viernes, 14 de junio de 2013

PREFASCISMO COTIDIANO

Emanuel Mounier


Está presente en las conversaciones políticas, los telediarios  lo repiten con cierta frecuencia, se reconoce públicamente que la situación crítica que atraviesa Europa está favoreciendo el crecimiento de organizaciones totalitarias de extrema derecha, de corte neonazi o neofascista, de lo que son ejemplos el caso de Francia y de Grecia. 

El totalitarismo, que extiende su alcance a toda la historia humana, no es sino la antítesis de toda filosofía relacional, impone una forma vertical de convivencia en la que “el otro”, el diferente, ha de ser  necesariamente integrado, dominado por el yo único, poseedor de la verdad; su resistencia a la integración justifica su anulación o exterminio, siempre en defensa de la raza, de la nación o de la clase.  Es tópico ponerle nombre propio al totalitarismo y por eso se recurre a nombrar a personajes históricos -Hitler, Stalin, Mussolini- o a otros totalitarios más mediocres, como Francisco Franco o Nicolae Ceaușescu. Este perezoso recurso al tópico puede hacernos olvidar  lo común que es el pensamiento totalitario, la cotidianeidad en la que se nutre y cultiva este pensamiento destructivo para la convivencialidad humana.


Reflexiono sobre ello en estos días en que vuelvo a escuchar el insulto “fascista” en boca de personas de la izquierda capitalista y de las catacumbas ácratas, dirigido contra quienes, como Felix Rodrigo Mora (1), ejercen el pensamiento autónomo, esencialmente libertario, que nos permite –me siento incluído-, criticar a la izquierda proestatista y procapitalista, parlamentaria o no, argumentando su fracaso histórico y la acomodación de esa “progresía” al pensamiento hegemónico de la derecha -siempre estatista y capitalista-, en un documentado proceso de oposición cómplice y complementaria.

Casualmente, en estos días ha caído en mis manos un escrito (“O fascismo o personalismo”) de Carlos Díaz, representante cualificado de la corriente filosófica del personalismo comunitario, creada por Emanuel Mounier, que a mí me parece enlazada con las ideas de Félix RodrigoMora; de Mounier rechazo la visión religiosa de lo humano, ya que mi sentido de trascendencia no precisa de la idea de Dios, como también rechazo su propuesta de un Estado social, que no deja de ser Estado; pero ello no me impide el encuentro en algunas de sus oportunas reflexiones acerca de la democracia y contra el fascismo, que añado a lo que yo mismo pienso acerca del totalitarismo cotidiano, ese que de modo tan natural afecta a la sociedad actual, si bien, advierto que es difícil encontrar un tiempo y una sociedad liberados de tal pensamiento destructivo.   Carlos Díaz lo ilustra con algunos ejemplos, como el contenido en un documento chino del siglo XVI en el que un mandatario escribe lo siguiente a su hijo refiriéndose a los navegantes europeos:

“Estos hombres del océano son animales de elevada estatura. Sus ojos están profundamente hundidos en sus órbitas y su nariz tiene forma de pico de pájaro. La parte inferior de su cara, el dorso de sus manos y, al parecer, su cuerpo están recubiertos de pelos, lo que les hace parecer como monos de los bosques del sur. Lo más extraño, a veces, es que, permaneciendo incontestablemente hombres, no parecen presentar ninguna de sus facultades mentales. Comparativamente, el más bestial de los agricultores es infinitamente más humano. Mientras, estos hombres del océano se desplazan y viajan con una seguridad propias de hombres experimentados y, para algunos, son extremadamente inteligentes. Así cabe pensar que resulten accesibles a la educación y que, a fuerza de paciencia, se les pueda inculcar las maneras de un ser humano”.

El ser humano, cada uno de nosotros, es capaz de lo mejor y de lo peor, y sólo reconociendo ésto, a lo que Carlos Díaz denomina la “inconmensurable complejidad que alberga cada ser humano”, podemos comprender nuestras propias  contradicciones, que pueden llegar a expresarse como en otro de sus ejemplos:

 “Mengele, médico de los SS en Auschwitz, tomó las precauciones médicas necesarias para un parto, observando rigurosamente los principios de la asepsia, cortando el cordón umbilical con gran cuidado, etc. Pero media hora más tarde envió a la madre y al recién nacido para que los incineraran en el horno crematorio”.

El racismo, la xenofobia, el miedo y odio al  otro, al diferente, forma parte de ese totalitarismo  que nos amenaza desde siempre y que, con frecuencia e intencionadamente es azuzado desde el poder, bajo pretexto de defensa propia, de razón de Estado o de nacionalismo (“coged la idea de nación, decía Mounier, mostrad que ni la raza, ni la lengua, ni el suelo, ni la historia, ni el regimen político, ni los sucesos, ni la independencia misma, son necesarios para su constitución, y la habréis reducido a una ilusión del instinto”).

