martes, 26 de marzo de 2013

LOS LÍMITES DE LA POLÍTICA, DONDE EMPIEZA LA DEMOCRACIA


Para las masas no existe otra política que la oficial, la que sale en la tele. La tele es una máquina centrifugadora que todo lo amasa en un único y espectacular mondongo cultural y político, marxistamente conocido como “la realidad” y popularmente como “es lo que hay”.
¿Quién se atreve a dudar de la libertad e inteligencia del  ciudadano contribuyente, votante y, a mayores, telecliente? Nadie tendría razones para ello, porque en  política, como en la tele, hay libertad ¡y mucha! Hay mondongo para todos y para todos los gustos, un mondongo de calidad, totalmente popular y democrático. El mondongo es la materia prima del pensamiento neoliberal, a la vez conservador y progresista, único y hegemónico, es el gran milagro de la transubstanciación de esa mierda (en palabras de John Holloway que hago mías) que es el capitalismo y su democracia.  Es un milagro que merece  atención aunque sólo fuera por su origen religioso: ante un trozo de pan y un vaso de vino alguien dijo hace más de dos mil años “ésto es mi cuerpo y mi sangre”…respectivamente; sin tanta exageración y más recientemente, señalando al mondongo  capitalista, alguien dijo, “ésto es la  democracia”. Y desde entonces, todos los creyentes se sintieron partícipes de tal milagro y aceptaron la comunión con respectiva y entusiasta buena fe.

A día de hoy, la renovación del mondongo parece tarea definitivamente inútil. Es darle vueltas y vueltas sólo para acabar espesando su probada pastosidad y avivar su pestilencia. Así que no me extraña que Holloway proclame la urgencia de la revolución, que él entiende como agrietar el mondongo y dejar que se seque poco a poco.
El caso es que en lo que vulgarmente llamamos democracia, todo nos es presentado como cuestionable, de ahí que los vulgarmente llamados políticos no se corten un pelo en añadir a “su política” el adjetivo de “democrática”; dicen que todo es cuestionable menos la violencia,...lo es el aborto, la monarquía, el matrimonio del mismo sexo, la banca, incluso la santísima Constitución. Tanto lo es, que hasta la  izquierda de toda la vida encuentra acomodo en el campo de la democracia real, esa tan ancha como monárquica y parlamentaria. Pero obsérvese que en esa política, lo que vulgarmente llamamos “Todo” no es sino lo que está incluido en sus propios límites, los de la realidad oficial, aquello que, a estas alturas, todo el mundo identifica como un elaborado producto de  ficción, diseñado por los mercados. Así es como “la política” establece una valla infranqueable, sobrepasada la cual  entraríamos en un terreno prohibido, en  lo definido como “no real” o utópico, es decir, lo que no sale en la Tele, ni cotiza en Bolsa, ni tiene asiento en el Parlamento. Fuera de esos límites está el territorio de lo imposible, lo no real, la no-alternativa, resumidos en el Abismo, considerado éste como metáfora del  mal supremo e innombrable, del mismísimo Maligno.
Pues les voy a decir una cosita a los políticos, a las masas votadoras y a sus telepredicadores electorales. Resulta que, visto lo visto, hay más que evidencias de que es más que probable que la racionalidad comience ahí mismo, a partir de donde ustedes dicen que acaba la política (incluso la historia). Díganme, si no, ¿por qué los señores Mariano Rajoy y Cayo Lara (por poner dos ejemplos cualquiera, y sin ánimo de molestar a mis amigos populares y comunistas)  jamás cuestionarán el trabajo asalariado, la propiedad privada de los medios de producción o de los bienes comunes, ni la economía de crecimiento...? Vamos, es que ni se les escurre. Ellos   piensan que “eso” no sólo no cabe en su programa, ¡qué absurdo!, sino que  ni siquiera forma parte de la realidad ni, por tanto, de la política…y mucho menos, de la democracia. Y como su realidad y su política “no es totalitaria” -aunque sea la única política realmente existente-, ellos creen que “eso”  excedería todos los límites de la política…aunque “eso” pudiera ser la condición necesaria para empezar a hablar de la Democracia con mayúsculas…que, por cierto, es la política en la  que yo creo.
Con todo, a quienes estamos obcecados en tal creencia, tanto los citados señores como el resto de sus colegas, nos lo están poniendo un poco más fácil, porque cada día que pasa nos permiten ver  más nítidamente los límites que separan lo que es mondongo y lo que ha de ser la Democracia. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

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Sergio Martin dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sergio Martin dijo...

Muy bueno Antón. No conocía esta faceta irónica tuya :)
Un saludo y adelante! :)
Sergio

nanin dijo...

Gracias, Sergio. En eso estamos.