se desea”.

(Extracto de Lasúltimas perversiones del feminismo, de Lidia Falcón, artículo de su blog “La verdad es siempre revolucionaria", publicado en el diario Público)



¿Qué, exactamente, está naciendo en estas marchas donde el hombre es el enemigo y el crimen es, al fin de cuentas, lo que llevó a miles de mujeres a concurrir el pasado miércoles? Blumberg convocó en un día más de 100.000 personas por el atroz asesinato de su hijo. Sabemos qué siguió después. ¿Cuál sería entonces la solución?: despolitizar lo que no es un asunto político sino cultural, vital y educativo. Un trabajo de base y desde abajo, desde las pequeñas células, el jardín de infantes, la escuela, la familia, la plaza de juegos. Un lento desmantelamiento de estas estructuras en la que están implicados niños, maestros, pero también padres. Una re educación del lugar de la mujer, o mejor dicho, de la niña desde el mismo nacimiento. Sin la construcción de enemigos sino alentando el sentido comunitario y solidario, en posiciones similares, no iguales”.

(Extracto de La mujerque acaba de romper el jarrón, de Zenda Liendivit, revista Contratiempo, de Argentina)