miércoles, 8 de junio de 2011

UNA RED FEDERAL DE ASAMBLEAS CIUDADANAS



Una de las aportaciones más importantes que hasta ahora ha hecho el movimiento del 15 M es la de mostrar indignación por la penosa realidad del actual sistema democrático. Hay que recordar que el movimiento se denomina todavía “democracia real ya”, expresión que muestra claramente esa indignación ante la falsa democracia que tenemos y  la reivindicación  de una verdadera democracia. Esa “democracia real” reclamada por el movimiento no es sino la democracia directa, una democracia ejercida por la ciudadanía sin la intermediación de los partidos políticos.
La democracia representativa contra la que se levanta el movimiento del 15M es una de las patas fundamentales del sistema capitalista, necesitado de concentrar el poder político en la misma medida que el económico. Pero la misión de quienes queremos cambiar el mundo a mejor, es precisamente la contraria: consiste en distribuir el poder, tanto político como económico. Por eso, pienso que el movimiento 15M perdería su sentido y entraría en contradicción consigo mismo, en el caso de que llegara a convertirse en un partido político.

La democracia real se construye en todos los frentes de la realidad social, pero fundamentalmente desde lo local, en el ámbito de las comunidades en las que vivimos y a través de las instituciones de gobierno municipal. Pero nuestra realidad histórica es hoy también global, y lo es en todos los niveles, tanto ecológico, como social, cultural, económico y, por supuesto, político. De ahí que el movimiento 15M tenga necesariamente estas dos inseparables dimensiones de lo local y lo glabal.

Desde mi punto de vista, su  evolución lógica es la de transformarse en una red federal de Asambleas Ciudadanas. La Federación tratará de lo común y global; cada Asamblea  tiene que ser completamente autónoma, pegada a la realidad local, en barrios y pueblos, ejerciendo como contrapoder de los gobiernos locales. Durante años se ha hablado de democracia participativa en los ayuntamientos y desde el poder se han hecho infinidad de simulacros, del tipo Agendas 21 y similares, que se han quedado en eso, en meros simulacros de participación, en un artificio para guardar las apariencias, al estilo de lo que se ha hecho con otras medidas más o menos progresistas, como el ecologismo o la igualdad de género. Son falsificaciones perfectamente enmascaradas, que ya  conocemos muy bien y que constituyen un arma que el sistema utiliza para vaciar de contenido a los conceptos de democracia, de ecología o de igualdad. No podemos seguir siendo  cómplices de este juego perverso. Queremos acabar con  juegos florales y simulacros de pseudodemocracia participativa y  queremos practicar la democracia en serio. Tenemos que ser nosotrxs, la ciudadanía responsable, quienes decidamos nuestra propia agenda democrática.

Este es un movimiento realmente constituyente, destinado a refundar nuestra Democracia y nuestra Constitución. Esa será una tarea larga. De momento, tenemos que proponernos objetivos al alcance de la mano, como consolidar las asambleas y ejercer una tarea de control político sobre los gobiernos municipales e ir construyendo una agenda prospectiva para nuestras comunidades locales, empezando a diseñar proyectos para un futuro verdaderamente democrático. Cuando las asambleas ciudadanas  alcancen su madurez e incluyan a la mayoría de la ciudadanía, sabremos que habrá llegado el momento constituyente, el de la democracia real.

Creo que las Asambleas Ciudadanas son viables, contra lo que piensan sus detractores, si están bien autoorganizadas en Consejos de área (Hacienda, Urbanismo, Patrimonio, Salud, Educación, etc…, tantos como decida la propia Asamblea en función de las necesidades de cada comunidad local, y si se complementa este funcionamiento presencial con un sistema seguro  de voto electrónico, junto con ágiles e interactivos sistemas de información-comunicación-participación.  

La otra dimensión del movimiento es la global, que incluye  desde el ámbito político regional-autonómico hasta el ámbito estatal, europeo y mundial. Las Asambleas Ciudadanas son autónomas y soberanas por principio; por eso, sus competencias no tienen más límites que los que ellas mismas se impongan y, por tanto, su agenda no depende de ninguna administración ni de ningún gobierno. En el ámbito de lo global, parece lógico mantener la unidad de acción con el resto de asambleas ciudadanas, mediante un programa político consensuado y un calendario de movilizaciones centrado en objetivos consecuentes con la naturaleza  democrática, ecológica y anticapitalista del movimiento 15M.     

1 comentario:

ane dijo...

Aupa, Nano! Tanto tiempo esperando un empujoncito... aquí lo tienes. Y yo me alegro.

bss