Pero hay un prefascismo que es  actual, cotidiano y estructural, que es cultivado por los Estados, tanto los dictatoriales como los “democráticos”, un prefascismo que tiene su origen en la abdicación de la responsabilidad personal –soberanía- de los ciudadanos, lograda por la fuerza bruta en las dictaduras y por el más sofisticado mecanismo de  la representatividad en el caso de las democracias parlamentarias. Esa dejación del deber personal convierte a los ciudadanos en cómplices pasivos del poder y, por tanto, de todas sus corrupciones.       

¿No es cierto que el capitalismo global que impera en el mundo es responsable del genocidio que sucede a diario en la miseria –moral y material- producida por la explotación del trabajo humano o en las continuas guerras provocadas para conseguir la expropiación de los recursos naturales del tercer mundo por parte de las aseadas “democracias” occidentales? ¿No es cierto que en buena medida nuestro voto sustenta pasivamente este genocidio global, fascista y cotidiano? Pensémoslo bien, no vayamos a contestar- en otro ejemplo de Carlos Díaz-, lo mismo que le decía un tal Krupp a  un oficial norteamericano cuando éste le preguntaba qué pensaba sobre las matanzas de judíos…el tal Krupp, que se había enriquecido con la guerra, contestó igual que harían hoy muchos grandes y pequeños comerciantes: “He dicho que ignoraba todo sobre esas matanzas y he añadido que cuando se compra un buen caballo no se le miran los pequeños defectos: a caballo regalado no se le mira el diente”. 

Termino esta breve reflexión con unas palabras del mismo Carlos Díaz, que justifican mi preocupación por esta cuestión: “¿Dónde nacen los fascismos? En las democracias agotadas, en el momento en que la despersonalización y el desorden son tales que todos aspiran a un salvador que solucionará los problemas acuciantes, toda esa masa descompuesta, y obrará milagros cuando ni él mismo tiene el valor para llevar a cabo su obra cotidiana...Los irresponsables cotidianos son los peores enemigos de la libertad. Ese trabajo mal hecho, esa impuntualidad, ese absentismo diario, esa laxitud, esa carencia de tonalidad vital, esa anorexia del espíritu es el mejor caldo de cultivo para el fascismo, ya es fascista, llama a gritos a un Caudillo, Duce o Führer, a un Canciller de Hierro, a una aristocracia parlamentaria de corruptos, de Repúblicas de la Mordida”.

Con todo, a izquierda y a derecha, arriba o abajo, quien esté libre de fascismo que tire la primera piedra.

(1)  Nota: Félix Rodrigo Mora ha explicado mejor que yo su posición al respecto. Y aunque su propia obra se defiende sóla frente a estos burdos insultos, viene bien conocer su nota aclaratoria.

4 comentarios:

José Manuel Pérez Rivera dijo...

Me ha parecido francamente interesante y revelador este artículo. Al leerlo me ha despertado la curiosidad por la obra de Carlos Díaz y Emmanuel Mounier. De este último tenía alguna referencia por comentarios de autores predilecto mios como Mumford. Si te soy sincero conocía a algunos pensadores dentro de la misma corriente de pensamiento de Mounier, pero desconocía que había dado lugar a toda una escuela llamada "personalismo". Me ha resultado de gran interés y utilidad, ya que estoy liado con un proyecto de trabajo sobre el organicismo como oposición a la predominante visión mecánica del ser humano y de la sociedad que da lugar, precisamente, a los totalitarismo de los que hablas en este brillante artículo. Anda en estos días releyendo una obra de Waldo Frank que puede decir es un "personalista" no reconocido. A partir de su lectura escribí este breve comentario en mi blog: http://larenovaciondelavida.blogspot.com.es/2013/01/del-individuo-la-persona.html. Creo que el concepto del personalismo puede ser de gran utilidad para el proyecto de revolución integral. Gracias por abrirme esta nueva puerta de comprensión de la "persona". Un fuerte abrazo,

J. P. B. dijo...

Jose Manuel, aquí tienes la web, hay una buena biblioteca
http://www.mounier.es/

J. P. B. dijo...

También te recomiendo el blog de un amigo mío, que hace su tesis sobre Mounier y Péguy, y fue alumno de Carlos Díaz: http://juancarlosvila.wordpress.com/

José Manuel Pérez Rivera dijo...

Muchas gracias, Juan Pablo por las dos referencias. Ya las he visitado y me parecen ambas muy interesantes. Voy a seguir investigación. Un cordial saludo,