viernes, 23 de septiembre de 2016

DE LAS TRISTES PASIONES A LA REVOLUCIÓN ALEGRE Y POSITIVA




Somos una especie que evoluciona, que se adapta a la situación, ahora somos la especie “homo económicus/facebook”, somos producto del momento histórico, de la época postmoderna en la que vivimos, una época de la humanidad caracterizada por un clima de confusión generalizada y por la desorientación consiguiente. Con cierta frivolidad, aplicamos el calificativo de “crisis” a esta situación en la que nos sentimos atrapados en un momento de la Historia que presentimos finalizada;  y aún así, seguimos hablando de “crisis”, como si creyésemos que se trata de una situación transitoria. Vivimos con la falsa ilusión de que la Tecnología nos salvará en ´ultima instancia y en el último momento, al igual que lo hicimos en otras épocas con similar ilusión redentora a la que entonces llamábamos “Dios”. Pero es evidente que ahora lo hacemos con mucho menor convencimiento, sólo para ir tirando, con la esperanza desesperada de que Ésto  (la crisis) pase cuanto antes, por eso lo seguimos llamando “crisis”, cuando la verdad es que  vivimos acongojados por la intuición y el presentimiento  de que “Ésto no tiene arreglo”. Ese presentimiento es constitutivo de la época que a su vez nos constituye, es “su” normalidad, la normalidad postmoderna.




No obstante, hay que decir que ésta es la primera vez en nuestra larga historia que hemos abrigado la ilusión de vivir liberados de las contradicciones y del conflicto que es consustancial a la vida humana, es la primera vez que tenemos la ilusión de vivir “como si” tuviéramos (todos nosotros), los mismos e iguales intereses, las mismas e iguales responsabilidades. Por eso que hablamos tanto del "Bien Común", del “Estado de Bienestar” y de la “Democracia” que nos hace (o nos hará algún día) “iguales”. Por eso, ahora, a diferencia de otras épocas, hay que poner casi todo entre paréntesis y comillas, porque “sabemos” -por mucho que nos cueste asimilarlo- que casi todo es falso, que falsa es la “normalidad” postmoderna que con-sentimos.

Coincido con MiguelBenasayang en su idea sobre las tristes pasiones (y negativas pasiones, añado yo) que triunfan en la "realidad" postmoderna·, que se han hecho "normales" en el   tiempo presente. 

La realidad es algo que nos incluye y nos supera, es algo que no nos concierne sólo a nosotros, los seres humanos, sino que contiene e involucra a muchos otros seres no humanos; realidad es toda la naturaleza, el suelo que pisamos (de donde venimos y a donde vamos), son  los océanos y la fotosíntesis de las plantas de la que depende la producción del oxígeno que respiramos, es toda la bioesfera, es la Tierra toda, mineral y viva, es todo el Cosmos que no alcanzamos a medir ni comprender. 

No me extraña que el humano Miguel Benasayang diga que quiere desertar del “humanismo”, de las tristes pasiones de este humanismo postmoderno, triste y antropocéntrico, que mira y trata al universo como si le perteneciera, como si fuera su propiedad privada.

Nos hemos empeñado en aplicar criterios morales (siempre coyunturales, convencionales y relativos) al conjunto de esa realidad inabarcable que pretendemos manejar en exclusiva, ilusoriamente, en vez de aplicar criterios éticos, referidos a la conducta concreta de cada elemento concreto,  a su comportamiento para consigo mismo y para con los demás elementos de la realidad-naturaleza ("eso" a lo que tratamos como algo que existiera separado de nosotros los humanos, como si "nosotros" fuéramos extraterrestres, unos personajes de ficción).

La conducta puede ser moralmente buena o mala, pero siempre es práctica y concreta, siempre está referida a los hechos, al comportamiento de los elementos que componen e intervienen en la realidad; la conducta nunca es abstracta, como pueda serlo una teoría, un pensamiento o una idea, no, la conducta es un hecho, siempre es algo concreto que sucede en el mundo real. Por eso que reniego de seguir calificando las conductas como “buenas” o “malas” y elijo hacerlo éticamente, como positivas o negativas. Por ejemplo: en teoría, el Estado puede ser un elemento de la realidad muy bueno para algunos pocos individuos, al tiempo que muy malo para otros muchos, o viceversa; así considerado, todo cabe desde un criterio puramente moral, así la complejidad de lo juzgado se nos hace necesariamente confusa. De ahí que yo prefiera hacer un juicio ético y no moral del Estado. Prefiero acercarme al conocimiento de esta concreta realidad estatal en su comportamiento (ético, histórico y concreto), no basándome en un juicio previamente condicionado por una adhesión interesada, bien al grupo de los agraciados o bien al de los damnificados por el comportamiento del Estado. Con ello no niego el valor del juicio moral, sino que afirmo el valor superior del juicio ético.

La contradicción y el conflicto consiguiente son constituyentes de la realidad: la materia y su deriva entrópica son la manifestación de esta evidencia. No me consuela convertirme en pura energía, quiero ser cuerpo con vida. Cierto que todo lo que existe no es sólo materia, que también existen las ideas, los sentimientos, la conciencia, lo inmaterial o espiritual..., pero igualmente cierto es que su existencia no es autónomamente libre, que necesita una materia, un cuerpo vivo al que asirse y del que nutrirse. Observo que todo cuanto existe, materia y espíritu, tiende a la subsistencia, que todo se resiste a la deriva entrópica en mayor o menor grado, hasta el cero y más allá, pero sólo los seres que tienen vida son capaces de practicar una radical y activa resistencia frente a aquello que les destruye. Sólo los seres vivos eligen el conflictivo camino de la subsistencia, sólo ellos se oponen a la deriva legalmente funeraria de la Entropía. Toda la vida es necesariamente subversiva, todos los seres vivos tienen comprometida su propia existencia en ese conflicto ineludible, todos contienen en sí la semilla de su reproducción y subsistencia. Y todos tienen una responsabilidad derivada de su conducta. Y más que ningún otro ser, son responsables los seres vivos-humanos, cuyo comportamiento acarrea consecuencias que  llegan a involucrar a muchos más seres, incluso al conjunto de la naturaleza. 

Llamo camino de perfección a la conducta responsable y positiva, al comportamiento subversivo de los seres que tienen vida. Así, juzgo como positivo todo comportamiento que se muestre responsablemente subversivo frente a la “suprema” ley totalitaria de la Entropía, a toda conducta que afirme y defienda el intrínseco valor de la vida, a toda conducta que combata la salarización, la mercantilización o cualquier otra forma de trapicheo  con la vida. En ese juicio no excluyo a nadie, pero distingo las distintas responsabilidades de cada cual. No olvido incluir mi propio comportamiento, al igual que el de cualquiera de mis congéneres o el de las estrellas, que  irresponsablemente vagan por el universo...pero a éstas nunca se me ocurriría juzgarlas por su irresponsable y sumiso comportamiento.

Por tanto, consciente de vivir en el tiempo de una revolución negativa que favorece la imperfección del individuo y de la convivencia, que atenta contra la naturaleza en general y contra la vida en concreto, me dispongo a experimentar (con quien quiera) la pasión alegre que me impulsa hacia la próxima revolución (buena o mala, me es indiferente), de la que sólo deberíamos esperar que sea positiva.







1 comentario:

Lul Flatelnin dijo...

nos encontraremos apasionadamente serenos. gracias, me has hecho sentir que no necesito convencer a nadie y que cuidándole y poniendo voluntad todos los que queremos estaremos.